miércoles, 12 de abril de 2023

ECONOMÍA KKKK


Alertan que sería mayor el impacto del dólar agro en la inflación
Se debe a la inclusión de más productos en el beneficio
Sofía Diamante
El Gobierno publicó ayer la lista de productos que podrán acceder a un tipo de cambio diferencial más alto ($300) y sorprendió por su extensión: incluye a la mitad del complejo exportador argentino.
Para los analistas, de concretarse, el impacto de la medida sobre la inflación sería superior al estimado. Por eso, calculan que el Ministerio de Economía limitará en la práctica la cantidad de exportadores que podrán acceder a este esquema.
El Gobierno publicó finalmente ayer el decreto de necesidad y urgencia (DNU) 194/2023, que lista la cantidad de productos que podrán acceder a un tipo de cambio diferencial más alto al exportar. La lista sorprendió por su extensión: incluye la mitad del complejo exportador argentino. De concretarse esta medida, el impacto sobre la inflación sería más alto de lo estimado previamente, aunque los economistas también creen que el Ministerio de Economía terminará limitando en la práctica la cantidad de exportadores que podrán acceder a este esquema.
El ministro de Economía, Sergio Massa, anunció el miércoles pasado el comienzo de un nuevo Programa de Incremento Exportador, por el cual se permitirá que los exportadores de soja accedan a un tipo de cambio de $300 hasta fin de mayo, una medida que se hará extensiva a otros productos, con un plazo hasta fin de agosto. El equipo de Massa proyecta que ingresarán US$9000 millones a través de este programa.
Entre los nuevos productos que estarán incluidos, según el DNU, figuran animales vivos, carne, pescados y crustáceos, leche y productos lácteos, huevos, miel natural, plantas vivas, hortalizas y tubérculos alimenticios, frutas, cítricos, melones y sandías, café, té, yerba mate, especias, cereales, gluten de trigo, azúcares, bebidas, líquidos alcohólicos, vinagre, madera, carbón, corcho, seda, lana y algodón.
En la letra chica del DNU, sin embargo, Economía estableció varias restricciones. El artículo 8º dice: “Amplíase, de manera extraordinaria y transitoria, el Programa de Incremento Exportador creado por el decreto Nº 576 del 4 de septiembre de 2022, para aquellos sujetos que cumplan los requisitos de elegibilidad establecidos por la normativa (...), teniendo en cuenta la capacidad de abastecimiento en el mercado local, el nivel de empleo generado y el cumplimiento de los acuerdos de precios sectoriales, y que hayan exportado en algún momento de los 18 meses inmediatos anteriores a la entrada en vigencia de este decreto (...)”.
Estos requisitos limitarán en la práctica el acceso real al beneficio, según coinciden los economistas, porque, de lo contrario, proyectan que tendrá un impacto inflacionario mayor. Esto se debe a que los productores tenderán a aumentar los precios de sus productos también en el mercado doméstico, y es por eso que el Gobierno busca contenerlos con un nuevo programa de Precios Justos (ver página 18).
Distorsiones
“En el DNU metieron la mitad de las exportaciones argentinas, están todos los productos de la industria alimentaria. Potencialmente, es como si hubieran devaluado. Esto tiene un impacto para toda la cadena de producción local, como vimos en los programas anteriores. Por ejemplo, con el dólar soja, hubo un incremento en los precios de los alimentos balanceados que hay que darles a las vacas y eso impactó en la cadena de la leche. Pese al acuerdo de precios que impulsó Economía, se generó una distorsión terrible dentro de la cadena y eso se trasladó a precios”, dijo Gabriel Caamaño, de Consultora Ledesma.
El analista indicó que la medida es “una olla a presión” sobre la inflación. “Se generan distorsiones dentro de la cadena. Por más que quieran ponerle una tapa a la olla, adentro le meten emisión monetaria y distorsiones. En el mejor de los casos están los acuerdos de precios, pero no se sostienen en el tiempo. Por eso estimo que en el DNU pusieron grandes títulos y después van a ir viendo qué se incluye en el programa. Aun así, el 110% de inflación anual que proyecta el mercado es el escenario optimista, antes de conocer la letra chica del decreto. Para nosotros, la inflación tiene un piso de 120% y el PBI va a caer al menos 4%”, agrega Caamaño.
El economista Guido Lorenzo, de la consultora LCG, coincide en que el nuevo programa tendrá un impacto distinto a los anteriores, donde solo se incluía la soja. “El tipo de cambio diferencial se va a extender a los productos de consumo doméstico e impulsará los precios al alza. Por lo tanto, la inflación mensual puede promediar el 7% en los próximos meses. No vemos un escenario de inflación mensual de dos dígitos, pero siempre está atado a lo que pueda suceder en los mercados financieros”, dijo.
“Es una porción más grande del índice de precios al consumidor (IPC) de lo que se creía. El Gobierno priorizó la falta de reservas, que es más urgente que atacar el problema inflacionario. Es una devaluación, no se puede poner de otra manera. Sacrifica la inflación por tener algo de aire en reservas y que no se complique la cuestión cambiaria. Para los que importan no hay devaluación, pero cada vez tienen más problemas para importar y miran el dólar libre”, agregó Lorenzo.
De la consultora Equilibra, Lorenzo Sigaut Gravina cree que Economía va a “afinar la lista” de productos que entran al beneficio. “En principio entran un montón de cosas, pero después está el filtro de Precios Justos. De lo contrario, se toma mucho riesgo por pocos dólares. Creemos que el Gobierno aprobará mucho menos en la práctica, porque, si no, el riesgo de una aceleración inflacionaria va a ser alto en un contexto ya muy complejo con un piso de 6% mensual”, dijo.


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Una mejora de tipo de cambio que tiene daños colaterales
Cristian Mira
La mejora nominal del dólar soja y el dólar agro a $300 provoca una serie de daños colaterales en la actividad que alteran los ritmos de producción y comercialización de los productos.
La primera es la que causa en los alquileres de campos. Alrededor del 60% de la producción agrícola se realiza bajo la modalidad de arrendamiento. Los valores, según explican los especialistas, se establecen en quintales de soja. ¿El precio se fija según el dólar que regía hasta el viernes pasado o el que se fijó hasta el 31 de mayo próximo? es la pregunta que abre las febriles negociaciones entre propietarios y arrendatarios. Esto no solo comprende la actual campaña agrícola, que tiene resultados pésimos a causa de la sequía, sino también el próximo ciclo, cuya cosecha llegará muy probablemente con un gobierno de un signo político diferente del actual.
Por la sequía, la cosecha podría llegar a 25 millones de toneladas, contra los 48 millones calculados al comienzo de la siembra. En rigor, por los bajos rindes obtenidos en las primeras semanas, se cree que la cifra podría ser más baja.
“Todo es muy artificial, es un clima raro para hacer negocios”, dice el consultor Teo Zorraquin. La rareza está impregnada de la desconfianza hacia el Gobierno. Tras el anuncio del dólar soja de septiembre pasado, el Banco Central dispuso un aumento de las tasas de interés para solicitar créditos a quienes tuvieran en stock más del 5% la cosecha de soja. Esto parece explicar la actitud de cautela de los productores en el primer día de operaciones en el mercado de granos con la nueva modalidad.
En ese contexto de dudas, no obstante, Zorraquin señala que quienes todavía tienen soja para vender, podrán mejorar su “poder de fuego” entre un 20% y un 30% para cancelar deudas. Claro, es un “beneficio” al que no podrán acceder quienes ya se desprendieron de los granos. Cada empresa es un mundo.
Hay otro daño colateral que es el aumento de costos fijos para quienes usan la soja como uno de los componentes de las dietas de los tambos y feedlots, por ejemplo. En las anteriores versiones del llamado “Programa de Incremento Exportador”, el Gobierno pagó compensaciones, pero meses más tarde de que la leche y los novillos salieran de esos establecimientos.
Discrecionalidad
En las llamadas “economías regionales” se abre el riesgoso camino de la discrecionalidad. Según el ministro de Economía, Sergio Massa, ingresarán aquellos sectores que firmen acuerdos de precios y se comprometan con volúmenes determinados. Aunque varias cámaras empresariales emitieron comunicados de apoyo a la medida, se abre una ronda de reclamos para contar con la ventaja temporal de un dólar a $300 hasta el 31 de agosto próximo. El secretario de Agricultura,
Juan José Bahillo, dijo que se iban a incluir a los quesos, pero no está claro si se sumará la leche en polvo, por ejemplo.
Otro de los riesgos es que esta ventana temporal corre el riesgo de excluir a quienes no están en la temporada de cosecha. Un productor de arándanos que llega al mercado a partir de noviembre, por ejemplo, verá pasar de largo esta mejora.
La temporalidad acotada de la medida también puede beneficiar a la industria o al exportador de una economía regional, pero no necesariamente al productor. “Las bodegas nos pagan a partir de agosto y en 12 cuotas por la uva”, dijo Marcelo Cid, productor vitícola y frutícola de Mendoza en una entrevista en LN+ Campo. En otras palabras, pueden beneficiarse quienes tengan stock, pero aquellos que deben planificar la producción entran en el terreno de la incertidumbre.
Pero tanto en la soja como en las economías regionales, el Gobierno descartó la medida que hubiera provocado un efecto directo sobre los números de la producción: la eliminación o reducción temporal de los derechos de exportación. El Estado sigue siendo el socio que no resigna su ingreso ni aun cuando las cosas van mal.

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