lunes, 10 de julio de 2023

OREIRO + MIRÁS....Del encuentro al final de la vida


Natalia Oreiro y Fernán Mirás, entre el humor y la muerte
La protagonista y el director de la película Casi muerta hablan sobre los vínculos, la magia del encuentro y el final de la vida
Mariano D’andrea Fernán Mirán y Natalia Oreiro entre la comedia y la elaboración de temas sensibles
Ella protagoniza y él dirige Casi muerta, una comedia que invita a la reflexión.
Texto
Recién comenzaba octubre de 2021. Las restricciones impuestas debido a la pandemia ya eran casi un mal recuerdo y Fernán Mirás había vuelto a subirse al escenario para presentar la nueva y exitosa versión de la obra Art. Pero, en aquel momento, había otro proyecto que lo tenía ocupado y entusiasmado: en dos semanas comenzaba el rodaje de su segundo largometraje al que definía como “una comedia sobre el miedo a la muerte”. Durante dos años él, Rodrigo Vila y Beatriz Carbajales habían trabajado para adaptar el guion de Bypass, la película vasca nominada a 15 premios Goya. El elenco ya estaba definido: la protagonista sería nada menos que Natalia Oreiro. La noche anterior se había reunido con ella a cenar y a ultimar detalles de la filmación. Sin embargo, como si se tratara de una broma del destino, un imprevisto los obligó a cancelar los planes. Mirás estaba en la casa de su novia, la socióloga y periodista Eugenia Zicavo, y de pronto sintió que la cabeza le explotaba.
Su intuición hizo que se negara a tomar algún calmante, para no enmascarar el síntoma. El dolor lo paralizaba a tal punto que se mantuvo quieto durante al menos 15 minutos. Cuando pudo moverse, le pidió a su pareja que llamara al médico. Le diagnosticaron un aneurisma y sin anestesia le informaron que debían operarlo para colocarle un stent. Cuando se dio cuenta de que su vida estaba en peligro, decidió enviarle un mensaje a su hijo mayor, Santiago, para que también se lo haga escuchar a los mellizos, Sebastián y Sofía, que no tenían celular. Quería que, si le ocurría lo peor, al menos pudieran atesorar una última muestra de cariño.
La intervención era complicada, pero la suerte estuvo de su lado. Después de permanecer durante dos semanas en terapia intensiva, con morfina, fue dado de alta sin ninguna secuela. Con el tiempo, pudo retomar sus actividades, entre ellas, aquel rodaje pospuesto. Casi muerta, esa comedia que se ríe del miedo a la muerte, se estrenó esta semana en todo el país. “Es extraño, pero a diferencia de otros trabajos, de los que me iba cargada, oscura, en este caso me iba del set siempre con una sonrisa porque él, que estuvo muy cerca del lugar en el que está mi personaje, lo llevaba con muchísimo humor. Pudo pegarle una vuelta a la situación con mucha sabiduría”, le cuenta Oreiro, protagonista del film, a la nacion. De esa manera, Namos talia asume el rol de vocera: la situación que atravesó Mirás de ninguna manera lo llevó a cambiar su mirada sobre la historia que quería contar. Y tampoco sobre la muerte.
La historia que quería contar era la de María (Oreiro), una joven que recibe la peor de las noticias: solo le queda un mes de vida. Al enterarse, dos de sus amigos de la infancia, Paula (Paola Barrientos) y Lucas (Ariel Staltari), deciden contactarse con Javi (Diego Velázquez), el único del grupo que vive en el exterior, para que los ayude a sobrellevar la situación. Allí comienza para todos un mes que por momentos parece interminable y que, a la vez, los hace sentir protagonistas de una aventura tan vertiginosa como absurda. –¿Cómo surgió la idea de abordar un tema tan sensible como el de la muerte en tono de humor? Fernán Mirás: –A los que escribimos el guion nos pareció que lo más atractivo era abordar el tema, justamente, en clave de comedia. Fue como decir: “A ver si nos podemos reír de eso”. A medida que fui creciendo y fui pasando por peores cosas, como perder seres queridos, fui sintiendo que el humor se creó para poder sobrellevar lo inevitable. Y me parece que, más allá de que la película tiene una historia de amistad entre cuatro amigos y también tiene una historia de amor, me resultaba muy interesante ver cómo reaccionaba un personaje al que le dicen que en un mes se va a morir, porque es una especie de propuesta absurda… “¡Qué carajo hago con un mes!”. Es la nada misma. Esa situación la vuelve un personaje muy ciclotímico, muy demente. Y por otro lado, me resultó interesante ver qué le pasaba a sus amigos, que no saben cómo contenerla; qué le pasa a ella, burlándose de los amigos que no saben qué hacer.
–Hace un tiempo nos contaste que fuiste vos quién le pidió a Fernán que te convocara para su próximo proyecto. ¿Por qué querías trabajar bajo sus órdenes?
Natalia Oreiro: –Primero y principal, Fernán es una hermosa persona. Es un gran actor y todos los personajes le caen bien y tiene un sentido del humor tremendo. Pero además, él acababa de filmar El precio de la ley, su ópera prima y a mí me encantó su mirada. Y entonces, estábamos rodando Re loca y le dije: “La próxima película que hagas me tenés que llamar aunque sea para un personaje mínimo. Contá conmigo”. Le puse esa presión y cuando empezó a trabajar en el guion de Casi muerta me dijo: “Che, tengo una película”, y le dije que sí antes de leer el guion, porque confío ciegamente en él. Y eso fue parte del proceso, un proceso que tenía mucho de su propia vida, volcada a esta historia de estos cuatro amigos. Confié y me tiré sin paracaídas a ser una plastilina, que es lo más maravilloso que tenemos los actores: entregarte a alguien en quien confiás mucho.
–¿Te asustó un poco la temática? NO: –No, porque es cierto que es una comedia con mucho humor negro, pero también habla sobre temas serios como la muerte, el miedo, el amor, la amistad… Y es simple al mismo tiempo, porque todos sabemos que nos va a pasar, lo que no sabemos es cuándo. Y cuando te ponen ese cuándo, un reloj empieza a sonar. “Tictac, tictac”… Y sentís que perdés tiempo, que tenés que ocuparte de cosas importantes. ¿Y qué sería lo importante? Te empezás a replantear quién sos, qué hiciste con tu vida, qué dejás. Estoy recontenta con la película, me gusta mucho porque él tiene una mirada distinta que la hace una comedia diferente, audaz y muy empática. La hiciste bien, Fernán. Volveme a llamar para la próxima.
–¿Qué te llevó a pensar en Natalia como protagonista?
FM: –Antes de cruzarnos en Re loca, habíamos trabajado juntos en el primer capítulo de Botines, y me sentí muy cómodo con ella. Además, yo había empezado a dirigir y me empezaba a pasar que me distraía viendo cómo trabajaban los actores, y me llamó mucho la atención la facilidad con la que resolvió una escena muy difícil. Y después lo comprobé dirigiéndola: las escenas más complicadas que tiene ella como actriz las hizo en la primera toma. Es capaz de clavarla en el ángulo en escenas muy difíciles emocionalmente y cómicas al mismo tiempo. Y sobre todo, en aquellas en las que el personaje padece y oscila mucho de estado de ánimo. Me dijeron que era muy ligera y era cierto (risas)
NO: –¡Es cierto! Soy muy ligera. Sépanlo los demás directores y con-vóquenme.
FM: –Fuera de broma, para mí era muy interesante que la película tuviera el humor que tiene que tener, porque es una comedia y hay que sostener la esencia del género, pero al mismo tiempo era imprescindible tener un elenco buenísimo. Hay un montón de escenas donde la gente se caga de risa y ellos están llorando o sufriendo; entonces era importante que trabajáramos tantas escenas dramáticas que por lo general no te tocan ni siquiera en un drama. Sobre todo, con una especie de oscilación emocional, porque María los vuelve locos a ellos y ellos no saben qué hacer con ella.
–Justamente, uno de los ejes de la película es la amistad y la confianza que hay entre esos cuatro amigos. ¿Trabajaron especialmente para construir esa química que se necesitaba entre los personajes? NO: –La verdad es que no se necesitó mucho trabajo. Creo cuando un director elige actores busca siempre que se dé una suerte de sinergia. Los actores somos como los ingredientes para hacer una torta, si te falta uno, la torta no sube. Yo ya había trabajado con Diego [Velázquez] en Santa Evita, pero no tuvimos escenas juntos, y en Las rojas, de Matías Lucchesi. Con Paola y Ariel no, pero con ella pegamos mucha onda al instante. Es buenísima como actriz y tiene un humor que me encanta. Como actrices no tenemos nada que ver, y sin embargo matcheamos muy bien. Por ahí yo soy más estructurada, más clásica y Paola es todo lo contrario: le creés todo lo que dice.
–¿Te gusta eso de trabajar con perfiles distintos al tuyo? NO: –Me encanta coincidir con colegas que tienen una forma de trabajar distinta a la mía, porque se generan climas distintos y nos metemos en un viaje juntos. Con Ariel también la pasé súper bien. Hay una escena en la terraza muy linda, pero antes de filmarla yo le decía a Fernán: “¡No sé que querés lograr con esta escena!”. Y él me respondía: “Clima”. Y en un momento, filmando, Ariel y yo nos miramos a los ojos y nos emocionamos, y los personajes también se emocionaban. Y era eso, como decía Fernán, lo que había que conseguir, porque el cine es conexión, es el encuentro de las miradas. Cuando mirás de verdad, eso se trasluce, y eso nos pasó varias veces.
FM: –Como soy actor y toda la vida trabajé al lado de colegas, les tengo mucha confianza. Yo sé que un actor va a tratar de hacer todo lo mejor que pueda por el grado de exposición que tiene. Es un área muy expuesta y a veces los directores desconfían, pero yo comprobé que si un actor plantea

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