martes, 11 de julio de 2023

IVÁN DE PINEDA NOS CUENTA...


“YO VIVÍA EXPERIENCIAS INCREÍBLES, PERO ESO NO ERA LA VIDA, POR LO MENOS PARA MÍ”
EL EXITOSO MODELO Y CONDUCTOR IVÁN DE PINEDA RECUERDA UNA CARRERA EN LA QUE SE CODEÓ (Y AÚN LO HACE) CON LOS GRANDES DE LA MODA
— texto de Alejandro García con fotos de Fernando Gutiérrez

Eran los años noventa, la moda estaba entrando en un momento muy interesante y un tío curioso envió las fotos de su sobrino a una agencia de modelos. “La forma en que sucedió todo fue medio azaroso, todo fue un descubrimiento –cuenta Iván de Pineda sobre los comienzos de su carrera como modelo–. Siempre tuve conciencia de que era mi trabajo, mi responabilidad profesional de ese momento. Así y todo, más allá de la disciplina en la que me estaba desarrollando, no le ponía todo a eso. Después tenía otra vida. Y en eso sigo siendo igual, no cambié. Incluso hoy me visto igual que en los noventa”.
Iván de Pineda habla de sus días como modelo con entusiasmo. “Iba a donde me llamaba el trabajo. Eso era una de las cosas divertidas que tenía este mundo. Viajar, y viajar de un lado para el otro. Y constantemente. Era todo el tiempo emprender una nueva aventura”.
–¿Te quedaste con ganas de hacer algo durante los años fuertes de tu carrera como modelo?
–No soy de esas personas que manejan la hipótesis de lo que pudo haber hecho. Me parece que lo más divertido de todo fue la aventura de haber participado de una época muy fuerte. Sucedían muchas cosas, hubo una explosión de lo que era la moda.
–¿Sentís que creciste rápido trabajando afuera?
–Sí, como cualquiera que le toca trabajar desde chico. Tenía 17 años, estaba a 9000 kilómetros de mi casa y tenía que tomar decisiones.
–El trabajo te llevó de una punta a la otra ¿te costó o lo disfrutaste?
–Lo disfrutaba. Era muy divertido. Y más allá de lo que pueda pensar la gente, era muy taxativo en términos de horarios, horas de trabajo. Te reunías con gente muy dispar, muy, muy, muy [repite la palabra] ecléctica, con visiones, con creencias y con gustos en las antípodas, que se juntaban para lograr algo muy especial. Por eso todo lo que se hacía tenía una inspiración, un por qué. Me contagiaba mucho de eso. Había de verdad mucha diversidad. Nos relacionabamos desde el lugar más simple: compartir una disciplina y las ganas de crear y ser creativos cada uno desde el lugar que nos correspondiera.
–Ibas a la deriva a hacer un trabajo a cualquier parte del mundo.
–Yo tenía una información precisa de dónde iba, qué iba a hacer, con quién iba a trabajar. Lo que no tenía era idea de ese proceso creativo que me enteraba cuando estaba ahí. Para mí era bastante misterioso porque el común denominador era la aventura.
–¿Te gustaba esa aventura?
–Muchísimo. Me gusta. Aunque a medida que iba descubriendo mucho sobre este mundo nuevo mi vida pasaba por otro lado. Nunca fue solamente mi carrera. Yo vivía experiencias increíbles, pero eso no era la vida, por lo menos para mí.
–¿Tu carrera como modelo no te definió como persona?
–Nunca quise ser definido por mi trabajo. Creo que todos somos más que eso. Sí era mi trabajo y era divertido porque en esa época era una persona muy joven y tenía menos información respecto de lo que se puede tener hoy. Entonces cada cosa que descubría era mucho más.
–Alguna vez dijiste “no tengo ganas de hacer ese trabajo”?
–No, siempre fui muy responsable con el laburo.
–¿Siempre supiste a quién ibas a ver, ya sea un casting, un diseñador o lo que fuera?
–Siempre. Para mí la información es muy importante sobre todo en lo que atañe a tu disciplina profesional, hagas lo que hagas. Cuando iba a ver a alguien por un tema laboral, incluso ahora por el programa de tevé, siempre llego al lugar tratando de conocer, de saber o tener la mayor idea posible de lo que voy a hacer.
Su carrera internacional comenzó en Buenos Aires. Fue en 1995, durante para campaña primavera-verano 1996 de Versus, la línea joven de Versace que ya no existe, cuando Bruce Weber fotografió a Iván de Pineda junto a Lonneke Engel. Era una de las primeras veces que una marca como Versace venía a nuestro país para hacer fotos con una mega producción. Era otra época. Ahí también comenzó su relación con la marca de la Medusa. Luego vino la campaña Versace Jeans Couture, con Stella Tennant, también fotografiados por Weber.
–Cuando lo conociste, ¿sabías quién era Gianni Versace?
–Por supuesto. Supe perfectamente quién era desde el primer día de trabajo. Son esos profesionales que trascienden.
–¿Cómo era trabajar con él?
–Desde mi primera experiencia fue muy simpático, siempre muy trabajador, siempre rodeado de elementos que lo inspiraban ya sea de diseño o pensamientos. Una mente que siempre estaba proyectando emociones, inquietudes, gustos.
Y como esos amores que siempre están conectados, que nunca se acaban, su relación con la firma italiana siempre vuelven a encontrarse. El 24 de mayo de 2015, Iván de Pineda volvió a la pasarela en la Semana de la Moda masculina de Milán. Este año, y con casi tres décadas de diferencia respecto de aquella campaña en la que Steven Meisel lo fotografió, protagoniza
Legends y es parte de la imagen masculina del verano 2023. El último encuentro con la familia Versace fue hace poco más de un mes cuando Donatella presentó La Vacanza, en Cannes, donde también se mostró una cápsula con la cantante Dua Lipa. Allí Iván se convirtió en el host de Versace y su trabajo fue presentar a las estrellas de la tarde, Donatella y Dua Lipa.
–¿De qué se trató La Vacanza?
–Lo que ocurrió con La Vacanza fue algo muy interesante. Me llamaron para hacer la moderación de la conferencia de prensa, la previa y la conducción del desfile. Querían tener un registro de sus invitados, que no son solamente invitados: son amigos de la casa. Era tener un testimonial de lo que esperaban ver, qué sentían usando las prendas de la colección o de la marca, qué esperaban de un desfile de semejantes características... ese tipo de cosas. Para ellos era también un registro muy importante porque es con quienes hacen un montón de cosas. Son sinergias, asociaciones estratégicas para muchas otras situaciones.
–Resumiendo, fuiste el anfitrión de Versace.
–Exacto. Estaban interesados en alguien de confianza que conociera la marca como yo la conozco, que pudiera transmitir el espíritu de ese desfile en ese lugar, una villa al lado del mar para disfrutar relajados de un show de moda como se hacía antes. Tenemos una relación de muchos años y muchas campañas hechas. Hay una amistad.
–Protagonizás Legends, la nueva campaña. ¿Qué pensaste cuando te llamaron para participar casi 30 años después?
–Fue un honor. Aunque lo más interesante de todo es que cuando me tocan trabajos como ese me sigo encontrando con gente que conozco de toda la vida, más la gente que recién llega, y se arma una especie de crisol de situaciones que son, nuevamente, muy enriquecedoras.
–¿Te sentís vos mismo una “leyenda”?
–No me gustan las etiquetas. Esos motes que son generosos y que son lindos prefiero que salgan de los otros y de las percepciones que puedan tener en base de lo que hago. Que genere cosas positivas, que genere cosas buenas. Disfruto tener la posibilidad de volver a compartir experiencias con gente con las cuales compartí muchas cosas. Cuando laburás en algo que tiene que ver con la exposición, son experiencias que de una u otra manera quedan impresas y terminás formando parte de una familia extendida. Porque entraste y encontraron en vos un momento de ellos, una inspiración, unas ganas de... una creación… De una u otra manera sos el transporte de todo eso.
Fue en la recién estrenada campaña Legends para Versace cuando Iván se reencontró con Mark Vanderloo, el súper modelo holandés de los años 90 y 2000. Y también con el hijo de este. “Con Mark pertenecemos a dos generaciones diferentes y, sin embargo, hemos compartido desfiles, campañas, viajes, etcétera. Cuando arranqué yo era un adolescente y él estaba ya entrado en sus veintes. No se sentía esa diferencia, teníamos una relación de camaradería. Salto en el tiempo, nos volvemos a encontrar en Legends y fue una sorpresa para ambos. Me presenta a su hijo de 18, quien también fue parte del shooting y caemos en la cuenta de que nos habíamos conocido cuando yo tenía un año menos que su hijo.
–¿Tuviste alguna mala experiencia con un modelo?
–Personalmente no, y tampoco vi que hubiera problemas entre otros. Al contrario, he visto escenas de ser un grupete de camaradería y amistad. En ese momento éramos una banda de jóvenes que nos divertíamos.
–¿Cómo eran los momentos después del trabajo?
–Lo divertido es que terminaba ese trabajo y nos íbamos a tomar algo o continuábamos con otras actividades juntos. Éramos un grupete que nos veíamos en todos lados, muy unidos, nos juntábamos en los aviones, en los hoteles, en los desfiles, las campañas.
En los 90 no existían las redes sociales. Tampoco la inmediatez de las noticias ni las herramientas digitales que hoy conocemos. Era común ver a Iván desfilar durante las semanas de la moda, desde Nueva York, primer escalón de las cuatro capitales del fashion business, pasando por Milán y terminar en París, el último peldaño de un recorrido que, poco más poco menos, aún existe. Además de las campañas de Versace y Versus, le puso cara y cuerpo a Jean Paul Gaultier, Moschino, Kenzo, Gucci y DKNY, además de los catálogos impresos de famosas tiendas departamentales.
Mucho de lo que sucedía en aquellos tiempos ocurría a través de las revistas, los editoriales de moda y las campañas que se publicaban. De Pineda fue tapa de L’uomo Vogue, Dutch, Madame Figaro, OUT magazine y otras. Uno de esos trabajos más importantes fue The Iván and Teddy Show, una producción editorial para L’uomo Vogue de nada menos que 42 páginas.
–Recordás cuánto tiempo tardaron en fotografiar The Iván and Teddy Show?
–No puntualmente. Fue en Miami, año 96 o 97 creo, y recuerdo fue una de las editoriales más grandes que hubo en Vogue. Ese trabajo fue parte de otros. En esa época se armaban varios trabajos para diferentes clientes. En ese mismo momento hice un editorial con Caroline Murphy y Amber Valetta para la Vogue norteamericana.
–El video de Pet Shop Boys “Se A Vida E”, ¿es también de ese viaje?
–Sí. En esa época ocurría mucho que algunos fotógrafos hacían videoclips. Tenía mucho que ver con ese espíritu de la gráfica. La experiencia fue increíble, nos divertimos mucho. Esa vez nos pasamos más de tres semanas con el mismo equipo de trabajo haciendo editoriales, videos, etcétera. Sucedía así, se aprovechaba mucho el tiempo. Era increíble porque, una vez que hacías el trabajo, quizás la revista salía cinco o seis meses más tarde. Trabajábamos con temporada muy adelantada, quizás hacías algo para el invierno cuando estabas en pleno verano. Me sorprendía cuando veía algo que me había olvidado que había hecho.
–¿Te pasó de llegar a un aeropuerto y encontrarte en una gigantografía?
–Sí, sobre todo porque en esa época las campañas eran impresionantes. Era como estar en el Olimpo.
–A causa de las redes sociales ¿la moda perdió espontaneidad? ¿Antes era quizás más honesta?
–Creo que hoy existe un dinamismo muy interesante porque la moda refleja muchos hábitos de la sociedad, idiosincrasia, etcétera. Las cosas no son aisladas. Hoy la moda trata de estar al ritmo de otras cosas que suceden, desde el advenimiento de las plataformas digitales, la rapidez de la información, de la comunicación, etc, y la manera en que vemos algo en las diferentes plataformas.
–El mundo cambió y sigue cambiando. La moda también.
–Hoy el mundo se mueve de una manera más dinámica y todo se acomoda a eso. Siempre digo que el mundo se mueve de una manera y no le podemos escapar a eso. Vivimos. En esa época había que esperar la revista y la campaña aparecía cuando la abrías. Era diferente, y digo eso sin quitarle o ponerle más o menos suceso. Quienes estamos en esta bisagra y nos adaptamos a los dos tiempos, de alguna manera tenemos muy adentro el sentimiento de ver la tapa de la revista en el quiosco. Recuerdo que pasaba por un newsstand y recordaba un trabajo que había hecho y buscaba la revista para saber si había salido.
–¿Recordás alguna de esas campañas?
–Sí, claro, sobre todo la de las principales marcas como Versace o Yves Saint Laurent.
Hablando de Yves Saint Laurent, Iván hizo dos campañas con Stella Tennant en tiempos y espacios diferentes: Versus y Versace Jeans Couture, en 1996, fotografiados por Bruce
Weber, e Yves Saint Laurent invierno 1999, capturados por Philippe Cometti.
“Esos años que habían transcurrido entre uno y otro trabajo fueron también de cambio para la moda. Cambios en términos estéticos. Si bien con Stella nos veíamos en los desfiles, nos volvimos a encontrar en un nuevo momento con una nueva estética. Las campañas para Versace fueron una cosa, representaba el estilo del momento, una imagen más sencilla, en cambio la de Yves Saint Laurent fue mucho más teatral. Tenía otra situación conceptual, un poco surrealista, más dramática”.
–¿Qué otras cosas cambiaron de aquellos tiempos?
–Cuando me tenía que ir de viaje me llevaba mis libros. En esa época no hablabas como hoy por teléfono en todo momento. Quizás viajaba a Tokio y recién llamaba a casa al quinto o sexto día. Hoy, en el auto, en el trayecto de casa al aeropuerto, leí los diarios, contesté mensajes, mandé mails. Hoy seguís conectado con una cierta cotidianeidad que en definitiva nunca dejaste.
–Cuando vinieron diferentes revistas extranjeras para trabajar en la Argentina, siempre les diste una mano. ¿Te gusta ser anfitrión?
–Me parece muy importante porque nosotros tenemos mucho para ofrecer y para dar. En la Argentina hay un capital humano en términos de diseño, de ideas, de creaciones, increíble. Hay muchísima gente súper talentosa. Cuando vienen a recorrer Buenos Aires y otras ciudades del país, no dejan de sorprenderse. Lo mismo cuando vino la Vogue francesa con Carine Roitfeld. Es muy lindo ser anfitrión, es muy enriquecedor porque también somos un foco de inspiración enorme, más de lo que quizás pensamos. Me encanta que me llamen para contarme que tienen ganas de venir a la Argentina para trabajar. Conectarlos con diferentes personas y que se genere una especie de network virtuoso. En 2016, la revista Hollyday Magazine desembarcó en Buenos Aires con Bruce Weber para hacer un editorial donde la narrativa estaba basada en Buenos Aires: fue espectacular. Y fue espectacular también haber sido parte de eso. [En el editorial, llamado Santa María de Buenos Aires (The
Argentinian Issue) Iván fue uno de los protagonistas junto con la top model argentina Mica Argañaraz, radicada en París.]
–¿Hubo un día que te diste cuenta de que no querías trabajar más de modelo?
–Nunca lo decidí, se fue dando a medida que fue pasando el tiempo. En aquel momento ya había empezado a ser notero de televisión. Fue un proceso. Fue el proceso de la transición y de buscar caminos y desarrollarme en diferentes disciplinas, pero siempre sabiendo que las cosas hay que hacerlas con responsabilidad, con respeto.
–¿Qué te dio la moda?
–Muchas cosas, aprendí muchísimo. Fue muy importante en términos de crecimiento personal, laboral, profesional, en términos de interacción, de aprender. Es algo que vive en mí todo el tiempo. Por eso cuando surgen este tipo de trabajos, la campaña, el desfile, trabajar con gente con la cual tengo una relación mas o menos sostenida, está bueno. Siempre le voy a poner la misma cuota de respeto, cuidado, cariño y ganas como cuando arranqué, cuando tenía 16 años, en el 93 o 94, e hice mis primeras fotos en el Mercado de San Telmo con Gustavo di Mario.
–Siempre hay un nuevo trabajo en la moda.
–Voy tomando las cosas como van viniendo. Yo siempre estoy dispuesto y trato de pasarla bien en el trabajo que esté haciendo.
–¿Sos feliz?
–Sí. Haciendo lo que a uno le gusta y estando contento más allá de los éxitos. Soy la misma persona con la que hablabas en los 90, el único cambio es que quizás ahora estoy menos verborrágico, más tranquilo, más grande [risas]. Pero después está todo.
–¿Hiciste lo que quisiste?
–No sé si hice lo que quise, no siempre hice lo que quise. Siempre traté de adaptarme lo mejor que pude a las situaciones que iba teniendo y con lo que me iba encontrando. No quería trabajar de esto cuando era pequeño, mi mente estaba en otro lado, y sin embargo surgió ser modelo y le puse todo lo que le tenía que poner para finalmente tener más éxito o menos éxito. No importa, es estar, tomarlo en serio. Es compromiso. Como modelo en la pasarela o en un programa de televisión.

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