miércoles, 4 de diciembre de 2024

VOLANDO ALTO DA APOYO ESCOLAR A CHICOS POBRES QUE NO SABEN LEER NI ESCRIBIR

. Cómo ayudar: Para colaborar con Volando Alto, se puede apadrinar a niños, niñas y adolescentes a través de su sitio, aquí
De niña le decían que era “burra”, hoy es una maestra premiada por su plan de alfabetización
FELICITAS Silva
por Paula Soler



SU ONG VOLANDO ALTO DA APOYO ESCOLAR A CHICOS POBRES QUE NO SABEN LEER NI ESCRIBIR
Hace tres años que Felicitas Silva eligió vivir en Concordia. Fue una decisión meditada: esa ciudad entrerriana es el segundo conglomerado más pobre del país después de Resistencia. Ahí, 7 de cada 10 niños son pobres. Ahí, en las villas y asentamientos de esa ciudad, hay decenas o cientos de adolescentes que aunque van a la escuela, no aprendieron a leer ni el nombre de las calles, no saben cómo escribir su nombre. Entre calles de tierra y casillas de madera y chapa, Felicitas construyó algo que no es físico y significó una verdadera revolución en esos barrios. Con clases de apoyo, mucha paciencia y contención, armó un plan de alfabetización que les devolvió a decenas de adolescentes algo básico y maravilloso: ganas de soñar. “Un chico que no puede leer está totalmente fuera del sistema. No tiene sueños. Y eso duele”, explica a LA NACION durante una llamada telefónica. Felicitas tiene 29 años, creció en Malvinas Argentinas y se recibió de maestra de grado. Esa obra revolucionaria, ayudar a alfabetizar a chicos que viven en contextos de mucha vulnerabilidad, la lleva adelante desde Volando Alto, la ONG que fundó hace tres años cuando se instaló en Concordia. “Acá los abrazamos, los escuchamos y somos muy respetuosos en el proceso de aprendizaje para que confíen en ellos mismos. Todos tienen maneras diferentes de aprender. Queremos que la clase sea un pedacito de cielo porque sus realidades son muy duras”, explica.“Muchos chicos tienen 18 años y con nosotros pudieron leer su primer libro””
“No le da la cabeza” La mayoría de los chicos que ayudan son niñas, niños y adolescentes que a edades avanzadas y aunque estén yendo a la escuela, no saben leer ni escribir. Si bien ella tuvo una infancia muy diferente, Felicitas sabe lo que siente ante la imposibilidad de entender palabras y números. Ella, que creció en Villa de Mayo, en una familia amorosa, de padres trabajadores y cuatro hermanas, tiene una herida, hoy cicatriz, que surgió en sus primeros años cuando cursaba la primaria: a ella, justamente le resultaba difícil leer y escribir. A eso se le sumaba la angustia que le causaba la mirada de sus maestras del colegio privado de Bella Vista:“No le da la cabeza, no le da”, decían. Felicitas sentía que la sepultaban para siempre en una oscuridad de la que nunca saldría. Cuando más adelante le detectaron dislexia, supo que debían enseñarle de otra manera, que tenía otros tiempos. Ese primer encuentro con el aprendizaje la marcó, pero Felicitas entendió con el tiempo que debía exponer esa cicatriz y transformarla en un proyecto de vida luminoso. Estudió para ser maestra y se especializó en alfabetización inicial, neuropedagogía e inclusión. Después de ejercer en escuelas de Buenos Aires apuntó a más: hace cuatro años fundó Volando Alto junto a su pareja Florencia Martínez. El norte fue y es que los chicos de bajos recursos tengan más oportunidades para salir de la pobreza. Si bien la crisis de alfabetización en el país es transversal, quienes más la sufren son ellos. En la Argentina, el 45,2% de los chicos de entre 13 y 17 años que vive en la indigencia y el 32,9% de los que están bajo la línea de la pobreza no va a la escuela o lo hace con sobreedad, de acuerdo a un informe que el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA elaboró para LA NACION. En un principio ellas hicieron pie en Santiago del Estero, pero en la pandemia sentaron raíces en Concordia, de donde es oriunda Florencia. Vieron que allí las necesitaban: cuando en el país solo 13 de cada 100 estudiantes llegan al último año de la secundaria en el tiempo esperado (sin repetir ni abandonar) y con conocimientos satisfactorios de lengua y matemática, en Entre Ríos, el número desciende a 10 de cada 100, según un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación.
Volando Alto asiste a unos 180 chicos a contraturno de la escuela: las clases de apoyo duran dos horas y empiezan desde las 18 con una merienda
La importancia de las oportunidades “Así como hay historias duras, también hay muchas alegrías. Cuando empiezan a leer, les ves las lagrimitas de emoción porque entender les abre las puertas a un ´yo puedo´. Los hace soñar porque están acostumbrados a vivir como ven que vive su madre, su abuela. Pueden soñar con seguir estudiando, conseguir un trabajo calificado, tener otro proyecto de vida”, cuenta la joven, que charla desde su casa, que suena a lluvia, a un jardín con pájaros y a un par de niñas que la reclaman con un “Feli, ¿venís a jugar?”. Esas niñas, de 4 y 7 años, que son hermanas y alumnas de Felicitas, están viviendo con ella y Florencia en el marco de una medida de abrigo de la Justicia. Los adultos de su familia las pusieron en una situación de riesgo y en unos meses la Justicia definirá su futuro. “Si no venían a casa las enviaban a un hogar en Paraná, se iban a alejar de otra hermana que tienen, de su escuela y del apoyo que les damos en Volando Alto”, comenta Felicitas, en voz baja. Una realidad que enfrentan muchos chicos de los asentamientos de Concordia: el hambre, la pobreza e indigencia; las violencias y el abuso; vivir en hogares hacinados; la dificultad de sostener la escuela; tener que ayudar en la economía familiar desde los 13 años. Felicitas retoma su historia: “A mí me costaba un montón aprender porque tenía una dificultad en el aprendizaje, pero ellos no. Ellos no aprenden a leer y escribir porque sus necesidades son muchas y porque quizás sus docentes no los acompañan en ese proceso”. Es por eso que desde los dos centros de la ONG en Concordia, uno en el asentamiento La Bianca y otro en Benito Legerén, articulan con las escuelas de la zona y el Consejo Provincial del Niño, Adolescente y Familia (Copnaf). Entre los dos centros, Volando Alto asiste a unos 180 niños, niñas y adolescentes a contraturno de la escuela. Las clases de apoyo duran dos horas y empiezan desde las 18 con una merienda porque “muchos chicos llegan con hambre”, dice Felicitas, “este año más que nunca”. Luego trabajan la lectoescritura, la iniciación en matemática y el uso de las nuevas tecnologías. Abanderada de la solidaridad Felicitas vuelve a hablar de las alegrías: “Muchos chicos tienen 18 años y con nosotros pudieron leer su primer libro. Sol, una nena que pasó por muchas violencias, que casi no hablaba, hoy nos agradece porque puede leer las ofertas del supermercado y porque puede leer ella misma algo tan personal como los mensajes que recibe en el celular”. Hace unos meses Felicitas fue una de las protagonistas de una investigación  que expuso la grave crisis educativa de la Argentina y sobre todo la que sufren los chicos de menos recursos. Desde ese entonces, asegura que todo cambió para mejor. Se sumaron más voluntarios a la organización para dar apoyo escolar y aumentaron las donaciones de alimentos y dinero para comprar lo que “les quema”: leche, comida y útiles. “La oportunidad de tener acceso a los medios de comunicación hizo que se visibilizara nuestro trabajo y que la gente se conmoviera. Vieron que la realidad no es tan linda, hay que trabajar para que lo sea”, explica Felicitas, que este mes fue nombrada como una de los ocho Abanderados Solidarios de la Argentina, premio que otorga la Fundación Noble. Además, hicieron un acuerdo de colaboración con la intendencia de Concordia, que realiza un relevamiento de la situación de las familias. Volando Alto recibe un dinero mensual y da apoyo escolar a los chicos que el municipio les deriva. Otro impacto de su exposición en los medios fue que creció la cantidad de escuelas que quieren trabajar con ellas. “Nosotras sabemos que las docentes tienen que enfrentar el aprendizaje de los chicos y el hambre. Sentimos que ahora nos tienen más confianza y podemos trabajar juntas”, cuenta. Otra buena noticia que destaca es que el año que viene lanzarán un cuadernillo sobre sus técnicas de enseñanza. También habla de Martín, un niño muy tímido al que le costaban las matemáticas y poder leer. “Cuando le dijimos que hablara a cámara con nosotras, nos preguntó ´¿Por qué yo?´ Le dijimos que era porque confiábamos en él. El cambio que dio al sentirse escuchado, es inmenso, hermoso, está más seguro de sí mismo, feliz”, resume. Ahora el sueño de Felicitas es abrir un centro más grande en Benito Legerén y quiere sumar horas de clase a la mañana. Desde su lado de la línea se escucha nuevamente que las niñas la reclaman. Les dice bajito que la esperen. “A veces necesitamos cortar con algunas angustias pero hoy este es nuestro día a día y estamos felices”, dice la joven, que tras cortar con este medio irá a ver Frozen con las niñas y luego preparará la clase para el día siguiente, cuando recibirá a los chicos con una sonrisa y un abrazo. Su cicatriz, convertida en un pedacito de cielo. Cómo ayudar: Para colaborar con Volando Alto, se puede apadrinar a niños, niñas y adolescentes a través de su sitio, aquí

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.