Terapia de pareja, ¿una herramienta para mejorar el vínculo?
El espacio con un especialista permite plantear cuestiones en relación con el otro que no se conversan en la convivencia
Mariana Israel
La psicóloga afirma que mejora la comunicación y la conexión sexual

◗ Licenciada en Psicología (UBA), psicoanalista especializada en familia, pareja, grupo y multifamilia.
◗ Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la Asociación Internacional de Psicoanálisis (IPA).
◗ Exdirectora del Departamento de Pareja y Familia de APA.
◗ Exdocente en APA y en la Escuela de Psicoterapia para Graduados.
◗ Exdirectora de Salud Mental de la Obra Social del Personal Aeronáutico (OSPA).
Y si hacemos terapia de pareja?”. La sola propuesta se consideraba, hasta hace un tiempo, el preludio de una separación. Fue un mito bastante instalado, que de a poco se fue derribando. Pero los tiempos cambiaron. Los expertos aseguran que hoy es mucho más frecuente recibir en sus consultorios a parejas que necesitan de la ayuda de un profesional para mejorar el vínculo sin contemplar la posibilidad de finalizar la relación.
“Abundan las parejas con problemas de comunicación en las que los miembros hablan en diferentes idiomas y no se entienden. En estos casos, y en muchos otros, la figura de un tercero puede ayudarlos a poner en palabras lo que sienten y a expresarse”, resume la psicóloga especializada en vínculos Rosalía Álvarez.
–¿Por qué motivo llega la pareja?
–Los problemas en el vínculo que suelen motivar una consulta son infinitos. Algunas quejas femeninas comunes son que el otro “no hace”, “no ayuda”, “viene tarde” o “trabaja demasiado”. En el caso de ellos, la falta de sexo o las insatisfacciones sexuales. No son siempre sencillos los temas que se ponen sobre la mesa. A veces son secretos, mentiras u ocultamientos graves y difíciles de afrontar en soledad. Tengo pacientes que consultan por maltratos, y otros que llegan con síntomas físicos por no ser capaces de hablar de lo que les pasa. O parejas que entienden que ya no va más, que no hay interés, que se terminó el amor, pero que no pueden resolver cómo separarse, dónde vivir, qué hacer con el dinero y con los hijos, y les parece imprescindible hablar con un tercero para disolver el vínculo de la mejor manera posible.
–¿Cuál es el objetivo?
–La meta es mejorar el vínculo y poder poner palabras a lo que nos sucede. Lograr una buena comunicación, no solo por medio del diálogo, sino también a través de la sexualidad. Otro aspecto fundamental de la terapia psicoanalítica de pareja y familia es hacer conscientes los patrones que cada miembro trae de su historia infantil y de las parejas de sus antepasados, y que están repitiendo inconscientemente. Una buena disolución de la pareja también puede ser una meta de la terapia. La intervención es exitosa en la medida en que puedan darse cuenta de que no pueden seguir juntos, hacer un balance y un cierre de lo que fue.
–¿Cómo es su intervención?
–Hay parejas que no se comunican. A veces, un tercero puede ayudar preguntando y socavando. Tanto varones como mujeres pueden tener dificultades e inhibiciones para poner en palabras lo que sienten y lo que necesitan. Los varones en particular son hacedores, pero les cuesta reflexionar o decir qué sienten, qué les pasa o qué les gustaría. Por otro lado, hay cosas que no se animan a contarse solos, cara a cara, por temor al rechazo, y que se animan a plantearlas frente al terapeuta. –¿Qué pasa cuando uno quiere hacer terapia y el otro, no?
–Sucede bastante que uno quiere venir y el otro llega “tironeado”. Generalmente, uno de los dos está más convencido y se hace cargo del llamado, de buscar al terapeuta, etcétera. Es el iniciador. Suele pasar que el otro llega con resistencias pero, si uno como terapeuta tiene timing y experiencia, lo va atrayendo. Es obvio que si uno de los dos definitivamente no quiere venir a terapia, no se puede trabajar. –¿Todas las sesiones son de a dos?
–Lo ideal es que vengan los dos, pero suele haber momentos en los que quizás haga falta trabajar algo con un miembro de la pareja. Esos encuentros siempre son con la anuencia del otro, por supuesto. –¿Favorece si uno hace terapia?
–Sería la condición ideal. Cuando vienen dos personas con tratamiento previo o en simultáneo, que se conocen a sí mismas, con sus pros y contras, el trabajo se facilita. Tienen conciencia de su vida, su historia, lo que repiten de sus padres… es un campo propicio y el tratamiento en general es más breve. Suele ser más común que uno vaya a terapia y el otro no.
En terapia de pareja igual uno trabaja con las historias individuales de cada uno, para revelar patrones y modelos que se repiten. Para eso también sirve esta terapia: para distinguir cuánto del problema vincular se atribuye a un trauma o patología que uno de los miembros tendrá que trabajar de manera particular. –¿Puede el terapeuta de uno ser el de ambos?
–No es lo ideal ni lo aconsejable pero tampoco es un obstáculo. Hay que evaluar cada caso. Muchas terapias de pareja se inician a partir de alguien que está en terapia individual y, por un reclamo o pedido de incluir a la pareja, se convierte en una situación mixta por un tiempo. Pero, si hablamos de situaciones “ideales”, lo mejor sería que el profesional atendiera a la pareja “al unísono”. –¿Cuánto tiempo suele durar?
–Los tratamientos suelen ser ágiles y breves, porque apuntan específicamente a mejorar el vínculo. Claro que, según el caso y la conflictividad, pueden llegar a durar años, pero son situaciones donde hay mucha resistencia a hacer un tratamiento personal que sería indispensable. En general, son las mismas parejas las que se dan de alta cuando ya se sienten encaminadas. –¿Qué es lo que los pacientes más aprecian al terminar ?
–Diría que la apertura de la comunicación; poder poner sus sentimientos y necesidades en palabras. También la mejora en su vida sexual. Cuando logran comunicarse y levantar represiones, su deseo por el otro crece y pueden conectarse con el disfrute. –¿Cómo se mejora el vínculo?
–Hay muchos problemas que se resuelven invitando al otro a tomar un café en la esquina. Recomiendo a las parejas que mantengan al menos un encuentro semanal, sobre todo si tienen hijos o si trabajan mucho. Que tengan ese espacio en común y, también, que cultiven un espacio personal, porque la vida propia enriquece el vínculo.ß
No son fáciles los temas que se ponen sobre la mesa: a veces son secretos u ocultamientos graves difíciles de afrontar en soledad”
◗ Licenciada en Psicología (UBA), psicoanalista especializada en familia, pareja, grupo y multifamilia.
◗ Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la Asociación Internacional de Psicoanálisis (IPA).
◗ Exdirectora del Departamento de Pareja y Familia de APA.
◗ Exdocente en APA y en la Escuela de Psicoterapia para Graduados.
◗ Exdirectora de Salud Mental de la Obra Social del Personal Aeronáutico (OSPA).
Y si hacemos terapia de pareja?”. La sola propuesta se consideraba, hasta hace un tiempo, el preludio de una separación. Fue un mito bastante instalado, que de a poco se fue derribando. Pero los tiempos cambiaron. Los expertos aseguran que hoy es mucho más frecuente recibir en sus consultorios a parejas que necesitan de la ayuda de un profesional para mejorar el vínculo sin contemplar la posibilidad de finalizar la relación.
“Abundan las parejas con problemas de comunicación en las que los miembros hablan en diferentes idiomas y no se entienden. En estos casos, y en muchos otros, la figura de un tercero puede ayudarlos a poner en palabras lo que sienten y a expresarse”, resume la psicóloga especializada en vínculos Rosalía Álvarez.
–¿Por qué motivo llega la pareja?
–Los problemas en el vínculo que suelen motivar una consulta son infinitos. Algunas quejas femeninas comunes son que el otro “no hace”, “no ayuda”, “viene tarde” o “trabaja demasiado”. En el caso de ellos, la falta de sexo o las insatisfacciones sexuales. No son siempre sencillos los temas que se ponen sobre la mesa. A veces son secretos, mentiras u ocultamientos graves y difíciles de afrontar en soledad. Tengo pacientes que consultan por maltratos, y otros que llegan con síntomas físicos por no ser capaces de hablar de lo que les pasa. O parejas que entienden que ya no va más, que no hay interés, que se terminó el amor, pero que no pueden resolver cómo separarse, dónde vivir, qué hacer con el dinero y con los hijos, y les parece imprescindible hablar con un tercero para disolver el vínculo de la mejor manera posible.
–¿Cuál es el objetivo?
–La meta es mejorar el vínculo y poder poner palabras a lo que nos sucede. Lograr una buena comunicación, no solo por medio del diálogo, sino también a través de la sexualidad. Otro aspecto fundamental de la terapia psicoanalítica de pareja y familia es hacer conscientes los patrones que cada miembro trae de su historia infantil y de las parejas de sus antepasados, y que están repitiendo inconscientemente. Una buena disolución de la pareja también puede ser una meta de la terapia. La intervención es exitosa en la medida en que puedan darse cuenta de que no pueden seguir juntos, hacer un balance y un cierre de lo que fue.
–¿Cómo es su intervención?
–Hay parejas que no se comunican. A veces, un tercero puede ayudar preguntando y socavando. Tanto varones como mujeres pueden tener dificultades e inhibiciones para poner en palabras lo que sienten y lo que necesitan. Los varones en particular son hacedores, pero les cuesta reflexionar o decir qué sienten, qué les pasa o qué les gustaría. Por otro lado, hay cosas que no se animan a contarse solos, cara a cara, por temor al rechazo, y que se animan a plantearlas frente al terapeuta. –¿Qué pasa cuando uno quiere hacer terapia y el otro, no?
–Sucede bastante que uno quiere venir y el otro llega “tironeado”. Generalmente, uno de los dos está más convencido y se hace cargo del llamado, de buscar al terapeuta, etcétera. Es el iniciador. Suele pasar que el otro llega con resistencias pero, si uno como terapeuta tiene timing y experiencia, lo va atrayendo. Es obvio que si uno de los dos definitivamente no quiere venir a terapia, no se puede trabajar. –¿Todas las sesiones son de a dos?
–Lo ideal es que vengan los dos, pero suele haber momentos en los que quizás haga falta trabajar algo con un miembro de la pareja. Esos encuentros siempre son con la anuencia del otro, por supuesto. –¿Favorece si uno hace terapia?
–Sería la condición ideal. Cuando vienen dos personas con tratamiento previo o en simultáneo, que se conocen a sí mismas, con sus pros y contras, el trabajo se facilita. Tienen conciencia de su vida, su historia, lo que repiten de sus padres… es un campo propicio y el tratamiento en general es más breve. Suele ser más común que uno vaya a terapia y el otro no.
En terapia de pareja igual uno trabaja con las historias individuales de cada uno, para revelar patrones y modelos que se repiten. Para eso también sirve esta terapia: para distinguir cuánto del problema vincular se atribuye a un trauma o patología que uno de los miembros tendrá que trabajar de manera particular. –¿Puede el terapeuta de uno ser el de ambos?
–No es lo ideal ni lo aconsejable pero tampoco es un obstáculo. Hay que evaluar cada caso. Muchas terapias de pareja se inician a partir de alguien que está en terapia individual y, por un reclamo o pedido de incluir a la pareja, se convierte en una situación mixta por un tiempo. Pero, si hablamos de situaciones “ideales”, lo mejor sería que el profesional atendiera a la pareja “al unísono”. –¿Cuánto tiempo suele durar?
–Los tratamientos suelen ser ágiles y breves, porque apuntan específicamente a mejorar el vínculo. Claro que, según el caso y la conflictividad, pueden llegar a durar años, pero son situaciones donde hay mucha resistencia a hacer un tratamiento personal que sería indispensable. En general, son las mismas parejas las que se dan de alta cuando ya se sienten encaminadas. –¿Qué es lo que los pacientes más aprecian al terminar ?
–Diría que la apertura de la comunicación; poder poner sus sentimientos y necesidades en palabras. También la mejora en su vida sexual. Cuando logran comunicarse y levantar represiones, su deseo por el otro crece y pueden conectarse con el disfrute. –¿Cómo se mejora el vínculo?
–Hay muchos problemas que se resuelven invitando al otro a tomar un café en la esquina. Recomiendo a las parejas que mantengan al menos un encuentro semanal, sobre todo si tienen hijos o si trabajan mucho. Que tengan ese espacio en común y, también, que cultiven un espacio personal, porque la vida propia enriquece el vínculo.ß
No son fáciles los temas que se ponen sobre la mesa: a veces son secretos u ocultamientos graves difíciles de afrontar en soledad”
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.