martes, 3 de diciembre de 2024

EL ESCENARIO Y PROVINCIA


Un ambicioso pacto para que todo siga igual
Marcelo Veneranda.
“Va a ser un diciembre picante”. Pese a la ronquera de años de tabaco y discusiones parlamentarias, la voz del dirigente peronista deja escapar un rastro de entusiasmo, casi pícaro. Y es que la Legislatura bonaerense podría convertirse en los próximos días en el escenario de un monumental acuerdo, con implicancias económicas, judiciales y electorales, para cambiar casi todo y que algo no cambie. También podría volverse un cuenco silencioso, donde se modifiquen de manera culposa solo un par de palabras en una ley. Y que todo siga igual.
En el segundo escenario, el menos ambicioso, la ley que se propone “reinterpretar” un sector del PJ, la UCR y Pro, y que buscan derribar decenas de intendentes y legisladores bonaerenses que ya sobrepasaron el límite de dos mandatos consecutivos –algunos largamente–, es la 14.836. Una norma que se sancionó en 2016, con el impulso oxigenador que portaban la entonces gobernadora de Pro, María Eugenia Vidal, y el Frente Renovador de Sergio Massa. La ley estableció que los intendentes podían aspirar a una sola reelección consecutiva. Para volver a competir por el poder debían dejar pasar un mandato. El mismo parámetro se aplicaba para diputados y senadores provinciales, concejales y consejeros escolares.
Se impone el tiempo pasado porque la ley, aunque sigue ahí desde hace ocho años, nunca tuvo verdadera vigencia. ¿Por qué? Se impusieron dos razones, una de fondo y la otra de forma. La razón de fondo es que la ley introducía un quiebre intolerable para la lógica política bonaerense, donde los intendentes del peronismo y el radicalismo se acostumbraron a ver desfilar delante de sí, desde sus poltronas en el conurbano y el interior provincial, a presidentes y gobernadores. Sin techo ni fecha de vencimiento, las disidencias y la competencia interna se apagaban. Por las buenas o por las malas. O dicho de otro modo, porque se imponían las buenas gestiones, que las hay, u otros métodos.
Pero incluso las buenas gestiones, al eternizarse, terminan perdiendo su impulso original. No solo porque el trabajo de un intendente es 24/7, sino porque, para garantizar lealtades, los gabinetes municipales terminan siendo loteados para contener a los rebeldes, que no siempre coinciden con los más capaces.
“En mi experiencia como intendente, apenas de un año, puedo asegurar que el trabajo es de una intensidad y vocación inmensas, y que difícilmente se pueda sostener 20 años esa intensidad, salvo que la bajes y te conviertas en un peor intendente”, afirmó esta semana Ramón Lanús (Pro), jefe comunal de San Isidro.
Lanús fue la única voz que salió a denunciar que “hay conversaciones para lograr, antes de fin de año”, que se elimine el tope para las reelecciones indefinidas. “Es una clara señal de que la política sigue mirando sus intereses y que está totalmente alejada de lo que le preocupa a la gente”, dijo en una entrevista radial.
Además del desgaste que mencionó Lanús, la política bonaerense suma otra particularidad. A diferencia de esquemas comparables, como el cordobés o el santafesino, donde los municipios tienen una mayor autonomía, la suerte electoral de los inoriginal, tendentes bonaerenses se define el mismo día que el gobernador y el presidente. Por lo que no faltan casos de gestiones deficientes que han sobrevivido por años, por tener un buen control del territorio y beneficiarse del arrastre del tramo presidencial y provincial de la boleta sábana. La introducción de la boleta única de papel alterará esa inercia. De ahí también la urgencia del peronismo por una reforma electoral.
La ley 14.836 introducía un impulso en favor de la renovación de nombres y relaciones de poder en los distritos, además de un incentivo a la alternancia que proclama la Constitución y que rige para los cargos ejecutivos en la Nación y casi todas las provincias. Es que entre los intendentes de los 135 partidos bonaerenses rige, ahora sí en presente, la misma lógica que impera en la Formosa de Gildo Insfrán.
El otro motivo, el formal, que convirtió en letra muerta la ley 14.836, surgió de un decreto reglamentario que Vidal firmó en 2019 y que abrió una primera ventana para esquivar el límite a las reelecciones indefinidas. Ese decreto sostenía que el tope reeleccionario se aplicaba a los intendentes que hubieran ejercido su segundo mandato “por más de dos años, continuos o alternados”. En otras palabras, si un intendente ya reelegido se tomaba licencia y dejaba el cargo por dos años y un día podía aspirar a una nueva reelección. Y poner el reloj en cero.
Los gabinetes de Alberto Fernández y de Kicillof, que ganaron los comicios de 2019, se llenaron rápidamente de intendentes que asumieron ministerios y secretarias, pero también cargos de tercer y cuarto orden, con tal de pasar allí dos años y un día, y conservar la posibilidad de ser reelegidos en 2023.
Desde el entorno de Vidal explicaron, en su momento, que el decreto que había abierto una ventana para esquivar el límite a las reelecciones fue una imposición de los intendentes del PJ y la UCR. Desde estos espacios señalaron que sus pares de Pro también colaboraron en vencer resistencias.
Sea como fuere, la ventana quedó abierta. Los vientos políticos de aquel 2019 beneficiaron a los intendentes peronistas que iniciaron pasantías en los gabinetes de Fernández y Kicillof. Los de Pro y la UCR, y los del peronismo que no encontraron un cargo provincial o nacional donde licenciarse no tardarían en advertir la injusticia a la que eran sometidos. Así fue que en otro diciembre, en medio de otra discusión presupuestaria como la actual, la Legislatura bonaerense modificó la ley para aclarar que el tope era de dos períodos consecutivos, “sin importar que el cargo haya sido ejercido total o parcialmente”.
¿Se cortaba la re-reelección para todos? Para nada: en 2021 se dispuso que, en lugar de considerar como primer período el transitado desde 2015, como figuraba en la norma para intendentes y legisladores se tuviera en cuenta como primero el iniciado en 2019. Todos tenían una reelección más. La modificación se votó un 28 de diciembre. No hay remate.
Aquella noche, lo que quedaba del vidalismo y el massismo en la Legislatura –por principios y vergüenza propia, porque varios de sus intendentes y legisladores buscarían su re-reelección en 2023– más la izquierda y Avanza Libertad –que no tienen municipios propios– se negaron a modificar la ley. Pero fueron más los votos del kirchnerismo, Pro y la UCR. No hubo grieta y los intendentes, 90 de los 135, sacaron la sortija para lograr una vuelta más. ¿Para qué detener ahora la calesita?
De eso se trata la nueva “reinterpretación” de la ley 14.836 que pergeña un sector de la política bonaerense. Vidalistas y massistas volverán a rechazarla. Pero son menos que antes. “La mayoría de los legisladores responden a los intendentes, y los intendentes no forman sucesores”, se resigna un macrista, que todavía recuerda la “traición” de su propio espacio en 2021.
Eso sí, hay un problema. “Milei y sus trolls nos van a matar si volvemos a meter mano en la ley. Se la dejamos servida para que nos coman”, advierte un massista.
Por eso el plan B. El más ambicioso, que convertiría a las re-reelecciones en un asterisco menor dentro de una gran reforma política. A instancias de Kicillof, el peronismo debate hoy si suspende o deroga las PASO. También, si desdobla las elecciones generales o realiza comicios concurrentes, el mismo día pero con sistemas distintos (la boleta sábana y la BUP). Por último, si convierte a la provincia en distrito único, donde los diputados (y quizás también los senadores) ya no sean elegidos por cada sección electoral (la excepción es La Plata, distrito fijado en la Constitución provincial), sino como parte de una única lista.
“Si modificás la forma de elegir legisladores, ya resolvemos una parte: con el nuevo formato todos los legisladores tendrán derecho a una reelección más, porque el sistema es otro”, explica el cacique de la voz ronca. ¿Y los intendentes? “Van a tener que ir a la Justicia”, sentencia.
Allí es donde entra en juego la apuesta mayor, la que podría transformar casi todo, para que algo no cambie. Junto a la discusión por la reforma política, Kicillof puede abrir una negociación en múltiples frentes. Por un lado, sus necesidades directas: el presupuesto, la ley fiscal impositiva 2025 y la autorización de endeudamiento. Por el otro, un conjunto de cargos que todos los partidos apetecen: el subprocurador general, 210 pliegos judiciales, los miembros del tribunal fiscal, los directores del Banco Provincia, los miembros del Consejo de la Educación y, de yapa, cuatro de los siete jueces de la Suprema Corte bonaerense (y sus secretarías).
Se trata de un acuerdo tan ambicioso que hace ver imposible su concreción. Más, si se contempla que necesita el visto bueno de un sector de la oposición, pero también que lleguen a un consenso Cristina y Máximo Kirchner, Kicillof y Massa.
Pero un detalle alimenta las ilusiones de los interesados: a esos cuatro nuevos miembros de la Corte podrían acudir los intendentes antes de 2027, para plantear su derecho humano a la re-reelección. No hay mejores gestores para conseguir votos en la Legislatura.
La Legislatura podría anular el límite a las reelecciones, sin más, o disimularlo detrás de un complejo y ambicioso acuerdo con impacto judicial, económico y electoral

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El oficialismo apuesta a un PJ que se divida en la crucial Buenos Aires
Los armadores de LLA activan contactos subterráneos con intendentes del conurbano que resisten a Cristina Kirchner y con referentes del espacio de Schiaretti
Matías MorenoSebastián Pareja, Karina Milei y Martín Menem
“Me encantaría meterle el último clavo al cajón del kirchnerismo con Cristina [Kirchner] adentro”. Hace un mes, el presidente Javier Milei explicitó su deseo derrotar a la exmandataria y flamante titular del Partido Justicialista (PJ) en la competencia electoral de 2025, una instancia decisiva en la que pondrá a prueba su liderazgo.
Con certeza de que las elecciones legislativas funcionarán como una suerte de plebiscito de su gestión, que le permitirá medir de manera fehaciente el nivel de apoyo popular a su agenda reformista, Milei busca consolidar a La Libertad Avanza (LLA) como fuerza nacional. El principal objetivo que se puso la mesa chica del Presidente con vistas a 2025 es aumentar el número de legisladores propios en ambas cámaras del Congreso, donde el oficialismo depende de los acuerdos con los aliados.
Con ese trasfondo, la estrategia de LLA en la provincia de Buenos Aires, el territorio donde se asienta el poder de Cristina, cobra una vital importancia para el proyecto libertario. Allí, Karina Milei, la secretaria general de la Presidencia, delega en Sebastián Pareja el desarrollo de la estructura territorial del oficialismo nacional.
Con la mira en la pelea con el kirchnerismo en el distrito más poblado del país, Pareja, titular de LLA en Buenos Aires y subsecretario de Integración Socio Urbana (SISU), apuesta a que al peronismo vaya dividido a las urnas. En pleno debate interno en la Casa Rosada sobre cuál debe ser el lugar que Milei tendría que asignarle a Mauricio Macri, jefe de Pro, en el esquema de 2025, Pareja considera que sería más efectiva en términos electorales una escisión del PJ no kirchnerista que un acuerdo con el partido amarillo para aunar fuerzas en el distrito de Axel Kicillof.
Para decirlo de otro modo: el armador bonaerense de Milei cree que es más importante para los intereses de los libertarios que el peronismo llegue fragmentado a la contienda que que se alcance un entendimiento con Pro para no dividir la oferta opositora a Kicillof. En esa línea interna de LLA confían en que si Milei llegara fortalecido a las urnas y la situación económica permaneciera estable, los libertarios podrían prescindir del macrismo o marginar a sus socios a un papel testimonial.
No es una fórmula nueva en la provincia, pero sí efectiva. En 2017, Sergio Massa consiguió 11 puntos y el Frente Justicialista de Florencio Randazzo logró otros cinco, que afectaron a la Unidad Ciudadana de Cristina Kirchner y garantizaron la victoria de Cambiemos. En 2021, Randazzo consiguió 4 puntos que fueron vitales para la apretada victoria de JxC sobre el Frente de Todos: 39,8 a 38,5.
Por esa razón, mientras intenta neutralizar las internas que provoca la migración de los alfiles de José Luis Espert o del tándem Patricia Bullrich-Diego Valenzuela a la escudería de LLA, Pareja activó contactos subterráneos con intendentes y figuras del universo de peronistas que no se subordinan a la conducción de Cristina Kirchner o Kicillof para sondear las chances de que conformen una oferta electoral por fuera del sello del PJ.
“Les pedimos que den un paso adelante. Y ahí empezaremos a hablar en otros términos. Tienen que animarse a salir y jugar. La pelota la tienen ellos”, asegura uno de los armadores de LLA en la provincia. En otras palabras: esperan que surja un nuevo poder en el peronismo para que haya una merma de votantes de Cristina Kirchner.
En LLA están dispuestos a explorar pactos con intendentes o caudillos territoriales en el conurbano o el interior de la provincia para estimular la construcción de un vehículo electoral que le quite puntos a la eventual opción que presenten Cristina Kirchner, Kicillof y Sergio Massa. En esas conversaciones surgió la posibilidad de habilitar gestiones para reactivar obras en municipios.
¿Más autonomía?
Con la implementación de la boleta única de papel, que se aprobó en el Congreso y se pondrá en marcha en las legislativas de 2025, los libertarios descuentan que los jefes municipales tendrán mayor autonomía para moverse en el tablero electoral. Es que el nuevo sistema eliminará el efecto arrastre de la boleta nacional. A su vez, en pleno auge de Milei, creen que el liderazgo de Cristina Kirchner está amenazado. “Nuestra hipótesis es que puede haber una lista sombra o paralela que se lleve una parte de los votos del kirchnerismo”, señalan allegados a Pareja.
Los libertarios siguen con particular interés los movimientos de los peronistas que conviven bajo el paraguas de la marca Hacemos, el espacio que lidera a nivel nacional el exgobernador de Córdoba Juan Schiaretti. También monitorean los pasos de los intendentes Julio Zamora (Tigre) y Fernando Gray (Esteban Echeverría), quienes rechazan el estilo de conducción del cristinismo y objetan, sobre todo, la metodología que aplica La Cámpora para acumular poder, o del exministro de Desarrollo Social Juan Zabaleta, otro detractor de Máximo Kirchner.
Por ahora, esos grupos no operan de forma coordinada. Si bien crece la polarización entre Milei y el kirchnerismo, Florencio Randazzo y los arquitectos del proyecto nacional de Schiaretti y sus aliados del extinto Juntos por el Cambio, como Emilio Monzó, Miguel Pichetto (Encuentro Republicano Federal) o el radical Facundo Manes, confían en que la “avenida del medio” será amplia en la provincia de Buenos Aires en 2025.
Según las últimas mediciones que analizaron en ese espacio, alrededor de un 15% del electorado bonaerense no se siente atraído por los extremos de Milei o el kirchnerismo. Calculan que si el Gobierno llegara competitivo a la instancia electoral, podría arañar los 40 puntos en Buenos Aires y Unión por la Patria superar el umbral del 30%, por lo que se entusiasman con hacer rentable una opción de centro moderada en el principal distrito. Monzó y Randazzo –ambos terminan su mandato en Diputados en 2025– son los más activos en las gestiones para tender puentes con sectores progresistas, como la rama interna de la UCR que responde a Martín Lousteau y Manes, o la Coalición Cívica, de Elisa Carrió, con el fin de converger en los próximos comicios.
A su vez, mantienen diálogos con peronistas como Zamora, Zabaleta o Pichetto y dirigentes de Pro que no quieren ponerse la camiseta de LLA, como Horacio Rodríguez Larreta. Admiten que hay diálogo con el gobierno de Milei, pero aclaran que su construcción no será motorizada por los libertarios. Asumen que el deseo de Milei es confrontar con Cristina y fragmentar a la oposición.
“Con la boleta única los intendentes van a estar liberados, van a tener libertad de acción”, se entusiasman en las filas de Hacemos. Eso sí: admiten que la pretensión de los libertarios de eliminar las PASO los pondría contra las cuerdas. Elucubran que, en caso de que Cristina Kirchner dé el visto bueno al proyecto que envió el Presidente al Congreso, se quedarán sin una herramienta crucial para ordenar la discusión por los lugares en las nóminas electorales.
“Pro, la UCR y nosotros seríamos los más perjudicados. ¿Cómo alineamos a todos los sectores a la hora de armar las listas sin las
PASO?”, sostienen. No es casual que la discusión sobre la reforma política que impulsa el Gobierno encierre un nuevo contratiempo en el vínculo Milei-Macri. “Pro no mide más de 6 u 8 puntos. Si no vamos unidos, no es un problema”, dicen los soldados de Karina Milei. No obstante, Santiago Caputo, alter ego del Presidente en la gestión, no descarta un pacto con el partido amarillo, a sabiendas de que Milei pretende contener a Macri, quien hasta ahora ha hecho un aporte a la gobernabilidad del nuevo poder libertario. Ante propios y extraños, el asesor de Milei insiste en que podrían converger en Buenos Aires e ir separados en la Capital, bastión de Pro, para garantizarse los tres senadores en juego.
Frente a un escenario político plagado de incógnitas por la crisis de representación de los partidos tradicionales, Zamora, rival de Massa en Tigre, viene tejiendo en silencio lazos con Schiaretti, Larreta, Randazzo o Manes. Apuesta a edificar una alternativa superadora al modelo de Milei y del kirchnerismo. Sus amplias conversaciones también involucran a los intendentes del PJ que no están dispuestos a quedar sumisos de Cristina o La Cámpora y que esperan que Kicillof dé señales de que tendrá autonomía.
Zamora considera que si el gobernador no construye un proyecto propio o no le da cauce a los peronistas que reniegan del liderazgo de Cristina, podría haber movimientos hacia una opción que compita por fuera del PJ. Es decir, una propuesta electoral que sortee la polarización. “Hay que reconstruir el peronismo. Tenemos valores e ideas; vamos defender las cosas en las que creemos”, dicen cerca de Zamora.
En plena puja de poder entre La Cámpora y los caciques municipales que apalancan el plan presidencial de Kicillof, Gray busca los instrumentos para ganar terreno en el PJ y seducir a sectores populares en el conurbano. Su plan es armar una propuesta electoral en 2025 que marque distancia con el modelo de Milei y sea independiente del kirchnerismo. Por ahora, camina la provincia para promocionar su espacio: Apertura Peronista

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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