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“Pensé que ya no iba a ser mamá”. Embarazadas +45: entre el deseo y las dificultades
Viviana Carminati (48) con Sol, de 6 meses
En los centros de fertilidad, el 47% de las consultas por tratamientos son de mujeres de más de 40 años: pros y contras de un proyecto que, la mayoría de las veces, debe luchar contra la biología
Violeta Gorodischer
Viviana Carminati es psicóloga, tiene 48 años y la energía de los 20. En plena organización de una mudanza,habla con arquitectos, gestiona cuestiones logísticas y se mueve por diversos lugares varias veces al día. Pero no lo hace sola: Sol, de 6 meses, es el “abrojito” que la acompaña a todos lados, obligándola a mechar siestas y pausas para amamantarla. En pareja con Daniel (55), Viviana asegura que vive su maternidad como “una bendición”. Aunque el camino, subraya “para evitar falsas expectativas”, no fue nada fácil.
Viviana forma parte del porcentaje de mujeres que, en la Argentina, tienen hijos a edades cada vez más avanzadas. El promedio etario de las madres primerizas fue en aumento: si en 2009 era de 26,9 años en CABA, en 2021 fue de 31,1, de acuerdo a la Dirección General de Estadísticas y Censos. En el Registro bonaerense, en tanto, quienes en 2020 tenían 40 años al ser madres eran el 1,47% y, en lo que va de 2023, ya alcanzaron el 1,64%.
“En los últimos años, el aumento de pacientes embarazadas de más de 40 años fue muy notorio”, asegura la doctora Lucía Vázquez, subjefa del Servicio de Obstetricia del Hospital Italiano. “Hubo un incremento de la edad materna al primer embarazo y una reducción en la cantidad de hijos por mujer. A nivel mundial, la prevalencia estimada de embarazadas mayores de 35 años es del 12.3%. Todo esto tiene que ver con un cambio de paradigma social en el cual las mujeres posponen su embarazo hacia etapas más tardías, lo cual claramente ha sido impulsado por el uso de tecnologías de reproducción asistida”, plantea la obstetra.
Sucede que, por paradójico que sea, el empoderamiento femenino no corre a la par de la biología. Esperar “el momento adecuado” para tener un hijo tiene un costo para el cuerpo y en ese choque, inevitable, aparecen las dificultades. De ahí que las maternidades tardías suelan llegar de la mano de técnicas de reproducción asistida de variada complejidad, según el caso. “El 47% de las consultas de primera vez son de mujeres de más de 40 años y, de ese porcentaje, un 25% son mayores de 43″, plantea el doctor Agustín Pasqualini, director de Halitus Instituto Médico y vicepresidente de Samer (Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva). “Hay un aumento de consultas por tratamientos de pacientes de más de 40 que buscan embarazos, tanto en pareja como en un proyecto monoparental. Siempre hubo una franja entre 40 y 45 años, pero hoy consultan también entre los 45 y los 50″.
Marcela Valdez, empleada administrativa, fue una de ellas. Hasta los 42 años y pese a haber estado en pareja desde los 39, no se había planteado la posibilidad de ser madre. “Nunca había sido un tema para mí, no me sentí jamás una Susanita”, dice. Sin embargo, el bichito empezó a picarle un día sin previo aviso, y se animó a comentarle a su ginecóloga la inquietud. “Empecé a fantasear con la idea, pero tenía muchos miedos: a hacerlo mal, a no poder, a no saber si valía la pena traer una vida a este mundo. Cuando sos más grande, tenés más conciencia”, reflexiona. La respuesta de su médica fue: “Si tenés la duda, no te lo pierdas”, y así fue como Marcela decidió, primero, buscar un embarazo junto a su pareja de manera espontánea, y tras dos años sin resultados, hacer una consulta a un centro de fertilidad donde pasó directo a una fertilización in vitro.
Marcela Vadez (48) con su hija Aruna, que hoy tiene un año y medio. Junto a su pareja, quedó embarazada a los 46, a partir de una fertilización in vitroHoy, ella tiene 47 y su hija, Aruna, un año y medio. “La decisión la tomamos en pareja, pero sin desesperarnos. Mi compañero me dijo: ‘Yo soy feliz con la vida que tenemos’, y a mí me pasaba lo mismo. No queríamos que esta búsqueda se llevara puesta la relación y eso ayudó en el proceso, que salió bárbaro: no tuve que pasar por el desgaste que viven muchas mujeres a lo largo de infinidad de tratamientos”, describe.
Marcela, durante el embarazo de ArunaLa experiencia de Viviana Carminati, por el contrario, estuvo llena de dolores, físicos y emocionales. “Yo perdí un embarazo gemelar a los 34 y luego buscamos durante muchos años, sin resultados, hasta que hice mi primer tratamiento de fertilidad a los 41. Fue muy duro, con procedimientos invasivos que no daban resultados”, describe. Esa fue la parte “más agria” de la experiencia, sumada a la tensión generada en la pareja. “En 2017, después de dos intentos fallidos, nos separamos”, relata Viviana.
Fue entonces cuando decidió que tendría un hijo sola. Contactó a un nuevo centro de fertilidad y planteó que quería convertirse en madre soltera con un donante anónimo. “¿Vos sos consciente de que no solo vas a tener que recurrir a un banco de esperma sino que también vas a necesitar que te donen óvulos?”, le preguntaron al hacerle los estudios. “Fue un balde de agua fría, un shock”, admite Viviana. “Al duelo de la separación se sumaba lo que se llama ‘duelo genético’: asumir que no podría ser madre a partir de mis propios óvulos. Fue mucho para afrontarlo sola, así que bajé la persiana. En ese momento, pensé que ya no iba a ser mamá”.
"No viví el desgaste que viven muchas mujeres que pasan por infinidad de tratamientos", dice Marcela (48)Eso, que ella describe como “un balde de agua fría”, es la barrera natural con la que chocan generalmente las mujeres que retrasan la maternidad. A diferencia de los hombres, el famoso “reloj biológico” del género femenino marca su propio ritmo, a contramano de los procesos personales. “Las mujeres nacemos con un número determinado de óvulos y a medida que crecemos, se van gastando y disminuyen su calidad”, explica Inés Viglierchio, especialista en Medicina Reproductiva y subdirectora de Ifer (Instituto de Ginecología y Fertilidad). “Al proceso de gasto folicular no hay nada que lo pueda detener. Sin ir más lejos, dentro de la Ley de Fertilización Asistida, la cobertura para las mujeres es hasta los 44 años: a partir de ahí, solo se cubren tratamientos con óvulos donados o criopreservados antes de los 35, porque la chance de lograr un embarazo con óvulos propios a los 44 años es muy baja”.
Detrás del fenómeno
En cuanto a las razones detrás del fenómeno, hay varias y juegan en diversos niveles. “Hay una sumatoria de factores, pero podríamos pensar, por un lado, que las maternidades tardías llegan por esperar el armado de una pareja, lo cual es bastante paradojal, en un momento en el cual se supone que la constitución de una ‘familia clásica’ no tiene tanto peso. Sin embargo, encontramos que esto sigue vigente. Con lo cual, muchas veces, hasta que no se constituye una relación con cierta estabilidad, la búsqueda de un hijo no se activa, y esto puede estar llegando a edades avanzadas –comenta María Agustina Capurro, psicóloga con orientación perinatal–. Por otro lado, hay mujeres que están en una segunda o tercera pareja, donde aparece el deseo de maternar en un segundo momento de la vida, incluso cuando ya hay hijos de relaciones anteriores. Y veo cada vez más casos de quienes quieren ser madres sin pareja, pero darle forma a ese deseo lleva tiempo. Son mujeres que esperan construir cierto andamiaje, una estabilidad económica y una red social, para llevar a cabo ese proyecto”.
Ese fue, justamente, el caso de Georgina M., una arquitecta de 47 años que tras dos separaciones y habiendo pasado los 40, decidió encarar un proyecto de familia monomarental, con el respaldo de su familia y una gran red de amigas que hoy se turnan para ayudarla a cuidar a Tiziano, el hijo de apenas un mes que nació gracias a un donante anónimo.
Magnolia Peña Cueva, por su parte, tiene 48 y transita un embarazo de 15 semanas en un segundo matrimonio. Su marido, Daniel (46), no tiene hijos, pero ella sí. Tres mujeres de 19, 26 y 28 años, que están “enloquecidas” con la noticia. “Estamos felices, mis hijas me dicen que me cuide mucho, fue un bebé tan buscado”, cuenta Magnolia. Aunque con Daniel estuvieron 15 años en pareja y habían decidido tener un hijo, el embarazo nunca llegó. Por eso hicieron una consulta apenas Magnolia pasó los 40, y ahí supieron que, por su nula reserva ovárica, el único camino sería la ovodonación. Quedó embarazada en un primer tratamiento, pero a las pocas semanas sufrió un aborto espontáneo. Tan decidida estaba, que volvió a intentarlo, esta vez, con resultado a favor. “Quería ser madre de nuevo, y sobre todo, que mi marido fuera papá”, dice Magnolia.
Magnolia Peña Cueva, emabrazada a los 48 gracias a una ovodonación, en su segundo matrimonio. Magnolia ya es madre de 3 hijas, de 19, 26 y 28 añosContra las falsas expectativas
Como en todo, existen también casos excepcionales. Cecilia D., dueña de una librería, puede dar fe. A los 45 años, con una hija de 12 y en su segundo matrimonio, quedó embarazada... de manera natural. “Confundí el atraso con un síntoma de menopausia –asegura–. A la semana me hice un test y dio positivo. Me acuerdo que desperté a mi marido y le dije que seguro era algo hormonal. A las 3 de la tarde, sola, lo repetí: positivo. ¡Tuve que hacerlo dos veces más!”
Cecilia dice que, aunque no había considerado embarazarse, tampoco había clausurado la idea de volver a ser madre: “Se hizo evidente por el terror que me daba perder el embarazo”, recuerda. “A mi otra hija le contamos en la semana 13, y a mi mamá, en la 22″. El embarazo de Lohana, que acaba de cumplir 3 años, transcurrió sin problemas, pero para Cecilia lo más difícil fue el maltrato que sintió por parte de muchos profesionales de la salud: desde llamarla “paciente geriátrica”, hasta no creerle que no hubiera hecho tratamientos. Un prejuicio contra las madres post 40 que se prolonga en varios niveles. “Los estereotipos ligados a la maternidad llevan a que algunas mujeres sean muy violentadas en las consultas. Se las trata de ‘añosas’, como si fueran descartables”, dice Natalia Liguori, psicóloga perinatal. “A nivel social, todavía circula cierta idea de ‘te acordaste tarde’, como un capricho o deseo egoísta. ¿Tarde en relación a qué? Podría pensarse en cierto desfasaje respecto a la edad de mayor fertilidad, pero eso también se relaciona con la falta de información. Hay mucho énfasis puesto en evitar embarazos no intencionales y muy poco en cómo preservar la fertilidad femenina”.
Cecilia quedó embarazada de Lohana a los 45, de forma natural. Su caso fue una excepción desde el punto de vista de los profesionales. "Confundí el atraso con un síntoma de menopausia", dice CeciliaViviana Carminati coincide: “Yo perdí el tiempo al no haber congelado mis óvulos, nadie me asesoró bien”.
Luego de la separación, agrega, comenzó un proceso introspectivo que incluyó un retiro y la decisión de “entregarle a Dios o a la vida” todo eso que era demasiado para ella. “Me saqué un peso y una presión que era mía, pero también social y familiar”, puntualiza. Y aunque durante dos años tanto ella como Daniel “hicieron la suya”, la llama volvió a encenderse en 2019 y decidieron darse otra oportunidad. Fue él, que ya tenía dos hijos de una relación previa, quien le propuso hacer un último intento. “Yo ya había bajado la persiana porque el costo emocional había sido muy alto –afirma Viviana–. Pero fue tal su insistencia, que acepté”. Así, con 44 años, llegó a un nuevo centro de fertilidad donde le hablaron directamente de ovodonación. Ante sus dudas, ambos recibieron otro tipo de contención y ahí les contaron de qué se trataba la epigenética: “Cuando el embrión formado a partir del óvulo donado y el esperma de mi marido entrara en contacto con mi útero, cuando se formara el cordón umbilical, con mi sangre, el líquido amniótico y todo lo que yo transmitiría al gestar a ese bebé, los genes irían transmutando”, describe Viviana que, tras esperar la aparición de una donante y con la pausa de la pandemia en el medio, se convirtió en madre de Sol a los 48.
Viviana, embarazada de Sol, junto a Daniel“Está buenísimo para las mujeres, en términos de autonomía e inserción laboral, que la ciencia ayude a lograr embarazos a una edad avanzada, pero tiene que haber una planificación –subraya Inés Viglierchio, del Ifer–. Esto no es gratuito: o bien hay un duelo genético, que es lo que implica recurrir a la ovodonación, o bien hay que guardar óvulos antes de los 35. Es importante que los profesionales ayudemos a concientizar, porque llegan mujeres a la consulta que vieron a las famosas diciendo que tuvieron hijos a los 48 o 50 años, sin saber que recurrieron a donación de óvulos. Y entonces vienen con esa fantasía de ‘si ella pudo, se puede’, cuando la realidad es que la biología no acompaña y a veces, no se puede”.
También conviene saber que, en estos casos, los riesgos del embarazo son mayores. La doctora Vázquez enumera: “Aumenta la frecuencia de anomalías cromosómicas, diabetes gestacional, trastornos hipertensivos y preeclampsia, anomalías del crecimiento fetal, desprendimiento de placenta, parto pretérmino y mayor tasa de cesáreas, así como mayor frecuencia de embarazos múltiples, por el uso de técnicas de reproducción asistida”. El objetivo no es ser alarmista, sino tener embarazos “más controlados”. También se recomiendan estudios como los que ofrecen en Dasa Genómica: el test prenatal no invasivo o el PGT-A (diagnóstico genético preimplanatacional, para casos de transferencia embrionaria), que detecta las alteraciones ligadas a una edad materna avanzada.
Viviana asegura que el tiempo no le parece un problema; que Sol está rodeada de amor y eso es lo que la deja tranquilaY desde el punto de vista psicológico: ¿afecta a los chicos tener madres “grandes”? Según Capurro, hay estudios sobre el impacto de las modalidades familiares por fuera de lo convencional en las infancias y, en la medida en que el cuidado, la voluntad de crianza y la red socioafectiva estén presentes, estos modelos resultan totalmente saludables.
Viviana suma que, para ella, el futuro no es un problema: la expectativa de vida se extendió tanto, que “la gente pronto vivirá hasta los 125 años”. Además, Sol está rodeada de amor: padres, hermanos de 32 y 33 años y hasta un sobrino de 7, nieto de su papá. “Una locura hermosa”, concluye Viviana.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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