Pánico a una rebelión bonaerense
El episodio Berni expuso como nunca antes la desorientación del peronismo; Cristina no ordena y Kicillof se desespera con los pronósticos electorales; en el río revuelto solo pesca Milei
Martín Rodríguez Yebra
Hace tiempo que el kirchnerismo es una pirámide sin vértice. Cristina Kirchner conduce desde una distancia indescifrable y sumida en la resignación, como si esa pose la eximiera del fracaso del gobierno que ella gestó.
Lo novedoso es que las bases de esa estructura de poder están crujiendo y arrastran al peronismo a un desconcierto pocas veces visto.
Axel Kicillof sintió el vértigo esta semana cuando vio la brutal agresión a Sergio Berni en una protesta por el asesinato de un colectivero en La Matanza. El gobernador descubrió que el escudo detrás del que se guarecía de la crisis de seguridad estaba roto.
Expuesto a hablar de lo innombrable, balbuceó una teoría conspirativa que enardeció aún más a las víctimas. Y terminó de contradecirse al aprobar un operativo hollywoodense para detener a los que golpearon al ministro 60 horas después del suceso. Eran choferes de micro y no agentes de inteligencia plantados por un candidato opositor.
Cristina Kirchner reprendió por redes sociales al ministro, sin nombrarlo, por aquella desproporción. Antes había hablado con Kicillof en el tono áspero que usa poco con su favorito.
Fuentes del kirchnerismo admiten que Berni –a quien la vicepresidenta llamó para solidarizarse, pero sin expresarle apoyo a su gestión– subsiste en el cargo por falta de un sucesor en condiciones. Pero es “día a día”, aclaran.
El episodio de Berni paralizó al oficialismo por su efecto simbólico. Nunca antes había sido tan gráfica la desconexión entre una forma de hacer política y las demandas de una sociedad que está al límite.
El ministro desplegó su número rutinario en medio de un drama lacerante. Se apareció en un lugar de duelo y bronca con las mismas promesas burocráticas que, de tan repetidas, se perciben como excusas para retacearles a los deudos la atención de las cámaras de televisión.
La reacción violenta, jamás justificable, descolocó a toda la dirigencia política, pero dejó en shock al kirchnerismo. Los intendentes del conurbano leyeron detrás de las imágenes barbáricas las señales del posible desastre electoral que el olfato político y las encuestas les vienen alertando desde hace semanas.
“Son nuestros votantes los que más sufren la inflación y la inseguridad. Necesitamos reaccionar, mostrar empatía, ofrecer alguna solución concreta”, se desespera un intendente de la tercera sección electoral (sur del conurbano).
El silencio de La Cámpora atravesó toda la semana negra de Kicillof. Solo se activaron los teléfonos entre sus jerarcas para compartir el espanto por la detención “como criminales” de los colectiveros que golpearon a Berni.
También enardecieron a más de uno los videos de los batallones de policías con uniforme camuflado que la Provincia mandó a La Matanza para bajar a pasajeros de los ómnibus y cachearlos con las manos sobre la carrocería. Como hacían los militares en los 70.
“Cristina no da órdenes y Máximo solo se asume como jefe del PJ bonaerense cuando hay que hablar de cargos”, se queja otro dirigente territorial que teme perder su feudo suburbano.
A veces ni eso. El hijo de Cristina faltó a la última reunión que convocó el intendente de Ensenada, Mario Secco, para definir cómo sigue el operativo clamor en favor de una candidatura de Cristina Kirchner. El plan para “romper la proscripción” se desinfla por desinterés de la propia aludida.
Ya el último acto en Chaco destacó por las ausencias que no pudo disimular el anfitrión Jorge Capitanich. Ella le dijo a demasiada gente que no va a ser candidata a nada. Cuesta movilizarse por una fantasía.
Esperar a mayo
La vicepresidenta parece más preocupada por despegarse de la gestión decepcionante del Frente de Todos que por embarrarse con las urgencias del presente. En su entorno dicen que tomará una decisión a más tardar en mayo que ordenará el escenario electoral. Pero insisten en resaltar la frustración con sus subordinados por la impericia para “defenderse solos”.
Habla de sí misma como si ignorara el deterioro de su figura. En los últimos seis meses ha sido condenada por corrupción, perdió el control absoluto del Senado de la Nación, fracasó en su intento de imponer la renuncia anticipada a la reelección de Alberto Fernández y su misión más relevante consiste en ser garante política de un programa de ajuste fiscal pactado con el Fondo Monetario internacional (FMI).
La semana que termina sacó a la luz un problema medular: su fortaleza del conurbano se resquebraja. Néstor Kirchner construyó allí una maquinaria de poder capaz de digitar la política nacional. Van 20 años. La regó con subsidios y montó una estructura de gestión territorial delegada en punteros y organizaciones piqueteras, mientras se cristalizó de hecho una política de “administración del delito” con la finalidad de que la inseguridad inevitable en esa geografía de pobreza estructural nunca alcanzara la fisonomía de una crisis.
El sistema tiembla por la falta clamorosa de resultados. El voto castigo de 2021 –cuando el Frente de Todos perdió 12 puntos respecto de 2019– amenaza con convertirse en un tsunami de descontento este año. Los encuestadores registran “bronca”, “tristeza”, “hartazgo” como palabras más repetidas en los estudios cualitativos. Javier Milei empieza a acumular una cantidad impensable de nuevos apoyos entre antiguos simpatizantes kirchneristas.
¿Y si la ola libertaria terminara de hundir a Kicillof en vez de salvarlo, como pensaban en el oficialismo hasta hace poco? Sobre esa incógnita se apoya el sondeo por ahora descartado de separar la fecha de las elecciones bonaerenses de las nacionales. Es decir, que no haya en el cuarto oscuro boletas de Milei el día de la definición provincial.
“No hay manera. Eso solo beneficiaría a Juntos por el Cambio. Milei nos está sacando votos, pero su base original es mayoritariamente del macrismo. Se va a votar todo junto”, vaticina un estratega oficialista. Hay otra explicación, menos confesable. ¿Cómo sobreviviría el gobierno nacional a una catastrófica derrota anticipada en el mayor distrito del país?
La prioridad, añade esa fuente con llegada a Cristina Kirchner, pasa por encontrar una oferta nacional competitiva para el Frente de Todos. A la vicepresidenta le atribuyen repetir la siguiente frase: “No hay salvación de la provincia sin una candidatura nacional fuerte”.
La carta salvadora no aparece y el tembladeral económico no cesa. Sergio Massa tenía todos los números para calzarse el traje de candidato hasta que su magia se secó. La devaluación disimulada del último dólar agro es un intento de reposicionarse sobre los rieles.
Esta semana enfrentará otro sacudón con el número de la inflación de marzo, que rondará el 7%. El FMI le puso plazos concretos para reforzar el ajuste del gasto y mantiene su amenaza de perro que ladra respecto de los futuros desembolsos del acuerdo que separa a la Argentina de la quiebra.
La efímera teoría del “tapado” entretuvo a un oficialismo adicto a los fuegos de artificio de “la Jefa”. La pesadilla más temida es quedar terceros, algo que aún no aparece en las encuestas pero que la evolución del humor social impide descartar de acá a las elecciones.
Alberto y las PASO
En ausencia de Cristina, Alberto Fernández juega en el bosque. Celebró su visita a la Casa Blanca como un triunfo político y no como el simple episodio de burocracia diplomática que fue. insiste con su candidatura a la reelección a sabiendas de que construye un castillo que no resiste un soplido.
El kirchnerismo se cansó de destratarlo y optó por exponerlo a su debilidad. Wado de Pedro –siempre hay que aclarar que es su ministro político– retó al Presidente a las PASO que tanto pregona. Pero la salvedad es que le exigirán competir con listas propias de legisladores, gobernador bonaerense, intendentes.
¿Cómo hará Alberto para lanzarse a la aventura con todo el aparato del peronismo K en contra? ¿Qué jefe municipal querrá acompañar a Fernández si eso lo expone a perder las primarias contra el rival que le planten Cristina y La Cámpora?
Nadie en el peronismo cree en serio que la idea de la competencia interna prevalecerá. Aun así, los dirigentes con territorio por cuidar miran con desesperación las consecuencias de la desgastante guerra previa.
Cómo desligar la rabia que desató Berni frente a los colectiveros de la impúdica competencia administrativa que sostiene con Aníbal Fernández. Dos ministros de un mismo frente político se revolean acusaciones, arman operativos sin avisarse y juegan a ver quién es más macho contra los ladrones y asesinos, a los que solo les queda agradecer el desatino.
Tuvieron que sucederse el ataque a Berni, el estupor de la dirigencia oficialista y una queja escrita de Cristina para que Kicillof reaccionara con el llamado a una reunión, el lunes, en la que se discutirán medidas de seguridad en el transporte público.
Horas antes había llamado a la hija del colectivero Barrientos, a quien había indignado con la tesis insostenible de que el chofer asesinado había sido víctima de un acto de conspiración para perjudicar electoralmente al Frente de Todos.
Fernando Espinoza, el caudillo interminable de La Matanza, quiso escaparle a un juego habitual de la política bonaerense: los gobernadores suelen desentenderse de la inseguridad ante la opinión pública y le dejan los muertos al intendente. Se borró. Cuatro días después del crimen decidió reaparecer en su distrito, presionado desde el instituto Patria y por los opositores internos que lo acusaban de refugiarse “en su piso de Puerto Madero”.
Lo que se esconde detrás del revuelo de la Semana Santa versión 2023 es el pánico a una deriva violenta de la prolongada crisis económica. Massa manipula la economía con herramientas muy limitadas, entre el corset del FMI y los reclamos asordinados de sus aliados kirchneristas. La impotencia de Kicillof, Berni y Aníbal Fernández ante el avance del delito aporta el factor impredecible de la chispa posible que incendie ese pastizal tan seco.
Las complicaciones se agravan porque gobierna una fuerza verticalista en la que las directivas no llegan. Cristina alardea de su ausencia desde que anunció que no iba a ser candidata, irritada por la condena en su contra.
Pareció un castigo subliminal a los propios por no haberla defendido lo suficiente. El calvario judicial le quita energías: ahora la obsesiona el fallo de Casación sobre la causa Hotesur/los Sauces que este mes determinará si ella y sus hijos deben ir o no a juicio, acusados de lavar dinero
Cristina reprendió por redes sociales a Berni, sin nombrarlo, por aquella desproporción
Antes había hablado con Kicillof en el tono áspero que usa poco con su favorito
El silencio de La Cámpora atravesó toda la semana negra
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Máximo Kirchner talló en La Cámpora y pierde fuerza el operativo clamor
El diputado habló de ir a unas PASO y se consolidó esa postura; Aníbal Fernández lo criticó duramente, igual que a Wado
Maia Jastreblansky
Máximo Kirchner encabezó el reclamo por las PASO
Un dirigente que integra la llamada “mesa de Ensenada” -bautizada así por los encuentros periódicos de referentes ultrakirchneristas en Punta Lara- comenzó a telefonear a sus compañeros el Viernes Santo. “¿Dónde estamos parados? ¿Cómo seguimos?”, les preguntó, totalmente desconcertado. “Es muy espasmódico, no tenemos línea”, se quejó tras su ronda de llamadas.
El referente, un kirchnerista del primer kirchnerismo, refleja lo que sienten varios seguidores de la vice, que ven que el operativo clamor para que Cristina Kirchner sea candidata a presidenta perdió sentido y fuerza. Si la gira por el interior del país con la bandera “Cristina 2023” continúa, entienden, es más para sostener la centralidad del kirchnerismo que para que ella realmente revea su decisión de no ser candidata a nada.
“Cristina presidenta siempre fue una utopía, pero la realidad es más importante que cualquier deseo. Lo que hoy persiste es un estado de movilización para que la centralidad de ella sea indiscutible”, dijo un colaborador muy involucrado en los eventos del operativo clamor por la vice.
El punto de inflexión fue el 24 de marzo, el día que Máximo Kirchner habló de ir a unas PASO en el Frente de Todos. Hacía tiempo que la cúpula de La Cámpora desplegaba dos tácticas. Por un lado, Andrés “Cuervo” Larroque trabajaba para “romper la proscripción” de Cristina Kirchner a partir de un clima político callejero que le permitiera a la vice volver sobre sus pasos y subirse a la boleta como la candidata del espacio. La “mesa de Ensenada” fue el comando de operaciones de ese objetivo.
Por otro lado se movió Eduardo “Wado” de Pedro, en un precalentamiento para ser el candidato presidente y delfín de la vice. El ministro del Interior no solo subió el perfil, sino que también comenzó a disponer de recursos para una eventual campaña. Tanto Larroque como De Pedro actuaron autorizados por la vice, hijos de su doble juego.
En esa tensión fue que finalmente talló Máximo Kirchner cuando lanzó: “Si alguien se enoja, la sociedad define”. El hijo de la vice venía en una sintonía distinta: tras varios meses de resignación y repliegue, pujaba para que Cristina Kirchner se posicionara como la gran electora del peronismo. Él siempre quiso que su madre tuviera el control de la lapicera, no que fuera candidata.
“Máximo empezó a pedir que vayamos a unas PASO, lo contrario de lo que venía diciendo. Sobre esa frase de Máximo, Wado se tiró de cabeza y consolidó esa postura: ahora el kirchnerismo desafía al Presidente a una interna. Esa mirada gana la escena sobre el operativo clamor para que Cristina sea candidata a presidenta… porque si hay PASO es porque no juega ella”, reflexionó un importante colaborador del kirchnerismo.
La postura de Máximo Kirchner y De Pedro se traduce en hechos: hay conversaciones discretas entre ellos y varios colaboradores de Alberto Fernández para fijar las pautas de una eventual interna.
La aceptación de las PASO, no obstante, viene de la mano de otra jugada: el camporismo lo desafía al Presidente a que arme “su propia lista”. Es decir, lo aísla en la interna porque en rigor espera que el jefe del Estado desista de competir antes de la inscripción de las candidaturas. Caso contrario, están convencidos de poder ganarle en agosto.
Ayer, Aníbal Fernández -que defiende al jefe del Estado como librepensador aunque sin un freno de la Casa Rosada- redobló la apuesta y dijo que “el Presidente tendría que ser el candidato” y que “todos los que se la pasaron tirando piedras, como Wado o el Cuervo, tendrían acompañarlo”.
De Chaco a La Rioja
Con todo este telón de fondo se desarrolló hace una semana el acto en Chaco para inaugurar la gira por el interior del país del clamor “Cristina 2023”. La propia vice le bajó la instrucción a Larroque para que la movida, que tuvo su punto más álgido en Avellaneda, continuara en esa provincia y luego en La Rioja.
Pero el acto en Resistencia quedó muy desguarnecido. No asistieron las principales figuras nacionales del kirchnerismo y el argumento elegante fue que se trató de un evento “regional”, del nordeste. En la previa, Máximo Kirchner avisó que no iba por un compromiso personal. Y hubo dudas en torno a De Pedro. El gobernador local, Jorge Capitanich, también tiene aspiraciones presidenciales y la presencia del ministro del Interior llevaba implícita una pelea de cartel. Finalmente Wado se bajó.
La mayor sorpresa en Resistencia fue la ausencia a último momento de Larroque, principal promotor y planner del operativo clamor. “Se definió dejarle el protagonismo a Coqui”, argumentaron en La Cámpora.
Otro referente del kirchnerismo se indignó: “Le vaciamos el acto, no sé por qué”. Según uno de los presentes, ni siquiera el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, envió demasiada gente.
Hacia adelante, lo que sigue en el cronograma del kirchnerismo es la movilización al Palacio de Tribunales, el próximo jueves, bajo el título “Democracia o mafia judicial”. Esa consigna es más aglutinante porque, más allá de las candidaturas, busca instalar la presunta “proscripción” de la vice, aunque sobre ella solo pesa un fallo de primera instancia.
La cita de La Rioja no tiene fecha. Pero todos creen que pasará al menos un mes, porque se hará una vez que la provincia vote a gobernador.
Un dirigente que integra la llamada “mesa de Ensenada” -bautizada así por los encuentros periódicos de referentes ultrakirchneristas en Punta Lara- comenzó a telefonear a sus compañeros el Viernes Santo. “¿Dónde estamos parados? ¿Cómo seguimos?”, les preguntó, totalmente desconcertado. “Es muy espasmódico, no tenemos línea”, se quejó tras su ronda de llamadas.
El referente, un kirchnerista del primer kirchnerismo, refleja lo que sienten varios seguidores de la vice, que ven que el operativo clamor para que Cristina Kirchner sea candidata a presidenta perdió sentido y fuerza. Si la gira por el interior del país con la bandera “Cristina 2023” continúa, entienden, es más para sostener la centralidad del kirchnerismo que para que ella realmente revea su decisión de no ser candidata a nada.
“Cristina presidenta siempre fue una utopía, pero la realidad es más importante que cualquier deseo. Lo que hoy persiste es un estado de movilización para que la centralidad de ella sea indiscutible”, dijo un colaborador muy involucrado en los eventos del operativo clamor por la vice.
El punto de inflexión fue el 24 de marzo, el día que Máximo Kirchner habló de ir a unas PASO en el Frente de Todos. Hacía tiempo que la cúpula de La Cámpora desplegaba dos tácticas. Por un lado, Andrés “Cuervo” Larroque trabajaba para “romper la proscripción” de Cristina Kirchner a partir de un clima político callejero que le permitiera a la vice volver sobre sus pasos y subirse a la boleta como la candidata del espacio. La “mesa de Ensenada” fue el comando de operaciones de ese objetivo.
Por otro lado se movió Eduardo “Wado” de Pedro, en un precalentamiento para ser el candidato presidente y delfín de la vice. El ministro del Interior no solo subió el perfil, sino que también comenzó a disponer de recursos para una eventual campaña. Tanto Larroque como De Pedro actuaron autorizados por la vice, hijos de su doble juego.
En esa tensión fue que finalmente talló Máximo Kirchner cuando lanzó: “Si alguien se enoja, la sociedad define”. El hijo de la vice venía en una sintonía distinta: tras varios meses de resignación y repliegue, pujaba para que Cristina Kirchner se posicionara como la gran electora del peronismo. Él siempre quiso que su madre tuviera el control de la lapicera, no que fuera candidata.
“Máximo empezó a pedir que vayamos a unas PASO, lo contrario de lo que venía diciendo. Sobre esa frase de Máximo, Wado se tiró de cabeza y consolidó esa postura: ahora el kirchnerismo desafía al Presidente a una interna. Esa mirada gana la escena sobre el operativo clamor para que Cristina sea candidata a presidenta… porque si hay PASO es porque no juega ella”, reflexionó un importante colaborador del kirchnerismo.
La postura de Máximo Kirchner y De Pedro se traduce en hechos: hay conversaciones discretas entre ellos y varios colaboradores de Alberto Fernández para fijar las pautas de una eventual interna.
La aceptación de las PASO, no obstante, viene de la mano de otra jugada: el camporismo lo desafía al Presidente a que arme “su propia lista”. Es decir, lo aísla en la interna porque en rigor espera que el jefe del Estado desista de competir antes de la inscripción de las candidaturas. Caso contrario, están convencidos de poder ganarle en agosto.
Ayer, Aníbal Fernández -que defiende al jefe del Estado como librepensador aunque sin un freno de la Casa Rosada- redobló la apuesta y dijo que “el Presidente tendría que ser el candidato” y que “todos los que se la pasaron tirando piedras, como Wado o el Cuervo, tendrían acompañarlo”.
De Chaco a La Rioja
Con todo este telón de fondo se desarrolló hace una semana el acto en Chaco para inaugurar la gira por el interior del país del clamor “Cristina 2023”. La propia vice le bajó la instrucción a Larroque para que la movida, que tuvo su punto más álgido en Avellaneda, continuara en esa provincia y luego en La Rioja.
Pero el acto en Resistencia quedó muy desguarnecido. No asistieron las principales figuras nacionales del kirchnerismo y el argumento elegante fue que se trató de un evento “regional”, del nordeste. En la previa, Máximo Kirchner avisó que no iba por un compromiso personal. Y hubo dudas en torno a De Pedro. El gobernador local, Jorge Capitanich, también tiene aspiraciones presidenciales y la presencia del ministro del Interior llevaba implícita una pelea de cartel. Finalmente Wado se bajó.
La mayor sorpresa en Resistencia fue la ausencia a último momento de Larroque, principal promotor y planner del operativo clamor. “Se definió dejarle el protagonismo a Coqui”, argumentaron en La Cámpora.
Otro referente del kirchnerismo se indignó: “Le vaciamos el acto, no sé por qué”. Según uno de los presentes, ni siquiera el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, envió demasiada gente.
Hacia adelante, lo que sigue en el cronograma del kirchnerismo es la movilización al Palacio de Tribunales, el próximo jueves, bajo el título “Democracia o mafia judicial”. Esa consigna es más aglutinante porque, más allá de las candidaturas, busca instalar la presunta “proscripción” de la vice, aunque sobre ella solo pesa un fallo de primera instancia.
La cita de La Rioja no tiene fecha. Pero todos creen que pasará al menos un mes, porque se hará una vez que la provincia vote a gobernador.
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