domingo, 4 de febrero de 2024

DE NO CREER Y AL MARGEN


Bien, Javier: con Scioli a bordo yo me animo a todo
— por Carlos M. Reymundo Roberts


Hay un problema, que es mío, no del Gobierno: no estoy entendiendo al Gobierno. Es un problema recontraserio para alguien que ha tomado la decisión de defenderlo hasta las últimas consecuencias. Cuando digo “últimas consecuencias” no exagero: por Milei yo voy a la guerra; por Milei soy capaz de sacrificar incluso la honra, el futuro, el dinero. Bueno, el dinero ya lo estoy sacrificando, pero también los que no lo votaron. Estamos todos un poquito más pobres, ¿no? De eso se trata esta experiencia libertaria: la pobreza es el precio de la libertad. ¡Presi, qué eslogan acabo de regalarte! Ya me lo imagino en tus discursos, en pancartas y multiplicado por trolls en las redes. No hay plata, jefe, pero tenemos eslogan.
No quiero desviarme. Decía que me cuesta, por mis limitaciones, asimilar algunas cositas que hace el Gobierno. Y ni les cuento con las que deshace; por ejemplo, la ley ómnibus. Yo salí a la calle a jugármela por ese proyecto, y hasta me entreveré en un cuerpo a cuerpo con los zurdos que fueron a protestar al Congreso. Ganaron los zurdos: de aquellos 600 y pico de artículos nos están quedando apenas poco más de 200, o algo así, porque cada 5 minutos la vuelven a podar. Los tramos más importantes volaron. Era una ley machaza, un ajuste más salvaje que los del FMI, y va quedando un texto deshilachado, un ajustecito de mala muerte. Le cortaron las piernas. ¡El ómnibus no se mancha!
Yo estaba indignado, y más cuando me topé, sobre Rivadavia, con un diputado dialoguista que había salido a tomar un poco de aire. “Hay cierta desproporción –me dijo– entre ese megaproyecto revolucionario de 700 artículos y un bloque libertario de 39 bancas. O te asegurás el apoyo, negociando, o no te proponés ninguna revolución”. Claro, “negociando”. ¡Coimero, comunista! Con gente así no se puede transformar el país. Horacito Rodríguez Larreta, gran amigo mío, declaró sobre el Presidente: “Algunas de sus ideas son buenas, pero no te podés pelear con todo el mundo, y menos siendo minoría”. Otro que analiza la política desde una perspectiva matemática. Chau, dejó de ser mi amigo.
La media sanción de Diputados ya es un hecho; obviamente, con el voto en contra del kirchnerismo, lo cual habla muy bien de la ley. Anteayer, Maximito primero estuvo en su banca y después se sumó a la protesta callejera. Gran mérito del Gobierno: en su vida este chico había laburado tanto.
Tampoco el economista Roberto Luis Troster parece comprender el volumen de los cambios emprendidos por Milei. En una nota de opinión en la nacion, escribió: “Recortó gastos, ajustó la paridad del dólar, eliminó subsidios y desburocratizó algunos trámites, entre otras medidas. Son condiciones necesarias, pero no suficientes”. Siempre un pero, siempre. “Hay que cambiar –puso–, pero hay que cambiar bien”. ¡Otro pero! Troster deber ser peronista.
Así como hay cosas que no me terminan de cerrar, porque soy un cerrado, otras las aplaudo de pie. Brillante la incorporación de Daniel Scioli al Gobierno. El Pichichi es esa sangre nueva que estábamos necesitando. ¿Nueva? Sí: Dani no es el mismo que trabajó para Menem, Rodríguez Saá, Duhalde, Néstor, Cristina, Alberto y Massita. Está más maduro, tiene más fe y esperanza que nunca, y vuelve a su primer cargo, secretario de Turismo, de donde nunca debió haber salido. Viajero empedernido, si lo miramos bien es un gran turista de la política: le gustan todos los paisajes. Con él llegan, además, su hermano y su hija: la pyme completa. Lo de pyme, dicho con todo respeto a su trayectoria. Sé que es un empresario de fuste, con inversiones diversificadas y establecimientos agropecuarios –La Morocha, La Estrella y La Negra, en Balcarce y Tandil: en total, más de 15.000 hectáreas– en los que se puede ver desde la salida del sol hasta el ocaso. Si La Libertad Avanza llegó al poder con la bandera de la lucha contra la casta y la corrupción, ahora tenemos al abanderado.
Lamento mucho que su designación no haya sido tan bienvenida. En los comentarios de la noticia en lanacion.com (más de 1200) leí cosas terribles. Reproduzco algunas –las reproducibles– con su nickname, porque a esos desubicados hay que escracharlos. lramirez58: Ficha limpia x favor. Brendano: La motosierra era como una guillotina: queríamos ver que rodaran cabezas, no que las coronaran. edebarnot: Peluca, el 56% te baja al 15. Por favor… ¿este esperpento? ¿En serio? ¡¡¡Decime que es una fake news!!! LIBERTIDO: Scioli tiene menos palabra que Bernardo, el asistente del Zorro.
En una red recordaron que durante las trágicas inundaciones en La Plata, en 2013, Scioli se dedicó a esconder muertos. Qué horror: buscan empañarle la gloria de este momento.
Javier, está clarísimo: vamos a tener que soportar la deserción de los nuestros. El que quiera bajarse del barco que lo haga. Los fieles seguiremos a bordo. De última, Daniel, en su lancha, nos llevará a buen puerto
En las redes dicen que Daniel “tiene menos palabra que Bernardo, el asistente del Zorro”

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¡Sáquenle el celular al Presidente!
por Héctor M. Guyot


A Javier Milei deberían sacarle el celular de las manos. Todo lo que construye su gente en el Congreso, el Presidente lo destruye con un post en las redes. Acaso considere que sus misiles representan un avance en la batalla cultural de los libertarios. A fin de cuentas, con esas intervenciones intempestivas ganó las elecciones. La cuestión es que esos ataques que lanza o replica no impactan solo en lo que él considera la casta, sino también en quienes quieren apoyar sus iniciativas y en uno de los presupuestos esenciales de la democracia: el diálogo y el consenso. Se dispara en los pies, salvo que esté buscando consolidar un liderazgo populista, que por definición descree de las instituciones y las formas. En este presente tan agitado y confuso, hay elementos que podrían confirmar esta hipótesis, pero también existen otros que la desmienten.
Milei logró despertar el apoyo –del electorado primero, de las fuerzas republicanas después– respecto de su plan de reforma estructural. Aunque expresado en términos extremos, su proyecto iba en el sentido de lo que había que hacer: desarmar décadas de corporativismo delictivo para terminar con un déficit fiscal que supone una herida letal en la economía y, en consecuencia, en la calidad de vida de los argentinos. La cuestión entonces no es el fondo, sino la forma. El cómo. Es decir, el estilo. Y el estilo, que es una extensión de la personalidad y determina el fondo, es muy difícil de cambiar. No es algo de lo que uno pueda abdicar de la noche a la mañana, porque expresa lo que somos. Lo extraño es que a Milei no se lo votó a pesar de su estilo incendiario, sino precisamente por eso. El voto que Milei cosechó en las PASO y en la primera vuelta fue una reacción a veinte años de kirchnerismo. Y he aquí la broma de la historia: Milei representaba las antípodas de los K en cuestiones de fondo, pero compartía con Cristina Kirchner, a su manera, varios aspectos relativos al estilo: la pulsión confrontativa, la tendencia a polarizar, el dogmatismo, la estigmatización y el menosprecio de quien piensa distinto. Este es el problema que tenemos ahora, pues la democracia reside en las formas. En la política, como en el arte, en el estilo está la obra.
Difícil que Milei deje el celular. El Presidente es un producto de las redes, que se nutren del agravio y suelen simplificar lo complejo, incluso al punto de banalizarlo. El post que subió a Instagram el jueves por la tarde, en medio del debate en el Congreso por la ley ómnibus, roza el mal gusto. “Oíd mortales el grito sagrado. Libertad, Libertad, Libertad”, escribió, y acompañó el texto con una foto, generada con inteligencia artificial, de un león en la plaza del Congreso que abre una jaula y libera a los argentinos. Si su autoestima se mide por el tamaño de la fiera en relación al pobre rebaño de argentinos liberados, estamos en problemas.
Sin embargo, hay que apoyar su plan. No solo porque expresa la voluntad de una mayoría del electorado, sino porque los que intentan socavarlo son los mismos que empujaron al país a esta crisis agónica y representan la peor de las alternativas. Mientras en la calle los manifestantes caldeaban los ánimos, los diputados kirchneristas impostaron la defensa de la república, a la que ignoraron por completo cuando fueron gobierno, e intentaron reeditar el boicot al cambio perpetrado a pedrada limpia en 2017. No tuvieron éxito, pero su hipocresía alcanzó alturas inéditas. La expuso de manera contundente Silvia Lospennato durante su alocución. El apoyo constructivo, que no supone un cheque en blanco, lo expresó con claridad Rodrigo de Loredo. El Gobierno debería valorar estos gestos y aceptar que los necesita para llevar adelante la transformación que propone respetando las formas de la democracia. Antes que la economía, aquí hay que rescatar la política. Difícil lo uno sin lo otro.
Como si las contradicciones escasearan, entró Daniel Scioli al Gobierno. Pocos exponentes más acabados de la casta que el motonauta. Desde los años 90, pasó por todos lados. Parece la antítesis de Milei: sin convicciones, vacío, disponible, eterno. Pone su cuota de fe y esperanza al servicio de quien corresponda. En el vértigo de la realidad nacional, olvidamos que el nuevo secretario de Deporte, Turismo y Medio Ambiente fue en 2015 el candidato a presidente de Cristina Kirchner, elegido a dedo por ella misma, aunque lo ungiera tapándose la nariz. Es decir, el Alberto Fernández que no pudo ser. Pero Scioli es inmune a las derrotas. En su ingravidez, flota siempre hasta el nuevo puerto, y ahora es un soldado de la causa libertaria. Este alarde de resiliencia trajo de los archivos otro dato curioso. Milei, que vino a acabar con el kirchnerismo, trabajó para Scioli en la fundación Acordar, el think tank del entonces candidato de Cristina Kirchner. Dicho de otro modo: en aquella elección el Presidente no estaba con Mauricio Macri y el cambio, sino que se unió a la campaña del candidato del kirchnerismo, después de que el intento de su jefa de ir por todo naufragara. ¿Será una muestra de lo que le importa a Milei la calidad institucional? Esperemos que no.ß
Con sus ataques en las redes, Milei se dispara en los pies, salvo que esté buscando consolidar un liderazgo populista, que por definición descree de las formas

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