Villarruel intenta bajarle el tono a la interna con el Presidente
Oficialismo. La vicepresidenta se mostró alineada con Milei, luego de que el libertario exigió “acatar la línea” de su conducción
Gustavo Ybarra
La relación entre Victoria Villarruel y la mesa chica del gobierno libertario parece cada vez más tensa. A tal punto que ayer la vicepresidenta salió a aclarar que no participa de “ningún armado político” distinto al de La Libertad Avanza (LLA), la fuerza a la que se integró junto al presidente Javier Milei.
“No estoy en ningún armado político”, sostuvo Villarruel en un escrito en las redes sociales tras la polémica por el senador Edgardo Kueider, quien fue expulsado del cuerpo el jueves pasado tras una sesión que impugnó la Casa Rosada.
Desde Italia, donde estuvo el fin de semana, Milei cuestionó a la titular del Senado porque, según dijo, no podría haber permanecido en la sesión porque debía estar a cargo del Poder Ejecutivo. El mandatario advirtió: “El que tiene con agendas propias será expulsado”. Y exigió “acatar la línea” de su conducción.
Eso dio lugar a que se especulara con la posibilidad de que Villarruel se desmarque del Presidente. Por eso ella misma debió aclarar que “ante comunicados recientes de algunos partidos políticos que se arrogan la representación de mi persona y mis ideas, quiero expresar que hoy no hay lugar para la moderación. No estoy participando de ningún armado político y cuando lo haga, lo haré donde el presidente Milei me lo pida”, escribió la titular del Senado en la red social X.
“Me acuerdo como si fuera ayer cuando éramos solo dos diputados con el presidente Milei contra el kirchnerismo, que es el mismo que está ahora porque no cambiaron ni un nombre. Nos hacían la vida imposible, nos destrataban e intentaban denigrarnos en cada oportunidad que tenían; pero a pesar de eso nos acompañamos sabiendo que el destino de la Argentina era brillante”, rememoró Villarruel en la cabeza de la publicación.
La vice aclaró: “Soy parte del espacio que gobierna nuestro país, desde su misma fundación y aquí me quedaré defendiendo las convicciones que nos llevaron a encontrar un camino común al presidente Milei y a mí”.
La validez de la expulsión de Kueider, que se encuentra detenido en Paraguay por contrabando y fue clave para la votación de la Ley Bases, generó una controversia alentada por el Gobierno. Para el jefe del Estado, el acto fue nulo. Acusó a Villarruel de haber avanzado a sabiendas de que se tenía que hacer cargo de la presidencia.
El vínculo entre el jefe del Estado y su compañera de fórmula empeoró cuando señaló, en una entrevista, que Villarruel estaba “más cerca de la casta”. Pero la sesión por Kueider fue divisora de aguas. El Presidente señaló desde Roma: “El mismo jueves el propio [Manuel] Adorni confirmó que yo estaba viajando a Italia y eso fue diseminado por todos los medios. Pero además, cuando yo termino de firmar, el escribano la llama insistentemente [por Villarruel] y después le escribieron a la secretaria, que tampoco contestó”, blanqueó Milei en diálogo con el periodista Luis Majul por radio.
La vicepresidenta respondió ayer por la tarde. Dijo que no está participando de ningún armado político y que solo lo hará donde Milei se “lo pida”. Lo hizo ante especulaciones sobre una posible embestida contra la titular del Senado desde el propio seno del Gobierno. La actitud de la vice va en línea con lo expuesto por sus interlocutores. En diálogo aseguraban que no estaba en sus planes tomar distancia de la gestión o construir un armado propio con vistas a 2025.
La titular del Senado se inclina por desescalar el conflicto institucional. De hecho, quienes la tratan a menudo aseguran que Villarruel había decidido avanzar con los trámites para desafiliarse del Partido Demócrata –a mediados de año renunció a la presidencia del partido en Buenos Aires, su base política– para ponerse a disposición del gobierno en las legislativas de 2025.
Es decir, Villarruel quería dar señales de que pretendía ayudar al oficialismo en caso de que la presidenta de LLA a nivel nacional, Karina Milei, una de sus principales detractoras en la interna libertaria, opte por convocarla. “Estaba para ayudar, quería quedar libre para lo que necesite electoralmente el Gobierno”, comentaban las fuentes consultadas.
La pelea con el presidente Milei, que parece sin retorno, abre interrogantes sobre el lugar que ocupará Villarruel en 2027.
Red de apoyos
En este contexto, una figura que gana terreno en el círculo de confianza de Villarruel es Emilio José Viramonte Olmos, excónsul de Dinamarca y Suecia en Córdoba.
Para las tareas diarias Villarruel se recuesta en sus asesores y colaboradores en el Senado, como Guadalupe Jones, Agustín Giustinian o María Laura Izzo, entre otros, y en un grupo de jóvenes que cobraron protagonismo en la Cámara alta. Se trata de los integrantes de la agrupación La Derecha Argentina, que lidera el titular de la Agencia de Atención Ciudadana, Juan Martín Donato. No tienen construcción territorial y las vice los llama “los villarruelines”
Cercada por su propio gobierno, la vicepresidenta Victoria Villarruel atraviesa sus horas más oscuras desde que tomó posesión del cargo y de la presidencia del Senado. Ya no le quedan dudas de que la Casa Rosada quiere verla reducida a su mínima expresión política y, de ser posible, humillada.
Aunque ya deberían estar acostumbrados, en el entorno de Villarruel se sorprenden por la crueldad con la que “el triángulo de hierro”, compuesto por los hermanos Javier y Karina Milei y Santiago Caputo, sigue atacándola. Por eso, otra vez empieza a sonar en el primer piso del Senado, donde habita la vicepresidenta, la muletilla esgrimida durante las anteriores refriegas públicas con el primer anillo del poder. “No la rajan porque no pueden, porque no está a tiro de decreto”, repiten cerca de la vicepresidenta.
Tras la crisis a la que la sometió Milei al acusarla públicamente de “estar cerca del círculo rojo”, que es casi como decir que pertenece a la tan denostada casta, Caputo logró que la vicepresidenta rindiera parte de la ciudadela de su independencia política en el manejo del Senado y le consultara algunas jugadas legislativas antes de llevarlas a cabo.
Pero al asesor presidencial parece que no le alcanza con haberle arrebatado esa facultad, sino que quiere la rendición total e incondicional de la vicepresidenta, al extremo de no escatimar esfuerzos en exponer los errores de Villarruel, sean verdaderos o inventados, y en someterla a algunas acciones que rozan la humillación.
Fue lo que hizo tras la confusión por el traspaso de mando no concretado durante la sesión del jueves pasado, en la que fue expulsado el entrerriano Edgardo Kueider, el ahora exsenador que permanece detenido en Asunción tras haber sido sorprendido intentando ingresar más de US$200.000 sin declarar a Paraguay.
Es tal el desprecio que emana de la Casa Rosada que el Gobierno prefirió poner al escribano general como víctima que defender a la vicepresidenta. Parece que la responsabilidad de correr atrás del funcionario que lleva el registro notarial de los actos de la PresidenVillarruel cia es de Villarruel y no de quien tiene esa función.
Caputo operó en los medios, sin que nadie lo cuestionara, que un simple chat de WhatsApp enviado 48 horas antes del viaje presidencial con una secretaria de la vicepresidenta es suficiente notificación para que Villarruel se considerara a cargo del Poder Ejecutivo a partir del momento en que el Presidente abandonara el país. “Es poco serio”, se quejó un senador que está alineado con el Gobierno, que tiene línea directa con el todopoderoso asesor presidencial pero que entiende que el hostigamiento a la vicepresidenta roza el exceso.
De hecho, no son pocos los legisladores de la oposición dialoguista que están convencidos de que la difusión de la irregularidad por el traspaso de mando estuvo motivada en seguir haciéndole daño a Villarruel más que en plantar pruebas para que Kueider o un tercero pueda ir a la Justicia a invalidar la sesión y así evitar que asuma la ultrakirchnerista que debería ocupar la banca del entrerriano.
Del error al escarnio
Hay un dato concreto que citan quienes sostienen que, como es costumbre en Caputo, intentó hacer de un error propio el escarnio ajeno. Ninguno de los senadores libertarios que salieron a remarcar el error en el que habría incurrido Villarruel fue capaz de advertirlo en su momento para evitar el problema.
Esto marca, además, que la disociación con la bancada oficialista es otro hecho que muestra la debilidad en la que se encuentra Villarruel. Casi nadie de la escueta tropa libertaria del Senado le responde por temor a ganarse el odio de Caputo. Es más: con el jefe del bloque Ezequiel Atauche (Jujuy) a la cabeza, parecen no tener pruritos en dejarla expuesta si esa es la orden de la Casa Rosada.
“A Atauche lo maneja Caputo a control remoto desde la Casa Rosada”, cuenta un funcionario del Senado que tiene relación con el senador libertario, antes de recalcar que el jujeño no tiene estructura política y posee un limitado nivel de lectura política. Con soldados así, Villarruel no tiene quien le sea leal en el Senado.
Aunque ya pasaron cinco días, el llamado a sesión para tratar el caso Kueider sigue siendo, por estas horas, motivo de controversia interna y discusión en el Senado y en usinas políticas.
dijo que no tenía margen para evitar la sesión. Desde el Gobierno aseguran que podía haberse desentendido del tema y dejar sin respuesta el pedido de sesión especial orquestado por una Cristina Kirchner deseosa de vengarse de Kueider, dar una señal de qué es lo que espera a quienes la traicionan y, de paso, alzarse con una banca para una dirigente de lealtad perruna a su figura.
La verdad es que Villarruel fue empujada a seguir ese camino por la decisión del cordobés Luis Juez, que le comunicó el martes a la tarde que el bloque Pro, que preside, en su mayoría había decidido bajar al recinto, no para expulsar al entrerriano, pero sí para suspenderlo. Era la orden que había bajado Mauricio Macri, que no quería que su partido quedara votando con el kirchnerismo, y que había obtenido el mayor consenso entre los senadores de la escudería amarilla.
De los siete senadores de Pro, al menos cinco apoyaban esa postura. Sumados a los 32 peronistas de Unión por la Patria, alcanzaban el quorum para habilitar la sesión. Detrás de ellos se iban a sumar algunos radicales y provinciales. En ese momento, Villarruel supo que la sesión podía arrancar con o sin su anuencia y decidió convocarla. “Nunca debió haber llamado la sesión. Tendría que habernos dejado hacer una expresión en minoría y ahí terminaba todo”, opinó, con el diario del lunes en la mano, un senador peronista que no comulgaba con la estrategia de la conducción kirchnerista, pero que, ante todo, es verticalista ante las decisiones de la bancada.
La incógnita que nunca nadie podrá revelar es cuántos senadores de la oposición dialoguista se hubiesen animado a sumarse al kirchnerismo y ser claves para que arrancara una sesión a contramano de la decisión de la presidencia de la Cámara alta. Peor aún. Quién se hubiese animado a ser el senador dispuesto a cargar sobre sus hombros con el anatema de ser el que le diera el quorum al kirchnerismo.
Cómo manejarse cuando el enemigo es el propio gobierno al que pertenece parece ser la pregunta que se hacen por estos días Villarruel y su grupo de colaboradores más cercanos. Sin embargo, la tarea no es tan fácil. Todas las respuestas encontradas hasta ahora se escapan como arena entre los dedos ante cada nueva zancadilla de la Casa Rosada.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Villarruel intenta bajarle el tono a la interna con el Presidente
Oficialismo. La vicepresidenta se mostró alineada con Milei, luego de que el libertario exigió “acatar la línea” de su conducción
Gustavo Ybarra
Villarruel, asediada en la interna libertaria, resiste las embestidas de la Rosada
La relación entre Victoria Villarruel y la mesa chica del gobierno libertario parece cada vez más tensa. A tal punto que ayer la vicepresidenta salió a aclarar que no participa de “ningún armado político” distinto al de La Libertad Avanza (LLA), la fuerza a la que se integró junto al presidente Javier Milei.
“No estoy en ningún armado político”, sostuvo Villarruel en un escrito en las redes sociales tras la polémica por el senador Edgardo Kueider, quien fue expulsado del cuerpo el jueves pasado tras una sesión que impugnó la Casa Rosada.
Desde Italia, donde estuvo el fin de semana, Milei cuestionó a la titular del Senado porque, según dijo, no podría haber permanecido en la sesión porque debía estar a cargo del Poder Ejecutivo. El mandatario advirtió: “El que tiene con agendas propias será expulsado”. Y exigió “acatar la línea” de su conducción.
Eso dio lugar a que se especulara con la posibilidad de que Villarruel se desmarque del Presidente. Por eso ella misma debió aclarar que “ante comunicados recientes de algunos partidos políticos que se arrogan la representación de mi persona y mis ideas, quiero expresar que hoy no hay lugar para la moderación. No estoy participando de ningún armado político y cuando lo haga, lo haré donde el presidente Milei me lo pida”, escribió la titular del Senado en la red social X.
“Me acuerdo como si fuera ayer cuando éramos solo dos diputados con el presidente Milei contra el kirchnerismo, que es el mismo que está ahora porque no cambiaron ni un nombre. Nos hacían la vida imposible, nos destrataban e intentaban denigrarnos en cada oportunidad que tenían; pero a pesar de eso nos acompañamos sabiendo que el destino de la Argentina era brillante”, rememoró Villarruel en la cabeza de la publicación.
La vice aclaró: “Soy parte del espacio que gobierna nuestro país, desde su misma fundación y aquí me quedaré defendiendo las convicciones que nos llevaron a encontrar un camino común al presidente Milei y a mí”.
La validez de la expulsión de Kueider, que se encuentra detenido en Paraguay por contrabando y fue clave para la votación de la Ley Bases, generó una controversia alentada por el Gobierno. Para el jefe del Estado, el acto fue nulo. Acusó a Villarruel de haber avanzado a sabiendas de que se tenía que hacer cargo de la presidencia.
El vínculo entre el jefe del Estado y su compañera de fórmula empeoró cuando señaló, en una entrevista, que Villarruel estaba “más cerca de la casta”. Pero la sesión por Kueider fue divisora de aguas. El Presidente señaló desde Roma: “El mismo jueves el propio [Manuel] Adorni confirmó que yo estaba viajando a Italia y eso fue diseminado por todos los medios. Pero además, cuando yo termino de firmar, el escribano la llama insistentemente [por Villarruel] y después le escribieron a la secretaria, que tampoco contestó”, blanqueó Milei en diálogo con el periodista Luis Majul por radio.
La vicepresidenta respondió ayer por la tarde. Dijo que no está participando de ningún armado político y que solo lo hará donde Milei se “lo pida”. Lo hizo ante especulaciones sobre una posible embestida contra la titular del Senado desde el propio seno del Gobierno. La actitud de la vice va en línea con lo expuesto por sus interlocutores. En diálogo aseguraban que no estaba en sus planes tomar distancia de la gestión o construir un armado propio con vistas a 2025.
La titular del Senado se inclina por desescalar el conflicto institucional. De hecho, quienes la tratan a menudo aseguran que Villarruel había decidido avanzar con los trámites para desafiliarse del Partido Demócrata –a mediados de año renunció a la presidencia del partido en Buenos Aires, su base política– para ponerse a disposición del gobierno en las legislativas de 2025.
Es decir, Villarruel quería dar señales de que pretendía ayudar al oficialismo en caso de que la presidenta de LLA a nivel nacional, Karina Milei, una de sus principales detractoras en la interna libertaria, opte por convocarla. “Estaba para ayudar, quería quedar libre para lo que necesite electoralmente el Gobierno”, comentaban las fuentes consultadas.
La pelea con el presidente Milei, que parece sin retorno, abre interrogantes sobre el lugar que ocupará Villarruel en 2027.
Red de apoyos
En este contexto, una figura que gana terreno en el círculo de confianza de Villarruel es Emilio José Viramonte Olmos, excónsul de Dinamarca y Suecia en Córdoba.
Para las tareas diarias Villarruel se recuesta en sus asesores y colaboradores en el Senado, como Guadalupe Jones, Agustín Giustinian o María Laura Izzo, entre otros, y en un grupo de jóvenes que cobraron protagonismo en la Cámara alta. Se trata de los integrantes de la agrupación La Derecha Argentina, que lidera el titular de la Agencia de Atención Ciudadana, Juan Martín Donato. No tienen construcción territorial y las vice los llama “los villarruelines”.
Cercada por su propio gobierno, la vicepresidenta Victoria Villarruel atraviesa sus horas más oscuras desde que tomó posesión del cargo y de la presidencia del Senado. Ya no le quedan dudas de que la Casa Rosada quiere verla reducida a su mínima expresión política y, de ser posible, humillada.
Aunque ya deberían estar acostumbrados, en el entorno de Villarruel se sorprenden por la crueldad con la que “el triángulo de hierro”, compuesto por los hermanos Javier y Karina Milei y Santiago Caputo, sigue atacándola. Por eso, otra vez empieza a sonar en el primer piso del Senado, donde habita la vicepresidenta, la muletilla esgrimida durante las anteriores refriegas públicas con el primer anillo del poder. “No la rajan porque no pueden, porque no está a tiro de decreto”, repiten cerca de la vicepresidenta.
Tras la crisis a la que la sometió Milei al acusarla públicamente de “estar cerca del círculo rojo”, que es casi como decir que pertenece a la tan denostada casta, Caputo logró que la vicepresidenta rindiera parte de la ciudadela de su independencia política en el manejo del Senado y le consultara algunas jugadas legislativas antes de llevarlas a cabo.
Pero al asesor presidencial parece que no le alcanza con haberle arrebatado esa facultad, sino que quiere la rendición total e incondicional de la vicepresidenta, al extremo de no escatimar esfuerzos en exponer los errores de Villarruel, sean verdaderos o inventados, y en someterla a algunas acciones que rozan la humillación.
Fue lo que hizo tras la confusión por el traspaso de mando no concretado durante la sesión del jueves pasado, en la que fue expulsado el entrerriano Edgardo Kueider, el ahora exsenador que permanece detenido en Asunción tras haber sido sorprendido intentando ingresar más de US$200.000 sin declarar a Paraguay.
Es tal el desprecio que emana de la Casa Rosada que el Gobierno prefirió poner al escribano general como víctima que defender a la vicepresidenta. Parece que la responsabilidad de correr atrás del funcionario que lleva el registro notarial de los actos de la PresidenVillarruel cia es de Villarruel y no de quien tiene esa función.
Caputo operó en los medios, sin que nadie lo cuestionara, que un simple chat de WhatsApp enviado 48 horas antes del viaje presidencial con una secretaria de la vicepresidenta es suficiente notificación para que Villarruel se considerara a cargo del Poder Ejecutivo a partir del momento en que el Presidente abandonara el país. “Es poco serio”, se quejó un senador que está alineado con el Gobierno, que tiene línea directa con el todopoderoso asesor presidencial pero que entiende que el hostigamiento a la vicepresidenta roza el exceso.
De hecho, no son pocos los legisladores de la oposición dialoguista que están convencidos de que la difusión de la irregularidad por el traspaso de mando estuvo motivada en seguir haciéndole daño a Villarruel más que en plantar pruebas para que Kueider o un tercero pueda ir a la Justicia a invalidar la sesión y así evitar que asuma la ultrakirchnerista que debería ocupar la banca del entrerriano.
Del error al escarnio
Hay un dato concreto que citan quienes sostienen que, como es costumbre en Caputo, intentó hacer de un error propio el escarnio ajeno. Ninguno de los senadores libertarios que salieron a remarcar el error en el que habría incurrido Villarruel fue capaz de advertirlo en su momento para evitar el problema.
Esto marca, además, que la disociación con la bancada oficialista es otro hecho que muestra la debilidad en la que se encuentra Villarruel. Casi nadie de la escueta tropa libertaria del Senado le responde por temor a ganarse el odio de Caputo. Es más: con el jefe del bloque Ezequiel Atauche (Jujuy) a la cabeza, parecen no tener pruritos en dejarla expuesta si esa es la orden de la Casa Rosada.
“A Atauche lo maneja Caputo a control remoto desde la Casa Rosada”, cuenta un funcionario del Senado que tiene relación con el senador libertario, antes de recalcar que el jujeño no tiene estructura política y posee un limitado nivel de lectura política. Con soldados así, Villarruel no tiene quien le sea leal en el Senado.
Aunque ya pasaron cinco días, el llamado a sesión para tratar el caso Kueider sigue siendo, por estas horas, motivo de controversia interna y discusión en el Senado y en usinas políticas.
dijo que no tenía margen para evitar la sesión. Desde el Gobierno aseguran que podía haberse desentendido del tema y dejar sin respuesta el pedido de sesión especial orquestado por una Cristina Kirchner deseosa de vengarse de Kueider, dar una señal de qué es lo que espera a quienes la traicionan y, de paso, alzarse con una banca para una dirigente de lealtad perruna a su figura.
La verdad es que Villarruel fue empujada a seguir ese camino por la decisión del cordobés Luis Juez, que le comunicó el martes a la tarde que el bloque Pro, que preside, en su mayoría había decidido bajar al recinto, no para expulsar al entrerriano, pero sí para suspenderlo. Era la orden que había bajado Mauricio Macri, que no quería que su partido quedara votando con el kirchnerismo, y que había obtenido el mayor consenso entre los senadores de la escudería amarilla.
De los siete senadores de Pro, al menos cinco apoyaban esa postura. Sumados a los 32 peronistas de Unión por la Patria, alcanzaban el quorum para habilitar la sesión. Detrás de ellos se iban a sumar algunos radicales y provinciales. En ese momento, Villarruel supo que la sesión podía arrancar con o sin su anuencia y decidió convocarla. “Nunca debió haber llamado la sesión. Tendría que habernos dejado hacer una expresión en minoría y ahí terminaba todo”, opinó, con el diario del lunes en la mano, un senador peronista que no comulgaba con la estrategia de la conducción kirchnerista, pero que, ante todo, es verticalista ante las decisiones de la bancada.
La incógnita que nunca nadie podrá revelar es cuántos senadores de la oposición dialoguista se hubiesen animado a sumarse al kirchnerismo y ser claves para que arrancara una sesión a contramano de la decisión de la presidencia de la Cámara alta. Peor aún. Quién se hubiese animado a ser el senador dispuesto a cargar sobre sus hombros con el anatema de ser el que le diera el quorum al kirchnerismo.
Cómo manejarse cuando el enemigo es el propio gobierno al que pertenece parece ser la pregunta que se hacen por estos días Villarruel y su grupo de colaboradores más cercanos. Sin embargo, la tarea no es tan fácil. Todas las respuestas encontradas hasta ahora se escapan como arena entre los dedos ante cada nueva zancadilla de la Casa Rosada.
La relación entre Victoria Villarruel y la mesa chica del gobierno libertario parece cada vez más tensa. A tal punto que ayer la vicepresidenta salió a aclarar que no participa de “ningún armado político” distinto al de La Libertad Avanza (LLA), la fuerza a la que se integró junto al presidente Javier Milei.
“No estoy en ningún armado político”, sostuvo Villarruel en un escrito en las redes sociales tras la polémica por el senador Edgardo Kueider, quien fue expulsado del cuerpo el jueves pasado tras una sesión que impugnó la Casa Rosada.
Desde Italia, donde estuvo el fin de semana, Milei cuestionó a la titular del Senado porque, según dijo, no podría haber permanecido en la sesión porque debía estar a cargo del Poder Ejecutivo. El mandatario advirtió: “El que tiene con agendas propias será expulsado”. Y exigió “acatar la línea” de su conducción.
Eso dio lugar a que se especulara con la posibilidad de que Villarruel se desmarque del Presidente. Por eso ella misma debió aclarar que “ante comunicados recientes de algunos partidos políticos que se arrogan la representación de mi persona y mis ideas, quiero expresar que hoy no hay lugar para la moderación. No estoy participando de ningún armado político y cuando lo haga, lo haré donde el presidente Milei me lo pida”, escribió la titular del Senado en la red social X.
“Me acuerdo como si fuera ayer cuando éramos solo dos diputados con el presidente Milei contra el kirchnerismo, que es el mismo que está ahora porque no cambiaron ni un nombre. Nos hacían la vida imposible, nos destrataban e intentaban denigrarnos en cada oportunidad que tenían; pero a pesar de eso nos acompañamos sabiendo que el destino de la Argentina era brillante”, rememoró Villarruel en la cabeza de la publicación.
La vice aclaró: “Soy parte del espacio que gobierna nuestro país, desde su misma fundación y aquí me quedaré defendiendo las convicciones que nos llevaron a encontrar un camino común al presidente Milei y a mí”.
La validez de la expulsión de Kueider, que se encuentra detenido en Paraguay por contrabando y fue clave para la votación de la Ley Bases, generó una controversia alentada por el Gobierno. Para el jefe del Estado, el acto fue nulo. Acusó a Villarruel de haber avanzado a sabiendas de que se tenía que hacer cargo de la presidencia.
El vínculo entre el jefe del Estado y su compañera de fórmula empeoró cuando señaló, en una entrevista, que Villarruel estaba “más cerca de la casta”. Pero la sesión por Kueider fue divisora de aguas. El Presidente señaló desde Roma: “El mismo jueves el propio [Manuel] Adorni confirmó que yo estaba viajando a Italia y eso fue diseminado por todos los medios. Pero además, cuando yo termino de firmar, el escribano la llama insistentemente [por Villarruel] y después le escribieron a la secretaria, que tampoco contestó”, blanqueó Milei en diálogo con el periodista Luis Majul por radio.
La vicepresidenta respondió ayer por la tarde. Dijo que no está participando de ningún armado político y que solo lo hará donde Milei se “lo pida”. Lo hizo ante especulaciones sobre una posible embestida contra la titular del Senado desde el propio seno del Gobierno. La actitud de la vice va en línea con lo expuesto por sus interlocutores. En diálogo aseguraban que no estaba en sus planes tomar distancia de la gestión o construir un armado propio con vistas a 2025.
La titular del Senado se inclina por desescalar el conflicto institucional. De hecho, quienes la tratan a menudo aseguran que Villarruel había decidido avanzar con los trámites para desafiliarse del Partido Demócrata –a mediados de año renunció a la presidencia del partido en Buenos Aires, su base política– para ponerse a disposición del gobierno en las legislativas de 2025.
Es decir, Villarruel quería dar señales de que pretendía ayudar al oficialismo en caso de que la presidenta de LLA a nivel nacional, Karina Milei, una de sus principales detractoras en la interna libertaria, opte por convocarla. “Estaba para ayudar, quería quedar libre para lo que necesite electoralmente el Gobierno”, comentaban las fuentes consultadas.
La pelea con el presidente Milei, que parece sin retorno, abre interrogantes sobre el lugar que ocupará Villarruel en 2027.
Red de apoyos
En este contexto, una figura que gana terreno en el círculo de confianza de Villarruel es Emilio José Viramonte Olmos, excónsul de Dinamarca y Suecia en Córdoba.
Para las tareas diarias Villarruel se recuesta en sus asesores y colaboradores en el Senado, como Guadalupe Jones, Agustín Giustinian o María Laura Izzo, entre otros, y en un grupo de jóvenes que cobraron protagonismo en la Cámara alta. Se trata de los integrantes de la agrupación La Derecha Argentina, que lidera el titular de la Agencia de Atención Ciudadana, Juan Martín Donato. No tienen construcción territorial y las vice los llama “los villarruelines”.
Cercada por su propio gobierno, la vicepresidenta Victoria Villarruel atraviesa sus horas más oscuras desde que tomó posesión del cargo y de la presidencia del Senado. Ya no le quedan dudas de que la Casa Rosada quiere verla reducida a su mínima expresión política y, de ser posible, humillada.
Aunque ya deberían estar acostumbrados, en el entorno de Villarruel se sorprenden por la crueldad con la que “el triángulo de hierro”, compuesto por los hermanos Javier y Karina Milei y Santiago Caputo, sigue atacándola. Por eso, otra vez empieza a sonar en el primer piso del Senado, donde habita la vicepresidenta, la muletilla esgrimida durante las anteriores refriegas públicas con el primer anillo del poder. “No la rajan porque no pueden, porque no está a tiro de decreto”, repiten cerca de la vicepresidenta.
Tras la crisis a la que la sometió Milei al acusarla públicamente de “estar cerca del círculo rojo”, que es casi como decir que pertenece a la tan denostada casta, Caputo logró que la vicepresidenta rindiera parte de la ciudadela de su independencia política en el manejo del Senado y le consultara algunas jugadas legislativas antes de llevarlas a cabo.
Pero al asesor presidencial parece que no le alcanza con haberle arrebatado esa facultad, sino que quiere la rendición total e incondicional de la vicepresidenta, al extremo de no escatimar esfuerzos en exponer los errores de Villarruel, sean verdaderos o inventados, y en someterla a algunas acciones que rozan la humillación.
Fue lo que hizo tras la confusión por el traspaso de mando no concretado durante la sesión del jueves pasado, en la que fue expulsado el entrerriano Edgardo Kueider, el ahora exsenador que permanece detenido en Asunción tras haber sido sorprendido intentando ingresar más de US$200.000 sin declarar a Paraguay.
Es tal el desprecio que emana de la Casa Rosada que el Gobierno prefirió poner al escribano general como víctima que defender a la vicepresidenta. Parece que la responsabilidad de correr atrás del funcionario que lleva el registro notarial de los actos de la PresidenVillarruel cia es de Villarruel y no de quien tiene esa función.
Caputo operó en los medios, sin que nadie lo cuestionara, que un simple chat de WhatsApp enviado 48 horas antes del viaje presidencial con una secretaria de la vicepresidenta es suficiente notificación para que Villarruel se considerara a cargo del Poder Ejecutivo a partir del momento en que el Presidente abandonara el país. “Es poco serio”, se quejó un senador que está alineado con el Gobierno, que tiene línea directa con el todopoderoso asesor presidencial pero que entiende que el hostigamiento a la vicepresidenta roza el exceso.
De hecho, no son pocos los legisladores de la oposición dialoguista que están convencidos de que la difusión de la irregularidad por el traspaso de mando estuvo motivada en seguir haciéndole daño a Villarruel más que en plantar pruebas para que Kueider o un tercero pueda ir a la Justicia a invalidar la sesión y así evitar que asuma la ultrakirchnerista que debería ocupar la banca del entrerriano.
Del error al escarnio
Hay un dato concreto que citan quienes sostienen que, como es costumbre en Caputo, intentó hacer de un error propio el escarnio ajeno. Ninguno de los senadores libertarios que salieron a remarcar el error en el que habría incurrido Villarruel fue capaz de advertirlo en su momento para evitar el problema.
Esto marca, además, que la disociación con la bancada oficialista es otro hecho que muestra la debilidad en la que se encuentra Villarruel. Casi nadie de la escueta tropa libertaria del Senado le responde por temor a ganarse el odio de Caputo. Es más: con el jefe del bloque Ezequiel Atauche (Jujuy) a la cabeza, parecen no tener pruritos en dejarla expuesta si esa es la orden de la Casa Rosada.
“A Atauche lo maneja Caputo a control remoto desde la Casa Rosada”, cuenta un funcionario del Senado que tiene relación con el senador libertario, antes de recalcar que el jujeño no tiene estructura política y posee un limitado nivel de lectura política. Con soldados así, Villarruel no tiene quien le sea leal en el Senado.
Aunque ya pasaron cinco días, el llamado a sesión para tratar el caso Kueider sigue siendo, por estas horas, motivo de controversia interna y discusión en el Senado y en usinas políticas.
dijo que no tenía margen para evitar la sesión. Desde el Gobierno aseguran que podía haberse desentendido del tema y dejar sin respuesta el pedido de sesión especial orquestado por una Cristina Kirchner deseosa de vengarse de Kueider, dar una señal de qué es lo que espera a quienes la traicionan y, de paso, alzarse con una banca para una dirigente de lealtad perruna a su figura.
La verdad es que Villarruel fue empujada a seguir ese camino por la decisión del cordobés Luis Juez, que le comunicó el martes a la tarde que el bloque Pro, que preside, en su mayoría había decidido bajar al recinto, no para expulsar al entrerriano, pero sí para suspenderlo. Era la orden que había bajado Mauricio Macri, que no quería que su partido quedara votando con el kirchnerismo, y que había obtenido el mayor consenso entre los senadores de la escudería amarilla.
De los siete senadores de Pro, al menos cinco apoyaban esa postura. Sumados a los 32 peronistas de Unión por la Patria, alcanzaban el quorum para habilitar la sesión. Detrás de ellos se iban a sumar algunos radicales y provinciales. En ese momento, Villarruel supo que la sesión podía arrancar con o sin su anuencia y decidió convocarla. “Nunca debió haber llamado la sesión. Tendría que habernos dejado hacer una expresión en minoría y ahí terminaba todo”, opinó, con el diario del lunes en la mano, un senador peronista que no comulgaba con la estrategia de la conducción kirchnerista, pero que, ante todo, es verticalista ante las decisiones de la bancada.
La incógnita que nunca nadie podrá revelar es cuántos senadores de la oposición dialoguista se hubiesen animado a sumarse al kirchnerismo y ser claves para que arrancara una sesión a contramano de la decisión de la presidencia de la Cámara alta. Peor aún. Quién se hubiese animado a ser el senador dispuesto a cargar sobre sus hombros con el anatema de ser el que le diera el quorum al kirchnerismo.
Cómo manejarse cuando el enemigo es el propio gobierno al que pertenece parece ser la pregunta que se hacen por estos días Villarruel y su grupo de colaboradores más cercanos. Sin embargo, la tarea no es tan fácil. Todas las respuestas encontradas hasta ahora se escapan como arena entre los dedos ante cada nueva zancadilla de la Casa Rosada.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.