lunes, 10 de julio de 2023

VITTORIO GASSMAN Y SUS PELÍCULAS

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Vittorio Gassman: el galán italiano que amaba a la Argentina casi tanto como odiaba su propia voz
Aunque pensó en ser abogado, su madre lo empujó a cumplir su sueño de dedicarse a la actuación, y así se convirtió en uno de los intérpretes más reconocidos de Europa; trabajó en Hollywood y sentía un especial afecto por Buenos Aires, ciudad a la que describía como “un estado de la mente”
Pablo Planovsky

“¿Qué es más digno? ¿Sufrir los punzantes dardos de la fortuna injusta, o tomar las armas contra un piélago de males y enfrentarlos hasta el final con atrevida resistencia?”. Esa era la duda que acaecía en la atormentada mente de un príncipe danés, pero también es parte de un monólogo que puede servir para ilustrar la vida de una de las máximas estrellas del cine italiano, cuya imagen de galán encantador contrastaba con la depresión que sufría cuando no estaba en pantalla. La historia de Vittorio Gassman es la de un hombre que enfrentó las adversidades para transformarse en un ídolo popular.
Era italiano, pero cuando tuvo que rendir su examen final de la Academia de Artes Dramáticas, estaba en la Argentina: el país que decidió adoptar (y lo adoptó) como su segundo hogar. Cuando era más joven, soñaba con ser escritor. Ya no existen copias de sus escritos, como Tres tiempos de poesía. Se le daba bien para los deportes, en especial para el básquet, donde tenía bastante éxito. Cuando terminó la escuela, quiso estudiar las leyes para convertirse en un abogado. Pero fue su mamá, que había querido ser actriz pero no pudo, la que marcó su rumbo de vida cuando le insistió que persiguiera una carrera como actor. Esta es la historia de Vittorio Gassman, una de las más grandes estrellas del cine italiano.
Vittorio Gassman, en los inicios de su carrera
Gassman era un hombre alto, guapo, y con un sentido del humor seductor. Si los actores son los cuerpos a través de los cuales se transmiten las ideas del cerebro y el corazón, la historia de vida del protagonista de Perfume de mujer lo comprueba. Gassman personificaba el galán cinematográfico que hacía delirar al público femenino en Italia y la Argentina. Pero, aún cuando parecía estar moldeado para la pantalla grande, no le gustaba su propia voz. Creía que tenía un tono de voz muy suave, muy frágil.
Gassman empezó a hacer ejercicios vocales 7 horas por día. Como era un gran deportista, trasladó las técnicas de respiración atlética al escenario. “Los atletas respiran con el tórax, el actor tiene que respirar con el estómago”, explicaba. Silvio D’Amico, director de la Academia de Artes Dramáticas de Italia, ante un ensayo en el que pudo comprobar los ejercicios de voz de Gassman, preguntó: “¿Este es actor o deportista?”. Luchino Visconti, que dirigió una adaptación teatral de Orestes, elogió los agudos que podía lograr “sin inclinar las cuerdas vocales”. De una de sus mayores inseguridades, Gassman creó algo más que un escudo. Su voz llegó a convertirse en una sensación en Italia. Podía leer una guía telefónica y hacer enloquecer al público.
Con Jean-Louis Trintignant, en una escena de Il Sorpasso
La carrera de Gassman comenzó en el teatro, cuando el escenario mundial era el de la desesperación, el hambre y la tristeza que dejaba la Segunda Guerra Mundial. Su primer protagónico fue Hamlet, que llegó con un récord: superó las 900 representaciones consecutivas en Roma, donde las mujeres enloquecían por sus piernas. Gassman se tomaba muy en serio la profesión como actor sobre las tablas. Era admirador de Edmund Kean, a tal punto que llegó a dirigir una película sobre la vida del actor británico.
Cuando empezó con el cine, no protagonizó películas cómicas. Creía que su voz era un impedimento para conectar con el público y descubrió que el maquillaje cinematográfico le daba una protección psicológica: “Me escondía bien”. La personalidad de Gassmann antes del estrellato era la de una persona tímida, retraída, que no buscaba ser el centro de atención en ningún lado.
Junto a Marcello Mastroianni, en Los desconocidos de siempre
En cine comenzó con roles de villanos, como en Arroz amargo, explicando que su pasión era el teatro y las aventuras fílmicas eran para ganar dinero. Pero, al mismo tiempo, sostenía que los actores no recitan para ganarse el pan sino para “mentirse, para ser distinto de aquello que se es”. Cada vez que terminaba una función miraba a su hijo y le preguntaba, agotado: “¿Y ahora qué hacemos?”, como si fuera del escenario, cuando las luces de los reflectores se apagan, ya no hubiera una realidad posible que existía solo en la ficción.
El matador adelantado
Mientras, su carrera cinematográfica crecía. En 1965 fue el único actor italiano elegido para participar en la épica La guerra y la paz, la adaptación dirigida por King Vidor. Pero el rol que marcó la vida de Gassman fue el de Bruno Cortona en Il sorpasso.
Alejada del sentimiento de los dramas neorrealistas de la postguerra, Il sorpasso es una comedia que parecía contener el espíritu de la época de una sociedad que se recuperaba económicamente. Dirigida por Dino Rise (que ganó el premio a la mejor dirección, ese año, en el Festival Internacional de Mar del Plata), con guion de Ettore Scola, y coprotagonizada por Jean Louis-Trintignant, fue un éxito de taquilla. Risi le dio un vuelco a la carrera de Gassman, que aparecía como un hombre común, sin ninguna protección en el rostro. En la pantalla estuvo acompañado por la melancólica estrella del cine francés, Jean Louis-Trintignant. Los dos, fuera del rodaje, competían por seducir mujeres.
Gassman no ocultaba su deseo de popularidad, pero “popularidad” no entendida como algo relativo a la fama o el éxito personal. Aunque hizo su carrera en el norte de Italia, quería llevar el arte a los sectores menos favorecidos de la sociedad italiana. “Para nosotros, ‘popular’ significaba sobre todo ‘accesible a todos’. Es decir, entradas a precios bajos, bajísimos, y la posibilidad de permitir que nuestro espectáculo fuera visto también por ese público que, por diversos motivos logísticos y culturales, no había tenido, hasta el momento, la oportunidad” decía sobre la creación del Teatro Popular Italiano. Iniciativa que había financiado con el éxito obtenido de su programa de televisión Il mattatore. Gassman sostenía que la empresa de llevar el teatro a todos los rincones de Italia, por y para italianos, “estaba adelantada a su época”.
Un galán con perfume de mujer
Ser amigo de una persona es algo serio: es conocerla y amarla, pese a todo. Esa era una de las enseñanzas de vida que dejaba “il capitano Fausto Consolo”, el personaje que cimentó la fama internacional de Vittorio Gassman en el clásico Perfume de mujer, también dirigida por Dino Risi.
En 1974, la película recibió una ovación en el Festival de Cannes y Gassman fue galardonado con el premio al mejor actor por interpretar al capitán ciego. Perfume de mujer encandiló a todo el mundo: en Hollywood recibió dos nominaciones al Oscar (por película extranjera y guion original) y, décadas más tarde, tuvo una exitosa remake protagonizada por Al Pacino ocupado el rol que interpretaba Gassman.
Un gaucho (italiano) en la Argentina
Si la amistad es conocer a una persona y amarla pese a todo, los que conocieron la vida íntima de Gassman fuera de la pantalla, sabían que estaba llena de sombras. Sufría depresión. Decía que era como “estar muerto en vida” y podía pasar horas inmóvil mirando a la pared. A menudo se sentía solo, vacío, soportando el dolor del inexorable paso del tiempo. Pero frente a los espectadores trataba de ocultar todos los miedos que corroían su alma.
Gassman, en una de sus tantas visitas a Buenos Aires
Se enamoró, desde adolescente, de la Argentina. El legendario Antonio Carrizo lo acompañaba en sus recorridos por Buenos Aires, de la que Gassman decía “es más un estado de la mente que una ciudad”. En sus visitas, se encontró con presidentes como Juan Perón, Carlos Menem y Fernando De La Rúa. Se reunió con personalidades como las Abuelas de Plaza de Mayo, Mirtha Legrand, Amalia Lacroze de Fortabat y era admirador de la literatura de Borges.
Gassman amaba al pueblo argentino y el pueblo argentino amaba más que al actor que prometía la felicidad en la pantalla: amaba a la persona. Ese vínculo tan especial, con el que seguro se sentía identificado, lo explicaba el propio Gassman: “Los argentinos pasan de la euforia a la depresión en segundos. Hoy se sienten los reyes del mundo y mañana los insectos más despreciables”.

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