Milei quiere bajar el gasto público, ¿quién más?
Juan Carlos de Pablo
Con enorme frecuencia se habla del Gobierno, cuando en realidad se debería hablar del Poder Ejecutivo, del Poder Legislativo y del Poder Judicial, de la misma manera que con enorme frecuencia se habla del Estado, sin distinguir entre las jurisdicciones nacional, provincial y municipal.
Desde el punto de vista fiscal, este último aspecto es el más importante. Un fabricante de un producto x tiene encima de él a un intendente, a un gobernador y al presidente de la Nación. Por lo cual, para él o ella, la “factura” impositiva tiene tres componentes.
El presidente de la Nación está claramente comprometido con la reducción del gasto público… nacional. Lo mostró en lo que va de su gestión y todo indica que continuará haciéndolo de ahora en más. Pero ¿qué van a hacer los gobernadores y los intendentes al respecto?
Más precisamente, ¿qué puede hacer Javier Gerardo Milei para convencer a los gobernadores y a los intendentes de imitarlo en materia fiscal? Poco, por no decir nada. Tengo demasiados años para esperar algo significativo de los consensos, los pactos, etcétera.
El tema es más que preocupante, por los tiempos de la realidad, por una parte, y de los funcionarios, por otra parte. No sea cosa que cuando el Estado le dé la razón a un productor en un caso de dumping haga ya rato que la empresa haya dejado de funcionar y sus asalariados hayan terminado en la calle. Algo parecido ocurre con la judicialización de algunas decisiones impositivas adoptadas en el conurbano y en la provincia de Buenos Aires
¿Qué hacer aquí y ahora? Revisar las decisiones que inducen la importación, versus aquellas que disminuyen el costo local de los productos que pueden ser objeto de comercio internacional, y que las pulseadas políticas interjurisdiccionales no se desarrollen a costa de las personas y las empresas instaladas en distintos puntos del país. ¿Votar “mejor”en2025?Sí,peronoalcanza.
Todo esto lo vengo diciendo desde hace un buen número de meses. Y sigo insistiendo, porque el problema no solo es relevante, sino creciente. En la economía real, por oposición a la monetaria, cambiaria, financiera, etcétera, la distancia que existe entre el momento en el cual se adoptan las decisiones y aquel en el cual afloran los resultados no se mide en minutos, sino en meses. Esto quiere decir comenzar a corregir, para que los resultados se produzcan en algún momento del año que está por comenzar.
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Primera Navidad en el exilio
Alejandro Díaz Bessone
Se cumplen 200 años de la primera Navidad del general San Martín lejos de su patria, cuando lo encontró en la ciudad de Bruselas, Reino de los Países Bajos, sin imaginar que jamás volvería a pisar suelo argentino. El General había decidido dejar de residir en Londres, embarcándose apenas unos días antes de Navidad para cruzar el canal de la Mancha y llegar a Ostende. Lo acompañaban su hija Merceditas, quien estaba en receso escolar del colegio londinense; su hermano Justo Rufino, y su criado Eusebio Soto.
Transitaron en diligencia los 90 kilómetros que los separaban de Bruselas y llegaron por la tarde. El señor Gentille ya les había reservado alojamiento en el Hotel Flanders, que hoy no existe, muy bien ubicado sobre la Rue de la Violette, a pocas cuadras de la Grand Place en el centro histórico y muy próximo a la catedral Saints Michel et Gudule.
La Grand Place era el centro comercial más importante de la época. Allí, durante el día, salían a la venta los más variados productos. Los comerciantes ocupaban el amplio espacio de esa hermosa plaza gótica que en la proximidad de la Navidad ofrecía un clima festivo. El movimiento comenzaba poco después de las 10 y continuaba hasta más allá de las 17. En pleno invierno, con las temperaturas bajo cero y habituales nevadas y neviscas, el consumo de bebidas alcohólicas era importante como forma de paliar las inclemencias del tiempo. Entre las más comunes se destacaban los diferentes tipos de cerveza de muy buena calidad y el vino tinto caliente especiado que gustaban saborear el General y su hermano, junto a diferentes chocolates que acompañaban con ginebra, en forma moderada, recordando el cruce de los Andes.
Si bien la prioridad del General era buscar una vivienda permanente, la cercanía de las Fiestas los hizo permanecer en el hotel hasta que Merceditas regresó al colegio de Londres, los primeros días de enero de 1825. Lamentablemente, los registros del Hotel
Flanders de la ciudad de Brujas (de la misma familia propietaria del hotel homónimo de Bruselas que funcionó entre 1806 y 1867) no contienen datos al respecto. Volviendo a la familia San Martín, los días de diciembre eran muy fríos, con alta humedad y nubosidad permanente. A pesar
Casi todos los días iban a caminar por la Grand Place, rodeada de inmuebles de estilo góticode eso se sentían cómodos, en un hotel familiar, bien ubicado y calefaccionado.
Casi todos los días iban a caminar por la Grand Place, rodeada de inmuebles de estilo gótico, pertenecientes a las sociedades comerciales o gremios más importantes (cerveceros, panaderos, chocolateros, arquitectos, pintores y artistas y vendedores de carnes de pavo o de cerdo, por mencionar las más caracterizados). Como recibían comerciantes y público del interior y países vecinos, el movimiento era intenso.
La Navidad en ese tiempo era una festividad esencialmente religiosa, celebrada exclusivamente en familia. El 25 de diciembre y los días anteriores se vivían con particular entusiasmo, conmemorativo del nacimiento del niño Jesús. El bullicio de la gente en la plaza era acompañado de villancicos que contagiaban alegría. Se iba a misa y se almorzaba en familia a las 12, como era la costumbre. Seguramente los San Martín concurrieron a la celebración de la catedral Saints Michel et Gudule, o a la iglesia Notre Dame du Sablon, del siglo XI, que se encontraba cerca del hotel, en el barrio del Sablón, zona del centro donde hay una plaza importante que hace referencia a la ocupación de los españoles en el siglo XIV.
Es probable que la familia haya almorzado en la Sociedad de Comercio, en plena Grand Place, lugar donde posteriormente San Martín tendrá un abono para almorzar de lunes a viernes. Era uno de los edificios caracterizados de la plaza, con un restaurante en su planta baja y las oficinas en sus pisos superiores.
El General se sentía muy cómodo en esta ciudad cosmopolita. Apenas contaba con 80.000 habitantes y todo era más económico que en Londres. Poco después, ya instalado en su nuevo hogar, de la calle Fiancée 1422, le escribe a su entrañable amigo Bernardo O’Higgins: “Vivo en una casita de campo, a tres cuadras de la ciudad, en compañía de mi hermano Justo; ocupo mis mañanas en la cultura de un pequeño jardín y en mi taller de carpintería; por las tardes salgo a paseo y las noches en la lectura de algunos libros alegres y en papeles públicos; he aquí mi vida. Usted dirá si soy feliz. Sí, amigo mío, verdaderamente lo soy. A pesar de esto ¿me creerá usted si le aseguro que mi alma encuentra un vacío que existe en la misma felicidad? ¿Sabe usted cuál es? El de no estar en Mendoza. Usted reirá, hágalo, pero le protesto que prefiero la vida que seguía en mi chacra a todas las ventajas que presenta la culta Europa y sobre todo este país, que por la libertad de su gobierno y seguridad que en él se goza le hace un punto de reunión de un inmenso número de extranjeros. Por otra parte, lo barato de él no guarda proporción con el resto de Europa. Basta decir a usted que por mi casa compuesta de tres piezas perfectamente tapizadas y un jardín de más una cuadra pago al año mil francos (200 pesos) y así en proporción todo lo demás”. Pensamientos que ponen en relieve la simpleza y austeridad de la Primera Espada de la patria.
Continuaba afirmando: “Mi juventud fue sacrificada al servicio de los españoles; mi edad mediana al de la Patria; creo que me he ganado mi vejez”. Por fin había llegado el ansiado y merecido reposo del guerrero. En esos días recibía otra gran noticia: la victoria de Ayacucho, el 9 diciembre de 1824, batalla que dio la libertad definitiva a los pueblos americanos del sur, donde participó su regimiento, Granaderos a Caballo.
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Congreso Eucarístico Internacional de 1934
Sergio Gastón Lorenzo Rev. Pbro.
Al conmemorase el 90ºaniversario del Congreso Eucarístico Internacional de 1934, celebrado en la ciudad de Buenos Aires, hacemos memoria agradecida de uno de los eventos más trascendentes del siglo XX para la Iglesia que peregrina en la Argentina.
Con la presencia del legado pontificio, cardenal Eugenio Pacelli –futuro papa Pío XII–, el Congreso significó una gran renovación espiritual para el país. Durante una semana se concentraría en Buenos Aires el interés de la opinión católica nacional e internacional. Peregrinos venidos de todo el mundo fueron testigos de una nación unida trabajando por un objetivo común.
Los beneficios espirituales y temporales del Congreso no se hicieron esperar. En cada parroquia se revalorizó la devoción eucarística, de manera particular la adoración que comenzó a ser una práctica habitual, y el fervor religioso suscitó grandes figuras católicas del arte, las leyes, la política, el pensamiento, la dirigencia sindical y empresarial, que sobresaldrían en la vida nacional. Así, hombres y mujeres sin distinción se comprometieron activamente a través de diferentes instituciones eclesiásticas en favor de toda la sociedad, trabajando con renovado espíritu para construir una sociedad más justa y fraterna.
La gran cantidad de niños reunidos en Palermo para recibir por primera vez la comunión, así como la multitudinaria procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de la ciudad, son las dos estampas más difundidas del Congreso. Imágenes que reflejan de algún modo lo vivido en ese período.
De hecho, en marzo de ese mismo año, el papa Pío XI, mandó erigir 10 nuevas diócesis y a elevar a 6 de ellas a arquidiócesis en nuestro país, lo cual ayudó a una mejor organización eclesial, motivando un gran movimiento pastoral en cada una de las Iglesias locales.
En un contexto marcado por la dura situación que atravesaba el país a mediados de la década, tras la crisis económica e institucional abierta en 1930, el Congreso de 1934 fue un signo de esperanza.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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