El camino del Gobierno para eliminar las restricciones a la compra de dólares
El ministro Caputo evalúa alternativas para levantar el cepo, un objetivo que es clave para Milei y que en Economía planifican para el tercer trimestre
Pablo Fernández Blanco 
Agentes del mercado, economistas y una parte de la conducción nacional comenzaron a vislumbrar una ventana que le permitiría a Javier Milei dar uno de los grandes golpes de efecto en la primera parte de su gobierno. Se trata de la flexibilización del cepo cambiario, un mal que llevó al extremo la gestión de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner, pero que pesa sobre la economía desde la caída electoral de Mauricio Macri.
Hay una fecha que se destaca en la pizarra: el tercer trimestre de este año, aunque los primeros capítulos de esa historia comenzarán a difundirse antes. De hecho, ya están redactadas algunas de las normas necesarias para desarmar la arquitectura que pesa sobre la compra de dólares. Será un trabajo conjunto entre el Banco Central y la Comisión Nacional de Valores (CNV), que esperan la orden de Milei en coordinación con el ministro Luis Caputo.
La apertura del cepo es un ejercicio peligroso, que se hará con cuidado y cuando se cumplan determinadas condiciones. Es probable que la nueva fisonomía del control de cambios les permita a más pequeños ahorristas comprar una cantidad superior a los US$200 actuales. Pero no se espera una libre circulación total en un plazo muy corto, a menos que el contexto de los próximos meses sea incluso más favorable de lo que esperan la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda.
La duda anterior recorre los despachos públicos. Se puede salir del cepo de a poco, o todo junto. Si Caputo se inclina por la primera opción, un hombre casi desconocido para la vida pública económica adquirirá un rol importante. Se trata de Roberto Silva, un abogado que está al frente de la CNV, el organismo que regula al mercado de capitales. Continuará con la parte final de la herencia que recibió de su antecesor, Sebastián Negri.
Negri, uno de los brazos operativos de Sergio Massa para fortalecer el cepo, siguió en su silla en los primeros días del gobierno de Milei. Caputo le ordenó deshacer parte de su trabajo. El propio Negri redujo el tiempo de espera para comprar dólares a través de la Bolsa a un día y eliminó una declaración jurada que hacía engorroso el proceso de dolarización.
Silva continuó ese camino y lo profundizó. En el momento en que el ministro dé la orden, se modificarán distintas reglas que hoy pesan en la operación con dólares. Se sacará completamente el parking (el tiempo de espera para terminar una operación), se terminará con el límite para comprar y transferir hasta $200 millones diarios para los inversores extranjeros y ya no habrá que avisar con cinco días de antelación cada vez que los locales quieran comprar dólares por encima de esa cifra a través del mercado de capitales.
La eliminación de lo anterior está a tiro de una firma, al igual que mejoras en la operación de los fondos comunes de inversión (FCI).
El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, también hizo ya parte del trabajo. Liberó las transferencias en dólares entre cuentas en el país. No hay límites a la cantidad de transferencias recibidas en una misma cuenta (el año pasado se podía recibir solo una por mes) y se eliminó la restricción a las transferencias a cuentas inactivas por 180 días.
Más que eso, Bausili marcó un cambio de época para los entendidos en temas cambiarios. Desde su llegada, el Banco Central actualiza el denominado texto ordenado de Exterior y Cambios. Son casi 200 páginas de una prosa difícil de transitar que explica qué se puede hacer con el dólar en la Argentina.
El kirchnerismo lo usó como una especie de barrera paracambiaria. Sacaba resoluciones sobre el dólar casi todas las semanas, pero no las mostraba todas juntas. Eso hacía que quien quisiera hacer una operación debiera mirar comunicación por comunicación, un trabajo agotador. Cuando un banquero o su cliente no están seguros de hacer algo, eligen no hacerlo por el temor a infringir la ley penal cambiaria.
El texto ordenado no se renovaba desde abril de 2022. La gestión de Miguel Pesce lo actualizó un día antes del cambio de gobierno, pero Bausili ya lo volvió a actualizar en pocos meses. Para los entendidos, es una señal inequívoca del rumbo hacia la normalización.
Bausili y Caputo tienen que tomar decisiones complicadas en las próximas semanas. Es muy probable que la flexibilización del cepo sea hacia adelante. Una vez más, el pasado es un problema. ¿Cómo se resolverán los stocks que dejaron Fernández y Kirchner? Allí está el dinero de las empresas que quieren girar utilidades al exterior e importadores que no aceptaron hasta ahora las propuestas del Gobierno para facilitar su acceso a las divisas.
Es difícil estimar de cuánta plata se trata. Una cuenta imperfecta podría sugerir que un indicio de ese monto está en la cantidad de pases del Banco Central.
Son pesos emitidos y retirados porque nadie los quiere. Rondan los US$30.000 millones. Pero hay un universo de no residentes interesados en girar utilidades de los últimos años al exterior, por ejemplo. De acuerdo con la contabilidad oficial, la cifra ascendería a los US$60.000 millones. El temor es que ante una apertura total de las restricciones busquen una salida rápida hacia el dólar y generen un tsunami cambiario.
Esa lista de espera tendrá que alinear su impaciencia con las necesidades del organismo que maneja Bausili. El presidente del Banco Central podrá sacar las cuentas finas cuando terminen las colocaciones del Bopreal, el bono para calendarizar parte de la deuda comercial de los importadores. En ese momento se definirá si se avanza en la unificación del tipo de cambio.
Caputo tiene la presión de haber sido hasta ahora un buen alumno desde la mirada de quienes manejan el dólar y pueden provocar una devaluación. El hecho de que caiga la actividad económica, pierda peso el salario y languidezca el consumo contrasta con resultados favorables en otros números descarnados. Hay menos déficit presupuestario (incluso superávit), el Banco Central acumula reservas y dejó de financiar al Gobierno.
Los dueños del dinero confían en el ministro de Economía. Hay cifras documentadas que así lo acreditan. Las operaciones para comprar el denominado dólar futuro en diciembre de este año arrojan un precio de $1430. Es un valor que puede resultar elevado si se lo compara con los $848 de esta semana, pero sería una interpretación incorrecta.
El dólar a diciembre tiene hoy un precio que contempla un premio implícito del 86%, por debajo de la última corrección en la tasa de política monetaria que definió el Banco Central la semana pasada. Es una verdad reveladora: el mercado le cree a Caputo cuando dice que no va a devaluar. No solo eso. Le tiene cada vez más confianza, algo que se puede expresar también con cifras: el dólar futuro valía más en enero que ahora.
De hecho, el equipo económico vivió una semana primaveral. Bajó las tasas de interés, mostró un número de inflación alto, pero menor que el anterior, canjeó deuda y comunicó un resultado fiscal financiero positivo por segunda vez en tres meses. Caputo cree que las medidas que toma, rinden. Por eso le molesta que su palabra no tenga el mismo peso para todo el mundo. Al menos, así lo entienden quienes lo rodean.
Si bien el mundo financiero le creyó cuando dijo que no iba a devaluar, los fabricantes de productos de consumo masivo tienen más reparos con respecto a la baja anunciada de la inflación. Es el trasfondo de la pelea con ese sector. La expectativa del ministro es que en el jardín de las góndolas se sequen las promociones (los famosos 2x1) y florezcan los descuentos de hasta el 75%.
La dificultad para el gobierno de Javier Milei es que esa fortaleza cambiaria que parte de su equipo económico se puede convertir en una debilidad si no está a la altura de las expectativas que creó. El capítulo siguiente de un resurgimiento de la desconfianza es una corrida contra el peso.
Tanto Caputo como Bausili reconocieron en reuniones privadas en los últimos días que el objetivo es ir hacia una unificación cambiaria. En los papeles, esto implica que haya un solo valor para el dólar en el país y más reservas en el Banco Central. Hay cada vez más interlocutores con el equipo económico que no descartan una subsistencia edulcorada de los impuestos que hoy castigan a la compra de divisas para ciertos usos, como el ahorro o los pagos con tarjeta en el exterior.
La presión sobre el Gobierno llega también por el lado de la fábrica de dólares. El campo ha mostrado un sorprendente entrenamiento para pasar la crisis de la sequía con sobresaltos, pero menos estrés del esperado si se considera el tamaño del problema.
En julio próximo, los productores habrán cancelado los pagos de la mayor parte de sus obligaciones y sabrán realmente qué les queda. Cualquier expectativa de cambios en el valor futuro del dólar los estimulará a que se sienten sobre los granos.
Economía está apuntando con los dos ojos a ellos. De los US$15.000 millones que, según Milei, se necesitan para levantar el cepo, la mayor parte provendrá de ahí, dado que el resultado de la cosecha para este año se estima en más de US$30.000 millones. Solo se puede esperar, por encima de eso, una ayuda adicional del Fondo Monetario internacional, que está en discusión.
La apertura del cepo es una parte del proceso virtuoso que busca empujar el Gobierno. Junto al superávit fiscal, son las dos patas de una mesa sobre la que se apoyará la credibilidad de Javier Milei. A tal punto que, según Hacienda, acelerará el proceso de análisis de inversiones, el crecimiento, la baja de la inflación y hasta la reducción de impuestos.
La tercera pieza es la aprobación del paquete legislativo que impulsa Milei. Pese a los traspiés en el Congreso, su principal inspirador, Federico Sturzenegger, tiene cada vez más trabajo. incluso tiene una oficina en la Quinta de olivos -está cerca de su casa y no lidia con el tránsito- donde lo acompañan algunos colaboradores. Entre ellos, Lucas Llach.
La vieja conducción del Banco Central en la era de Mauricio Macri encontró allí un lugar acogedor para encontrar alternativas de desregulación de la economía. Está prohibido hablar de coyuntura macroeconómica para no pisar la vereda de Caputo.
El trabajo de ese equipo es una evidencia más de que la eliminación paulatina de las restricciones está atada, aunque el Presidente no quiera, a su capacidad de convencer a la política para que convalide su proyecto económico.
otra vez, los números hablan: el dólar futuro dejó de bajar cuando se retiró de Diputados el proyecto de ley ómnibus, por el que el Gobierno vuelve ahora a la carga. Y la deuda argentina abrió en caída el día después del rechazo al DNU en el Senado, esta semana.
Milei lo sabe. Responsabilizó a los “orkos” de la Cámara alta por el retroceso de los bonos. Es una conciencia incómoda. La apertura del acceso al dólar será con menos sobresaltos si la acompaña la casta
Luis Caputo evalúa si levantar el cepo en un solo movimiento o gradualmente
Es probable que la nueva fisonomía del control de cambios les permita a más pequeños ahorristas comprar una cantidad superior a los US$200. Pero no se espera una libre circulación total
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Jubilaciones, otra vez el punto crítico para la “Ley de bases”
Los funcionarios pretenden que la nueva ley ómnibus se vote a fines de abril; los bloques aliados transmitieron que es imperioso resolver antes la situación de la fórmula de los haberes
Agentes del mercado, economistas y una parte de la conducción nacional comenzaron a vislumbrar una ventana que le permitiría a Javier Milei dar uno de los grandes golpes de efecto en la primera parte de su gobierno. Se trata de la flexibilización del cepo cambiario, un mal que llevó al extremo la gestión de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner, pero que pesa sobre la economía desde la caída electoral de Mauricio Macri.
Hay una fecha que se destaca en la pizarra: el tercer trimestre de este año, aunque los primeros capítulos de esa historia comenzarán a difundirse antes. De hecho, ya están redactadas algunas de las normas necesarias para desarmar la arquitectura que pesa sobre la compra de dólares. Será un trabajo conjunto entre el Banco Central y la Comisión Nacional de Valores (CNV), que esperan la orden de Milei en coordinación con el ministro Luis Caputo.
La apertura del cepo es un ejercicio peligroso, que se hará con cuidado y cuando se cumplan determinadas condiciones. Es probable que la nueva fisonomía del control de cambios les permita a más pequeños ahorristas comprar una cantidad superior a los US$200 actuales. Pero no se espera una libre circulación total en un plazo muy corto, a menos que el contexto de los próximos meses sea incluso más favorable de lo que esperan la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda.
La duda anterior recorre los despachos públicos. Se puede salir del cepo de a poco, o todo junto. Si Caputo se inclina por la primera opción, un hombre casi desconocido para la vida pública económica adquirirá un rol importante. Se trata de Roberto Silva, un abogado que está al frente de la CNV, el organismo que regula al mercado de capitales. Continuará con la parte final de la herencia que recibió de su antecesor, Sebastián Negri.
Negri, uno de los brazos operativos de Sergio Massa para fortalecer el cepo, siguió en su silla en los primeros días del gobierno de Milei. Caputo le ordenó deshacer parte de su trabajo. El propio Negri redujo el tiempo de espera para comprar dólares a través de la Bolsa a un día y eliminó una declaración jurada que hacía engorroso el proceso de dolarización.
Silva continuó ese camino y lo profundizó. En el momento en que el ministro dé la orden, se modificarán distintas reglas que hoy pesan en la operación con dólares. Se sacará completamente el parking (el tiempo de espera para terminar una operación), se terminará con el límite para comprar y transferir hasta $200 millones diarios para los inversores extranjeros y ya no habrá que avisar con cinco días de antelación cada vez que los locales quieran comprar dólares por encima de esa cifra a través del mercado de capitales.
La eliminación de lo anterior está a tiro de una firma, al igual que mejoras en la operación de los fondos comunes de inversión (FCI).
El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, también hizo ya parte del trabajo. Liberó las transferencias en dólares entre cuentas en el país. No hay límites a la cantidad de transferencias recibidas en una misma cuenta (el año pasado se podía recibir solo una por mes) y se eliminó la restricción a las transferencias a cuentas inactivas por 180 días.
Más que eso, Bausili marcó un cambio de época para los entendidos en temas cambiarios. Desde su llegada, el Banco Central actualiza el denominado texto ordenado de Exterior y Cambios. Son casi 200 páginas de una prosa difícil de transitar que explica qué se puede hacer con el dólar en la Argentina.
El kirchnerismo lo usó como una especie de barrera paracambiaria. Sacaba resoluciones sobre el dólar casi todas las semanas, pero no las mostraba todas juntas. Eso hacía que quien quisiera hacer una operación debiera mirar comunicación por comunicación, un trabajo agotador. Cuando un banquero o su cliente no están seguros de hacer algo, eligen no hacerlo por el temor a infringir la ley penal cambiaria.
El texto ordenado no se renovaba desde abril de 2022. La gestión de Miguel Pesce lo actualizó un día antes del cambio de gobierno, pero Bausili ya lo volvió a actualizar en pocos meses. Para los entendidos, es una señal inequívoca del rumbo hacia la normalización.
Bausili y Caputo tienen que tomar decisiones complicadas en las próximas semanas. Es muy probable que la flexibilización del cepo sea hacia adelante. Una vez más, el pasado es un problema. ¿Cómo se resolverán los stocks que dejaron Fernández y Kirchner? Allí está el dinero de las empresas que quieren girar utilidades al exterior e importadores que no aceptaron hasta ahora las propuestas del Gobierno para facilitar su acceso a las divisas.
Es difícil estimar de cuánta plata se trata. Una cuenta imperfecta podría sugerir que un indicio de ese monto está en la cantidad de pases del Banco Central.
Son pesos emitidos y retirados porque nadie los quiere. Rondan los US$30.000 millones. Pero hay un universo de no residentes interesados en girar utilidades de los últimos años al exterior, por ejemplo. De acuerdo con la contabilidad oficial, la cifra ascendería a los US$60.000 millones. El temor es que ante una apertura total de las restricciones busquen una salida rápida hacia el dólar y generen un tsunami cambiario.
Esa lista de espera tendrá que alinear su impaciencia con las necesidades del organismo que maneja Bausili. El presidente del Banco Central podrá sacar las cuentas finas cuando terminen las colocaciones del Bopreal, el bono para calendarizar parte de la deuda comercial de los importadores. En ese momento se definirá si se avanza en la unificación del tipo de cambio.
Caputo tiene la presión de haber sido hasta ahora un buen alumno desde la mirada de quienes manejan el dólar y pueden provocar una devaluación. El hecho de que caiga la actividad económica, pierda peso el salario y languidezca el consumo contrasta con resultados favorables en otros números descarnados. Hay menos déficit presupuestario (incluso superávit), el Banco Central acumula reservas y dejó de financiar al Gobierno.
Los dueños del dinero confían en el ministro de Economía. Hay cifras documentadas que así lo acreditan. Las operaciones para comprar el denominado dólar futuro en diciembre de este año arrojan un precio de $1430. Es un valor que puede resultar elevado si se lo compara con los $848 de esta semana, pero sería una interpretación incorrecta.
El dólar a diciembre tiene hoy un precio que contempla un premio implícito del 86%, por debajo de la última corrección en la tasa de política monetaria que definió el Banco Central la semana pasada. Es una verdad reveladora: el mercado le cree a Caputo cuando dice que no va a devaluar. No solo eso. Le tiene cada vez más confianza, algo que se puede expresar también con cifras: el dólar futuro valía más en enero que ahora.
De hecho, el equipo económico vivió una semana primaveral. Bajó las tasas de interés, mostró un número de inflación alto, pero menor que el anterior, canjeó deuda y comunicó un resultado fiscal financiero positivo por segunda vez en tres meses. Caputo cree que las medidas que toma, rinden. Por eso le molesta que su palabra no tenga el mismo peso para todo el mundo. Al menos, así lo entienden quienes lo rodean.
Si bien el mundo financiero le creyó cuando dijo que no iba a devaluar, los fabricantes de productos de consumo masivo tienen más reparos con respecto a la baja anunciada de la inflación. Es el trasfondo de la pelea con ese sector. La expectativa del ministro es que en el jardín de las góndolas se sequen las promociones (los famosos 2x1) y florezcan los descuentos de hasta el 75%.
La dificultad para el gobierno de Javier Milei es que esa fortaleza cambiaria que parte de su equipo económico se puede convertir en una debilidad si no está a la altura de las expectativas que creó. El capítulo siguiente de un resurgimiento de la desconfianza es una corrida contra el peso.
Tanto Caputo como Bausili reconocieron en reuniones privadas en los últimos días que el objetivo es ir hacia una unificación cambiaria. En los papeles, esto implica que haya un solo valor para el dólar en el país y más reservas en el Banco Central. Hay cada vez más interlocutores con el equipo económico que no descartan una subsistencia edulcorada de los impuestos que hoy castigan a la compra de divisas para ciertos usos, como el ahorro o los pagos con tarjeta en el exterior.
La presión sobre el Gobierno llega también por el lado de la fábrica de dólares. El campo ha mostrado un sorprendente entrenamiento para pasar la crisis de la sequía con sobresaltos, pero menos estrés del esperado si se considera el tamaño del problema.
En julio próximo, los productores habrán cancelado los pagos de la mayor parte de sus obligaciones y sabrán realmente qué les queda. Cualquier expectativa de cambios en el valor futuro del dólar los estimulará a que se sienten sobre los granos.
Economía está apuntando con los dos ojos a ellos. De los US$15.000 millones que, según Milei, se necesitan para levantar el cepo, la mayor parte provendrá de ahí, dado que el resultado de la cosecha para este año se estima en más de US$30.000 millones. Solo se puede esperar, por encima de eso, una ayuda adicional del Fondo Monetario internacional, que está en discusión.
La apertura del cepo es una parte del proceso virtuoso que busca empujar el Gobierno. Junto al superávit fiscal, son las dos patas de una mesa sobre la que se apoyará la credibilidad de Javier Milei. A tal punto que, según Hacienda, acelerará el proceso de análisis de inversiones, el crecimiento, la baja de la inflación y hasta la reducción de impuestos.
La tercera pieza es la aprobación del paquete legislativo que impulsa Milei. Pese a los traspiés en el Congreso, su principal inspirador, Federico Sturzenegger, tiene cada vez más trabajo. incluso tiene una oficina en la Quinta de olivos -está cerca de su casa y no lidia con el tránsito- donde lo acompañan algunos colaboradores. Entre ellos, Lucas Llach.
La vieja conducción del Banco Central en la era de Mauricio Macri encontró allí un lugar acogedor para encontrar alternativas de desregulación de la economía. Está prohibido hablar de coyuntura macroeconómica para no pisar la vereda de Caputo.
El trabajo de ese equipo es una evidencia más de que la eliminación paulatina de las restricciones está atada, aunque el Presidente no quiera, a su capacidad de convencer a la política para que convalide su proyecto económico.
otra vez, los números hablan: el dólar futuro dejó de bajar cuando se retiró de Diputados el proyecto de ley ómnibus, por el que el Gobierno vuelve ahora a la carga. Y la deuda argentina abrió en caída el día después del rechazo al DNU en el Senado, esta semana.
Milei lo sabe. Responsabilizó a los “orkos” de la Cámara alta por el retroceso de los bonos. Es una conciencia incómoda. La apertura del acceso al dólar será con menos sobresaltos si la acompaña la casta
Luis Caputo evalúa si levantar el cepo en un solo movimiento o gradualmente
Es probable que la nueva fisonomía del control de cambios les permita a más pequeños ahorristas comprar una cantidad superior a los US$200. Pero no se espera una libre circulación total
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Jubilaciones, otra vez el punto crítico para la “Ley de bases”
Los funcionarios pretenden que la nueva ley ómnibus se vote a fines de abril; los bloques aliados transmitieron que es imperioso resolver antes la situación de la fórmula de los haberes
Maia Jastreblansky
En la semana en la que el Gobierno retomó el vínculo con los sectores dialoguistas para avanzar con la nueva versión de la “Ley de bases”, surgió el mismo foco de fricción que en el primer intento fallido: la actualización de las jubilaciones. En la Casa Rosada intentan dilatarla para licuar los meses de mayor inflación, pero la oposición los intimó a un rápido tratamiento.
El Gobierno quiere manejar los tiempos de toda la política de acá al eventual Pacto de Mayo, previsto para el día de la patria en Córdoba si no se quiebra antes la atmósfera de acuerdos. Los diputados de Pro y de la UCR que el viernes estuvieron en la Casa Rosada se fueron con esa impresión. Los funcionarios y colaboradores de Javier Milei hicieron saber ese día que pretenden que la nueva “Ley de bases” se vote “a mediados o fines de abril”, si bien su tratamiento en comisiones podría arrancar antes, eventualmente cerca de Semana Santa.
Tanto en la reunión con Pro como en la que mantuvieron con el radicalismo, los funcionarios de Milei escucharon la misma advertencia: que es imperioso cambiar cuanto antes la fórmula previsional, luego de la fuerte pérdida del poder adquisitivo que tuvieron los haberes jubilatorios en los primeros dos meses del año. Los diputados les dijeron que la sesión impulsada la semana que pasó por Hacemos Coalición Federal fracasó por falta de quórum, pero que hay demasiada presión en la Cámara baja por este tema. Resistir un mes más, resultará difícil para el Gobierno.
“Si este es el pronóstico de tratamiento de la ‘Ley de bases’ que ustedes tienen, nos parece muy lejano para la cuestión previsional”, les dijo a los funcionarios uno de los diputados radicales. Los legisladores de Pro hicieron un comentario similar. Los escuchaban el ministro del Interior, Guillermo Francos; su segundo, Lisandro Catalán; el vicejefe de Gabinete, José Rolandi; y el asesor y estratega del Presidente, Santiago Caputo.
Los funcionarios tomaron nota. En el borrador de la nueva “Ley de bases”, el Gobierno propuso una fórmula jubilatoria que indexe por inflación a partir de abril con una compensación adicional del 10% por la inflación de enero. Los bloques dialoguistas de Diputados exigen una compensación mayor, que contemple enteramente lo que los jubilados y pensionados perdieron por la inflación de enero, que fue de 20,6%. Fuentes de la Casa Rosada dijeron que no quieren ceder terreno con esos números, que cuida celosamente Luis Caputo por el peso que tienen las jubilaciones en la ecuación fiscal.
Ayer, Milei enfatizó en Radio Mitre: “Con la fórmula actual los diputados pierden 2 puntos del PBI y con esta corrección (que propone el Gobierno) ganan un punto y medio. Esto tiene que estar en línea con respetar el déficit cero”.
Según pudo reconstruir la nacion, ante la presión que hay en el Congreso, una idea que flotó en la Casa Rosada es la de despegar el capítulo de la fórmula jubilatoria de la “Ley de bases” y anticiparlo vía DNU.
En principio, el lunes Francos, Rolandi, Catalán y Caputo continuarán la ronda de consultas para intentar atar los acuerdos políticos antes de remitir la “Ley de bases” a la Cámara baja. Recibirán a diputados del bloque Hacemos Coalición Federal, una bancada “amigable” que sin embargo busca imponer agenda propia. Fue citado Miguel Pichetto, que irá a su vez con un grupo de legisladores.
Por otro lado, se espera que en los próximos días el equipo de Luis Caputo convoque a los responsables de las carteras económicas de las provincias para negociar el paquete fiscal, que tiene como componente más discutido la reposición de la cuarta categoría del Impuesto a las ganancias con una base no imponible de $1.100.000. Esa propuesta haría que 1,5 millones de personas pasen a pagar el gravamen que pesa sobre el salario. Allí ya hay una discusión abierta con los mandatarios patagónicos, que rechazan la propuesta por el impacto que tiene el impuesto en sus poblaciones.
Tensa calma
A diferencia de enero, cuando no se ataron los acuerdos políticos antes de que la ley ómnibus llegara al recinto, esta vez el Gobierno pretende buscar el número de antemano, tanto con los bloques potencialmente aliados como con los gobernadores, con quienes tiene que discutir el paquete fiscal.
La intención del Gobierno de ir manejando los tiempos de la discusión parlamentaria obedece a la necesidad que tiene Milei de controlar la agenda pública en lo que, prevén en la Casa Rosada, serán los peores meses para los bolsillos y en términos de caída de la actividad. “Pasar el otoño”, sintetizó un diputado que estuvo en la Casa Rosada. Otro legislador apuntó: “No quieren que tratemos nada antes de la Ley de bases, pero no es tan fácil”.
El debate de la nueva ley ómnibus –más acotada que la primera, ya que redujo a un tercio los 600 artículos originales– quedó engarzado a la supervivencia del decreto de necesidad y urgencia (DNU) 70/2023, que tuvo un revés en el Senado en esta semana y que puede caer definitivamente si también es rechazado en Diputados.
Si las negociaciones por la letra chica de la “Ley de bases” se complican, en la Cámara baja se podría crear un clima propicio para un rechazo del megadecreto. Tal como contó este medio, en Diputados no hay una mayoría para rechazar el DNU, pero los números no están holgados para el oficialismo. En el Senado, a los votos negativos del peronismo se sumaron los rechazos de los senadores patagónicos. “Ahora esas provincias tienen la espada de Damocles para negociar lo fiscal”, admitió un colaborador de Casa Rosada.
Los bloques amigables le propusieron al Gobierno que convierta el megadecreto en leyes “espejo”. En particular, el apartado de la reforma laboral que hoy está frenado por la Justicia, pero que tiene buena aceptación entre los bloques.
“Francos está haciendo un trabajo excepcional y creemos que prontamente vamos a poder llegar a un acuerdo y reenviar una nueva versión de la Ley de bases”, dijo Milei ayer, optimista. Aunque también advirtió: “Si se comportan como con el DNU, el Pacto de Mayo está lejos. Si se comportan de otra manera y recapacitan, va a haber más chances”. Está claro que, si las negociaciones se empantanan, el Presidente también puede patear el tablero como hizo la primera vez.
Milei: “les pido confianza y paciencia
Javier Milei ayer reconoció que “es cierto” que en las encuestas “el 70% de la gente dice que está peor”, pero consideró que las expectativas de una mejora aumentaron fuertemente en sus casi cien días de gestión. “Cuando asumimos la Presidencia, la expectativa llegaba al 20%”, detalló el Presidente y aseguró que esos números se fueron incrementando con el paso de los meses. “La mayoría de los argentinos ve una luz al final en el camino. La palabra que más ven los argentinos es esperanza”, aseguró. “Les pido confianza y paciencia”, resaltó, en una extensa entrevista con Radio Mitre.
El jefe de Estado se mostró entusiasmado porque, según dijo,: “están aumentando los depósitos en dólares dentro del sistema”. Y advirtió: “Pero la solución no es mágica, venimos de 100 años de decadencia.de desastre en materia económica. Soy economista, no soy mago. No se me dio el milagro de la multiplicación de los panes, soy un mortal”.
Milei anticipó que buscará fondos para poder salir del cepo cambiario. “Puede ser parte de una negociación que incluya al FMI, a otros países y a fondos comunes de inversión del extranjero”, detalló. “Estamos trabajando en eso, cuanto más rápido lo consigamos, más rápido levantamos el cepo. Sino, tenemos que seguir trabajando en el saneamiento del Banco Central”, dijo. Señaló, no obstante, que la salida del cepo no tiene garantías hoy. “No lo hacemos porque no es cien por ciento seguro”, advirtió.
En la semana en la que el Gobierno retomó el vínculo con los sectores dialoguistas para avanzar con la nueva versión de la “Ley de bases”, surgió el mismo foco de fricción que en el primer intento fallido: la actualización de las jubilaciones. En la Casa Rosada intentan dilatarla para licuar los meses de mayor inflación, pero la oposición los intimó a un rápido tratamiento.
El Gobierno quiere manejar los tiempos de toda la política de acá al eventual Pacto de Mayo, previsto para el día de la patria en Córdoba si no se quiebra antes la atmósfera de acuerdos. Los diputados de Pro y de la UCR que el viernes estuvieron en la Casa Rosada se fueron con esa impresión. Los funcionarios y colaboradores de Javier Milei hicieron saber ese día que pretenden que la nueva “Ley de bases” se vote “a mediados o fines de abril”, si bien su tratamiento en comisiones podría arrancar antes, eventualmente cerca de Semana Santa.
Tanto en la reunión con Pro como en la que mantuvieron con el radicalismo, los funcionarios de Milei escucharon la misma advertencia: que es imperioso cambiar cuanto antes la fórmula previsional, luego de la fuerte pérdida del poder adquisitivo que tuvieron los haberes jubilatorios en los primeros dos meses del año. Los diputados les dijeron que la sesión impulsada la semana que pasó por Hacemos Coalición Federal fracasó por falta de quórum, pero que hay demasiada presión en la Cámara baja por este tema. Resistir un mes más, resultará difícil para el Gobierno.
“Si este es el pronóstico de tratamiento de la ‘Ley de bases’ que ustedes tienen, nos parece muy lejano para la cuestión previsional”, les dijo a los funcionarios uno de los diputados radicales. Los legisladores de Pro hicieron un comentario similar. Los escuchaban el ministro del Interior, Guillermo Francos; su segundo, Lisandro Catalán; el vicejefe de Gabinete, José Rolandi; y el asesor y estratega del Presidente, Santiago Caputo.
Los funcionarios tomaron nota. En el borrador de la nueva “Ley de bases”, el Gobierno propuso una fórmula jubilatoria que indexe por inflación a partir de abril con una compensación adicional del 10% por la inflación de enero. Los bloques dialoguistas de Diputados exigen una compensación mayor, que contemple enteramente lo que los jubilados y pensionados perdieron por la inflación de enero, que fue de 20,6%. Fuentes de la Casa Rosada dijeron que no quieren ceder terreno con esos números, que cuida celosamente Luis Caputo por el peso que tienen las jubilaciones en la ecuación fiscal.
Ayer, Milei enfatizó en Radio Mitre: “Con la fórmula actual los diputados pierden 2 puntos del PBI y con esta corrección (que propone el Gobierno) ganan un punto y medio. Esto tiene que estar en línea con respetar el déficit cero”.
Según pudo reconstruir la nacion, ante la presión que hay en el Congreso, una idea que flotó en la Casa Rosada es la de despegar el capítulo de la fórmula jubilatoria de la “Ley de bases” y anticiparlo vía DNU.
En principio, el lunes Francos, Rolandi, Catalán y Caputo continuarán la ronda de consultas para intentar atar los acuerdos políticos antes de remitir la “Ley de bases” a la Cámara baja. Recibirán a diputados del bloque Hacemos Coalición Federal, una bancada “amigable” que sin embargo busca imponer agenda propia. Fue citado Miguel Pichetto, que irá a su vez con un grupo de legisladores.
Por otro lado, se espera que en los próximos días el equipo de Luis Caputo convoque a los responsables de las carteras económicas de las provincias para negociar el paquete fiscal, que tiene como componente más discutido la reposición de la cuarta categoría del Impuesto a las ganancias con una base no imponible de $1.100.000. Esa propuesta haría que 1,5 millones de personas pasen a pagar el gravamen que pesa sobre el salario. Allí ya hay una discusión abierta con los mandatarios patagónicos, que rechazan la propuesta por el impacto que tiene el impuesto en sus poblaciones.
Tensa calma
A diferencia de enero, cuando no se ataron los acuerdos políticos antes de que la ley ómnibus llegara al recinto, esta vez el Gobierno pretende buscar el número de antemano, tanto con los bloques potencialmente aliados como con los gobernadores, con quienes tiene que discutir el paquete fiscal.
La intención del Gobierno de ir manejando los tiempos de la discusión parlamentaria obedece a la necesidad que tiene Milei de controlar la agenda pública en lo que, prevén en la Casa Rosada, serán los peores meses para los bolsillos y en términos de caída de la actividad. “Pasar el otoño”, sintetizó un diputado que estuvo en la Casa Rosada. Otro legislador apuntó: “No quieren que tratemos nada antes de la Ley de bases, pero no es tan fácil”.
El debate de la nueva ley ómnibus –más acotada que la primera, ya que redujo a un tercio los 600 artículos originales– quedó engarzado a la supervivencia del decreto de necesidad y urgencia (DNU) 70/2023, que tuvo un revés en el Senado en esta semana y que puede caer definitivamente si también es rechazado en Diputados.
Si las negociaciones por la letra chica de la “Ley de bases” se complican, en la Cámara baja se podría crear un clima propicio para un rechazo del megadecreto. Tal como contó este medio, en Diputados no hay una mayoría para rechazar el DNU, pero los números no están holgados para el oficialismo. En el Senado, a los votos negativos del peronismo se sumaron los rechazos de los senadores patagónicos. “Ahora esas provincias tienen la espada de Damocles para negociar lo fiscal”, admitió un colaborador de Casa Rosada.
Los bloques amigables le propusieron al Gobierno que convierta el megadecreto en leyes “espejo”. En particular, el apartado de la reforma laboral que hoy está frenado por la Justicia, pero que tiene buena aceptación entre los bloques.
“Francos está haciendo un trabajo excepcional y creemos que prontamente vamos a poder llegar a un acuerdo y reenviar una nueva versión de la Ley de bases”, dijo Milei ayer, optimista. Aunque también advirtió: “Si se comportan como con el DNU, el Pacto de Mayo está lejos. Si se comportan de otra manera y recapacitan, va a haber más chances”. Está claro que, si las negociaciones se empantanan, el Presidente también puede patear el tablero como hizo la primera vez.
Milei: “les pido confianza y paciencia
Javier Milei ayer reconoció que “es cierto” que en las encuestas “el 70% de la gente dice que está peor”, pero consideró que las expectativas de una mejora aumentaron fuertemente en sus casi cien días de gestión. “Cuando asumimos la Presidencia, la expectativa llegaba al 20%”, detalló el Presidente y aseguró que esos números se fueron incrementando con el paso de los meses. “La mayoría de los argentinos ve una luz al final en el camino. La palabra que más ven los argentinos es esperanza”, aseguró. “Les pido confianza y paciencia”, resaltó, en una extensa entrevista con Radio Mitre.
El jefe de Estado se mostró entusiasmado porque, según dijo,: “están aumentando los depósitos en dólares dentro del sistema”. Y advirtió: “Pero la solución no es mágica, venimos de 100 años de decadencia.de desastre en materia económica. Soy economista, no soy mago. No se me dio el milagro de la multiplicación de los panes, soy un mortal”.
Milei anticipó que buscará fondos para poder salir del cepo cambiario. “Puede ser parte de una negociación que incluya al FMI, a otros países y a fondos comunes de inversión del extranjero”, detalló. “Estamos trabajando en eso, cuanto más rápido lo consigamos, más rápido levantamos el cepo. Sino, tenemos que seguir trabajando en el saneamiento del Banco Central”, dijo. Señaló, no obstante, que la salida del cepo no tiene garantías hoy. “No lo hacemos porque no es cien por ciento seguro”, advirtió.
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