martes, 25 de julio de 2023

SALUD


X Frágil, el extraño síndrome que puede confundirse con el autismo
Es una condición hereditaria que muchas personas no saben que la tienen; los hombres portadores se la pasan solo a sus hijas mujeres; el camino para el diagnóstico
Alejandro HorvatX Frágil, la primera causa de diversidad intelectual hereditaria
Lourdes tiene una hija de cuatro años. Ella detectó que su capacidad para aprender el lenguaje no se desarrollaba de la misma manera que en sus pares. Ahí, empezó un camino de dos años y medio hasta alcanzar el diagnóstico, en donde pasaron por fonoaudiólogos, neurólogos, hasta llegar al consultorio de un médico genetista que les indicó una serie de pruebas. Esos estudios permitieron concluir que su hija tiene un síndrome poco conocido llamado X Frágil (SXF). Ayer fue el Día Mundial del Síndrome X Frágil, una ocasión para divulgar sobre una condición que, según las familias consultadas por la nacion, incluso muchos médicos desconocen y lo confunden con otros trastornos.
El SXF es la primera causa de diversidad intelectual hereditaria, según explica la Asociación Catalana de Síndrome X Frágil. Este trastorno genético de transmisión familiar, está ligado al cromosoma X, que determina el sexo de la persona, y puede causar dificultades –de problemas de aprendizaje a una disminución importante en la capacidad intelectual–.
“Es bastante desconocido. Se considera que un porcentaje importante de personas no saben que lo tienen. De hecho, muchos médicos no saben que existe. Según las cifras disponibles por diversas entidades, se estima que uno de cada 2500 varones tienen el síndrome, mientras que esa relación es de una en 8000 en mujeres. Sin embargo, una de cada 250 mujeres es portadora y uno de cada 750 varones es portador. Las mujeres portadoras tienen un 50% de probabilidades de pasar el síndrome a sus hijos mujeres o varones. Mientras que los hombres portadores se lo pasan solo a sus hijas mujeres”, explica Lourdes.
Desde la Agrupación X Frágil Argentina, indican que las familias de niños con SXF empiezan a notar un retraso en el desarrollo de sus hijos en los primeros meses de vida. Por ejemplo, les cuesta sostener la cabeza, mantenerse sentados o fijar la vista. Cuando llegan al año, la mayoría no camina, algunos tampoco gatean. A los tres años la mayoría no habla, apenas dicen palabras sueltas, y no suelen controlar esfínteres. Si los chicos están escolarizados, aparece una enorme diferencia en la comprensión de consignas, en la destreza motriz y en el comportamiento social respecto de sus compañeros.
Largo derrotero
“Esto enciende las alarmas y hace que iniciemos el derrotero por pediatras, neurólogos, genetistas, hasta lograr, en algunos casos, el diagnóstico de SXF. Lo habitual es que nuestros hijos sean considerados TGD (trastorno generalizado del desarrollo), que es un gran conjunto de niños con innumerables posibles patologías, o se puede confundir con TEA (trastornos del espectro autista), ya que en esos primeros años el SXF se presenta con rasgos autistas. Es importante destacar los rasgos físicos de los chicos con SXF, como cara alargada, mandíbula prominente, macrocefalia, orejas grandes, estrabismo, entre otros”, indica Paula Gómez Ortega, de la Agrupación X Frágil Argentina.
Liliana Alba, médica genetista, exdirectora del Centro Nacional de Genética Médica (Cenagem), señala que el síndrome X Frágil se produce por una mutación que se debe a una amplificación de tripletes del ADN (secuencia de tres nucleótidos de ARNM). Cada triplete codifica un aminoácido (moléculas que se combinan para formar proteínas). El grado de discapacidad estaría en relación con el número de repeticiones y a que esa mutación este metilada en alguna zona del cerebro. Es decir, la discapacidad tiene que ver con el gen alterado y la interacción de ese gen con el resto de la información genética y el ambiente. En las mujeres, por lo general, la discapacidad es menor porque al tener dos cromosomas X (los varones tienen un X y otro Y) compensan los efectos de la mutación.
Gabriel Ércoli, genetista y director médico de Gempre Genómica, resalta que el SXF es generalmente hereditario y suele transmitirse de madres portadoras asintomáticas a hijos varones. Si un varón es portador de una premutación o una mutación completa del gen FMR1, transmitirá la mutación a sus hijas mujeres, pero no a sus hijos varones, ya que estos últimos heredarán el cromosoma Y de su padre y el cromosoma X de su madre.
“Una persona puede saber si es portadora del SXF con pruebas genéticas específicas del gen FMR1. Las mujeres portadoras de una premutación del gen FMR1 pueden presentar trastornos de fertilidad, como una baja reserva ovárica, insuficiencia ovárica prematura, trastornos neurológicos leves como temblores y alteraciones en la coordinación motora, ansiedad, depresión y anomalías hormonales. A modo preventivo, es posible realizar paneles multigénicos de condiciones recesivas que analizan más de 300 genes de importancia, incluido el gen FMR1, antes de comenzar la búsqueda del embarazo”, dice el especialista.
Ércoli sostiene que, aunque aún no existe un tratamiento, los pacientes pueden beneficiarse de terapias como la cognitivo conductual y educativa, la estimulación temprana y del lenguaje, la terapia ocupacional y medicamentos específicos para tratar la hiperactividad, la ansiedad o los trastornos del sueño y la conducta. “Es fundamental realizar un seguimiento médico y psicológico interdisciplinario de acuerdo con las últimas recomendaciones de las guías nacionales e internacionales para este síndrome”, subraya Ércoli.

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