martes, 4 de julio de 2023

LECTURA




Narrar el horror Anatomía de una masacre que conmovió al mundo
— en V13, Emmanuel Carrère cuenta el juicio por el atentado al teatro Bataclan, que marcó como nunca a la Francia reciente
Pedro B. Rey


Los juicios criminales, un asunto de máxima seriedad, también pueden ser leídos como una ordenada narración polifónica, que presenta a cada nueva instancia giros y revelaciones. Ahí están los hechos en disputa, las pruebas, los enigmas y reconstrucciones, pero también las víctimas o sus deudos, los acusados, los actores judiciales, los alegatos. Es una de las razones por las cuales –cuando el caso es de alto impacto público– despierta el seguimiento televisivo y de la prensa. Las crónicas escritas sugieren sin quererlo la anatomía de una novela, aunque una novela de no ficción.
No es sorprendente que en V13. Crónica judicial Emmanuel Carrère (París, 1957) se centre en el reciente proceso sobre las masacres fundamentalistas perpetradas en París, de manera sincrónica, en noviembre de 2015, que incluyeron el ataque a la sala Bataclan. Aunque comenzó escribiendo novelas clásicas, a partir de El adversario (1998) los casos reales ocuparon el centro de sus precisos artefactos narrativos. Entre ese libro, que habla de la vida de un impostor a tiempo completo (el caso Romand) y el conmovedor relato de una familia que perdió a una hija en el tsunami asiático (De vidas ajenas) o el formidable retrato de un escritor ruso inclasificable (Limónov) hay menos una ligazón temática que verbal: la primera persona que cuenta y participa es la del propio Carrère.
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266 PÁGINAS 
5750 $

Vaciado después de la alta exposición de Yoga (donde el tema era su vida personal, en un paroxismo que lo llevó a controversias legales con su exesposa), el escritor se quedó sin tema: sufrió, según propia confesión, el famoso horror ante la página en blanco. V13 podría leerse, entonces, como un antídoto. En vez de ensamblar una de las narraciones imbricadas que acostumbra, decidió volver a las fuentes –el periodismo– y cubrir un juicio. El libro, aunque con agregados, refleja sus notas semanales, durante un año, del proceso del Bataclan para Le Nouvel Observateur. Por razones de inmediatez, eficacia o pudor por la sensibilidad del tema, Carrère –en el paso al libro– utiliza para organizarlo la estructura aportada por el propio juicio. Sus antecedentes como autor producen, sin embargo, un efecto contagio: V13 es una crónica, pero de resonancias novelísticas.
Los hechos son conocidos. Aquel viernes 13 de noviembre (es ese día, combinado con la fecha, y no el martes, al que los supersticiosos de Francia tienen por mal augurio) un grupo de tres yihadistas ingresó en el Bataclan en pleno concierto –tocaba el grupo estadounidense Eagles of Death Metal– y comenzó a ametrallar a la multitud de espectadores. Al mismo tiempo, en otros puntos de la ciudad, miembros del mismo comando del Estado Islámico lanzaba ráfagas contra la gente en bares con mesas a la calle y otro se volaba en las inmediaciones del Stade de France, cuando se iniciaba un partido entre las selecciones de Francia y Alemania. Nueve miembros en total tenía el comando. Las víctimas letales fueron 130.
Hay algo contradictorio –como anota Carrère– en el juicio que se lleva adelante en el Palacio de Justicia de París, y que promete “ejemplaridad”: los que perpetraron los ataques están muertos, con lo cual la acción de la Justicia se extinguió. Hay, sin embargo, un acusado principal, Salah Abdeslam. Es hermano de uno de los terroristas que se hizo estallar en el Comptoir Voltaire, uno de los bares. Se supone que Salah –ese es el enigma– debería haber procedido igual: no se sabe si el mecanismo le falló o desistió a último instante. De los otros once en el banquillo, muchos están señalados por haber colaborado en los preparativos logísticos, y tres de haber ayudado –aunque quizá no lo supieran– al principal acusado en su huida de retorno a Bélgica. Los atacantes eran, en su mayoría, de Molenbeek, barrio de Bruselas donde el fundamentalismo era contraseña cotidiana.
Antes de revelar ese entramado político, sociológico y policial, Carrère –siguiendo el hilo de los testigos– reconstruye la violencia orgiástica de aquella noche por medio de las palabras en el estrado de los sobrevivientes y de los parientes o amigos de las víctimas fatales. Cuenta algunas de esas vidas, en particular de las que fueron segadas en uno de los bares, acercándose a algunos de los familiares. Y se centra después en la trágica cacería en el teatro. El pulso narrativo de Carrère se revela en su recorte: es solo por medio de unos pocos testimonios que transmite, con hllazgos en el detalle, la caótica angustia en la ratonera del Bataclan.
La trama sobre cómo se organizaron los atentados (con su joven líder belga entrenado en Siria), el traslado a París, su ejecución y los agujeros negros de la investigación no solo funciona como una inmersión minuciosa en las estrategias del terrorismo, sino también en las fallas que permiten sus posibilidades de acción.
La paradoja inicial, que los verdaderos ejecutores no estén presentes por razones obvias, pone a Carrère –que también dedica muchas páginas a los abogados y la Justicia– ante una duda. ¿Se puede condenar a Salah Abdeslam a una cadena perpetua efectiva (a la que no se condena prácticamente a nadie), cuando la Justicia no puede ser preventiva? La idea de que “se juzga a alguien por lo que ha hecho, no por lo que podría haber hecho o haber estado a punto de hacer” se volvió, en el juicio, una pregunta “inaudible, fuera de lugar”. Desde el puesto que le toca, el escritor no evita esa y otras pregunts incómodas.
En El colgajo, el periodista Philippe Lançon, miembro de Charlie Hebdo, había escrito sobre el ataque a la revista satírica (ocurrido antes, en enero de aquel 2015) y sobre su vida posterior, dañada de manera irremisible. El libro de Carrère prolonga –sin obviar su presencia como pararrayos que organiza, pero atenuando su vocación por el primer plano– la dimensión colectiva de un trauma que la escritura no puede borrar, pero a la que sí puede darle nombre. La aparente modestia del método es, contra lo que podría pensarse, su mejor recurso

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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