domingo, 4 de febrero de 2024

LA DEFINICIÓN Y NOCHE AGITADA




Dos diputados de la UCR votaron en contra y dieron la sorpresa
Manes y Juliano rechazaron el proyecto; también hubo divisiones en la bancada de Pichetto, pero habían sido anunciadas
Matías Moreno
En un clima de incertidumbre por el atascamiento de las complejas negociaciones para avanzar con la votación en particular, los libertarios dieron ayer apenas un paso adelante en su intento de lograr el aval de la Cámara de Diputados al megaproyecto. Sin defecciones en el bloque oficialista, que lidera Oscar Zago, Milei consiguió la aprobación de la ley con 144 votos positivos y 109 negativos. Lo hizo gracias al apoyo de Pro y la mayoría de los integrantes de las bancadas de la UCR, Hacemos Coalición Federal e Innovación Federal. Los diputados del kirchnerismo y la izquierda fueron los principales impulsores del rechazo.
Pero hubo sorpresas y un giro de último momento en el espacio radical que conduce Rodrigo De Loredo, ya que el médico Facundo Manes y Pablo Juliano optaron por oponerse a la ley. “Es un proyecto que reedita el ‘vamos por todo’ de Cristina Kirchner”, argumentó Manes ante la consulta de la nacion.
El neurólogo y Juliano se desmarcaron de sus compañeros de bloque. Ambos habían anticipado que votarían en contra de la delegación de facultades y las privatizaciones, ejes neurálgicos de la ley ómnibus, pese a que estaban dispuestos a acompañar en general. Esa postura giró con el correr del debate.
Manes venían teniendo roces con De Loredo por el posicionamiento frente a Milei. Reclamaba una posición más combativa e, incluso, buscó sumar voluntades entre los radicales alineados con Gerardo Morales o Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti. No obstante, los jujeños y los representantes de Evolución Radical votaron a favor. Cerca de Manes lo atribuyen a “la presión” que habrían ejercido los gobernadores de la UCR que apuestan a preservar el vínculo político con el Presidente.
También hubo fisuras en el bloque que lidera Miguel Pichetto. Pero esas disidencias estaban previstas desde antes que arrancara la maratónica sesión. Los socialistas de Santa Fe Mónica Fein y Esteban Paulón, la cordobesa Natalia De la Sota, y Margarita Stolbizer (GEN), que había firmado un dictamen propio, se pronunciaron en contra de la “ley de bases”. En tanto, los representantes de la Coalición Cívica, de Elisa Carrió, que habían hecho objeciones en las privatizaciones y rechazan las facultades delegadas, o los cordobeses que responden al gobernador Martín Llaryora, quien presionó hasta último momento para que el Gobierno abra la puerta a negociar en el artículo del impuesto país, se expresaron a favor. Eso sí: los alfiles de la CC dejaron en reserva el tema jubilatorio antes de votar. En tanto, Jorge Ávila (Chubut) se ausentó.
Con apenas 38 diputados, el oficialismo necesitó de una red de adhesiones para ganar la pelea. Fue clave el acompañamiento de los gobernadores más cercanos a la Casa Rosada, como los radicales Alfredo Cornejo (Mendoza), Gustavo Valdés (Corrientes), Maximiliano Pullaro (Santa Fe) o Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Ignacio Torres (Chubut) y los mandatarios de San Juan, San Luis, Misiones, Salta, Neuquén y Río Negro. A ese grupo se sumaron los legisladores de Tucumán que responden a Osvaldo Jaldo.
Los gobernadores le dieron un colchón de apoyos estratégicos a Milei, pese a que presionaron hasta el filo del cierre del debate para conseguir que el Gobierno abra la puerta a acordar el reparto de recursos del impuesto PAIS o el pacto fiscal. Tampoco hubo consenso en torno a los textos de los artículos de facultades delegadas o las privatizaciones de empresas públicas, ya que la contrapropuesta del Ejecutivo no dejó conformes a los dialoguistas.

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Una noche agitada, sacudida por la presión de los gobernadores
El cordobés Llaryora encabezó una última embestida para incluir la discusión sobre el impuesto PAIS
Matías Moreno
Tras enviar a los bloques dialoguistas una contrapropuesta que acotó aún más las facultades delegadas y redujo la lista de privatizaciones, el oficialismo parecía encaminarse a lograr el jueves su primer triunfo legislativo. Con todos los focos puestos en el Congreso, los funcionarios de Javier Milei que se instalaron en los palcos o en el despacho de Martín Menem y los diputados libertarios se entusiasmaban con apurar la aprobación en general de la ley ómnibus. Estaban rebosantes de optimismo. “Ya está, vamos a votar hoy”, decían el jueves. Pero al filo de la medianoche Milei sufrió un nuevo revés en su intento de conseguir el aval de Diputados a su vasto paquete para reformar el Estado y desregular la economía.
Aquel traspié tuvo varios motivos. No solo la última oferta del Gobierno no terminó de conformar a los aliados más rigurosos, sino que hubo un giro inesperado. El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, y sus representantes en la Cámara baja encontraron una hendija para ganar tiempo y presionar a la Casa Rosada. En rigor, lanzaron un aviso claro: deslizaron que podrían proponer durante la votación en particular una lista de temas que habían sido excluidos del paquete por el Gobierno, pero que en los que ellos habían hecho reserva, como el impuesto PAIS, la moratoria o la suba del gravamen al tabaco.
Así, forzaron a los jefes de LLA a consensuar con los dialoguistas un cuarto intermedio. “Si Milei no habla con los gobernadores, va a ser muy difícil”, exclamó, con resignación, uno de los diputados que colaboran con el Gobierno mientras se retiraban del Congreso.
La posición de Llaryora encendió las alarmas en el oficialismo. Era un plan diseñado para empujar a Milei para que formalice la convocatoria a las provincias para discutir un nuevo pacto fiscal. El oficialismo insistía en que pretendían garantizarse la media sanción antes de llamar a los mandatarios y que los dialoguistas acepten bajar esos pedidos que quedaron en reserva. Temían una ruptura.
Los cordobeses y gobernadores aliados trabajaron discretamente y movieron sus fichas en el tablero a sabiendas de que LLA solo tiene 38 diputados para defenderse de una ofensiva. Y actuaron bajo la lógica de que podrían construir una mayoría circunstancial en el recinto con el apoyo de gobernadores del PJ, como Axel Kicillof, Gerardo Zamora y Gildo Insfrán, quienes, especulaban, respaldarían votar a favor de repartir la caja del impuesto PAIS, una maniobra que podría poner en jaque al oficialismo y las cuentas de Luis Caputo.
A la debilidad parlamentaria de La Libertad Avanza se suman las llamativas dificultades que enfrenta el Gobierno para cerrar acuerdos con sus aliados naturales en el Congreso. “Ni ellos saben qué quieren”, se quejó uno de los alfiles de Pro.
El Gobierno sintió la presión. Uno de los más enojados con la idas y venidas del Ejecutivo y la ausencia de certezas sobre la eventual convocatoria a un pacto fiscal fue Llaryora. Entre los mandatarios dialoguistas hay “halcones” y “palomas”. Así como Llaryora lideró la cruzada para reclamar que el Gobierno oficialice la discusión fiscal -una posición que lo acompañó Maximiliano Pullaro (Santa Fe), según fuentes al tanto de la discusión- antes de que Diputados apruebe el proyecto, Rogelio Frigerio (Entre Ríos) intentó persuadir a sus pares. Pidió dar la media sanción y confiar en que Milei cumpliría con hacer la convocatoria. Motorizó llamados e hizo gestiones para sumar voluntades durante toda la jornada de ayer.
La amenaza de la provincia mediterránea a las ambiciones de Milei encierra varias paradojas. Los cordobeses ocupan sillas codiciadas en el Estado, como la Anses, el Banco Nación o Transporte. A su vez, Córdoba fue uno de los pilares del triunfo electoral que lo llevó a Milei a la Casa Rosada. No obstante, Llaryora se adelantó y redobló la presión cuando el Gobierno tenía la expectativa de avanzar con la votación en general para sellar el triunfo antes de la medianoche del jueves. En medio de la incertidumbre, los jefes libertarios cabildearon. Desde Pro y un sector de los dialoguistas pusieron sobre la mesa una salida intermedia. Plantearon la opción de votar en general ayer y postergar la discusión en particular para el martes. Le sugirieron a Menem que Milei convoque a los gobernadores el lunes para cerrar el pacto fiscal. Desde la bancada de Pichetto le dijeron que los jefes de bloques debían asistir como “garantes” del acuerdo, para traducir luego esas conversaciones a Diputados y el Senado, donde los gobernadores tienen mayor incidencia. Los titubeos de los libertarios desconcertaron, incluso, a las figuras de Pro. “Esto no se entiende; son dubitativos”, dijo un integrante de la tropa de los “halcones”.
Lule Menem empujaba la idea de acelerar la votación. Incluso, los libertarios retiraron a sus oradores para agilizar el debate. El titular de la Cámara y el resto de los hombres de confianza de Milei dudaban. “Hay anarquía; nadie del oficialismo ordena”, describió uno de los dialoguistas que visualizaba un inminente traspié. Minutos antes de la medianoche, Menem recibió en su despacho a los jefes de los bloques aliados: entraron Ritondo, José Luis Espert, Santilli, Pichetto y De Loredo. Definieron votar el pase a cuarto intermedio y postergar la votación. Ayer tuvieron que aceptar una nueva postergación para la votación de cada artículo


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