A 20 años del secuestro de Axel BlumbergLos desesperantes minutos finales del joven que no logró escapar de sus captores
Texto de Gabriel Di Nicola
Sintió que era la última oportunidad para salvar su vida, que se había convertido en una pesadilla cinco días atrás, tras ser capturado por una banda de secuestradores a pocos metros de la casa de su novia, Estefanía Garay, en Martínez. Estaba dentro del baúl de un Fiat Uno. Era la 1.30 del martes 23 de marzo de 2004 y Axel Blumberg estaba convencido de que sus captores, después de que se frustrara el pago del rescate, lo iban a matar. Decidió escapar. Lo intentó. Corrió. “¡Socorro!” “¡Auxilio!” “Ayúdenme, por favor!”, llegó a gritar, a suplicar, después de saltar tres alambrados y de golpear una ventana de una casa vecina. Pero no pudo ir muy lejos. “Se escapa el gato, se escapa el gato”, advirtió uno de los captores que estaba en la precaria casa del barrio Santa Paula, en Trujui, en el partido bonaerense de Moreno, donde el joven estudiante de ingeniería pasó su cautiverio.
Axel tenía 23 años cuando lo raptaron en Martínez, cerca de la casa de su noviaLos delincuentes salieron tras él. José Díaz, alias el Negro, fue el más rápido. Además de correr, disparó el arma de fuego que llegó a agarrar cuando escuchó el aviso de que el muchacho, de 23 años, se había escapado. Diego Peralta, conocido por sus apodos de El Oso o El Gordo -y sindicado jefe de la banda-, se subió al Fiat Uno y dio una vuelta manzana. El joven, finalmente, fue recapturado en Einstein y Canadá por tres de los delincuentes. No pudo correr más de 100 metros. Le pegaron trompadas y lo golpearon con la culata del arma que llevaba Díaz. Su final estaba cerca. Poco después, lo iban a ejecutar a sangre fría de un balazo en la cabeza en un descampado en Santa Teresa de Jesús y Álvarez de Arenales, en La Reja, en Moreno.
En la tarde del 23 de marzo de 2004, el homicidio de Axel Damián Blumberg pasaba a convertirse en la noticia excluyente de la Argentina. Nueve días después, su padre, Juan Carlos Blumberg, iba a convocar a más de 100.000 personas en la plaza del Congreso en una manifestación pacífica para exigir a los diputados y senadores leyes más duras para combatir la inseguridad. La mayor parte de su petitorio fue aprobado en tiempo récord. Después, sufriría frenos en la Justicia. “Axel es el hijo de todos ustedes, porque ustedes se lo merecen. Axel me está iluminando para exigir cosas que necesitamos para esta sociedad”, exclamó Blumberg ante una multitud en un año marcado por los secuestros extorsivos en la Argentina, luego de la salida de la crisis de 2001. Al cumplirse 20 años del secuestro y homicidio que conmovió al país, tres de los secuestradores continúan presos: El Oso Peralta, que ahora tiene 42 años y cumple la pena de reclusión perpetua en la Unidad VI del Servicio Penitenciario Federal (SPF), en Rawson, Chubut; el Negro Díaz, de 43, que está alojado en la Unidad Regional del Norte, la Unidad VII del SPF, situada en Resistencia, Chaco, y su hermano Carlos Díaz, de 37, preso en Ezeiza y que el año próximo cumplirá los 21 años de pena impuesta por la Justicia. Sergio Miño y Mauro Maidana, quienes en el momento del crimen tenían 16 años y fueron condenados a 14 y 10 años de cárcel respectivamente, “cumplieron en prisión la totalidad de la pena, es decir, salieron en libertad por su agotamiento”, explicaron a LA NACION fuentes del Tribunal Oral en lo Federal (TOF) N° 2 de San Martín, que en 2006 estuvo a cargo del juicio oral y público por el secuestro y homicidio de Axel. En total hubo 12 condenados. Según la sentencia firmada por los jueces Daniel Cisneros, Luis Nieves y Víctor Bianco, a Axel lo secuestraron el 17 de marzo de 2004 a las 22.30 en Dorrego al 1500, en Martínez. Esa noche, el joven estudiante del Instituto Tecnológico Buenos Aires (ITBA) y su novia tenían planes para ir al cine. El muchacho fue capturado después de estacionar y poner el trabavolante en el Renault Clío verde que conducía. Fue un secuestro al voleo. La banda liderada por Peralta salía a la caza y elegía a sus víctimas al azar. “Según se desprende de los distintos relatos de familiares y allegados al joven, se notó la desaparición de Axel cuando, tras la ausencia prolongada sin que apareciera en la casa de su novia, su vehículo fue encontrado estacionado en la vía pública con las puertas abiertas”, se describió en los fundamentos de la sentencia, a los que tuvo acceso LA NACION.
El rescate A la mañana siguiente, los captores comenzaron con las llamadas extorsivas para exigir el pago del rescate para liberar a la víctima, al “gato”, como le decían ellos. La primera exigencia fue de 50.000 pesos, unos 17.500 dólares, según la cotización oficial de marzo de 2004. Juan Carlos Blumberg recuerda cada detalle de aquellas horas de angustia extrema. "Nunca olvidaré los cinco días que pasé cuando lo tenían secuestrado y el momento en que lo vi en la morgue con un tiro en la cabeza. Era mi único hijo”, expresa Las llamadas extorsivas se hicieron desde dos teléfonos celulares que El Negro Díaz había comprado en un shopping de Moreno pocos días antes del secuestro de Axel, según se pudo reconstruir. El 21 de marzo de 2004, mientras tenían cautivo a Axel, la banda secuestró a Guillermo Ortiz de Rosas, ejecutivo de una empresa multinacional. También fue capturado en Martínez. En una primera llamada extorsiva exigieron 60.000 pesos para liberar a la víctima. Es decir, los captores negociaban con dos familias en simultáneo. Mientras estuvo cautivo, Ortiz de Rosas fue atado de pies y de manos y lo hicieron sentar en un sillón de dos cuerpos. Tras la negociación, se acordó un pago de 82.000 pesos. Los captores hicieron ir al “pagador” a una estación de servicio de ruta 202 y Panamericana, en Don Torcuato. Finalmente, tras el pago del rescate, en horas de la madrugada del 22 de marzo de 2004, Ortiz de Rosas fue liberado en a la altura del kilómetro 12,5 de la ruta 25, en Villa Astolfi, en Pilar. Los secuestradores se quedaron con su automóvil, un VW Passat blindado. Con el paso de las horas, los delincuentes también acordaron el dinero del rescate con el padre de Axel, 14.500 pesos. A Juan Carlos Blumberg también lo hicieron ir a la estación de servicio situada en ruta 2002 y Panamericana. “Mientras los secuestradores se encontraban a bordo del vehículo VW Passat sustraído a Ortiz de Rosas y circulando por el Acceso Pilar, mantuvieron un enfrentamiento con personal de las distintas fuerzas de seguridad que justamente se encontraban patrullando la zona donde se realizaría el pago con el objeto de aprehender a los imputados”, consigna el expediente judicial. La entrega del dinero se frustró. En el auto de Ortiz de Rozas estaban El Oso Peralta, los hermanos Díaz y Miño. “El Gordo [por Peralta] se cagaba de risa porque el auto era blindado", diría poco después uno de los delincuentes en su declaración indagatoria. Tras escapar ilesos de las fuerzas de seguridad, los captores de Axel fueron hasta un descampado de Los Polvorines, en Malvinas Argentinas, y prendieron fuego el auto de Ortiz de Rosas. Después regresaron al barrio Santa Paula.
“¿Me van a matar?” Según el periodista Lucas Guagnini, una vez que llegaron a Moreno, los captores tomaron la decisión de liberar a Axel. Así lo consignó en su libro Blumberg, en el nombre del hijo. “Preparate”, le dijeron a la víctima cerca de la 1.30 del 23 de marzo de 2004. -¿Me van a matar?, preguntó Axel, que había recibido las peores amenazas durante su cautiverio. -No boludo, te vamos a soltar”, le respondió El Oso Peralta. Lo desataron y, todavía con los ojos vendados, lo subieron al baúl del Fiat Uno. Le pusieron su DNI en uno de los bolsillos del pantalón que llevaba puesto. Los captores se fueron a fumar marihuana. “Estaba convencido de que lo matarían. Se corrió la venda de la cara y decidió huir. Axel se bajó del auto y corrió. Corrió con todas las fuerzas que le quedaban después de cinco días de mala comida y pésimo trato. Corrió con la velocidad del miedo. Corrió con los pasos más largos que le permitían la oscuridad y el terreno desparejo. Pero tuvo mala suerte. Mientras fumaban el porro, Carlitos [por Carlos Díaz] se sentó en la puerta de la casilla mirando para afuera y lo vio no bien comenzaba la carrera. Gritó: ´Ahí se va el gato, se escapa el gato´”, escribió Guagnini. Los pedidos de auxilio de Axel fueron en vano. Nadie salió a ayudarlo. Tal vez los disparos que hizo el Negro Díaz intimidaron a los vecinos. Un hombre se animó a llamar a la comisaría, pero cortó cuando el policía que lo atendió le pidió que se identificara. Una vez que el joven fue recapturado, los hermanos Díaz y El Oso Peralta decidieron matarlo. Les había visto la cara y había identificado el lugar del cautiverio. Lo llevaron a un descampado situado en Santa Teresa de Jesús y Álvarez Arenales, en La Reja, y lo ejecutaron de un balazo en la cabeza. En los fundamentos de la sentencia, los jueces Cisneros, Nieves y Bianco entendieron que hubo "un intercambio de opiniones acerca del destino que correría el damnificado, deliberación de la que solo participaron Peralta y los hermanos Díaz quienes, de común acuerdo, decidieron ultimarlo para procurarse la impunidad". Según los jueces, "el brazo ejecutor" [de la muerte de Axel] fue José Díaz”. El cuerpo de Axel fue encontrado por una vecina, Cecilia Melián, que llamó a la policía. A ella, un cartonero le había avisado que había una persona muerta en el lugar. Melián declaró en el juicio que se hizo en 2006. Su relato hizo que la madre de la víctima, María Elena Usonis, tuviera que retirarse de la sala de audiencias. Se quebró del dolor. “Ahora sé lo que es estar muerta en vida, sin ilusiones y sin proyectos. Todo me da lo mismo”, expresó.
Pasaron 20 años, pero todavía Juan Carlos Blumberg conserva una rutina: todas las noches, cuando vuelve a su casa de Martínez, visita la habitación de su hijo."Le cuento lo que hice durante el día para ayudar a otra gente", confiesa, emocionado, “Nos destruyó. Pero soy fuerte y tengo la convicción de ayudar a otras personas desde la Fundación [Axel Blumberg Por la Vida de Nuestros Hijos]. Luchamos para cambiar y mejorar la realidad. Ya acompañamos a 1000 víctimas de delitos. La tragedia de Axel sirvió para mucho. Más de 5.000.000 con sus firmas nos acompañaron en el petitorio", indica. Sabe que el caso de su hijo marcó una bisagra en el país y que la deuda por la seguridad sigue pendiente.
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