Un trastorno alimentario que encuentra eco en las redes
Según un estudio, el 22% de los niños y adolescentes sufren una obsesión compulsiva por la comida saludable, antesala de problemas más graves
Daniel Mediavilla
MADRID.– En los últimos años, la salud mental de los niños y adolescentes se ha deteriorado. Además de los trastornos de ansiedad o la depresión, los factores que afectan a la alimentación se encuentran entre los más preocupantes, pero faltan estudios para entender cómo comienzan y cómo prevenirlos. Hace unos días, un equipo de científicos liderado por José Francisco López-gil publicó un trabajo pionero en la evaluación del alcance de estos trastornos. Según una revisión de artículos que fue publicada en la revista Jama Pediatrics y que incluyó datos de 16 países, el 22% de los niños y adolescentes sufren estos problemas, que son la antesala de los trastornos más graves. López-gil, que realizó aquel trabajo como investigador de la Universidad de Castillala Mancha, considera fundamental conocer la dimensión del problema y atender a las señales de alerta para evitar que lleguen a más.
Sus resultados confirman algo que se suele dar por sabido, como que estos problemas con la alimentación o la presión por tener una imagen determinada, aunque también afectan a los chicos, los sufren más las chicas. Pero el investigador considera que sus resultados también señalan algunos errores de percepción de la población sobre quienes sufren estas dolencias.
“Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), la anorexia o la bulimia se asocian a la delgadez, pero nosotros hemos visto que, a mayor índice de masa corporal, mayor prevalencia de desórdenes alimentarios”, afirma. “Y tiene sentido, porque una persona con mayor exceso de peso corporal posiblemente tenga una peor imagen corporal, problemas de autoestima, e incluso, problemas de bullying en su centro educativo”, añade.
“En numerosas ocasiones se asume que la persona que tiene sobrepeso u obesidad lo tiene por decisión propia, pero no es así. Hay factores que dependen del individuo, pero hay otros que no. Esta presión social conlleva, en ocasiones, a que en estas personas el desorden alimentario sea más frecuente, por lo que es muy importante prestarles atención”, remarca.
–Igual que la ansiedad, los trastornos de la conducta alimentaria son más frecuentes en chicas. ¿A qué se debe?
–No podemos señalar aun único factor, pero sí tenemos hipótesis al respecto. Por un lado, están los estereotipos que se generan a través de la imagen ideal representada en las redes sociales o los medios de comunicación. También puede deberse a la mayor presión social sobre ellas por la estética. A través de redes sociales se transmite, a veces, una imagen distorsionada de la realidad que se intenta imitar y podría generar estas conductas, principalmente en las chicas.
–Además de identificar el problema, ¿qué se puede hacer para evitar que siga creciendo?
–En primer lugar, se trata de mejorar la detección temprana de este tipo de conductas. Hay herramientas, como el cuestionario que hemos utilizado. Así, se podría tener un poco más en mente este comportamiento, a través de la concientización en atención primaria o de las familias. Hay que tener en cuenta que, si observamos estos comportamientos en nuestros hijos y se mantienen durante el tiempo, podrían derivar en problemas mucho más graves. En segundo lugar, se deben realizar campañas que fomenten una imagen corporal positiva y hábitos alimenticios correctos. Realizar una comida copiosa y después saltarse varias comidas para compensar, por ejemplo, son comportamientos que deberíamos tener en cuenta. Estas cuestiones las deberíamos trabajar desde muy temprano, porque estamos viendo que en este grupo de edad las prevalencias son altísimas.
–Y una vez que se detecta el problema, ¿cómo se trata?
–Como el problema es multifactorial, el tratamiento debe ser multidisciplinar. Este es uno de los errores que en muchas ocasiones se cometen. Aquí han de tener cabida psiquiatras o psicólogos, que suelen ser los profesionales a los que se cree que únicamente se debe acudir, pero también son importantes los nutricionistas o médicos de atención primaria en la parte de la prevención. Una vez que ha aparecido el problema, además, también podrían ser clave los profesionales de las ciencias de la actividad física y del deporte, porque hay conductas como el ejercicio compulsivo que podrían ser síntoma de un trastorno.
–A veces los TCA aparecen por un exceso de conciencia sobre lo que es sano y lo que no. ¿Cómo se puede vigilar la alimentación con naturalidad, sin pasarse?
“Vimos aumentar las conductas relacionadas con la ortorexia”
–Con el uso de redes sociales como Instagram o Tiktok vimos aumentar las conductas relacionadas con la ortorexia, que es una obsesión compulsiva por la comida saludable, y que también hay que tener en cuenta. De momento no es un trastorno de la conducta alimentaria definido como tal, aunque sí se lo diagnostica y se lo trata en la práctica clínica. Estos comportamientos están en auge, por los comentarios, positivos o negativos, que se pueden recibir en redes sociales, por la posibilidad de utilizar filtros que generan una imagen irreal de la persona, por seguir a gente que muestran en redes una conducta que tampoco se asemeja a la realidad. Todos estos factores pueden incrementar estos comportamientos cada vez más prevalentes. En la prevención, habría que dejar en claro que, en numerosas ocasiones, las redes sociales no son un reflejo de la realidad.
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