¿Quién dio el primer beso registrado de la humanidad?
Un nuevo estudio sostiene que desde finales del tercer milenio a. C. besar era una parte establecida del romance en Medio Oriente
Franz Lidz
tUna tablilla de arcilla babilónica de una pareja, alrededor del año 1800 a.c.
NUEVA YORK.– Esta es una historia de amor: durante la primavera de 2008, mucho antes de que produjera evidencia del primer beso registrado de la humanidad, Sophie Lund Rasmussen y Troels Pank Arboll sellaron sus labios en su primer beso de buenas noches. Se habían conocido una semana antes en un pub cerca de la Universidad de Copenhague, donde ambos eran estudiantes universitarios.
Tres años después se casaron. Una noche durante la cena en 2022, la pareja discutió en torno a un nuevo estudio genético que vinculaba las variantes modernas del herpes con los besos boca a boca en la Edad del Bronce, aproximadamente entre el 3300 a. C. y el 1200 a. C. En los materiales suplementarios, una breve historia del beso señalaba el sur de Asia como el lugar de origen y rastreaba el primer roce de labios literario al año 1500 a. C.
La investigadora, en la Universidad de Cambridge, sugirió que la costumbre –un precursor del beso con los labios que involucraba frotar y presionar narices juntas– evolucionó hacia el besuqueo. Señaló que para el año 300 a. C. –alrededor de la publicación del manual sexual indio, el Kamasutra– los besos se habían extendido por el Mediterráneo con el regreso de las tropas de Alejandro Magno desde el norte de India.
Pero la pareja creía que ese no era su comienzo. “Le dije a Sophie que conocía reportes aun más antiguos escritos en los idiomas sumerio y acadio”, dijo Arboll, experto en reportes antiguos de diagnósticos médicos, recetas y rituales de curación. “Así que después de la cena, lo verificamos”, dijo Rasmussen. Consultaron textos cuneiformes en tablillas de arcilla de Mesopotamia (actuales Irak y Siria) y Egipto en busca de ejemplos claros de besos íntimos. Su investigación resultó en un comentario publicado recientemente en la revista Science que ubicó la documentación más antigua del beso 1000 años antes de lo registrado y revirtió la hipótesis de que las personas de una región específica fueron los primeros en besarse y contarlo.
El equipo de esposos daneses sostienequedesdealmenosfinalesdeltercer milenio a. C., el beso era una parte extendida y bien establecida del romance en Medio Oriente. “El beso no fue una costumbre que emergió abruptamente en un solo punto de origen”, dijo Arboll. “Parece haber sido común en una variedad de culturas”.
Grabado en arcilla
Arboll y Rasmussen propusieron que el registro más temprano de un beso estaba grabado en el Cilindro de Barton, una tablilla de arcilla que data de alrededor del 2400 a. C. El objeto fue desenterrado en la antigua ciudad sumeria de Nippur en 1899, y nombrado en honor a George Barton, el profesor de lenguas semíticas del Bryn Mawr College, quien lo tradujo 19 años después. Actualmente se encuentra en el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania, donde, desde 1922 hasta 1931, Barton enseñó lenguas semíticas e historia de la religión.
El relato del artefacto involucra el mito sumerio de la creación y los problemas con los suministros de alimentos en Nippur, la capital religiosa original de Babilonia y el asiento de culto para Enlil, gobernante del cosmos. En la segunda columna de texto, una divinidad masculina, posiblemente Enlil, tiene relaciones sexuales con la diosa madre Ninhursag, hermana de Enlil, y luego la besa. En medio de estos juegos divinos, la divinidad masculina planta la semilla de “siete gemelos de deidades” en su vientre.
Gonzalo Rubio, un asiriólogo de la Universidad Estatal de Pensilvania, dijo que la parte más llamativa de la historia es la secuencia de eventos. “En las representaciones del acto de besar en la literatura sumeria, los sujetos tienen relaciones sexuales primero y solo después se besan. Es un tipo de juego posterior, en lugar de juego previo”.
Aunque la existencia de registros de besos mesopotámicos pueda ser impactante para los filematólogos, académicos que estudian la ciencia decididamente sobria del beso, para los estudiosos mesopotámicos es una noticia vieja. “En el pequeño campo especializado de la asiriología, hay una tendencia a prestar atención hacia adentro y no tanto hacia afuera”, dijo Rasmussen. Rubio, que no participó en el proyecto, elogió a Arboll y a Rasmussen por reescribir eficazmente la historia del beso. “Apuntaron a dejar las cosas en claro y llegaron a corregir un enfoque tan reduccionista del comportamiento humano”, dijo.
¿Era un beso sumerio solo un beso? Arboll dijo que en los pasajes más tempranos, el beso se describía en relación con actos eróticos, con los labios como epicentro. En acadio, un idioma semítico relacionado con el hebreo y el árabe de hoy, él y Rasmussen encontraron que las referencias al beso caían en dos categorías: la “amistosa-paternal” y la “romántico-sexual”. La primera es una muestra de afecto familiar, respeto o sumisión, como cuando un súbdito real besa los pies de un gobernante. “El beso sexual-romántico ocurre en relación con un acto sexual o en relación con el amor”, dijo Arboll. A diferencia de la variedad amistosa-paternal, no es culturalmente universal.
“Se ha observado el beso de labios en chimpancés y bonobos, nuestros parientes vivos más cercanos”, agregó Rasmussen. Mientras que el beso platónico del chimpancé determina la compatibilidad, los bonobos se besuquean para excitarse sexualmente: su contacto erótico varía desde el sexo oral hasta giros intensos de lengua. “Las prácticas de besos de estos primates insinúan algo fundamental que se remonta mucho más allá de la historia humana”, concluyó Rasmussen.
NUEVA YORK.– Esta es una historia de amor: durante la primavera de 2008, mucho antes de que produjera evidencia del primer beso registrado de la humanidad, Sophie Lund Rasmussen y Troels Pank Arboll sellaron sus labios en su primer beso de buenas noches. Se habían conocido una semana antes en un pub cerca de la Universidad de Copenhague, donde ambos eran estudiantes universitarios.
Tres años después se casaron. Una noche durante la cena en 2022, la pareja discutió en torno a un nuevo estudio genético que vinculaba las variantes modernas del herpes con los besos boca a boca en la Edad del Bronce, aproximadamente entre el 3300 a. C. y el 1200 a. C. En los materiales suplementarios, una breve historia del beso señalaba el sur de Asia como el lugar de origen y rastreaba el primer roce de labios literario al año 1500 a. C.
La investigadora, en la Universidad de Cambridge, sugirió que la costumbre –un precursor del beso con los labios que involucraba frotar y presionar narices juntas– evolucionó hacia el besuqueo. Señaló que para el año 300 a. C. –alrededor de la publicación del manual sexual indio, el Kamasutra– los besos se habían extendido por el Mediterráneo con el regreso de las tropas de Alejandro Magno desde el norte de India.
Pero la pareja creía que ese no era su comienzo. “Le dije a Sophie que conocía reportes aun más antiguos escritos en los idiomas sumerio y acadio”, dijo Arboll, experto en reportes antiguos de diagnósticos médicos, recetas y rituales de curación. “Así que después de la cena, lo verificamos”, dijo Rasmussen. Consultaron textos cuneiformes en tablillas de arcilla de Mesopotamia (actuales Irak y Siria) y Egipto en busca de ejemplos claros de besos íntimos. Su investigación resultó en un comentario publicado recientemente en la revista Science que ubicó la documentación más antigua del beso 1000 años antes de lo registrado y revirtió la hipótesis de que las personas de una región específica fueron los primeros en besarse y contarlo.
El equipo de esposos daneses sostienequedesdealmenosfinalesdeltercer milenio a. C., el beso era una parte extendida y bien establecida del romance en Medio Oriente. “El beso no fue una costumbre que emergió abruptamente en un solo punto de origen”, dijo Arboll. “Parece haber sido común en una variedad de culturas”.
Grabado en arcilla
Arboll y Rasmussen propusieron que el registro más temprano de un beso estaba grabado en el Cilindro de Barton, una tablilla de arcilla que data de alrededor del 2400 a. C. El objeto fue desenterrado en la antigua ciudad sumeria de Nippur en 1899, y nombrado en honor a George Barton, el profesor de lenguas semíticas del Bryn Mawr College, quien lo tradujo 19 años después. Actualmente se encuentra en el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania, donde, desde 1922 hasta 1931, Barton enseñó lenguas semíticas e historia de la religión.
El relato del artefacto involucra el mito sumerio de la creación y los problemas con los suministros de alimentos en Nippur, la capital religiosa original de Babilonia y el asiento de culto para Enlil, gobernante del cosmos. En la segunda columna de texto, una divinidad masculina, posiblemente Enlil, tiene relaciones sexuales con la diosa madre Ninhursag, hermana de Enlil, y luego la besa. En medio de estos juegos divinos, la divinidad masculina planta la semilla de “siete gemelos de deidades” en su vientre.
Gonzalo Rubio, un asiriólogo de la Universidad Estatal de Pensilvania, dijo que la parte más llamativa de la historia es la secuencia de eventos. “En las representaciones del acto de besar en la literatura sumeria, los sujetos tienen relaciones sexuales primero y solo después se besan. Es un tipo de juego posterior, en lugar de juego previo”.
Aunque la existencia de registros de besos mesopotámicos pueda ser impactante para los filematólogos, académicos que estudian la ciencia decididamente sobria del beso, para los estudiosos mesopotámicos es una noticia vieja. “En el pequeño campo especializado de la asiriología, hay una tendencia a prestar atención hacia adentro y no tanto hacia afuera”, dijo Rasmussen. Rubio, que no participó en el proyecto, elogió a Arboll y a Rasmussen por reescribir eficazmente la historia del beso. “Apuntaron a dejar las cosas en claro y llegaron a corregir un enfoque tan reduccionista del comportamiento humano”, dijo.
¿Era un beso sumerio solo un beso? Arboll dijo que en los pasajes más tempranos, el beso se describía en relación con actos eróticos, con los labios como epicentro. En acadio, un idioma semítico relacionado con el hebreo y el árabe de hoy, él y Rasmussen encontraron que las referencias al beso caían en dos categorías: la “amistosa-paternal” y la “romántico-sexual”. La primera es una muestra de afecto familiar, respeto o sumisión, como cuando un súbdito real besa los pies de un gobernante. “El beso sexual-romántico ocurre en relación con un acto sexual o en relación con el amor”, dijo Arboll. A diferencia de la variedad amistosa-paternal, no es culturalmente universal.
“Se ha observado el beso de labios en chimpancés y bonobos, nuestros parientes vivos más cercanos”, agregó Rasmussen. Mientras que el beso platónico del chimpancé determina la compatibilidad, los bonobos se besuquean para excitarse sexualmente: su contacto erótico varía desde el sexo oral hasta giros intensos de lengua. “Las prácticas de besos de estos primates insinúan algo fundamental que se remonta mucho más allá de la historia humana”, concluyó Rasmussen.
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