jueves, 16 de marzo de 2023

VAMOS AL TEATRO


Para llorar de amor, goce y emoción
autor y director: Diego Casado Rubio. intérprete: Emiliano Dionisi. sala: Teatro del Pueblo, Lavalle 3636. funciones: sábados, a las 22. duración: 75‘.

Pablo MascareñoGran trabajo de Emiliano Dionisi
No me dejes seguir envejeciendo”, le reclama, implora, un padre a su hijo. Acaso en esa frase cargada de todos los sentidos capitales se resuma gran parte del ideario de La cápsula, la nueva pieza del dramaturgo Diego Casado Rubio, quien vuelve a conformar un tándem exquisito con el actor Emiliano Dionisi, como sucedió en Se
alquila con una condición. Junto a ellos, Sebastián Ezcurra y Juan Borraspardo, responsables de la producción artística, completan un cuarteto que hace mucho transita el camino del gran teatro.
La cápsula es la historia de un padre y un hijo y acaso en ese vínculo clave de la existencia se resuma buena parte de la condición humana. Acá el padre es una suerte de superhéroe algo alienado que teje mil y una historias. Acá el hijo contiene y bucea en esa cercanía que también es distancia. Todo puede ser real o la más pura imaginación. Da igual. En ellos están los hijos y padres posibles. Altruistas y defectuoso, con honores y miserias. Y de eso nadie está exento.
Emiliano Dionisi es un actor todoterreno que ha demostrado sobradamente a lo largo de su trayectoria escénica su excelencia interpretativa. Desde aquellas conmovedoras El señor Martín, de Gastón Cerana, y De hombre a hombre, de Mariano Moro, hasta hoy, Dionisi ha construido un camino honorable, pensado, sin dejar nada librado al azar. No sólo es un intérprete convincente, sino que su formación interdisciplinaria lo lleva a explorar las potencialidades del cuerpo. En él hay un actor sobradamente experimentado que ofrece mil y un matices a su composición. Y, si bien Dionisi es un hombre joven, la textura de su voz cobró aún más hondura y determinación.
El hijo que le toca interpretar, conmueve y, por momentos, hasta causa gracia. El espectador no puede más que empatizar en su dolor y en su resignación; en sus furias y en sus dulces reflexiones.
Casado Rubio no sólo sacó lo mejor de Dionisi, sino que dotó a su puesta en escena de la poética que requiere su bellísimo y agudo texto, tensionado en esas palabras que dicen mucho y simbolizan más.
Baúles, vaya si no es el símbolo acabado de cualquier viaje a través del tiempo –y de la vida–, globos, cartas… Objetos aquí y allá que potencian los sentidos. Y Emiliano Dionisi habitando el espacio con comodidad, soberbiamente humilde y sin contradicción.
Se puede llorar, está permitido. De amor y de emoción. De goce. Por lo que se cuenta y por el teatro en estado puro. No hay más que agradecer la entrega de ese actor y la pluma notable de su director.
Se trata de un viaje. Abordar una cápsula. Buscar el final. Evitar el deterioro. Así lo planteó Philip Nitschke, pero acá es más profundo. Se puede viajar hacia la luna o hacia adentro. Hacia la vida o hacia la muerte. Se trata de un tratado filosófico con un actor que, de tan etéreo, parece sobrenatural.

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