jueves, 4 de enero de 2024

Bossi Live Comedy EN MARDEL..Mar del Plata (Pedro Luro 2335,


Bossi Live Comedy: gran show, una atmósfera nostálgica, un público fanatizado y algunas indirectas a Fátima Florez
Con muy buena venta de tickets en el Teatro Mar del Plata, el comediante se planta como un showman elegante que deja en un segundo plano a las imitaciones de celebridades para transitar un camino sin máscaras
Pablo Mascareño

Martín Bossi reúne todos los condimentos de un gran showman, aunque, en algunos momentos, debería evitar cierta afectación
Bossi Live Comedy. Dirección general: Martín Bossi. Dirección y puesta en escena: Pablo Fábregas. Protagonista: Martín Bossi. Dirección musical y arreglos: Nelson Gesualdi. Actriz y cantante: Ana Paula Buljovasich. Músicos: Nelson Gesualdi (piano, guitarra y saxo), Francisco Cordima (teclados), Juan Cordima (batería y coros), Julián Santagada (guitarra), Jeanette Gesualdi (bajo), Naara Gómez (violín). Producción: Ezequiel Corbo, Luis Penna, Federico Hoppe, Diego Djeredjian y Martín Bossi. Sala: Mar del Plata (Pedro Luro 2335, Mar del Plata). Funciones: martes a domingos, a las 21. Duración: 80 minutos. Nuestra opinión: muy buena.

Los seguidores de Martín Bossi se encontrarán con lo que van a buscar y el espectador incólume que decida verlo por primera vez no saldrá defraudado. Bossi Live Comedy es un show elegante, con un concepto dramatúrgico que lo atraviesa y sostenido fundamentalmente en el aura de su protagonista excluyente. El espectáculo no es estreno en un cien por ciento. El artista suele ir mutando sus creaciones, manteniendo alguna base, restando cuadros y sumando otros.
Si bien es cierto que Bossi apela a algunos de sus mohines más recurrentes, no deja de demostrar que es un humorista carismático, un showman que canta -por momentos con algunos desniveles- y que establece un vínculo por demás fluido con su público, un juego de complicidades muy complejo de lograr. Además, el artista es un observador minucioso de lo cotidiano, lo cual le permite ingresar en una zona de empatía con la gente a partir de la narración de situaciones muy reconocibles.
De entrada nomás, Martín Bossi deja en claro que su contrincante del verano se llama Fátima Florez. A poco de levantarse el telón, define como “milagro” que la imitadora sea primera dama, aunque no se priva de mencionarla como una “amiga”. Para los que saben escudriñar en la semántica de las palabras tampoco pasará inadvertido el elogio hacia sus músicos, “la única banda que toca en vivo en Mar del Plata”. Fátima 100% cuenta con su grupo, lo mismo que Kinky Boots. Está claro que la indirecta no iba dirigida al musical que encabeza Fede Bal.
En plan de distanciarse de su colega, sobre el final se puede establecer una lectura política del espectáculo. En un tramo definido por la emoción, Bossi refiere a la crisis económica que atraviesa el país y, sobre todo, reclama por la unión de los argentinos, un mensaje muy diferente al de Florez, quien envalentona a su público con la defensa del ideario de su novio, el presidente Javier Milei.
Acertado vestuario de Victoria Villaverde en un espectáculo refinado y sin golpes bajos

Es un acierto que Bossi Live Comedy no sea un salpiqué de gags, monólogos sueltos y situaciones inconexas, sino que apele a un concepto que se esgrime a lo largo de todo el desarrollo del espectáculo, una suerte de hilo conductor nostálgico donde se compararán las formas de seducción de ayer y hoy (reconoce que le gustan las mujeres maduras y se posiciona como un antihéroe) o cotejarán los juegos analógicos de su infancia en el sur del Conurbano, integrando una “clase media bajita”, y los entretenimientos digitales sostenidos en competencias bélicas, momento que se grafica en las pantallas con la aparición de una silla del tipo “gamer”: un buen criterio para pensar una caracterización del mundo desde lo lúdico.
Los valores de la familia y el mensaje por la paz definen a buena parte del show. Quizás, aunque solo en algunos momentos aislados, se convierten en innecesarios algunos vocablos algo soeces. No los necesita este Jimmy Fallon criollo que ya comenzó a despuntar su carrera en varios mercados internacionales como los de Estados Unidos y Europa.
Bossi inicia el show con la energía muy arriba, quizás un in crescendo de su tono podría generar mejor armonía y hasta un mayor factor sorpresa. No está mal poner toda la carne al asador de entrada, aunque eso puede hacer que el espectador llegue algo fatigado al plato principal. Con todo, no pareciera ser el caso; así como el artista desarrolla una potencia arrolladora desde el vamos, sus fanáticos actúan en igual sintonía. Como quien aúlla por Rod Stewart desde la primera hasta la última canción.
Bossi mira directo a la gente, pide luz para no perderse detalle de lo que pasa debajo del escenario. Remata, se inclina, abre los brazos y todos saben que tienen que aplaudirlo, ¿reverenciarlo? No es impostación, sino código. A lo Dringue Farías, Adolfo Stray o José Marrone (”¡Cheeee!”). También hay algo de estos próceres en él.

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