Adoptó a cinco hermanitos y se rebeló ante la indiferencia social
SOFÍA PIZZI
por Laura Gambale

SIGUIÓ SU DESEO Y JUNTO A SU PAREJA LE DEVOLVIÓ A LOS NIÑOS EL DERECHO A TENER UNA FAMILIA
Adoptar es una manera de rebelarse ante la indiferencia social. Sofía Pizzi sabía que no iba a ser “color de rosa”, ni siquiera la maternidad estaba entre sus prioridades, sin embargo, un día en plena pandemia, junto a su pareja Alejandro, adoptó 5 niños (algunos adolescentes). ¿Por qué lo hizo? Devolver a esos niños el derecho a tener una familia fue el verdadero motor. Desde que era niña, Sofía aprendió con el ejemplo de su madre la importancia de hacer algo por los otros, de pensar en lo que sucede más allá de los límites de su casa. No es una heroína, dice, lo que tiene es conciencia social y empatía. Conoce la importancia de tener una familia y logra imaginar lo que puede sentir un chico cuando le falta. Una infancia “Muy libre y feliz” Creció en el barrio Autonomía de la ciudad de Santiago del Estero, a donde llegó junto a sus padres y hermanos a los pocos meses de vida. Recuerda su infancia como un momento “muy libre y feliz”. En su cuadra jugaba al elástico y tenía más de veinte cómplices con quienes correr y ensuciarse hasta que desde alguna puerta (siempre abierta y sin llave) asomaba una mamá para avisar que era la hora de entrar. El monte que cercaba el paisaje era uno de sus sitios favoritos para armar chozas y esconderse.
“Todo lo vivido de chica hizo que la idea de adoptar sea lo más natural para mí””Muñeca, como le decían en el barrio a Selva, su mamá, trabajaba en la administración pública hasta pasado el mediodía; luego se dedicaba a dirigir un comedor de Caritas donde daba el alimento a unos 300 niños de barrios carenciados de las cercanías. “Ayudar a otros y conocer otras realidades sociales es algo que formó parte de mi vida desde siempre”, cuenta, mientras ceba un nuevo mate y parece largar un recuerdo antiguo sin hacer esfuerzo. “Supongo que todo lo vivido de chica hizo que, de grande, la idea de adoptar y ayudar a que otros niños tengan una familia sea de lo más natural para mí. La adopción es una función social que, por supuesto, requiere mucho compromiso y genuino deseo de cuidar a los que llegan”. Para Sofía, la adopción resuelve muchas necesidades: el derecho del niño a tener una familia, el deseo de los adultos a ser padres y, en muchos casos, tiene una clara función reparadora ante la ausencia del Estado. Muchos años antes de adoptar se mudó a la ciudad de Córdoba cuando le faltaban pocas materias para recibirse de licenciada en Ciencias Económicas en la universidad de su barrio de la infancia. Lo hizo para ayudar a su familia; su papá había fallecido un tiempo antes y su mamá necesitaba ayuda y en Córdoba la esperaba un buen trabajo. Se recibió rindiendo materias a distancia. Fue una época muy dedicada a seleccionar posgrados, ocupar cargos en la gerencia de distintas pymes y a planificar viajes. De ser madre y formar una familia, no había noticias. Coincidir en la adopción En 2015 conoció a su actual pareja, el papá de sus cinco hijos. “La vida es eso que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes” decía John Lennon, y Sofía se siente identificada. A Alejandro lo conoció a través de la aplicación Tinder, “un caso de éxito”, se ríe,y admite que no buscaba algo “serio”, pero al mes estaban conviviendo en el departamento de Córdoba. Decidieron tomar riesgos.

Sofía y algunos de los padres con los que formaron la asociación civil “Adopten Niños Grandes” y con sus hijos y pareja (izquierda).Cuando llegó el momento de hablar de hijos, la primera alternativa en la que pensaron fue la adopción, otro punto de unión que facilitó el camino. Al poco tiempo de comprar su actual vivienda en Río Ceballos, a unos 40 minutos de la capital cordobesa, se acercaron a una asociación que acompaña procesos de adopción. “Con los trámites legales fue rápido”, dice. Pero lo que les faltaba eran historias de otras familias que hubieran adoptado. Saber qué sienten, qué miedos tienen y qué problemas comunes atraviesan durante los primeros tiempos. “Entre tres y cinco no hay tanta diferencia” “Nos enteramos de que se puede adoptar a través de convocatorias públicas que se publican a diario en un sitio online y que es válida para todo el país”, señala, mientras recuerda que, en un primer momento, habían resuelto presentarse para adoptar un grupo de hasta tres hermanos pero al enterarse de que un grupo de cinco hermanos necesitaba una familia, se arriesgaron. “Entre tres y cinco no hay tanta diferencia”, diría Alejandro antes de firmar la guarda de sus cinco hijos, que en ese momento tenían 5, 7, 9, 11 y 13 años. A la semana de haberse presentado para esa convocatoria los llamaron. Viajaron a Buenos Aires, donde se encontraban sus futuros hijos para ser evaluados por profesionales de diversas áreas durante una semana. Pasó otra semana y el 21 de noviembre del 2020, entre alegría, llanto y pánico, les confirmaron que serían los padres adoptivos de esos cinco niños. Regresaron y se instalaron un mes para realizar lo que se conoce como período de vinculación, en el que se van conociendo de a poco, primero en el juzgado, más tarde con una salida a la plaza, siempre acompañado por asistentes sociales. Cuando los niños están de acuerdo con quedarse a vivir con sus nuevos padres, luego de haber pasado varias noches pernoctando juntos, se cierra el proceso de vinculación y quedan disponibles para viajar hasta su nuevo hogar. No hay vuelta atrás. A pesar de la sensación de ahogo que por momentos recuerda Sofía -encerrarse en el baño a llorar preguntándose si podría con esa nueva realidad, mientras escuchaba del otro lado de la puerta sillas que caían, gritos, llantos- se consuela al recordar que todo vínculo requiere de tiempo, paciencia y amor para encontrar cierto equilibrio, que con ellos no sería la excepción. Que van a poder. En la actualidad, la asociación civil Adopten Niños Grandes tiene más de 150 familias miembro y recibe a diario decenas de consultas. Fue en una tarde de mayo de 2022, cuando Sofía, junto a un grupo pequeño de familias “que se juntaban a hacer catarsis” conformaron una ONG y en seguida notaron que la fuerza del encuentro en comunidad ayudaba a desterrar mitos, liberar miedos y afrontar los momentos más duros de la crianza; la ONG podría ayudar a muchas otras familias. ¿Por qué priorizar adolescentes? Porque son los menos buscados. En el país, los números lo demuestran. Hay 2199 niñas, niños y adolescentes en situación de adoptabilidad, según informó el área de comunicación del Ministerio de Capital Humano, una cifra que pertenece al “último relevamiento realizado en 2022″, publicado de manera conjunta por Unicef y la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de la Nación (SeNAF). De los casi 2200 menores en estado de adoptabilidad, a medida que van creciendo cada vez tienen menos posibilidades de ser elegidos ya que los aspirantes se reducen notablemente. Según la publicación de octubre de este año en el Ruaga hay 1136 solicitantes para niños de hasta 1 año, 1158 para niños de 2 años, 1163 para niños de 3 años, 1015 para niños de 4 años. En tanto, a partir de los 5 años, las inscripciones comienzan a disminuir considerablemente con 877 solicitantes. Para niños de 12 años, solo hay 26 solicitantes, para 13 años hay 8 personas dispuestas a adoptar, para 14 años solo 6, para 15 años hay 4, y para el resto de las edades todavía menos. Ahora Sofía está a cargo del área de Comunicación de la ONG, donde recibe consultas a diario con un denominador común: la preocupación –y el enorme desconocimiento– de la cuestión del tiempo, de cuánto se va a tardar el proceso de adopción. La respuesta los sorprende porque no demora tanto como lo dicta el imaginario social. “Es cierto que los que se anotan para adoptar bebés demoran más, porque son los más solicitados. En cambio, cuando crecen, y en especial cuando se acercan a la adolescencia, la adopción puede salir en dos semanas, porque son los menos solicitados”. Esa supuesta ventaja en acortar los tiempos de espera cuando son adolescentes, “no debería ser un aspecto determinante a la hora de tomar la decisión de adoptarlos –dice, y por primera vez eleva su voz suave–, porque ellos son para siempre, como cuando tenés hijos de manera natural”.
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