martes, 7 de marzo de 2023

LA KKK GRANDE Y EL KAKITO


Probable reaparición en un acto en Viedma
Cristina estaría en Río Negro un día después de que se difundan los argumentos del caso Vialidad
Cecilia DevannaAfiche pegado en la zona del Congreso
Cristina Kirchner podría reaparecer en un acto público esta semana, apenas un día después de que el Tribunal Oral Federal (TOF) 2 entregue los fundamentos de su condena en el caso Vialidad. De concretarse la presentación, Kirchner volvería a hablar públicamente después de más de dos meses y ocurriría un día antes de la convocatoria en Avellaneda, donde el kirchnerismo se pronunciará contra su supuesta “proscripción” y reclamará que sea candidata.
La reaparición de Kirchner se daría en la sede de Viedma, de la Universidad Nacional de Río Negro con motivo de recibir un doctorado honoris causa, un hecho casi idéntico al que protagonizó el 6 de mayo del año pasado, en Resistencia, Chaco. Entonces estuvo acompañada por el gobernador local, Jorge “Coqui” Capitanich. Esta vez estaría con el senador Martín Doñate, rionegrino y protagonista de una de las principales peleas que lleva adelante el kirchnerismo con la Corte Suprema de Justicia de la Nación por su designación en el Consejo de la Magistratura.
Inicialmente la información fue dada a conocer por el portal Letra P y pese a que ya es considerado un hecho en distintas terminales del kirchnerismo, cerca de la vicepresidenta evitaban confirmar la información sobre el evento que, de concretarse, se dará un día antes del plenario de la militancia que distintos espacios que conforman el kirchnerismo convocan el sábado 11 de marzo en Avellaneda. Bajo la consigna “Luche y vuelve” y “Cristina 2023”, está previsto para las 16 en el predio de la UTN en Villa Dominico, una de las localidades que componen el partido del intendente Jorge Ferraresi, otro de los que impulsa que Kirchner vuelva a presentarse como presidenta.
Ese día se conmemoran 50 años de la asunción de Héctor Cámpora al poder y es una fecha en la que desde hace semanas se esperaba la confirmación de un acto para conmemorar el hecho. “Luche y vuelve” es parte de las consignas que se levantan en torno a la convocatoria que se lanzó este viernes.
La última vez que Kirchner habló públicamente fue a fines de diciembre pasado precisamente en Avellaneda, tres semanas después de haber sido condenada a 6 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. En el lapso entre el día del fallo, el martes 6 de diciembre, cuando se expresó luego de que se conociera el veredicto y el 27 de ese mes, que reapareció, la exmandataria debió suspender dos veces un evento previsto en el CCK donde se referiría, frente al Grupo de Puebla, al tema judicial y el lawfare. Sin embargo, su cuadro de Covid positivo primero y luego el triunfo de la selección argentina en Qatar 2022 con la multitud que salió a la calle trastocaron sus planes y no hubo la muestra popular en apoyo a su condena.
El kirchnerismo sostiene a nivel político que Kirchner está proscripta, algo que no tiene respaldo desde lo técnico, porque su condena no está firme. El mismo 6, Kirchner se corrió de la carrera electoral al decir: “En 2023, no voy a ser candidata a nada, ya no voy a tener fueros”. Luego se comenzó a hablar de proscripción.
El tema ocupa un lugar central en el espacio en general y en la interna del oficialismo en particular. De hecho, fue el eje del documento con el que el Frente de Todos salió en la madrugada del viernes 17, tras la denominada “mesa electoral”.

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Fernández por ahora no se baja de la reelección, pero se acentúa su soledad política
Mientras el kirchnerismo lo apedrea sin piedad, otros sectores del PJ se despegan; el gabinete asoma cada vez más desarticulado
Maia Jastreblansky
Cuando Alberto Fernández terminó su discurso frente a la Asamblea Legislativa, se dirigió a la Casa Rosada y se encerró a almorzar con su secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello; su portavoz, Gabriela Cerruti; su jefe y vicejefe de Gabinete, Agustín Rossi y Juan Manuel Olmos, y el diputado Eduardo Valdés, un viejo amigo suyo.
En confianza, les dijo que percibió que fue “buena” la recepción que le hizo Cristina Kirchner en la explanada del Congreso y consideró que “salió todo bien” en su presentación. No hubo autocríticas.
En su discurso, Fernández buscó exaltar su gestión y hacerle guiños al kirchnerismo, con una defensa de Cristina Kirchner que –sin aplicar a rajatabla la narrativa K– dejara conforme a la vice. No se proyectó a futuro para no enredarse con su candidatura, el tema que hoy atraviesa al Frente de Todos.
Pero el Presidente tampoco se bajó de la reelección, según dos personas que lo trataron esta semana. Conforme el jefe del Estado persiste en su actitud, se hace más evidente su soledad política al interior del oficialismo.
Ya no es solo el kirchnerismo que lo bombardea con declaraciones radiales sin piedad. Los movimientos sociales consolidan su despegue, como se vio en la raquítica movilización al Congreso del miércoles. Y en la CGT ya pretenden que tenga una salida elegante. Los gobernadores –la gran mayoría faltó al Congreso– se desmarcan de la interna nacional o confrontan con la Casa Rosada, como Omar Perotti (Santa Fe), que alguna vez supo ser aliado de Fernández.
“La candidatura de Alberto hoy no garantiza ni competitividad ni unidad. Tanto él como la vicepresidenta tendrían que ser vertebradores de la unidad”, dijo a la nacion Gildo Onorato, secretario gremial de la Unión Trabajadores de la Economía Popular (UTEP). El 1º de marzo, los grupos piqueteros se resistieron a movilizar porque entendían que se leería como un apoyo a la reelección. Finalmente enviaron una “delegación” en respeto a la investidura presidencial.
La CGT también perdió las expectativas con Fernández. El sector de “los Gordos” cree que no hay que soltarle la mano a Fernández, pero más para “ayudarlo a llegar” que como apuesta a futuro.
“No hay que apurar a Alberto a oficializar una decisión ahora que pueda complicar al Gobierno. Él tiene que ser parte de la construcción de lo que venga”, señaló un sindicalista relevante tras el discurso de la Asamblea Legislativa.
Un hombre cercano a Fernández evaluó: “El problema no es Alberto, es que no tenemos un candidato que mida 20 puntos. Todos miden 5. Hay desalineamientos que no se realinean porque nadie despega”.
Impacto en el gabinete
Fernández sostiene a su círculo chico de leales, cuya más reciente incorporación fue Rossi, que comenzó a ponerles el cuerpo a los problemas diarios. Pero la situación política impacta en la dinámica del gabinete, que, por momentos, aparenta desarticulado.
Vitobello y Cerruti son las “sombras” del Presidente y con quienes valida su agenda y su discurso. Luego Fernández tiene, como en un segundo cordón, un puñado de ministros que lo defienden e instalan en los medios la posibilidad de su reelección. Ahí están Victoria Tolosa Paz (Desarrollo Social), Santiago Cafiero (Cancillería) y Aníbal Fernández (Seguridad). Olmos es su “fixer” de bajo perfil y Vilma Ibarra (secretaria Legal y Técnica) es una consejera ocasional que opta por mantenerse al margen en determinadas instancias, como la redacción del discurso del 1º de marzo.
Sin contar a los ministros de perfil técnico, el resto del gabinete hace su juego. En algunos casos, optan por defender la gestión sin “militar” la reelección. Son los casos de Gabriel Katopodis (Obras Públicas) y Santiago Maggiotti (Desarrollo Territorial y Hábitat). Otros, como Matías Lammens (Turismo), se debaten su futuro político más allá del Presidente.
Los casos más autónomos son el ministro de Economía, Sergio Massa y el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, que será candidato si Cristina lo habilita. “El funcionamiento del gabinete está desarticulado, cada uno hace la suya”, reconoció el titular de una cartera.
La interna a veces se percibe en las pequeñas cosas. A diferencia de años anteriores, Presidencia no coordinó para que ministros y gobernadores hicieran la “previa” de la Asamblea Legislativa en el área del Ministerio del Interior. Tuvieron que esperar en la explanada, al rayo del sol, para subir a las combis que los trasladaron al Congreso.
Otra desprolijidad se vio el viernes, cuando Perotti fue a la Casa Rosada para firmar un convenio de seguridad con De Pedro. Estaba programado desde antes del ataque a la familia de Lionel Messi, pero tomó volumen a la luz de los hechos. El Presidente estaba al tanto de la visita del santafesino, pero optó por no verlo. Para disimular la falta de coordinación, a último minuto se definió que Rossi participara del acto

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