viernes, 20 de diciembre de 2024

RECUERDO CON TERNURA DE JUAN CARLOS MESA Y EL ICEBERG MÁS GRANDE DEL MUNDO


Juan Carlos Mesa, el bonachón de ideas disruptivas, presencia gigante y voz cascada que hizo reír a un país y murió de tristeza
Llegó a Buenos Aires desde su Córdoba natal a mediados de los 60 y rápidamente se convirtió en uno de los “grandes hacedores” del humor nacional; tras afrontar algunos problemas de salud, falleció el 2 de agosto de 2016, sin poder reponerse de un duro golpe personal
Guillermo Courau
Juan Carlos Mesa, el bonachón de ideas disruptivas, presencia gigante y voz cascada que hizo reír a un país y murió de tristeza
Cuando todavía no tenía permiso para cruzar solo la calle, Juan Carlos Mesa (todavía Diego Isidro Mesa) llegó de la mano de su madre a una emisora de su Córdoba natal para participar del programa infantil Gorjeos. Corría la segunda mitad de la década del 30. Decidido, con la convicción de quien estudió algo durante muchos días, el nene que andaría por los seis o siete años, emocionó a los oyentes con un puñado de rimas de Germán Berdiales.
En noviembre de 2017, un año después de la muerte del escritor, Libros del Zorzal editó “Dame un versito, poemas para colorear”, un libro de poesías dedicado a los chicos que se convirtió, involuntariamente, en su obra póstuma. De esta manera, el destino cerró un círculo perfecto. El autor, el poeta, el guionista, el compositor de tango (escribió el vals “Berretín”, entre otros), el actor, inició y finalizó su vida artística con poesía, con la reivindicación del lenguaje, con el arte de comunicar y fascinar a quienes disfrutaron cada una de sus creaciones. El asunto es qué hubo en el medio.
Jorge Basurto, Juan Carlos Mesa, Carlos Garaycochea y Aldo Cammarota en Humor redondo
“De niño me sabía de memoria la oda a Víctor Hugo de Rubén Darío, que es extensísima. Los romances de Lugones, Belisario Roldán, Juan Ramón Jiménez... Esa afición por recitar la descubrió mi maestra de sexto grado, Pilar Rodríguez Pérez, que siempre me incluía en los actos escolares. Así empecé a expresarme, a través de mis poetas preferidos”, contaba Mesa en una entrevista del 2000.
Cuando la radio pasó de presente a futuro, de hobby a profesión, Juan Carlos no tuvo problema en hacer todo lo que fuera necesario para aprender la profesión desde cero. Si había que redactar un aviso, lo hacía; si había que armar la grilla musical, se ponía a revolver discos; si había que manejar la consola, ahí estaba. Siempre listo, dando lo mejor de sí para que el programa saliera bien, no sabía hacer las cosas de otra manera. Ni le interesaba.
Y mientras tanto, cualquier trabajo era bueno para ayudar en casa: “Tuve miles de oficios, todos dignos, pero algunos insólitos. Me acuerdo de que una vez trabajé repartiendo el pan de una panadería. Un día, cuando murió Manuel de Falla en la sierra cordobesa, le organizaron un gran funeral en la Catedral. Yo no me pude resistir y me fui a verlo, con la jardinera puesta y todo. Lo cierto es que yo vi el funeral de Falla. Pero ese día un barrio entero se quedó sin pan. Esa vez sí que ‘falle’”, aseguraba entre risas.
Diviértase en carnaval y La troupe de la Gran Vía fueron los primeros ciclos que confiaron en él, donde de a poco comenzó a desarrollar guiones donde se vislumbraba su veta cómica. Hasta que ocho años más tarde, en 1956, el destino tomó el mazo de cartas que era la vida de Juan Carlos Mesa, barajó, y dio de nuevo: “Así fue que conocí a Luis Arata. Yo no salía de mi asombro, porque me parecía imposible que Arata hubiese ido a buscarme a mi casa. Él había escuchado el programa de la Gran Vía y se interesó para que yo le escribiera una audición de radio. Nunca olvidaré ese ciclo. Era un gran actor y aprendí mucho de Arata. Cada vez que volvía a Córdoba, yo escribía para él y, realmente, al recordarlo, viene a mi memoria el título de esa película, Al maestro, con cariño... Para mí, fue una gran experiencia. Solía decirme que el humor era una cuerda que yo debía pulsar. Ese fue el empujón que necesitaba para producir humor en escala”.
Nace un Dream Team
La vida de Juan Carlos, una montaña rusa de experiencias, sudor y alegría, continuó a partir de 1963 en televisión. Todavía en Córdoba, mientras se desempeñaba como director artístico de LW1, se puso al frente de Juegos de Mesa, por primera vez daba la cara, ponía su timidez en pausa, e incorporaba su versátil apellido a un título. Tanto cariño, confianza y práctica, por parte de sus amigos y compatriotas, lo llevó a tomarse el tren y probar suerte en Buenos Aires.
“Me enteré de que iba a formarse un equipo de humoristas -contaba en 1970-. Eso me llamó la atención, porque nunca se ha había hecho humor así, con un team, como se hace en Estados Unidos, donde se utiliza tanto. Bob Hope, El Show de Dick Van Dyke, por ejemplo, tienen hasta ocho escritores. Me enteré de que el equipo lo integraban Carlos Garaycochea y Jorge Basurto, dibujantes que para entonces ya eran muy conocidos. Lo primero que hicimos fue Los sueños del Gordo Porcel. Luego, vino La matraca. En 1966, después de haber trabajado para los canales 11 y 9, el equipo pasó a Canal 13. Ahí también tuve la satisfacción de tener mi primer programa como autor independiente, me llamaron para escribirle a Juan Verdaguer, que hasta ese momento había sido siempre su propio libretista. También pude escribir durante un año una telecomedia, Mis hijos y yo, que había heredado”. Y también Los Campanelli, y La tuerca, y Festi Biondi, y Humor Redondo, y Gorosito y Señora. No había vaivén político que se resistiera a su encanto, por entonces la Argentina era un poquito más feliz gracias a Juan Carlos Mesa.
“Soy hijo de una bailarina de jotas y de un andaluz nacido en Algodonales. Y en lo personal he recibido esas corrientes culturales. Además, mi familia era gente con mucho sentido del humor. Los andaluces, especialmente, tienden a exagerarlo todo, y a mí me encanta ese humor que apela a la fantasía y al absurdo. Papá era un tipo repentista, ocurrente. Llegó al país a los 16 años y nunca perdió su acento ni el gusto por contar cuentos a veces sanos y otros no tanto, pero siempre dentro de esa línea de no agraviar”.
Hermano querido
Pasó el tiempo y llegó esa joya de los años 80 que fue Mesa de noticias. Un equipo de estrellas, que jugaba de memoria. Y entre ellos, la sorpresa: Edgardo Mesa, hasta entonces conocido como un hombre de periodismo, sorprendió con sus cualidades para hacer reir. El siete años menor hermano de Juan Carlos, mantenía su “presencia”, mientras se ponía primero en la fila de las situaciones más absurdas. ¿Cómo podía ser?
Juan Carlos Mesa y su hermano Edgardo en Mesa de noticias
En realidad la historia era otra. Los hermanos, siempre inseparables, ya habían compartido radio en su Córdoba natal (uno como guionista, el otro como actor), y también numerosos escenarios itinerantes, con alguna obra cómica de cosecha propia. Es decir, Edgardo Mesa era periodista, pero uno muy divertido: “Hay muchísimas anécdotas muy graciosas, pero había algo en particular que a todos nos hacía mucha gracia y era que Edgardo se encargaba de manejar el micro de la compañía. Pero había algo inevitable, que ya entraba dentro de las cosas comunes. Era que él no sabía calcular la nafta, o era demasiado amarrete para gastar la plata, o no sé por qué, pero siempre nos quedábamos por el camino. Entonces permanentemente nos quedábamos a pie y todos teníamos que bajar del micro para empujar. Tenía ganas de matarlo”.
No había disputa que rivalizara con la complicidad entre ambos, una cualidad que potenció cada trabajo juntos, y también marcó su personalidad, aun cuando frente a cámaras parecieran tan diferentes: “Edgardo tiene una gran habilidad para imitar a la gente. Entonces se pasa el día “sacando” a personas que nosotros dos conocemos o a familiares, y lo hace muy bien. Además, nosotros tenemos una especie de competencia. Jugamos a ver quién encuentra más gente parecida a otra. Me acuerdo de un día que fuimos a una compañía de seguros porque nos habían robado algo del coche y cuando estábamos esperando en una sala, él me dijo: ‘Te atendió Valeria Lynch’, y me doy vuelta y ahí estaba una secretaria que era idéntica a Valeria. Es un juego que hacemos siempre. Incluso en el teatro yo le digo despacito: ‘en la tercera fila a la derecha, Favaloro’. Entonces él se fija y empieza a reírse y casi ni puede seguir trabajando”.
Aunque no todo era risas, a veces había que hablar en serio. Y ahí es cuando los hermanos Mesa, eran más hermanos que nunca. Contaba Edgardo en 1986: “Con Juan Carlos somos muy compañeros. Yo tengo que decir que, de alguna manera, por la muerte prematura de mi madre, mi hermano se convirtió un poco en mi padrino. Esto cuando éramos chicos. Pero ahora, que yo no puedo verlo los fines de semana porque estoy haciendo teatro, siento esa falta. En ese sentido, somos de visitarnos muy seguido y hacemos culto de la familia. Tanto es así que nuestras esposas son a su vez hermanas. Fue la mejor manera de salvarnos de una suegra”.
Si Edgardo fue su compinche, Edith Victoria Ávalos fue su compañera, su socia, su otra mitad. Y como no podía ser de otra manera, el comienzo de su historia de amor fue digna de una película romántica. Ocurrió en un baile en Villa Rosario, organizado para recaudar fondos para las egresadas del Colegio de las Hermanas Adoratrices, al que Juan Carlos Mesa fue por insistencia de un amigo: “Ochenta kilómetros de micro: cincuenta por el asfalto y el resto por camino de tierra. Nos ubicamos en el enorme salón de la Sociedad Sportiva, y a poco de iniciarse el baile se acercó una de las organizadoras y me preguntó si quería recibir un telegrama del Correo del Amor, de la que era mensajera. Sin entender yo de qué se trataba, me explicó que una persona anónima me enviaba un mensaje, y para recibirlo, debía pagar un peso. Acepté y abrí el telegrama donde alguien había escrito: ‘Me gustaría que me sacara a bailar. ¿Podrá ser?’. Pese a ser muy patadura, me sentí provocado, y la mensajera dijo: ‘Si lo va a contestar, tiene que pagar otro peso’. Por cierto que el compromiso era ineludible, de modo que contesté afirmativamente, pero al cabo de unos minutos apareció la mensajera con un segundo telegrama. Mensaje va, mensaje viene, tuve que pedirle auxilio a Hugo porque me estaba gastando el pasaje de vuelta y el hospedaje en el hotel Zambelli, donde debíamos pernoctar. Solo puedo decir que al cabo de ese asedio telegráfico, casi sobre el final del baile, vine a descubrir que la señorita que me enviaba los mensajes era la propia mensajera, que era una futura egresada del Colegio de las Hermanas, y que se llamaba Edith”. Juan Carlos y Edith se casaron en la Catedral de Córdoba, el 15 de enero de 1955.
No había Juan Carlos sin Edith, su crítica más feroz, pero a la vez su pilar más fuerte. La familia Mesa se completó con sus hijos, todos varones: Juan Carlos, Gabriel y Juan Martín. También Jorge Daniel, que falleció al año y ocho meses de haber nacido. El “Gordo Mesa” fue un hombre feliz, tenía todo: el cariño de sus pares, el amor de su familia, y la felicidad de vivir haciendo lo que le gustaba.
Entre compañeros entrañables como Tato Bores, y amigos entrañables como Gianni Lunadei o Juan Carlos Calabró, transitó el eterno presente de Juan Carlos Mesa. Siempre listo para disfrutar de sus amigos, de su familia, de sus afectos. Aun cuando los problemas de salud comenzaron a pasarle factura.
Juan Carlos Mesa, en su última entrevista 
Mesa llegó a perder la voz por una traqueotomía, también sufrió cálculos en los riñones que complicaron severamente su cuadro de salud, pero salió adelante. Siempre adelante. Así lo contaba en una entrevista para en abril de 2015: “En el Sanatorio de la Trinidad de Palermo, he vivido tanto como en mi casa casi en los últimos años. Estuve mucho tiempo internado. Ya no puedo caminar como caminaba antes, pero trato de mantener activa mi mente porque yo creo que eso es muy importante. Y trato de no repetir que todo tiempo pasado fue mejor, aunque haya sido mejor. Pero trato de no decirlo porque estoy desairando a toda una juventud que admiro y quiero y porque tengo hijos, nietos y bisnietos. Así que estoy feliz de poder contarlo. Me cuido mucho en la ingesta, yo soy bastante meticuloso, no me excedo en los alimentos, no fumo, no bebo, no tomo una gota de alcohol. Tengo un tratamiento permanente que me dan los médicos y soy muy obediente, soy un plomo total. No tengo una conducta esquiva, me someto. No me gusta improvisar ni en la salud ni en la profesión. Me gusta escribir y me gusta tomar los remedios. También hago kinesiología porque mi motricidad está un poquito reducida”.
Siete meses después de aquella nota, en noviembre de ese fatídico 2015, murió Edith. Así la despidieron: “Luego de toda una vida de esfuerzo y cariño, nos dejás con el compromiso de seguir cuidando esta familia que supiste construir”.
Fue un golpe devastador para Juan Carlos, 61 años juntos, que ya no iban a ser 62. “Siempre fue mi motor, mi risa”, reconocía el guionista. Por lo que no fue de extrañar que menos de un año después, el 2 de agosto de 2016, decidiera irse con ella. Quien entonces mejor sintetizó la situación fue su hijo Gabriel: “Ella era la socia absoluta de mi viejo. Y esta ida temprana tiene que ver con que papá no soportó esa soledad”.
Y Juan Carlos Mesa murió, se fue dejándonos huérfanos de risas. Ya pasaron más de ocho años, y todavía se extraña esa presencia gigante, de voz cascada, sonrisa ingenua y palabra justa: “Cuanto más enfermo está un país más necesita humor. Algunas veces, las noticias conmueven al mundo. En lo personal, he pasado momentos difíciles, pérdida de seres queridos y circunstancias muy dolorosas; sin embargo, trabajé. Cuando uno piensa que el humor es algo serio lo ejercita sin pausas. Pensemos en Chaplin y en El gran dictador; en Tatí, que era acróbata, payaso, músico y poeta; en el Gordo y el Flaco, y en tantos otros. El mundo se puede contar de diversas formas, una de ellas es en clave de humor. Para mí, Alberto Castillo fue un gran humorista; por su manera de cantar, por su pañuelo al cuello y por su estampa. Al humor hay que saber buscarlo, hay que quererlo y protegerlo. Es como todas las cosas de la vida: crece a la sombra del afecto”.

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Detectaron al iceberg más grande del mundo cerca de las Islas Georgias del Sur y es monitoreado por Prefectura
Recientemente, el A23a se desprendió del bloque que lo contenía en la Antártida desde hacía más de 30 años; las autoridades aconsejaron navegar con precaución
El A23a, el iceberg más grande del mundo que se convirtió en noticia.
Luego de desprenderse del fondo marino que lo sostenía hacía más de 30 años cerca de las Islas Orcadas del Sur, en la Antártida, el iceberg A23a comenzó a moverse a lo largo y ancho del Océano Austral y llegó hasta las cercanías de las Islas Georgias del Sur, en el Atlántico Sur.
Según pudo saber  la Prefectura Naval Argentina (PNA) comenzó a realizar un monitoreo especial junto con la División Sistemas de Información Geográfica de la Dirección de Informática y Comunicaciones, que también generó un reporte informativo sobre la detección.
El organismo nacional -responsable de mantener la seguridad en la navegación, y la vigilancia y el control de los espacios marítimos- indicó que la masa de hielo fue detectada mediante imágenes satelitales de tipo SAR (Radar de Apertura Sintética) al suroeste de las islas, a aproximadamente 250 millas náuticas de distancia. Tras esto, se dio aviso a la Dirección de Tráfico Marítimo, Fluvial y Lacustre de la Prefectura que, a través de los Centros de Control y Gestión de Trafico Marítimos, puso en conocimiento y difundió una serie de alertas para mantener protegidos a los navegantes que se encuentran en la zona.
El recorrido del iceberg que se desprendió de la Antártida.PNA
La autoridad marítima nacional aconsejó navegar con precaución en la zona y evitar aproximaciones innecesarias a la masa de hielo, con el objetivo de disminuir riesgos.
Según las predicciones de los especialistas desde el desprendimiento, se descartaron mayores complicaciones ya que se cree que es probable que cuando ingrese en las aguas aún más cercanas a las islas comience a descomponerse en icebergs mucho más pequeños debido a la temperatura más elevada del agua.
En octubre de este año, el informe Protecting a Changing Southern Ocean de la Coalición Antártida y del Océano Austral (ASOC) alertó sobre las “anomalías sin precedentes” que enfrentan la Antártida y el Océano Austral, debido al cambio climático. Con temperaturas récord, olas de calor marinas más frecuentes y un deshielo acelerado, reabrieron la importancia de la conservación de los recursos del planeta.
Estos cambios en las temperaturas del aire y del agua moldearon al A23a, que tenía un estado de deterioro evidente, según los datos que habían arrojado los satélites del BAS. El calor desgastó sus bordes, aunque su parte central permanecía relativamente intacta. En tanto, su masa comenzó a disminuir a medida que avanzó hacia zonas más cálidas alejadas de la Antártida.
El iceberg tiene más de 4000 kilómetros cuadrados y 400 metros de espesor.
El desprendimiento del iceberg
En sus orígenes, el bloque de casi un billón de toneladas (que tiene tres veces el tamaño de la ciudad de Nueva York y 20 el de la ciudad de Buenos Aires) se desprendió de la plataforma de hielo antártica Filchner-Ronne en 1986, cuando un iceberg aún más grande —el A23, de ahí su nombre— se rompió en tres pedazos más pequeños. Hasta ahora, había permanecido encallado tras quedar su base atrapada en el fondo del mar de Weddell.
En 2020 comenzó un suceso sin precedentes. El iceberg de más de 4000 kilómetros cuadrados y 400 metros de espesor tuvo una serie de movimientos que fueron registrados por los expertos en la materia. A mediados de este año, los expertos del British Antarctic Survey (BAS) notaron que en realidad giraba sobre sí mismo debido a que había sido atrapado por un fenómeno natural conocido como Columna de Taylor.
Este fenómeno provoca que las ondas de agua giratorias se sitúen sobre un monte submarino, contengan cualquier objeto en su camino y lo mantengan en su lugar. Una vez que la columna se deprende, el objeto se libera y es impulsado lejos del epicentro. De esta forma, el A23a se desprendió del resto del continente blanco y comenzó a circular.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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