martes, 11 de julio de 2023

LA CHICA DE LA PERLA


La chica de la perla.
Por qué nos enamoramos de una obra de arte
por Carola Gil–La joven de la perla, pintada por Johannes Vermeer en 1665, todavía esconde misterios no revelados
¿Cuántas veces podemos volver a visitar un cuadro que nos hipnotizó? ¿Una, dos, todas las que hagan falta? “Puedes mirar una pintura durante una semana y nunca volver a pensar en ella. También puedes mirarla por un segundo y pensar en ella toda tu vida”, dice el protagonista de la novela El jilguero, de Donna Tartt.
Cuando las circunstancias nos dan la oportunidad, volvemos a los mismos lugares, a las mismas salas de los mismos museos, para dejarnos hipnotizar una vez más. Y lo que vemos nunca es igual.
Parado frente a El último viaje del temerario de J.M.W Turner, mi marido mira con detenimiento la que es una de sus pinturas favoritas: un viejo barco es arrastrado por el Támesis y se aleja en el horizonte, ya fuera de servicio, tras décadas al servicio de la Marina Real británica. Turner lo pintó en tonos claros, tanto que ya casi parece un fantasma y después de haber servido en la batalla de Trafalgar solo lo espera el desguace. En su mástil flamea una bandera blanca que indica que ya no tiene patria, ha abandonado el estandarte británico para ser vendido a una empresa privada. Mi marido lo mira fijo, como para constatar que nada ha cambiado desde la última vez. Yo los dejo solos en silencio un rato.
Su encuentro no es un encuentro solemne ni erudito ni repleto de esas apreciaciones snobs sobre el arte.
Después me acerco y le comento que nunca había llegado a ver el gajo de luna que se asoma entre las nubes y la niebla y deja un reflejo en el agua. A veces siento que se puede sentir el olor de la escena: aroma a niebla, agua y esos olores fétidos que se sienten cerca de algunos puertos. Antes de seguir nuestro recorrido por la National Gallery de Londres, simplemente me toma de la mano, lo mira una vez más satisfecho y agradecido de haber tenido otra oportunidad para verlo mientras dice simplemente “qué maravilla” y me propone ira comer un curry bien picante aun bolichito simpático que conoce a unas estaciones de subte de distancia.
Los expertos tampoco parecen cansarse de las obras. Investigadores internaciones y de la galería Mauritshuis en La Haya se sumergieron una vez más (en 2018) en una de sus pinturas estrella: La joven de la perla, de Johannes Vermeer, pintada en 1665. Y para su sorpresa descubrieron detalles jamás vistos. Por ejemplo, que la joven tenía unas delicadas pestañas y que lo que hay detrás no es un fondo oscuro como siempre se pensó, sino una cortina verde que no puede verse a simple vista. ¿Y qué hay de esa perla que parece flotar en el aire sin nada que la agarre a la oreja de la joven? Algunos ya habían tenido la discusión acerca de si se trataba o no de una perla original del sudeste asiático o una simple imitación en vidrio. Eso ya no importa. La perla es una ilusión en sí misma; vista de cerca se trata apenas de unos manchones traslúcidos de pintura blanca y uno más espeso (como una coma) gracias al que la perla parece reflejar la luz. El estudio concluyó que esos manchones que forman una esfera perfecta eran de un pigmento blanco conseguido en el distrito de Peak en Inglaterra. Nunca deja de maravillar ese brillo hecho con blanco. Vermeer hace lo mismo en las pupilas y en los labios apenas entreabiertos de la joven, que parece recién haberse dado vuelta para mirarnos.
Pero mucho más preciado que las perlas y el oro es el uso que hizo Vermeer del azul del turbante que cubre la cabeza de la joven. El azul de ultramar original, llamado así porque justamente había atravesado océanos para llegar a Europa desde lo que es hoy Afganistán, estaba hecho de la piedra semipreciosa lapislázuli y conseguirlo llevaba tanto tiempo y trabajo que en el siglo XVII era un pequeño tesoro en sí mismo.
Los fanáticos del cuadro se han preguntado por siglos quién es la joven de la pintura. Todos quieren una Lisa Gherarconectate dini con su historia y su pasado y poder llamarla con confianza Mona Lisa. No tendrán suerte: aún con esta investigación en detalle que se hizo en 2018 no se descubrió quién es la protagonista de la pintura o siquiera si se trata de una persona que haya existido. Concluyeron que no es un retrato, sino que se trata de un tronie, palabra holandesa para rostro que define un tipo de obras que tenían por objeto el estudio de las expresiones y que de alguna forma evidenciaban las dotes artísticas del pintor. Los responsables de la investigación, sin embargo, afirman no haber llegado al final del camino. Las avanzadas técnicas utilizadas para su estudio los han acercado más que nunca en 400 años a la pintura y a su protagonista pero el misterio sigue allí.
Increíblemente el amor de mi marido por los curries picantes y por la pintura de Turner tienen el mismo origen: C.E. Feiling, o Charlie, su amigo escritor que lamentablemente murió y nunca llegué a conocer. Charlie le compartió memorables recetas que dejan la lengua en llamas, y en un viaje le encargó que le trajera el catálogo de una muestra de Turner, que mi marido leyó de pé a pá. No sé si en cada visita a Londres vuelve a buscar a Turner por El último viaje del temerario o para encontrar a Charlie entre el arte y los picantes

La joven de la perla o Muchacha con turbante
(Het meisje met de parel)
La pintura se encuentra actualmente en el museo Mauritshuis de La Haya.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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