domingo, 9 de julio de 2023

MUCHA GENTE COME SOLA EN LOS RESTAURANTES ¿?¿?¿?


Por qué cada vez más gente come sola en los restaurantes
Las reservas para uno son cada vez más habituales después de la pandemia; el público foodie es parte del fenómeno
Nacho SánchezComer solo en un restaurante está dejando de ser un tabú
MADRID.– Esta llamada se repite cada vez con mayor frecuencia en los restaurantes:. –Hola, quería reservar una mesa.
–¿Para cuántas personas? –Para una.
El comensal solitario ha sido una figura tradicionalmente ligada al crítico o inspector de alguna guía que llegaba con bolígrafo y libreta dispuesto a apuntar cada detalle del establecimiento. Ahora no. Ahora la mayoría son personas que quieren disfrutar a solas de una buena experiencia gastronómica. “Antes no venía casi nadie solo. Últimamente, sobre todo en Madrid, tenemos mesas de una persona prácticamente a diario”, asegura Marcos Granda, propietario de cuatro restaurantes con estrella Michelín, entre ellos Clos, en Chamberí. Su opinión, y la de la docena de chefs y responsables de sala consultados para este reportaje, es unánime: cada vez más personas acuden a comer solas.
Sin conversación, sin presión, sin discusiones por lo que se va a pedir, sin miradas ajenas y sin prisas, hay quien disfruta mejor de cada bocado en soledad. No es nuevo. Ya lo hacía el romano Lucio Licino Lúculo en el siglo I antes de Cristo. Cuenta Plutarco en Vidas paralelas cómo una noche sus criados le sirvieron una cena moderada y él se quejó porque quería abundancia. El personal preguntó si había invitados. “¿No sabías que hoy Lúculo cena con Lúculo?”, les respondió quien está considerado como uno de los primeros gourmets y fue conocido en todo el imperio por sus copiosos banquetes en compañía o sin ella.
Es lo que ocurre hoy con mucha más frecuencia en los restaurantes, donde las reservas de mesa para uno empiezan a ser habituales.
Las razones son múltiples, pero hay una de base: “Las sociedades modernas han enfatizado el individualismo”, afirma José Antonio González Alcantud, catedrático del Departamento de Antropología Social de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada. El especialista tira de la historia para explicar la influencia que tuvo la revolución francesa en subrayar a la amistad y la vida social como fundamentales para el ser humano.
“No es extraño que la sala de mayores dimensiones que se puede ver en una visita al ayuntamiento de París sea la de banquetes”, destaca González Alcantud. La cultura mediterránea, que se desarrolla alrededor de una mesa, enfatizó esa idea de compartir. Y el fuerte sentido del ridículo español puso la guinda: “Que una persona fuese solitaria siempre ha estado mal visto. Pero ahora ese tabú a exhibir la soledad se ha roto”, señala el antropólogo.
Mesa para uno
Para que salten las alarmas en un restaurante solo hace falta decir la frase mágica: mesa para uno. El personal se suele poner en guardia ante el comensal solitario. Durante mucho tiempo ha sido sinónimo de que quien llega para realizar una inspección, lo hace para valorar la cocina, la sala o el trato del personal con el objetivo de dar (o no) algún lustroso reconocimiento.
No es excepcional que el equipo de atención al público escriba en Google el nombre de la persona que ha hecho la reserva e investigue cualquier relación con Michelín, Repsol u otro organismo que otorgue premios. Los resultados en el buscador no son siempre los esperados, porque comer o cenar en soledad es una tendencia al alza.
“Hace diez años sabías que si alguien venía solo a comer es porque era inspector de alguna guía o un crítico, pero eso ha cambiado mucho”, insiste Lola Marín, chef y propietaria del restaurante Damasqueros, en Granada, con un Sol Repsol.
La granadina afirma que la clientela que acude sola a su establecimiento ocupa alrededor del 5% de las mesas a lo largo del año. “Era algo en crecimiento antes de la pandemia, pero ahora se ha afianzado porque nos hemos acostumbrados a estar solos”, dice Marín. “Hace años, además, era impensable que una mujer fuese sola a comer o tomar un vino a una barra. Por suerte ahora es más habitual. Hay a quien le parece raro, pero cada vez menos”, insiste la cocinera.
“Se hace por trabajo, porque se está de viaje o por puro placer. Tenemos mucha clientela que viene sola y me parece buena idea para disfrutar de una experiencia gastronómica completa”, añade el chef Iván Cerdeño, con dos estrellas Michelín y tres Soles Repsol en su restaurante Cigarral del Ángel, en Toledo.
¿Y cuál es el perfil de estos clientes solitarios? “Por lo general es gente que viaja sola o bastante foodie. Quieren ir a algún sitio, no tienen con quién ir y van de todas formas”, apunta Marco Trujillo, jefe de sala del restaurante Bardal, en Ronda, con dos estrellas Michelín. “Hay público nacional e internacional. Muchos piden el menú degustación y se dedican ese tiempo a ellos mismos”, insiste Mario Jiménez, chef de El Faro de Cádiz, que dice que en la barra es aún más frecuente gracias a la ayuda “de esos psicólogos de barra que son los camareros

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