“Mi obra muestra que no son solo los hombres el problema, sino también las mujeres”
La autora inglesa llegó para ver Consentimiento, su obra sobre un grupo de amigos, dos violaciones y la amoralidad de la Justicia
Gustavo Lladós | Foto Ignacio Sánchez
Es la primera vez que visita el país y está sorprendida por la intensa actividad teatral de Buenos Aires, a pesar de que su padre, el eximio poeta Craig Anthony Raine, ya se lo había adelantado. “No te imaginás lo que es el teatro allí, es maravilloso –me dijo–, y no exageró en lo más mínimo, por empezar noté que se trabaja con mucho empeño y amor y que las salas son muy glamorosas”, comienza comentando la autora y directora inglesa Nina Raine (de quien el público argentino conoció en 2015 Tribu, bajo la dirección de Claudio Tolcachir), en diálogo Su presencia se debe al estreno de Consentimiento, su cuarto opus como dramaturga, que el martes tuvo un exitoso preestreno para la prensa y que hoy se estrenará para el público general. Se trata de una comedia dramática en dos actos (toda una rareza hoy en día para la escena comercial de aquí y de todas partes del mundo) que pone sobre el tapete (con espíritu crítico y mucho sentido del humor) todos los temas que vienen conformando la agenda de los movimientos feministas: los abusos sexuales (incluso dentro del matrimonio), el aborto decidido unilateralmente y la misoginia del sistema judicial para tartar la problemática de género, entre otros. En el marco de una reunión de amigos –conformado mayoritariamente por abogados– se irá desarrollando una historia con sabor a thriller que no da respiro alrededor de dos violaciones. ¿Habrán sido reales o se trató de hechos consentidos? ¿Existe una única respuesta inequívoca, justa y completa para semejante interrogante?
En fin, Consentimiento es una obra controvertida, con una trama inquietante y un lenguaje audaz, además de un claro ejemplo de teatro moderno, que desde este fin de semana se podrá ver en el Teatro Maipo los sábados, a las 20.30 y los domingos a las 19.30. Estrenada originalmente en el National Theatre de Londres, en 2017, llega ahora a la cartelera porteña gracias a The Stage Company, la productora que en los últimos años propició el desembarco de gemas como Shrek, the musical, El curioso incidente del perro a la medianoche y Come From Away, siempre en la histórica sala de Esmeralda y Corrientes. El elenco del espectáculo –que surgió de unas exhaustivas audiciones– está integrado por Diego Gentile, Melania Lenoir, Iride Mockert, Daniela Pantano, Bruno Pedicone, Alejandra Perlusky y Sebastián Suñé, con dirección compartida entre Carla Calabrese y la citada Lenoir.
Después de asistir al preestreno local de Consent –tal el título original de la pieza–, Nina Raine (autora hasta la fecha de cinco obras y acreedora de los premios Evening Standard’s Charles Wintour, Critics’s Circle Theatre y Drama Desk) aceptó una charla
sobre el alto impacto que su texto cion (nada maniqueo, por cierto) viene provocando en todo el mundo.
–Participó y asistió al preestreno del ensayo general para la prensa. ¿Qué le pareció la puesta argentina de Consentimiento y cuánto difiere de la original inglesa?
–Obviamente son diferentes, pero lo interesante es que sentí que el corazón de la obra latía igual acá que allá. Si bien se trata de otro idioma y otra idiosincrasia se nota que los actores comprendieron la intención de cada escena y llevaron bien en alto el espíritu y el significado de la obra hasta el final. Percibí que en un contexto muy diferente la obra volvía a funcionar y eso me llenó de alegría.
–¿El público local respondió de la misma forma que el inglés ante cada escena o varió la repercusión?
–Sí, y eso también me hizo muy feliz. Pensé que tal vez no pasaría, pero se rieron en los mismos momentos en que lo hacían los espectadores ingleses y se pusieron tristes ante los mismos episodios de crueldad. No siempre sucede así, una vez me pasó de presenciar una puesta de Consentimiento en otro país donde el humor no aparecía y la gente no se reía y entonces la obra se transformó en algo mucho más duro y cruel. Y esa no fue claramente mi intención cuando la escribí. Por eso estoy muy contenta con la respuesta del público argentino.
–¿Qué fue lo que más le impresionó de la respuesta del público argentino? -Que se rieron mucho, porque si eso no sucede la obra no funciona. Pero lo que más me impresionó y llamó la atención es que aplaudieran en los apagones [N de R: en Consentimiento cada escena está enmarcada en un apagón]. Yo nunca presencié algo así. ¿Es una costumbre argentina?
–Puede suceder y es claramente un signo de aprobación, de que la obra gusta. ¿Piensa asistir a otra función antes de volverse a Londres? ¿Y ver alguna otra obra de la escena comercial, oficial o independiente?
–Sí, claro que estaré hoy presente en el estreno para público general. Y también me gustaría visitar el Teatro Colón, porque sé que es una de las salas de ópera más maravillosas del mundo, y luego quedarme a presenciar una función de Fausto. Si me da el tiempo también haré algo extra teatral, por ejemplo, visitar la tumba de Eva Perón en La Recoleta.
–Consentimiento fue concebida antes del fenómeno del #Me Too. Si tuviera que volver a escribirla, ¿lo haría exactamente de la misma forma o le haría algún cambio?
–Ay, esa es una pregunta muy interesante que yo misma me la he hecho varias veces. Y siempre llego a la misma respuesta: no le haría ningún cambio. De algún modo pretendo que la obra sea universal y perdure en el tiempo, entonces, si le empiezo a sacar o poner diálogos para que “encajen” o “empaticen” mejor con los cambios sociales de estos últimos años la obra va a perder su esencia. Y también su equilibrio, porque justamente Consentimiento descansa sobre las distintas posturas de los personajes. Lo que para uno es justo para los otros no lo es. Así que si modificara la postura de uno de los personajes masculinos para congraciarme con el movimiento, la obra perdería su efecto. La gracia es que todos pueden tener la razón o ninguno. Eso, de alguna manera, lo termina decidiendo el público.
–¿Sufrió algún tipo de presión para modificar el texto y “hacerlo encajar” en el nuevo contexto de conquistas de género, ya sea por cuestiones ideológicas o comerciales?
–No con esta obra, pero hace poco me paso algo muy curioso. Estaba adaptando un cuento corto que salió publicado en el New Yorker para convertirlo en un guión cinematográfico, ya que unos productores querían llevarlo al cine. La historia se centraba en un editor de libros muy exitoso que en su momento de mayor esplendor se ve acorralado por un montón de mujeres que empiezan a acusarlo de abusos. Lo interesante del cuento es que en ningún momento se hace referencia al #Me Too, pero éste habla claramente del #Me Too. ¿Y qué me pasó a la hora de la adaptación? Que los productores me empezaron a pedir que resaltara todo lo que linkeara a la historia con el movimiento, para convertirla en un producto más comercial. Yo me negué. A mi entender no era necesario, no hay por qué tratar de encajar un hecho artístico en ningún movimiento.
–La pieza tuvo dos estrenos en Londres: uno antes del #Me Too, en la escena oficial, y luego otro, después de la aparición del movimiento, en la escena comercial. ¿Cómo fue la recepción de la pieza en uno y otro momento?
–Lo curioso fue lo que sucedió antes del #Me Too, cuando la estrenamos en el National Theatre, los periodistas se me acercaban y me decían que la obra tenía un tópico muy fuerte, que encerraba un enojo muy grande y que les parecía que estaba anticipando algo. Bueno, ese algo ya se estaba gestando y devino al poco tiempo en el #Me Too. Es como que había algo en el aire, un gran disgusto colectivo en plena ebullición que luego explotó. Por último, cuando la obra fue transferida al West End, el #Me Too la hizo resonar más, obviamente. Y ahí la gente la vino a ver más de una vez.
–¿Cómo es su relación con las feministas? ¿Le hicieron algún reparo por el tratamiento “equilibrado” que hace de los casos de violación en la obra? ¿Se considera una de ellas y qué opina del #Me Too?
–Aunque la obra no se pone absolutamente del lado de las mujeres, ninguna feminista me hizo un reparo. La verdad es que tuve miedo de que pasara algo, sobre todo después del #Me Too, pero no sucedió, y cuando me tocó participar de debates sobre la obra, todas sostuvieron su puntos de vista apasionadamente, pero nadie me agredió. Me parece que todas entendieron que lo interesante de Consentimiento es que muestra que a menudo las cosas son más complicadas, que no son sólo los hombres el problema sino también las mujeres, y que también nosotras podemos equivocarnos y hacer las cosas mal. El problema podría suscitarse si alguien viene al teatro pensando que va a ver la obra del #Me Too; y no, Consentimiento no es la obra del #Me Too. De todos modos, quiero aclarar que yo me considero a mí misma como una feminista, y que estoy a favor de todas las conquistas del feminismo, pero no por eso actúo arrogantemente ni me considero especial por eso.
–Por último, ¿encuentra alguna relación entre Consentimiento y el film Tár, recientemente nominado para los Oscar como Mejor Película, con Cate Blanchet como protagonista? Ambos títulos parecerían dialogar sobre los límites del feminismo o, al menos, sobre sus puntos más oscuros o difusos.
–Sí, coincido con la observación. Podría ser. Me sorprendió que el film mostrara a una mujer tan independiente como egocéntrica y abusadora. No es lo habitual. Ni tampoco
lo que sucede en Consentimiento: cuando se menciona que una de las mujeres del grupo de amigos pudo haber sido técnicamente violada por su marido, su amiga, que es abogada, sin embargo, se manifiesta a favor de él y no de ella. ¿Qué explicación tiene para esto hoy el feminismo?
Dirigida por Melania Lenoir y Carla Calabrese, es de los mismos productores de Come From Away, El curioso incidente del perro a la medianoche y Shrek
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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