Horror y dolor en Laboulaye. La madre del chico asesinado en Córdoba reveló la inquietante hipótesis que maneja la fiscalía
La víctima y el victimario, de 13 años, eran compañeros de curso y mejores amigos; a la tarde fueron inhumados los restos de Joaquín Sperani y a la noche hubo una marcha para pedir justicia
Gabriela Origlia
Víctima y victimario fueron filmados por una cámara se seguridadCÓRDOBA.– En medio de la conmoción que, desde Laboulaye, en el sur de la provincia, se irradió a todo el país, Mariela Flores, la madre de Joaquín Sperani, el chico de 14 años asesinado a golpes por su mejor amigo y compañero de colegio, de 13, que el lunes confesó ser el autor del crimen, reveló la inquietante hipótesis que maneja la fiscalía: que el victimario estaba enamorado de su víctima.
Así lo dijo Mariela Flores en declaraciones periodísticas, sin ahondar en otros detalles sobre la hipótesis e investigación encaradas por el Ministerio Público Fiscal. Esa afirmación escalofriante se produjo horas antes de las manifestaciones de profundo dolor que se vivieron, primero, con el sepelio y la inhumación de los restos de Joaquín, y luego, con la marcha para pedir el esclarecimiento total del caso.
En ese punto, la madre de Joaquín pidió el apoyo de la sociedad de Laboulaye y de la prensa local y nacional. “Acompáñenme, necesito saber qué pasó con mi hijo. Mi hijo fue a la escuela, necesito que se hagan responsables. Fue mi hijo, un chico sano… mañana puede ser cualquiera de ustedes. Quiero que investiguen qué está pasando ahí, porque detrás de eso, donde encontraron a Joaquín, hay algo más. Que la escuela se haga responsable. Su bicicleta quedó en la escuela y me lo entregaron en un cajón. Presiento que hay algo más, que no fue solamente L. [el menor detenido por el crimen], que puede haber más. Quiero que se investigue bien. Quiero todo el recorrido, verlo con mis ojos, porque quiero ver con quién se cruzó”, dijo Mariela.
Esa afirmación está en sintonía con lo que, más temprano, había afirmado a LN+ Ernesto, tío de Joaquín. Él sostuvo que, dado que el chico acusado es físicamente más chico que su sobrino, y atento a las tremendas consecuencias de los golpes que mataron al adolescente en el acto, su impresión es que debieron haber participado dos o tres menores más. En ese sentido, ligó el ataque a eventuales episodios de bullying en la escuela a la que iba.
El sepelio de Joaquín Sperani en el cementerio Jesús Redentor, de LaboulayeLos padres de la víctima se reuniieron el martes con el juez de Control, Niñez, Adolescencia, Penal Juvenil, Violencia Familiar y de Género y Faltas de Laboulaye, Sebastián Moro.
Los padres de la víctima buscan saber si pudo haber más partícipes en el ataque, ya que su hijo presentaba un traumatismo de cráneo y sufrió un daño encefálico luego de recibir más de diez golpes en la cabeza.
A pesar de las dudas expresadas por la familia, para los investigadores del caso todas las pruebas recolectadas hasta ahora les permiten inferir que el crimen fue cometido por un solo atacante: el mejor amigo de la víctima.
La marcha de la bronca y el dolor
A las 21 del lunes, vecinos, familiares y amigos partieron desde el IPEM 278, la secundaria a la que iban a la que asistían la víctima y su victimario. “Queremos justicia” fue el reclamo que unió a la comunidad; hubo muchos carteles con la foto de la víctima. Unas 400 personas caminaron hasta la plaza de la ciudad. La familia Sperani pidió durante esta jornada que “no los dejaran solos”. Es la primera vez que hay un pedido público de estas características en la ciudad.
“Acompáñenme, necesito saber qué pasó con mi hijo. Mi hijo fue a la escuela, necesito que se hagan responsables. Fue mi hijo, un chico sano, mañana puede ser cualquiera de ustedes. Que investiguen qué está pasando ahí, porque detrás de eso, donde encontraron a Joaquín, hay algo más. Que la escuela se haga responsable. Su bicicleta quedó en la escuela y me lo entregaron en un cajón. Presiento que hay algo más, que no fue solamente Leandro, que puede haber más. Quiero que se investigue bien. Quiero todo el recorrido, verlo con mis ojos porque quiero ver con quién se cruzó”, dijo anoche Mariela. Sostiene, al igual que Ernesto, el tío de la víctima, que el chico de 13 años detenido no pudo haber actuado solo, dada la violencia extrema del ataque letal.
La comunidad de Laboulaye marchó este lunes a la noche por las calles de la ciudad.Joaquín y el confeso asesino eran muy amigos, y estaban siempre junto a una adolescente, compañera de la escuela, también. Por eso, les decían “los tres mosqueteros”. Pero no todo sonaba tan romántico en las vidas de los adolescentes. Los padres de la víctima afirmaron que en la escuela su hijo solía sufrir bullying. “Tenemos muchas preguntas sin respuestas”, admitió la madre de Joaquín.
Alejandra Jiménez, directora del IPEM 278, negó esa versión de la madre, pero reconoció que hace 20 días Mariela Flores se había presentado al colegio para advertir que faltaban hojas en la carpeta de Joaquín. “Fue la única vez que vino; habló con la preceptora y los coordinadores. No planteó nada sistemático. El tema se trabajó en el aula; los estudiantes dijeron que era él quien regalaba las hojas”, señaló, y ratificó que Joaquín y su amigo estaban “siempre juntos; salían al recreo juntos, iban al kiosco juntos”.
“L. es un psicópata. Fue toda la vida amigo de Joaquín”, dijo Mariela Flores, en consonancia con lo que también había afirmado su esposo, Martín. Para refrendar su creencia de que el crimen no fue obra de un asesino solitario, afirmó: “Me llama la atención, porque Joaquín iba a taekwondo. Entonces me pregunto si L. estaba solo”.
Según un adelanto de la autopsia, la víctima murió a causa de un traumatismo de cráneo y sufrió un daño encefálico que le provocó la muerte inmediata, luego de recibir más de diez golpes en la cabeza.
“El cuerpo de la víctima no presentaba signos de defensa. El asesino lo golpeó en la cabeza. Tenía golpes en la parte de atrás y en la parte de adelante de la cabeza”, explicó una fuente al tanto del resultado preliminar de la autopsia.
En la casa donde fue encontrado el cuerpo, este domingo, se secuestró, además de dos ladrillos de hormigón, un tubo de hierro que, se sospecha, habría sido el arma homicida. La investigación está a cargo del juez Moro.
Los padres y uno de los hermanos de Joaquín Sperani, en la despedida de sus restos en el cementerio Jesús Redentor, de LaboulayeEscenas dramáticas
El crimen conmocionó a Laboulaye. En el velatorio se vivieron momentos de dolor y congoja. El ataúd salió cinco minutos después de las 17 de la casa funeraria y fue recibido con aplausos por la gente que esperaba para acompañar a la familia. El cortejo partió hacia el cementerio Jesús Redentor. Los padres de la víctima y sus tres hermanos más chicos recibieron muchos abrazos y saludos de la amigos, allegados y conocidos. Mariela Flores, visiblemente angustiada, rechazó ir en una ambulancia en el cortejo. Fue al campo santo con su familia.
En el recorrido, el coche fúnebre pasó por la puerta de la escuela donde iba Joaquín, donde había un cordón realizado por los alumnos, y también por el club Huracán, donde él hacía fútbol –era arquero– y donde lo esperaban los jugadores de las divisiones inferiores.
En ese club, además, Joaquín practicaba taekwondo con su padre. “Se sabía defender. Por eso estoy seguro de que lo golpearon de atrás. Su cuerpo estaba boca abajo, según describió mi sobrina. Tiene un lado de la cara hinchado, igual que el ojo”, dijo Martín Sperani.
El padre de Joaquín trabaja como camionero de un molino de la zona. Contó que su hijo lo acompañaba “mucho” en el camión y que le gustaba “todo lo relacionado” con el transporte pesado. “Soñaba con tener un campo”, aseguró, con dolor.
Los vecinos de esta ciudad del sur de la provincia de Córdoba no logran salir del estupor que provocó el crimen. Los vecinos conocen a las dos familias y a sus hijos, e insisten con que “nunca” habían tenido o protagonizado problemas.
Aunque la familia de Joaquín y la de su victimario eran amigas y tenían vínculo cercano, no volvieron a tener contacto desde el sábado pasado, cuando una videocámara registró a los chicos saliendo juntos del Instituto Provincial de Enseñanza Media (IPEM) 278 Malvinas Argentinas. Después, se ve al sospechoso regresar corriendo a la escuela.
Jiménez, la directora de la escuela detalló que Joaquín asistía al establecimiento desde primer año, y que, en cambio, su amigo ingresó en este 2023 porque iba a otro colegio y sus padres decidieron cambiarlo. “Ambos iban al mismo curso por pedido de ambas familias, ya que son amigas. Los papás decidieron que los pusiéramos juntos. Ellos eran amigos desde la primaria”, declaró a LV20 Radio Laboulaye.
Joaquín Sperani era introvertido, callado. El jueves pasado fue la última vez que fue visto con vida. Salió de su casa a la hora de la siesta para ir al instituto, pero nunca entró a clases. Sí dejó la bicicleta en el patio. Su madre hizo la denuncia por la desaparición de Joaquín la noche del jueves. L., su mejor amigo, fue el primero que “colaboró” con la policía en la búsqueda. Desde el primer minuto dio información errada. Todo indica que con la intención de confundir a los investigadores.

Encontraron muerto a un chico de 14 años en Córdoba
El teléfono, una clave
El padre de la víctima relató que estuvo con el chico detenido y con sus padres. Incluso afirmó que el adolescente lo abrazó. “Abracé a sus padres y los consolé cuando su hijo declaraba. Yo les decía ‘tranquilos, lo vamos a encontrar”, precisó.
El sábado pasado, el sospechoso entregó el celular de Joaquín a la policía; fue después de que el padre de la víctima detectara en las cámaras que ese teléfono que se veía en las manos del amigo podía ser el de su hijo. Horas después se autoincriminó. “Sí yo lo maté”, confesó.
La víctima, Joaquín SperaniCuando los investigadores le indicaron que les había dado el teléfono, Martín Speroni pidió verlo para confirmar si era el celular. “Yo le había dado el mío. Tenía el vidrio roto, les di el patrón para abrirlo. Me lo trajeron, lo pudimos abrir”, detalló. Desde entonces no habló más con el chico detenido ni con sus padres. Esa familia vive en las afueras de Laboulaye, donde tienen un tambo pequeño. El adolescente imputado por el crimen es adoptado y no tiene hermanos.
Desde anteayer está alojado en el Complejo Esperanza, de la ciudad de Córdoba. En las próximas horas, se llevarán a cabo una serie de estudios psicosociales y ambientales, ordenados por el juez Penal Juvenil, Sebastián Moro, que está a cargo del caso.
El magistrado ya habló personalmente con el niño y con sus padres. El juzgado precisó que, en la situación de adolescente no punible, ya está interviniendo la Secretaría de Niñez Adolescencia y Familia (Senaf).
La autopsia, realizada en Río Cuarto, determinó que Joaquín murió a causa de un traumatismo de cráneo producto de un golpe por detrás que le provocó daño encefálico. Tenía marcas de unos diez ataques. La muerte fue “inmediata”. En el cuerpo no hay señales de que haya intentado defenderse.
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Horror y crimen en Córdoba. Qué pasará con el chico de 13 años acusado de asesinar a golpes a su mejor amigoLos padres de Joaquín Sperani se reunieron con el juez que lleva la causa; el menor que confesó el crimen no irá a la cárcel porque es inimputable y solo sría internado en una institución de salud mental si un peritaje determina problemas psiquiátricos
Gabriela Origlia
El sepelio de Joaquín Sperani en el cementerio Jesús Redentor, de LaboulayeCÓRDOBA.- Mariela Flores y Martín Sperani, los padres de Joaquín Sperani, el adolescente de 14 años asesinado por su amigo de 13 el jueves pasado en Laboulaye, se reunieron con el juez Penal Juvenil, Sebastián Moro, quien está a cargo de la causa. Fueron acompañados por su abogado, Raúl Frencia. El chico acusado de homicidio está -“para su resguardo”- en el Centro de Admisión y Diagnóstico (CAD) que depende del Complejo Esperanza en la ciudad de Córdoba. Por su edad es inimputable, por lo que no irá a la cárcel.
En diálogo Frencia explicó que con Moro tuvieron una charla “informal” en la que les indicó las medidas tomadas y los peritajes que están en marcha. Este miércoles se constituirán como parte querellante. La causa está bajo secreto de sumario por lo que, por el momento, no tendrán acceso.
Fuentes relacionadas con el expediente aseguraron que los investigadores siguen analizando imágenes de cámaras, contenido de teléfonos y tomando testimonios, pero que -por el momento- sigue confirmada la participación solo del menor de 13 años, conocido judicialmente como “L” para resguardar su identidad, quien era compañero de colegio y amigo de la víctima. Las dudas de la familia sobre la posibilidad de que hayan sido más se vinculan con la virulencia con que lo golpeó e incluso con la astucia posterior.
Después se encontraron con el intendente, César Abdala, quien les ofreció lo que esté al alcance de su gestión para colaborar con la familia. El pedido de urgencia fue asistencia psicológica para los padres y los tres hermanos menores de Joaquín.
La víctima y el menor que confesó haberlo matado habían sido compañeros en la escuela primaria y este año, se reencontraron en el secundario. “L” iba a una escuela agrotécnica, pero se cambió de colegio al IPEM Malvinas Argentinas, donde cursaban juntos tercer año.
Todos los testimonios, incluidos los de la familia de Joaquín, coinciden en calificarlos como “íntimos”, “muy compañeros”, de compartir tiempo juntos. Incluso los padres de ambos se conocían y se frecuentaban. No tuvieron más contactos desde el sábado pasado, aunque sí habían hablado y se habían visto después de que Joaquín desapareciera el jueves.
Qué pasará con “L”
El Régimen Penal de Minoridad argentino establece que la edad de imputabilidad es a partir de los 16 años, es decir que los menores no pueden ser juzgados ni se les puede imponer una pena por haber cometido un delito. Es el caso del chico de 13 años que se autoincriminó por el asesinato de Joaquín, que fue golpeado con un hierro y bloques de hormigón. La víctima recibió 10 golpes, según determinó la autopsia.
“L” incluso mintió a la policía cuando le preguntaron como testigo; mencionó que su amigo estaba cansado de lo “estricto” que eran en su casa, que se quería ir. Todo empezó a desarmarse cuando el papá de Joaquín visualizó imágenes de cámaras de seguridad y observó cuando a ese adolescente se le cayó un celular e identificó el teléfono como el que portaba su hijo en el momento de la desaparición; esa situación quedó grabada en el momento que el ahora sospechoso regresaba solo a la escuela. Minutos antes había salido con su compañero.
Se contactó a referentes del área Penal Juvenil, quienes subrayaron la “excepcionalidad” del caso; hay pocos antecedentes en el país. Existen homicidios a manos de menores en el contexto de inseguridad, pero pocos casos marcados por una relación de amistad.
Joaquín Sperani tenía 14 añosLa institucionalización del menor no es una alternativa porque, dicen los expertos, sería aplicar una privación de libertad lo que no está previsto por la ley. Lo primero es terminar con los peritajes y estudios psicológicos, familiares y ambientales que se deben ordenar para, después, determinar la manera en que el Estado debe darle “protección integral y multidisciplinaria”.
El juez penal de menores, en este caso Moro, será el responsable de resolver las medidas que no apuntarán al castigo; buscarán cuidarlo de sí mismo y también proteger a terceras personas. La decisión puede llevar a restituirlo a su familia o bien destinarlo a un espacio para menores no punibles.
Si regresara con sus padres -es hijo único- las fuentes consideran que la Justicia podría aconsejar que la familia se mudara del lugar, ya que vive a pocos kilómetros de la de Joaquín.
En cambio, si se detectaran problemas de salud mental puede ordenar su internación siempre que sea peligroso para sí mismo o para otros, ya que eso es lo que establece la ley de Salud Mental en vigencia.
Antecedentes de menores asesinos
Los especialistas insistieron en que podría hacerse un parangón entre el caso de Laboulaye y el de los dos crímenes cometidos en escuelas en la Argentina pero, aun así, advirtieron que no se trata del mismo encuadre y que hay diferencias.
Las referencias son al hecho de agosto del 2000 en la Escuela de Enseñanza Media N° 9 de Rafael Calzada, partido de Almirante Brown (Buenos Aires), cuando Javier Ignacio Romero mató a un compañero en la puerta del colegio. Tenía 19 años y dijo haberlo hecho cansado de las hostilidades y cargadas que recibía; lo llamaban “Pantriste”, por el personaje de un dibujo animado tímido y melancólico.
El joven fue absuelto en un juicio oral ya que, según los peritajes, no comprendió la criminalidad de lo que había hecho. Se ordenó su internación. Pasó por cuatro cárceles comunes y un neuropsiquiátrico hasta que, a finales de 2018, un juez dispuso su liberación.
Aunque la mamá de Joaquín habló de que habría sufrido bullying, en la escuela descartaron que hubiesen existido agresiones o burlas sistemáticas y afirmaron que hace 20 días, por única vez, Flores fue a plantear que a su hijo le faltaban hojas de las carpetas. Los compañeros, según la directora del Malvinas Argentinas, indicaron que él las regalaba.
El otro caso es el del 28 de septiembre de 2004, cuando un chico de 15 años que cursaba el primer año del ciclo polimodal en la Escuela 202 “Islas Malvinas”, de Carmen de Patagones, llevó el arma reglamentaria de su papá, agente de la Prefectura Naval Argentina, y disparó dentro del aula contra sus compañeros. Mató a tres chicos e hirió gravemente a otros cinco, que lograron sobrevivir a la primera masacre escolar de América Latina.
Ese adolescente fue declarado inimputable por su edad. Durante tres meses permaneció en la base de la Prefectura de Ingeniero White hasta que lo derivaron a un instituto de menores en Ensenada. Luego estuvo internado en una clínica psiquiátrica. Durante mucho tiempo su paradero fue un secreto. Sigue en tratamiento.
En otros países se considera en forma diferente la imputabilidad de menores. Dos de los casos más emblemáticos al respecto fueron tratados por la justicia británica. En 1993 fueron condenados dos chicos de 10 años, Robert Thompson y Jon Venables por la muerte de un niño de 2, James Bulger. Fueron liberados al cumplir 18 años y se les tregó nuevas identidades. Algo similar había pasado en 1980, cuando salió de la cárcel Mary Bell, después de pasar 12 años encerrada por dos asesinatos de menores. En el momento de esos homicidios tenía 11 años.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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