Las deportaciones masivas de Trump, ¿es un plan factible?
Andrés Oppenheimer
MIAMI.- El presidente electo Donald Trump dijo en su primera entrevista televisiva tras las elecciones que deportará a todos los que se encuentren ilegalmente en Estados Unidos, lo que sumaría más de 12 millones de personas. Pero recuerden mis palabras: eso no va a pasar. Hay razones prácticas, legales y económicas por las que Trump no podrá acercarse ni remotamente a deportar a todos los indocumentados. Sin embargo, es probable que continúe usando su incendiaria retórica antiinmigrante como arma política para mantener entusiasmada a su base en los próximos cuatro años.
Cuando le preguntaron en su entrevista con la cadena NBC si su plan es “deportar en los próximos cuatro años a todos los que están aquí ilegalmente”, Trump respondió: “Bueno, creo que hay que hacerlo”. Trump dijo que comenzará por deportar a los inmigrantes que tengan antecedentes penales. El encargado del control fronterizo designado por Trump, Tom Homan, afirmó que hay 1,5 millones de inmigrantes con antecedentes penales. Según datos oficiales de la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la cifra real es de 660.000. La mayoría de los expertos en inmigración dicen que Trump puede aumentar marginalmente el número de deportaciones, pero nunca llegar a expulsar a 12 millones o más.
Para poner las cifras en perspectiva, Trump deportó a 1,5 millones de inmigrantes durante sus cuatro años en la presidencia. Biden habrá deportado una cifra similar durante sus cuatro años en el poder, sin contar las expulsiones bajo la ya extinta orden conocida como título 42 para prevenir la propagación del Covid durante la pandemia. Andrew Selee, presidente del Instituto de Política Migratoria, me dijo: “Es probable que veamos un aumento de las deportaciones” bajo el gobierno de Trump. Sin embargo, agregó que ese aumento “puede ser de unos cientos de miles de personas, pero no millones”. En primer lugar, si el pasado es una indicación, hay que tomar con pinzas las promesas de campaña de Trump. El presidente electo comenzó su primera campaña presidencial de 2016 prometiendo que construiría un muro a lo largo de los 3200 kilómetros de frontera y que haría “que México pague por ese muro”. Pero no hizo ni una cosa ni la otra.
Trump solo construyó 5 kilómetros nuevos de muro fronterizo –el resto fue reparar estructuras existentes– y México nunca pagó un centavo por ellos, según el sitio de verificación de datos Politifact.
En segundo lugar, deportar a más de 12 millones de indocumentados sería increíblemente caro. Según un estudio del American Immigration Council, costaría al menos $315.000 millones, “y esa sería una estimación muy conservadora”. La cifra ni siquiera tiene en cuenta el costo de construir cárceles para más de 12 millones de potenciales deportados. Actualmente, las cárceles de EE.UU. alcanzan para albergar una población penal de 1,9 millones. En tercer lugar, deportar a todos los indocumentados causaría estragos en las industrias de la construcción, la agricultura y la gastronomía, que dependen en buena medida de trabajadores indocumentados. Si se los expulsara del país, los costos laborales subirían, y eso haría encarecer los precios de los alimentos y la vivienda, y aumentaría la inflación.
En cuarto lugar, habría enormes obstáculos legales para deportar a todos los indocumentados, porque la Constitución garantiza el debido proceso a todas las personas que viven en el país, incluidos los inmigrantes indocumentados. Esto significa que cada caso migratorio debe ser visto en los tribunales, lo que a veces puede llevar años. Por último, puede que cada vez más estadounidenses se den cuenta de que Trump miente cuando dice que hay una “invasión” de indocumentados: la hubo en 2022 y 2023, pero el flujo de indocumentados cayó un 60% en 2024, según las cifras oficiales.
Trump omite mencionar que su famosa “invasión” ya no existe. Y tampoco menciona los numerosos estudios que muestran que los inmigrantes indocumentados cometen menos crímenes que los ciudadanos estadounidenses. Lo más preocupante es que Trump, que ha dicho que los inmigrantes están “envenenando la sangre de nuestro país”, use a los indocumentados con fines políticos para mantener entusiasmada a su base. Me temo que eso, además de causar daño a la economía, contribuirá a aumentar el racismo.
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Libertad, igualdad y fraternidad
Bernardo Saravia Frías
Desde que Rousseau sentó las bases del contrato social en la tríada libertad, igualdad y fraternidad, los ordenamientos jurídicos occidentales tuvieron un marco de referencia idéntico e ineludible. Empezó en la revolución francesa, que lo convirtió en su lema, y de ahí fue el punto de apoyo de casi todas las constituciones liberales.
La libertad y la igualdad tomaron preponderancia: la mayoría de los principios constitucionales las tienen como fundamento. La fraternidad quedó rezagada, al menos en ese ámbito. Tal vez por su amplitud conceptual, tal vez por su falta de desarrollo teórico, dejó lo jurídico y empezó a gravitar como una idea algo utópica y poco clara.
Ha sido un error, y hoy está quedando más patente que nunca. En el derecho su origen remite a Roma, a una institución central, la fratría: era la base de una sociedad estado que refería a una tribu compuesta por familias que tenían un ancestro en común. En lenguaje llano, el origen de las sociedades, y también de los Estados. Su significado y sentido evolucionó a partir del filósofo Edmund Husserl y su discípula Edith Stein, quienes llevaron el concepto hasta lo que hoy se conoce como empatía.
Empatía es una definición ética: se trata de ponerse en el lugar del otro. Tan básico pero tan difícil, que para Ortega y Gasset representa la definición del ser liberal; la tolerancia, a partir de entender las necesidades del prójimo. Bien vista, la empatía es el principio que debería guiar el sano ejercicio del poder.
Con perspectiva histórica, hay períodos en los que ha predominado de modo silencioso, siendo condición de posibilidad de tiempos de estabilidad sin igual (después de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo). Otros, en los que dominó su fuerza opuesta, el resentimiento, ese motor de la historia tanto o más potente que la empatía, que nos llevó a momentos oscuros (previo a la Segunda Guerra Mundial).
El mundo está en uno de esos períodos poco luminosos. La Argentina también. Nadie profetiza momentos tan escabrosos, eso está claro. Lo que se quiere significar, es que la fuerza que predomina la política de nuestros tiempos es el resentimiento y no la empatía. Digamos
Libertad, igualdad y fraternidad son mucho más que principios
que la fraternidad no está de moda. Se ve en todo el accionar del poder, que irradia de a poco en la sociedad y empieza a imponer un modo que atenta contra el entramado del contrato social que debiera unirnos.
Desde la escasa consideración a funcionarios que son expulsados con pocas explicaciones, pasando por el desprecio a opositores y periodistas, y llegando al ajuste impiadoso a los jubilados y estudiantes. Es la versión remixada del “roban pero hacen”; qué importa, mientras canalicen el resentimiento social. El problema es, sin embargo, práctico: ese estilo tiene un límite, que enseñaba el gran Maquiavelo: firmeza contra los enemigos, pero sin crear animadversión innecesaria, que a la corta o a la larga termina debilitando al príncipe. La enkrateia griega, en definitiva, que es el autodominio que debe tener cualquier gobernante para poder cumplir con ecuanimidad su deber de líder.
Libertad, igualdad y fraternidad son mucho más que principios, son una tríada dialéctica. Son la base del ordenamiento jurídico y político occidental y del contrato social. Sin uno, no hay otro; sin uno, no termina habiendo nada. •
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Arte argentino al mundo
El arte argentino dijo presente desde el lujoso Centro de Convenciones de Miami Beach. La Semana del Arte, Art Basel Miami 2024, que finalizó el pasado 8 de diciembre, es la feria de arte más grande de Occidente y la más importante de Estados Unidos.
Cinco galerías argentinas encontraron allí una de sus mejores vidrieras: Ruth Benzacar, Rolf Art, Barro, Isla Flotante, Jorge Mara-La Ruche y la debutante Piedras. Unas 10 ferias satélites también concentraron presencia argentina.
No son las únicas que exhiben obras de destacados argentinos como Le Parc, Liliana Porter, Ana Tiscornia o Nina Surel. El tapiz “La familia en alegre verdor”, un textil bordado a mano de más de cuatro metros, obra de la dupla Chiachio & Giannone, se lució desde una privilegiada ubicación entre obras de muchos argentinos.
Uno de los sellos de Art Basel es el de unir al continente desde el arte. Personajes del mundo de las finanzas, advisors, coleccionistas y curadores se cruzaron bulliciosamente en los pasillos de un espacio altamente convocante, en el que los artistas argentinos podrían ganar espacio si no fuera tan complicado sacar sus obras del país.
Desde las carteras de Desregulales
y Transformación del Estado y de Cultura, se anunció semanas atrás la desregulación de la importación y exportación de obras de arte. El ministro Federico Sturzenegger aclaró que quedan excluidas las obras que constituyen patrimonio cultural de la Nación. Nuestros artistas podrán acceder al mercado internacional sin trabas, restricciones ni trámites engorrosos. Se amplían también los períodos de exportación e importación transitoria de uno a cinco años, lo cual facilita el manejo de obras destinadas a exposiciones y ferias, un largo reclamo de galeristas. Asimismo, se eliminó la certificación para la exportación emitida por el Estado para obras de artistas con más de 50 años de fallecidos que contemplaba una opción de preferencia para la compra tanto del Estado como de terceros residentes. Ni el Estado ni ningún privado ejerció dicha opción en los últimos 30 años, y el trámite demandaba 16 firmas. Desde el Gobierno destacan que importar una obra era equivalente a perder el derecho a venderla cuando nunca se sabía si el Estado ejercería su opción de compra y a qué precio.
A partir de la norma, legitimar la exportación de una obra solo requerirá completar un formulario en el aeropuerto, en cualquier horario, sin necesidad de trámites aduaneros.
Además, se suprime el comité otorgante de licencias de exportación
Por fuera de las adquisiciones de los privados, cada vez más museos del mundo cuentan con comités de adquisiciones de arte latinoamericano, una oportunidad que la burocracia local se ha encargado de entorpecer por años.
Todo aquello que favorezca la circulación de la obra de un artista argentino debe celebrarse. Necesitamos promover nuestro arte, apoyar a quienes hoy quedan excluidos de los mercados y las exhibiciones internacionales, incapaces de sortear las marañas administrativas impuestas. Los países serios incentivan la circulación del arte, promueven que sus artistas ganen nuevos mercados y lleguen también a las colecciones de los museos. Si Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, España e incluso Brasil, Chile y Uruguay, hubieran aplicado las normas que rigen en la Argentina, sus artistas viejos y nuevos no serían parte de las grandes colecciones públicas y privadas que nos apuramos a visitar cuando viajamos al extranjero. Las restricciones que aplican se reservan para obras excepcionales.
Celebramos los afanes desregulatorios que impactarán positivamente sobre los artistas locales que quieran salir al mundo.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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