lunes, 15 de enero de 2024

GUSTAVO CIOCCO Y SUS JUGUETES AUTÓMATAS


Gustavo Ciocco
Sus autómatas tienen un mecanismo delicado que logra representar movimientos humanos o animales 
Malú Pandolfo — Objetos de arte “Pongo mucha energía en el diseño, el color y la figura. No importa tanto el mecanismo, sino que tengan un personaje y sean divertidos”, dice Ciocco sobre los autómatas, que nacieron en tiempos de pandemia.
Una foca, una bruja, una costurera, una trompeta… No importa tanto cuál sea el tema, sino que el resultado sea colorido, divertido y, sobre todo, que cuente con un mecanismo visible que produzca el debido movimiento de la pieza. De esto se tratan los autómatas que Gustavo Ciocco realiza desde hace tres años, en paralelo a su principal actividad artística como serigrafista.
Los autómatas “son artefactos mecanizados que representan movimientos humanos o animales. Hay infinidad de materiales con los que pueden hacerse, entre ellos, metal, 3D y madera”, describe el artista. La medida de los autómatas puede variar, pero en general Ciocco los realiza de una altura de entre 20 y 35 centímetros. Si la escala se reduce se puede complicar el mecanismo. Objetos de arte, el fin de los autómatas es estético e incluso decorativo. “También están catalogados como arte cinético o arte en movimiento”, asegura el automatista.
Lo último subido a su cuenta de Instagram (@automatas_gustavociocco), un sillón, es un adelanto del próximo autómata. “La idea es hacer un señor sentado o acostado, durmiendo en el sillón”, afirma. El sillón está hecho con cartón y gomaespuma y está forrado con tela. Al costado, un encendedor permite ver la escala de la pieza. “Uno podría hacer un sillón de madera, muy simple y el efecto del hombre durmiendo, en este caso, se podría resolver igual. Pero yo sé que hacerlo de esta manera suma a la figura total. Lo podría hacer en 3D, pero la idea es que se complique porque yo sé que así la figura tiene un valor”, continúa. A la técnica 3D recurrió solamente para confeccionar una bruja.
La gente llega al artista a través de las redes sociales o del boca en boca. Difíciles de exponer, no se difunden por medio de muestras. De hacerlo, “cada persona querría girar el mecanismo. Y la manija con la que se mueve el autómata tiene un único sentido, se mueve para un solo lado”, explica. En las exposiciones que se observan en Europa, los autómatas se encuentran en cajas de acrílico y cuentan con un motorcito que está debajo de la mesa. “Funcionan, adentro de un cubo de acrílico, y uno ve cómo se mueven, pero sin tocarlos. Los autómatas suelen ser delicados”, detalla.
¿El origen de los autómatas? Surgieron en 1750, en Praga. “Entonces había una gran diferencia entre la clase alta y la clase trabajadora. Esta última estaba muy embrutecida y empobrecida. Y la clase alta, todo lo contrario”, describe. Encontraron una forma de distracción que convocaba a la gente a las plazas centrales de las capitales –en este caso, de Praga–, donde se ubicaba una torre con un reloj enorme. La gente se encontraba allí, a determinada hora. “Cuando sonaban las cinco aparecían los autómatas: bufones que tocaban la campana o el rey y la reina que salían del interior. También lo hacía el gallo, que cantaba”, detalla. Estos primeros autómatas atrajeron a un numeroso público. Entonces, los duques y los archiduques se hicieron sus propios mecanismos. Eran retablos que incluían la representación de la ciudad. Allí estaban ellos, “los duques y archiduques, arriba, mirando, y abajo la gente, haciendo los trabajos de esa época. Todo era movido, por ejemplo, por una corriente de agua que pasaba por debajo de ese retablo”. Esto luego se perfeccionó en Suiza y el mecanismo se trasladó a los relojes. “Empezaron a hacer pequeños autómatas en relojes, con pajaritos que cantaban a determinada hora, por ejemplo. Así se empezó a divulgar lo que al principio fue de entretenimiento. Después pasó a ser un arte más. Los más grandes representantes del automatismo están en Gran Bretaña y en Europa del Norte”, cuenta Ciocco.

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A miles de kilómetros y con un océano de distancia, los autómatas llegaron a él de casualidad. “Siempre fui artesano, me gustaron las herramientas, los trabajos manuales. Me gustan mucho los desafíos”. En la pandemia, el serigrafista quería sumar otra actividad artística como entretenimiento. “Descubrí en Youtube una mariposita movida por un broche de ropa. El movimiento del broche hacía que se movieran las alas”, señala. Entonces la reprodujo con las herramientas elementales que tenía. Una vez lista, la colgó en las redes y, si bien era muy elemental, les gustó a sus seguidores. “Eso me alentó a seguir haciendo otras cosas un poquito más sofisticadas”, confiesa. Maestro de artes plásticas, a Gustavo Ciocco le gusta dibujar y pintar. Como esto tiene mucho de mecánica, fue aprendiendo sobre la marcha. En sus inicios se concentró en copias de trabajos ajenos. Ya con más confianza, se volcó a la elaboración de sus propias creaciones, con su estilo propio.

Cada modelo lleva entre 20 y 30 días de trabajo. “Me divierte después editarlos, ponerles música o sonido, para las redes. Eso les da un valor agregado importantísimo. Para mí, la música ayuda mucho”. Una de las claves del objeto es que se vea el mecanismo responsable del movimiento. Fascinado con el mundo que se le abrió, Gustavo Ciocco solo lamenta no haber empezado antes. “Mi idea es seguir creciendo y acercándome a la gente para que sepa que existe esto, que es una cosa rara”, reconoce.ß

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