Escuelas de luto en Rosario: desgarradora despedida del chico asesinado por sicarios en la comunidad Qom
Anoche fue atacado un establecimiento educativo en la zona sur donde dejaron un mensaje mafioso; el gremio de los docentes sostuvo que “la situación es insostenible”
Germán de los Santos
ROSARIO.- Las escuelas de Rosario estarán de duelo, luego de que ayer fuera asesinado un chico de 12 años y tres resultaran heridos. A este trágico hecho protagonizado por sicarios, se sumó anoche un ataque contra un colegio en el barrio La Tablada, en la zona sur de esta ciudad, donde dispararon 15 tiros contra el frente y dejaron una amenaza, vinculada a los grupos narcos.
Ante esta situación, la Asociación del Magisterio de Santa Fe (Amsafe) de Rosario decidió empezar la semana de clases con una jornada de duelo, en la que recomendó la lectura de un documento en el que señalan que “la situación es insostenible”.
“La violencia protagonizada por las bandas narco-policiales se ha adueñado de la región. En las escuelas padecemos especialmente la gravedad de la situación. Llegar o salir de las escuelas se ha convertido en ocasiones en una situación de riesgo”, se advirtió en el documento.
Máximo, el chico asesinado ayer a la madrugada, estudiaba en la escuela 1344. Hoy era velado en el club Los Pumitas, en Empalme Graneros, donde decenas de vecinos mostraban un intenso pesar por el demencial ataque de sicarios que estuvo dirigido a los chicos. La víctima murió de un tiro en el tórax pero otros tres chicos, entre ellos una niña de dos años, se encuentran internados en grave estado.
“Habían terminado un cumpleaños y los chicos estaban comprando algo en un quiosco. Eran todos niños”, dijo Julio Geréz, el padre de la víctima.
Antonia Geréz, la tía de la víctima, agregó que “pasó un auto negro con vidrios polarizados y empezó a tirar contra los chicos. Jamás tuvimos una amenaza ni nos metemos con nadie. Somos gente honesta y no le pedimos nada al gobierno. Ahora quién me devuelve la vida de mi sobrino. Por eso toda la comunidad (Qom) está en crisis. Ningún político vino acá. Llevamos a los chicos heridos nosotros, porque no vino nadie, ni siquiera la ambulancia”, destacó la mujer.
Un grupo de sicarios, armados con pistolas y ametralladoras, apareció en un auto ayer a la madrugada en el barrio de la comunidad Qom, en Empalme Graneros. Había chicos jugando en la calle Cabal al 1300 bis cuando los “soldaditos” comenzaron a disparar sin parar.
Los chicos trataron de escapar, pero varios cayeron heridos, y un chico de 12 años, Máximo, falleció por una bala que le atravesó el pecho. En ese baño de sangre contra niños el resultado fue atroz: dos chicos de 13 y una niña de dos años terminaron internados en grave estado, con balazos en el cuerpo.
“La comunidad se levanta llorando. Estamos tres días de luto. Esa bala no me va a devolver a mi sobrino. Yo estoy todo el tiempo con los chicos. Les cocino. Somos gente pobre. Pero estamos arruinados por este dolor”, afirmó la tía de la víctima. La mujer no podía dejar de llorar.
La policía detectó a los atacantes minutos después mientras huían por los callejones oscuros y los techos en ese barrio atravesado por una pobreza estructural, donde la droga también caló hondo en la comunidad Qom. El miedo dejó sin palabras a los familiares de las víctimas. Los efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) tuvieron que pedir autorización a la autoridad de la comunidad Qom para poder entrevistar a los parientes y vecinos. Nadie quería contar nada, en un principio por temor.
El barrio Los Pumitas, donde vive la comunidad Qom, está en Empalme Graneros, en el oeste de Rosario. Ese es uno de los barrios más castigados por la violencia en Rosario. Es un sector donde patrullan las fuerzas federales, que no logran parar los ataques y los homicidios. En Empalme Graneros y en Ludueña se produjeron unos 40 homicidios el año pasado en los enfrentamientos entre bandas rivales, que tributan a Esteban Alvarado y a Ariel Cantero, líder de Los Monos.
Durante los últimos meses empezó a aprovecharse de ese caos de tiros y muertos uno de los proveedores de cocaína de Los Monos, Julio Rodríguez Granthon, quien es un traficante peruano, que está preso en el penal de Ezeiza con dos condenas sobre su espalda. El viernes su celada iba a ser allanada en el penal bonaerense, porque se sospecha que sigue operando desde la penitenciaría federal. El operativo se pospuso porque ese día estaban siendo allanadas las celdas en Marcos Paz, Ezeiza y Rawson de integrantes de la banda de Los Monos, acusados de crímenes y venta de drogas desde la cárcel.
Rosario volvió a ser en 2022 una de las ciudades con mayor tasa de homicidios del país al registrar 288 asesinatos, número que supera la cifra más alta desde que se llevan estadísticas oficiales (en 2013), en un contexto de fragmentación de las bandas criminales que operan en el mercado del narcomenudeo y que emplean la violencia altamente lesiva como instrumento y marca de identidad.
Ante esta situación, en la que la violencia también golpea a la comunidad educativa, el gremio que agrupa a los docentes públicos salió con un duro documento en el que señalan que no se puede “naturalizar que solo se trata de llevar la lista de muertes. No podemos aceptar que sigan matando a nuestros alumnas. Es el Estado el que debe garantizar la seguridad de todos”. Y agregaron: “Denunciamos la responsabilidad de las políticas de los gobiernos provincial, nacional y municipal y las complicidades de los poderes políticos, judiciales y policiales y reafirmamos la lucha por acabar con la violencia que atraviesa nuestros barrios”.
Horas después de que se produjera el asesinato de este chico de 12 años de la comunidad Qom del oeste de Rosario, se produjo un ataque contra una escuela en la zona sur, en el barrio La Tablada. Según fuentes policiales, el ataque ocurrió cerca de las 22 en Isabel La Católica Nº 6430, en Grandoli y Ayolas, zona patrullada por Gendarmería. En ese lugar, los atacantes dejaron un mensaje mafioso, que hacía alusión a un narco de la zona, que está detenido en un penal federal.
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Desbordados por la furia. Tras enterrar al chico de 12 años asesinado por sicarios en Rosario, destruyeron cinco búnkeres en un barrio
Las cocinas de droga funcionaban en un radio de tres manzanas y eran manejadas por el mismo grupo criminal, a la vista de todo el mundo y ante la inacción estatal; amigos y familiares de la víctima destrozaron la casa de uno de los narcos, al que querían linchar; finalmente, la policía lo detuvo y dispersó a los manifestantes con balas de goma
Germán de los Santos
ROSARIO. Dos horas después de que sepultaran a Máximo Gerez, un chico de 12 años de la comunidad Qom, que fue asesinado en un ataque narco en la madrugada del domingo, los familiares y amigos de la familia de la víctima, desolados y cargados de furia por el ataque demencial que había sufrido un grupo de chicos en la calle, comenzaron a derrumbar los búnkeres donde se vende la droga en ese barrio del noroeste de la ciudad. En tres horas, y bajo un sol abrasador, destruyeron cinco casas donde –según los vecinos– la banda de Los Salteños vendía droga.
La rabia de los vecinos dejó al descubierto la inacción del Estado: en tres manzanas había cinco puntos de venta de cocaína manejado por un solo grupo criminal. Eran lugares que estaban a la vista de todos y donde todos sabían que se vendía la droga, que “envenena” a los chicos, como afirmó, en diálogo Julio Gerez, padre del niño asesinado.

La furia de los vecinos en la casa del supuesto asesino
La bronca de este hombre de 40 años, que vive de changas, en una casa precaria de chapa y ladrillos huecos, era doble, porque en el pecho tenía las marcas de los balazos de goma que le había disparado la policía para dispersar a los vecinos furiosos, horas después de haber velado a Maxi en el club Los Pumitas. Allí se habían vivido horas de tristeza y angustia.
Maxi Gerez falleció en el acto, cuando fue atacado por un grupo de sicarios que llegaron al barrio en un auto negro con vidrios polarizados. Hay otros tres chicos que siguen internados en el hospital de Niños Zona Norte, entre ellos, una nena de dos años que fue operada anoche por un balazo en el hombro y un chico de 13 años que lucha por su vida.
Julio Gerez y su familia, Maxi y otro chico de siete, y su pareja, viven en una casa precaria de chapa y ladrillos huecos, a metros de una cancha de fútbol que es el centro de Los Pumitas. Los chicos habían ido a comprar una gaseosa a un kiosco que está a media cuadra cuando llegaron los sicarios y comenzaron a disparar contra los niños.
Antonia, la tía de Maxi, corrió cuando escuchó los tiros. En ese momento cocinaba pizza, que vende entre los vecinos. “Jamás tuvimos una amenaza ni nos metemos con nadie. Somos gente honesta y no le pedimos nada al gobierno. Ahora quién me devuelve la vida de mi sobrino. Por eso toda la comunidad (Qom) está en crisis. Ningún político vino acá. Llevamos a los chicos heridos nosotros, porque no vino nadie, ni siquiera la ambulancia”, contó la mujer, que no paraba de llorar.
Julio, que vive hace 20 años en Los Pumitas, pertenece junto toda su familia a la comunidad Qom, como la mayoría de los habitantes de ese sector de Empalme Graneros. La mayoría asiste al centro cultural Qadhuoqte, donde también hay una radio. Gran parte de los vecinos ya son nacidos en Rosario, pero hay muchos que emigraron en los últimos años desde Chaco. A pesar de su fortaleza cultural, la comunidad Qom es débil frente a ese submundo atravesado por el narcomenudeo en la zona, opina Julio Gerez. “Somos gente pobre. Pero estamos arruinados por este dolor”, reconoció Antonia.
A ocho cuadras de donde mataron a Maxi, el 26 de agosto pasado la Policía Federal secuestró, en un galpón, 1500 kilos de cocaína que manejaba un cartel colombiano. Uno de los referentes de este grupo trasnacional, Gabriel Londoño Rojas, fue detenido el 1º de diciembre en Dubai, el destino final del millonario cargamento que estaba guardado en uno de los barrios más pobres y violentos de Rosario.
Porque allí los enfrentamientos entre franquicias de grupos criminales azotan esa zona desde al año pasado. La guerra por el control del lugar es entre los capos narcos más pesados de Rosario, como Ariel Cantero, líder de Los Monos, y Esteban Alvarado. Pero durante los últimos meses terció un nuevo actor, el peruano Julio Rodríguez Granthon, a través de los llamados Salteños, un grupo que tiene como cabecilla a Daniel Villazón. Su hermano Cristian fue condenado a 15 años de cárcel por un triple asesinato, que ocurrió en ese barrio en febrero de 2020. Los Villazón viven en la misma cuadra donde mataron a Máximo. Y una de sus casas fue destruida por la gente del lugar.
Los vecinos creen que Los Salteños dispararon el domingo a la madrugada en la calle y asesinaron a Maxi e hirieron a otros tres chicos. Por eso, después del sepelio tomaron mazas y martillos o pedazos de caños de hierros y empezaron a destruir los lugares donde Los Salteños vendían droga.
La rabia y la bronca era tal que no se establecían límites claros. A una mujer la sacaron de su casa y prendieron fuego el interior. Todo quedó envuelto en llamas en pocos segundos. La joven lloraba frente a la destrucción de su propia casa y durante varios minutos no pudo decir nada, por miedo y por el impacto de lo que veía, sus pocas pertenencias convertidas en cenizas. “Yo no vendo droga. Yo alquilé la casa hace dos meses. El que vivía antes aquí vendía, pero yo no”, se lamentaba.
Los vecinos destrozaron la casa del supuesto narcoLos grupos tácticos de la policía en un principio intentaron evitar que la muchedumbre no se vengara por su cuenta. Hubo disparos con balas de goma, corridas y algunos piedrazos que los vecinos lanzaron contra los efectivos. Pero una hora después decidieron dejar que la gente se descargara.
En menos de tres horas, cinco viviendas quedaron destruidas. Eran las que los familiares y amigos de Maxi Gerez, como muchos vecinos del barrio, apuntaban como lugares donde se vendía droga. Las casas eran desmanteladas casi en su totalidad. En una de ellas había un carro con un caballo que usaron de flete para cargar las chapas que sacaron de los techos, aberturas, caños y hasta los cables de electricidad. Grupos de jóvenes golpeaban con mazas y pedazos de hierro para derrumbar las paredes de ladrillos huecos. La escena se completaba con los vecinos que aplaudían ese espectáculo caótico, sin ningún representante del Estado que buscara poner un poco de racionalidad. Los policías terminaron bajo la sombra de unos paraísos junto a la cancha de fútbol. Parecían escondidos, fuera del radar de la muchedumbre irascible.
Maxi iba a la escuela bilingüe Nº1344, cuyo nombre es Yaigoye, donde no hubo clases. Lo mismo ocurrió en otro colegio del sur de Rosario que fue baleado el domingo a la noche. El ataque ocurrió cerca de las 22 en Isabel La Católica Nº 6430, en Grandoli y Ayolas, zona patrullada por Gendarmería. En ese lugar, los atacantes dejaron un mensaje mafioso, que hacía alusión a un narco de la zona, que está detenido en un penal federal.
Ante esta situación, el gremio de Amsafé Rosario decidió empezar la semana de clases con una jornada de duelo, en la que recomendó la lectura de un documento en el que señalan que “la situación es insostenible”. “La violencia protagonizada por las bandas narco-policiales se ha adueñado de la región. En las escuelas padecemos especialmente la gravedad de la situación. Llegar o salir de las escuelas se ha convertido en ocasiones en una situación de riesgo”, advirtieron en una carta.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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