Cómo será Pinta, la feria enfocada en lo latinoamericano
Más de 45 galerías de más de una docena de países de América y Europa participarán de la 18ª edición, en Coconut Grove
Más de 45 galerías de más de una docena de países de América y Europa participarán de la 18ª edición de Pinta Miami, desde el jueves hasta el domingo próximos en The Hangar, en Coconut Grove.
Curada por Irene Gelfman, la única feria dedicada exclusivamente al arte ibero y latinoamericano durante la semana del arte de Miami incluirá las secciones Next, en la cual quince artistas emergentes serán presentados por Giuliana Vidarte; Radar, a cargo de Angélica Arbelaez, que resaltará diálogos en la producción de artistas contemporáneos y la principal, que con una selección de obras de más de un centenar de artistas latinoamericanos. Además, el proyecto especial Painting the Beings of The Forest, curado por Vidarte y Gelfman, se centrará en artistas contemporáneos de la comunidad Shipibo-konibo de la Amazonia peruana.
El Foro reunirá las voces de más de veinte reconocidos expertos en arte latinoamericano contemporáneo: artistas, curadores, investigadores, coleccionistas y representantes de instituciones culturales. El programa contará con presentaciones de publicaciones y proyecciones de cortometrajes que establecen conexiones entre la creación contemporánea y las tecnologías ancestrales, así como mesas redondas sobre gestión, coleccionismo, mercado del arte y diseño de interiores. Entre los oradores convocados se cuentan Ella Fontanals-Cisneros, María Sancho-Arroyo, Rafael Torres, Bernardo Montoya, Sofía Culzoni, Kaitlyn Carter, Andre Paul Croteu, Pablo Rodríguez Fraile, Luky Cancio, Giuliana Vidarte y Thelma Lazo-Flores.
Con el apoyo de EFG Wealth Management, Pinta Miami forma parte de una plataforma líder para promover el arte latinoamericano. Impulsada por Diego Costa Peuser, incluye además las ferias Pinta BAphoto y Pinta Lima; la editorial Arte al Día, fundada en 1980, e iniciativas como las Semanas del Arte Pinta en distintos países de la región.
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Roberto Azaretto
“B usqué a los hombres que en la Corte Suprema fueran un contralor imparcial e insospechado de las demasías de los otros poderes del Estado y que, viniendo de la oposición, dieran a los conciudadanos la mayor seguridad de la amplia protección de sus derechos y la garantía de una absoluta y total independencia del alto tribunal… De hoy en adelante la propiedad particular, la seguridad individual, los derechos todos que la Constitución acuerda a los habitantes de la república, sin distinción alguna, colocados al abrigo de un poder moderador, estarán garantidos contra las invasiones a las que la exaltación de las pasiones políticas tan fácilmente pueden conducir a los poderes públicos induciéndolos a ultrapasar el límite de sus atribuciones respectivas”. Con esas palabras, Bartolomé Mitre explicó las designaciones que propició y el Senado aprobó para integrar la primera Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Asume Mitre la presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1862 y de inmediato inicia la formación del Poder Judicial de la república, obteniendo del Congreso a los pocos días la aprobación de la ley 27. El 14 de septiembre de 1863, el Congreso aprueba otras tres leyes que termina de organizar la Justicia Federal: la 48, sobre organización y competencia de los tribunales federales; la 49, sobre los delitos federales, y la 50, sobre los procedimientos ante los tribunales federales. Él solo contaba con unos 450 abogados, más de la mitad radicados en la provincia de Buenos Aires. Una parte de los abogados de las provincias no habían completado sus estudios, pero se les había otorgado licencia para ejercer esa profesión.
Esa carencia de abogados, junto a los problemas fiscales de la Confederación de las 13 provincias, impidió al presidente Urquiza poner en funciones a la Corte Suprema, a pesar de haber sido designada y organizar la Justicia Federal, que fue creada por la ley 182 sancionada en 1858 por el Congreso de Paraná. El miembro informante Diego de Alvear afirmaba “que la influencia benéfica del Poder Judicial en Norteamérica estaba fuera de discusión toda vez que se encontraba respaldada por setenta años eminentemente celoso de sus franquicias y el más conocedor de sus derechos entre los antiguos y modernos...”.
También la Comisión del Estado de Buenos Aires Examinadora de la Constitución Federal, que preparó los cambios que se incorporaron a la Constitución de 1853 en 1860, como consecuencia del Pacto de San José de Flores, expresamente reconoció su inspiración en la organización del Poder Judicial en Estados Unidos. Por eso, algunos tratadistas señalan que de las instituciones tomadas de la organización institucional del país del norte ninguna arraigó tanto en nuestro sistema institucional como la relacionada con la Justicia.
Mitre propuso para la Corte a Valentín Alsina, que no asumirá, para permanecer en el Senado. El primer presidente será Francisco de las Carreras, nacido en Buenos Aires, legislador, ministro en la provincia, constituyente en 1860. Agustín Delgado, mendocino, diputado en el Congreso que sancionó la Constitución de 1826 y la de 1853. Salvador María del Carril, sanjuanino, gobernador de San Juan en 1825, ministro de Rivadavia, vicepresidente de Urquiza; José Barros Pazos, nacido en Córdoba, tuvo que exiliarse en Chile durante el gobierno de Rosas, en el que fue obligado a vender su quinta de Palermo al gobernador. Después de Caseros integró el tribunal que juzgó en ausencia a Rosas, fue jefe del departamento de escuelas del Estado de Buenos Aires, rector de la UBA, constituyente en 1860. En junio de 1865 ingresa para completarla José Benjamín Gorostiaga, nacido en Santiago del Estero, cuya familia emigró con el retorno de Felipe Ibarra al gobierno de la provincia luego de la captura del general Paz. Quedó huérfano a los 10 años, por el asesinato de su padre cuando viajaban de Santiago a Buenos Aires. Constituyente en 1853, fue protagonista de la redacción de la Constitución. También participó en la Convención de 1860. Renunció en 1868 para ser ministro de Sarmiento y fue designado nuevamente en 1871. Gorostiaga influyó en la doctrina de la Corte en su rol de intérprete de la Constitución.
El gobierno del presidente Mitre, además de constituir la Corte Suprema, cumple con la ley 27 y organiza la justicia seccional o federal. Los fallos de los jueces federales eran apelados ante la Corte Suprema. Llama la atención que no se crearan cámaras de apelación cuando ya había iniciativas para establecerlas tanto en la Confederación como en el Estado de Buenos Aires. Probablemente la escasez de abogados con estudios universitarios haya influido en esa decisión. En la segunda presidencia del general Roca serán creadas en 1902, con la sanción de la ley 4055.
La formación de una Justicia Federal tiene consecuencias positivas en los conflictos civiles argentinos. Los sublevados con Felipe Varela en 1867 no fueron víctimas de degüellos, como era habitual en nuestras guerras civiles, sino que fueron procesados y condenados a diversas penas de prisión. Muestra la mejora de la calidad institucional entre el inicio de la presidencia de Mitre y su culminación, seis años después.
Al proponer a los integrantes de la Corte, Mitre aplicó los criterios que recomienda Jorge Vanossi: “El primer requisito o la principal condición para ser juez de la Corte Suprema es la conducta cívica; luego hace falta tener una gran probidad intelectual. Todo ello presupone el señorío antes que la profesionalidad, pues doctores hay muchos, pero señores son pocos…”.
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Sebreli, un argentino indomable
Jaime González Castaño
La hipérbole es un recurso frecuente, a veces inevitable, en un lugar que entierra particularmente bien como la Argentina. Sin embargo, resulta muy difícil abstraerse de la colosal pérdida que supuso para el país la muerte de Sebreli, acaso su pensador más importante del último medio siglo. Autor de una obra ingente, desconcertante y provocadora, a ratos visionaria; que tuve la suerte de conocer en mi juventud, porque sus libros podían encontrarse sin dificultad en Madrid. El asedio a la modernidad, Los deseos imaginarios del peronismo o Comediantes y mártires son piezas esenciales para comprender, si es que tal cosa es posible, la singularidad austral.
En 2022 yo vivía en Rosario y tuve la suerte de que mi amigo Marcelo Gioffré nos organizara un encuentro. Acababa de leer Desobediencia civil y libertad responsable, que me pareció un ensayo de una solidez apabullante, a contracorriente, marca de la casa. Siempre fui refractario a conocer a personas a las que admiro, porque el riesgo de decepción es enorme. Con Sebreli no pasó. Nos vimos un jueves de marzo en La Biela, sacarlo de allá era imposible. Yo andaba nervioso preparándome un parlamento sobre Kojève, el estructuralismo y qué sé yo para, si no impresionar al Maestro, al menos no matarlo de aburrimiento.
Uno suele preguntarse cuáles son los atributos del genio. Es seguro que cada uno de nosotros tiene su propia escala. En mi caso, por avatares de la vida y mi trabajo, he tenido la suerte de conocer a mucha gente muy interesante. Algunos me han causado una honda impresión. Dicho lo cual, genios (sacando a Paulo Futre) solo he conocido a dos: Juan José Sebreli y José Luis Garci.
Curiosamente, o quizá no tanto, ambos comparten una facultad sobresaliente: a pesar de su enorme prestigio profesional e intelectual, nunca perdieron la curiosidad.
Las veces que me junté con Sebreli en La Biela, que no fueron pocas después de aquel café fundacional, siempre, esto lo digo con cierto sonrojo, me tocó hablar a mí más que a él. Bajo ese aspecto vulnerable de profesor crepuscular, se escondían dos ojitos pequeños que querían saberlo todo, de las novedades políticas en España a la última película que había visto o lo que andaba leyendo; no había detalle que por nimio que pareciera considerara menor. Yo quería que me explicara su aversión al populismo, lo mala que era Silvina Ocampo o por qué cuarenta años de urbanismo y despersonalización habían herido de muerte a Buenos Aires. No hubo forma. En esto me recordó a Garci, que siempre me hace lo mismo: sólo pregunta.
Me enteré de su muerte en Teherán y la sentí profundamente. Su ausencia nos deja a muchos, en particular a su patria, un vacío inmenso. Como dice Dylan, la dignidad es siempre la primera en marcharse, y no es nada habitual ver a una misma persona aunar simultáneamente la rebeldía, la decencia y la brillantez intelectual.
Al final de Cinema Paradiso, el propietario del cine le da un consejo al oído al chico protagonista cuando está por abandonar el pueblo: “No cedas a la nostalgia”. No lo tengo ahora precisamente fácil para visitar la Argentina ni tampoco me gusta llevarle la contraria a Tornatore, pero en cuanto ponga un pie en Ezeiza voy a ir directo a Presidente Quintana frente al Gomero, sentarme en un costadito con la espalda pegada al ventanal y recordar que algunos de los mejores momentos de mi vida los pasé en ese lugar, trasegando un café espantoso, sentado a la mesa de un argentino indomable.
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