domingo, 7 de enero de 2024

AL MARGEN Y MIRADAS


Costos y beneficios de patear el hormiguero
Héctor M. Guyot
Todo junto. De una. A todo o nada. Así salió Javier Milei a impulsar la reforma estructural de la Argentina. El megadecreto y el proyecto de ley ómnibus presentado al Congreso tuvieron el efecto de una patada en el hormiguero. Al factor sorpresa se le sumó la contundencia de un impacto que afecta a todos los estamentos. Por ahora, nadie sabe bien dónde está parado. En el desbande, la confusión es mucha. La amplitud del DNU multiplica la apertura de causas judiciales ante jueces de distintos fueros con decisiones encontradas, en una deriva caótica que las instancias superiores deberán ordenar. En el plano político, ni hablar. Mientras los legisladores buscan el modo de abordar semejante paquete de cambios –para impulsarlo o detenerlo, según el caso–, las corporaciones que ven amenazados sus privilegios salen a la lucha dispuestos a defenderlos. Afirmándose en su voluntad de transformar la matriz legal del país, y con el tiempo en contra, un gobierno todavía en formación atiende como puede la gran cantidad de frentes que ha abierto. Todo, ante una sociedad maltratada y herida por los que se fueron, que tampoco sabe bien dónde está parada y aguanta como puede una vertiginosa escalada de precios.
Por solo intentar un cambio en el índice de movilidad jubilatoria, el gobierno de Mauricio Macri recibió una lluvia de piedras en el Congreso, en medio de una batalla campal que marcó el inicio de su declive. Milei habrá previsto que quienes disfrutan de las prebendas corporativas saldrían con los tapones de punta a resistir la transformación. Aun así, decidió ponerlos en jaque a todos juntos –o casi– mediante su DNU y un proyecto de ley de más de 600 artículos. La reacción, ahora, es múltiple.
Con perdón de la analogía, pensemos en un boxeador que, no conforme con vencer a un adversario por vez hasta obtener la corona, invita al conjunto de sus rivales al ring para atenderlos en grupo. El problema principal no es que le falte entrenamiento, sino que solo tiene dos brazos. Desde abajo del cuadrilátero, se diría que tira golpes a tontas y a locas. Y no parece capaz de detener la embestida grupal para repensar el plan. Así, solo le queda envalentonarse e ir para adelante. Decidido a avanzar, Milei le ha confiado a su equipo que si la ley no sale contraatacará con más decretos.
¿Es errada la estrategia del Presidente? El objetivo –revertir en poco tiempo la matriz legal y el reflejo conductual de los argentinos, decantado durante décadas– es desmesurado, y por eso resulta difícil juzgar a priori la efectividad del medio elegido para alcanzarlo. La idea de enfrentar en simultáneo a las fuerzas de la reacción también puede ser defendida. Esos contendientes están todavía magullados y aturdidos por la paliza que han sufrido en las elecciones. En este sentido, con el resultado del balotaje aún fresco y un importante apoyo popular, Milei acaso esté en el pico de su capacidad de acción. Si enfrentara a sus rivales de a uno, el retador iría perdiendo fuerza, además de tiempo, y tendería a bajar la guardia. Alguno podría completar el castigo con un cross que ponga fin a las pretensiones libertarias.
El centro del ring lo disputan ahora los pesos pesado de los gremios, de mano larga y dura, aunque ablandados por la falta de sacrificio y los goces de la buena vida. Al ir a fondo con un DNU y un proyecto de ley que contemplan desregulaciones en un sinfín de materias –laborales, comerciales, de salud, agropecuarias, mineras y más– alegando una necesidad y una urgencia que sin duda existen para muchas de ellas, Milei no solo golpeó fuerte. Al mismo tiempo, le dio a la reacción corporativa la posibilidad de neutralizar el cambio judicializándolo por cuestiones de forma, cuando sabemos que lo que en verdad le preocupa a esta gente son los cambios de fondo. Si hay una casta indiscutible es la de los sindicatos, con jefes que han mantenido sus cargos durante 30 o 40 años y han apañado un modelo que los hizo ricos y llevó al país a la pobreza, mientras, como fuerza de choque de la casta política, le daban el tiro de gracia a cuanto proyecto de reforma hubo en las cuatro décadas de democracia.
La consigna del todo o nada le trajo a Milei otro problema. Que sería más grave si, en lugar de ser resultado de una estrategia, fuera una expresión de su personalidad. Con su actitud intransigente, con su verbo encendido, son muchas las veces que el Presidente genera una reacción de rechazo en quienes están en principio dispuestos a acompañar su gestión. En su discurso, legisladores honestos y deshonestos suelen caer en la misma bolsa cuando los acusa, sin matices y con desprecio, de pertenecer a la “casta”. Hacen bien los legisladores republicanos en no acusar el agravio y en apoyar el sentido de los cambios que impulsa el oficialismo. Son muestras de madurez política. Del otro lado, la disposición del Gobierno a revisar la reforma pesquera ante observaciones en principio sensatas del sector acaso vaya en la misma dirección.
Al hormiguero hay que reconstruirlo. A diferencia de las hormigas, los seres humanos necesitamos del diálogo para actuar en beneficio de la especie.
Milei habrá previsto que quienes disfrutan de las prebendas corporativas saldrían a resistir la transformación. Aun así, decidió ponerlos en jaque a todos juntos

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Cacique que ríe último ríe mejor
 Graciela Guadalupe La columna de Carlos M. Reymundo Roberts volverá a publicarse el 27 de enero

Hay quienes abandonan el trabajo en el Estado llevándose una discreta bolsa con útiles y recuerdos personales. Dejan todo ordenado al sucesor, aunque sea de signo político contrario. Otros reciben al reemplazante aún antes de desocupar el escritorio. Le muestran las dependencias, le entregan el balance de gestión y hasta lo invitan a tomar un café. Eso, en Finlandia. Acá se complica.
Desde ya que hay mucha gente educada, respetuosa, pero esos gestos no trascienden. La explicación es simple: si se hace lo correcto, bien hecho está. Punto. Periódicamente, los periodistas discutimos sobre por qué le damos tanta importancia y cobertura, por ejemplo, al taxista que devuelve al pasajero distraído una mochila repleta de dólares. Y, peor aún, pareciera que el chofer es más honesto cuando más plata restituye.
Distinto es dar a conocer el caso del que se va de la oficina llevándose hasta los foquitos de luz, el que tritura los papeles oficiales para que no quede rastro de su trabajo –si es que fue a trabajar alguna vez– o el que en el apuro por huir cargado como Rey Mago antes de que le aumenten el alimento balanceado del camello se olvida de despegar en la Casa de Gobierno el cartel de la escalera que indicaba que no debía ser usada como baño. Asco es poco.
Una vez más: cuando por estas tierras creemos haberlo visto todo, hay siempre un argentino –o tres en este caso– dispuestos a plantar un nuevo mojón que lleva a la ruta del camelo doblando por la avenida del delito.
Claudio Poggi, el reingresante gobernador de San Luis –la exprovincia floreciente de los Rodríguez Saá que ahora paga los sueldos en cuotas–, denunció que Alberto Rodríguez Saá (hijo) se hizo nombrar “cacique”, junto con otros dos integrantes del saliente gobierno de su padre. No, querido lector, el muchacho no pretende que lo llamen cacique como se los tilda a su papá y a su tío Adolfo por haber gobernado la provincia con mano férrea, alternándose en el cargo durante los últimos 40 años. Albertito y sus dos acólitos se proclamaron “lonkos del pueblo ranquel”. Armaron una asamblea que fue ratificada por una resolución del registro de la Dirección de Personas Jurídicas de San Luis pocos días antes de que “el Alberto” mayor –y toda la parentela– tuvieran que dejar la gobernación apabullados por los votos que perdió el candidato al que apostaron con la intención de perpetuar la especie... la especie dinástica, vividora del poder.
Mire cómo será que ni los propios ranqueles le reconocen autoridad a Albertito (me refiero al Rodríguez Saá hijo; el otro Fernández arrancó huérfano de autoridad y se fue sin conocerla). Es que el trío usurpador puntano no se “arranqueló” por amor a los pueblos originarios. Se “convirtieron” al solo fin de administrar tierras de explotación ganadera: unas 66.000 hectáreas que el Estado provincial le había entregado al pueblo ranquel hacía años. Un error de cálculo.
Mirando con ojos condescendientes la autopercepción de Cristina como arquitecta egipcia o el hecho de que haya dicho que les tengamos miedo a Dios y también un poquito a ella, hoy parecen imágenes extraídas de un cuento de Perrault.
El despojo de la descendencia del feudo puntano se emparenta mejor con los policiales negros, afirmado esto con absoluta deferencia, máxime después de haber aprendido durante el kirchnerismo que es mejor decir “no blanco” para no discriminar, no hablar de pobres para no estigmatizarlos, negar la inseguridad porque no existe y volverse un ferviente católico practicante –sí y solo sí– el sillón de Pedro lo ocupa un argentino .
¡Cuánto bagaje cultural nos legaron los socios ocasionales de los Rodríguez Saá! Alemania tenía más pobreza que la Argentina; el Indec era una academia de dibujo y no un centro de estadísticas; a algunos presos se los liberaba porque sí, y la única tropa respetada y venerable era el Vatayón Militante.
La historia estaba toda mal contada, por eso hubo que revisionarla; pasar de grado ya no era un mérito, sino una casualidad favorable, y el verdadero gorro frigio resultó ser el Nestornauta.
Más que presidente, Sarmiento fue un dibujo animado gruñón y soberbio que bailaba cumbia con Zamba en el programa Pakapaka y los herejes del nacionalpopulismo contaban con escrache cultural garantizado en la Feria del Libro. La Justicia Legítima legitimaba la injusticia y ¡vivan los feriados puente a falta de obra pública!
Un hallazgo impresionante lo del lonko Alberto. Apenas una resolución lo convirtió en cacique, dueño y señor de la tierra de los ranqueles. De haberlo sabido Gildo Insfrán, le hubiera salido menos plata mantener por décadas un voto cautivo a fuerza de empleo público en Formosa. Lo mismo le hubiera pasado a Gerardo Zamora en Santiago del Estero. Falso lonko que ríe último, por ahora, ríe mejor.
Siempre hay alguien que planta un nuevo mojón en la ruta del camelo doblando por la avenida del delito

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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