viernes, 7 de julio de 2023

VIOLENTA NOCHE EN ROSARIO


Violenta noche en Rosario, con cuatro homicidios en un lapso de tres horas
Las organizaciones narcocriminales intensificaron en los últimos días sus enfrentamientos internos luego de exhibiciones de poder de Los Monos y golpes judiciales
Germán de los SantosUn asentamiento en la zona sudoeste de Rosario fue escenario de los homicidios de una mujer y su hijo
ROSARIO.– En solo tres horas fueron asesinadas cuatro personas en el departamento judicial de Rosario. Todos los crímenes fueron ejecutados por sicarios y las cuatro personas murieron por heridas de arma de fuego. En los primeros cinco días de julio se cometieron seis homicidios, que suman 151 en lo que va de este año, una tendencia que, de acuerdo con las estadísticas oficiales, podría romper el récord de hechos sangrientos que hubo en 2022, cuando se produjeron 288 crímenes.
Estos homicidios se concretaron en un contexto particular, atravesado por el impacto que provocó la demostración de poder que hicieron Los Monos el pasado sábado 24 de junio, cuando exhibieron, en la despedida de Maximiliano Rodríguez, una bandera de 40 metros, que bajó de la tribuna, que tenía tres dibujos: un mono con lentes, en referencia a Ariel “Guille” Cantero, y sus dos lugartenientes en la barra de Newell’s, un pollo y un toro, por Leandro Vinardi y Carlos Escobar, respectivamente. La bandera tenía un texto que decía: “Nosotros estamos más allá de todos”.
Entre el jueves y viernes de la semana pasada fueron imputados miembros de Los Monos que están presos en el penal de Rawson, encabezados por Pablo Nicolás Camino, que llevaron adelante este año una serie de ataques, entre ellos al supermercado del suegro de Lionel Messi, y cinco crímenes que tenían como objetivo “generar conmoción”, según el fiscal Matías Edery, y perjudicar al sector de la barra que está liderado por Vinardi y Escobar.
Anteayer, además, fue condenado a prisión perpetua el Toro Escobar, quien está preso en el penal de Ezeiza, por el crimen de un albañil que era el amante de su exesposa. La fiscalía consideró que se trató de un “femicidio transversal o vinculado”, que apuntó a hacer sufrir a su expareja. A Nahuel Amarilla, de 22 años, lo mataron dos sicarios en 2019 (de lo que se informa por separado).
En tanto, ayer comenzó una audiencia imputativa a Francisco Riquelme, delegado del jefe narco Esteban Alvarado en la zona oeste, que está preso por una tentativa de homicidio y acusado como líder de una asociación ilícita. También serán acusadas otras tres personas por una serie de atentados principalmente contra instituciones públicas, entre ellas varias escuelas. Entre los casos que expondrán los fiscales Valeria Haurigot y Franco Carbone se encuentran las balaceras contra tres escuelas, dos comisarías y una sede del Servicio Penitenciario, todos hechos ocurridos entre abril y mayo de este año.
Clanes asesinos
En medio de un ambiente agitado además por la campaña electoral se produjeron anteanoche, en solo tres horas, cuatro homicidios, con un sello característico de la mafia narco: el uso de sicarios.
En la zona sudoeste de Rosario, donde la violencia golpea con intensidad desde el año pasado por una pelea territorial entre franquicias narco de Los Monos y de Alvarado, se cometieron dos asesinatos cerca de las 23. En el ataque a balazos fallecieron una mujer y su hijo. Gonzalo Ramos, de 18 años, murió en el Hospital de Emergencias a causa de las heridas de bala que recibió. Su madre, Marisa Martínez, también falleció a causa del ataque. Ni siquiera llegó viva al hospital.
Media hora antes se produjo otro hecho sangriento en Villa Gobernador Gálvez, ciudad vecina a Rosario, donde fue atacado por sicarios Hernando Andrés Barraz, de 34 años, que murió en el Hospital Gamen. A este hombre le habrían disparado desde dos motos en la calle, donde la policía incautó 15 vainas.
Alrededor de las 21, en el Remanso Valerio, en el norte de Rosario, cerca de donde se encuentra el puente a Victoria, fue ultimado Aldo Armúa, de 44 años. En el ataque a balazos también resultó herido un hombre de 38 años que se encontraba con la víctima.
Más allá de esa sucesión de cuatro homicidios en un lapso de apenas tres horas, un día antes se había conocido otro brutal asesinato de una mujer en Villa Gobernador Gálvez. Patricia Beatriz Lencina tenía 52 años y se encontraba frente a su vivienda, ubicada en Marcos Paz al 2400, en el barrio El Ombú. Apenas habían pasado unos minutos después de las 17 cuando fue sorprendida por varios atacantes. Los homicidas ni siquiera esperaron la cobertura natural de la noche, sino que actuaron a la luz del día, a la vista de vecinos. Doce disparos impactaron en la mujer, la mayoría en la espalda. Fue directamente una ejecución.
Los investigadores intentan determinar el móvil del ataque mortal, pero la sospecha inmediata –por la forma del crimen– apunta a venganzas vinculadas con el submundo narco. Esa hipótesis se sustenta con una certeza: un hijo de la víctima está detenido por venta de drogas. La mayoría de los asesinatos aquí tienen algún punto de contacto con el violento enfrentamiento que sostienen diferentes terminales de los dos principales grupos narco, el dirigido por Guille Cantero y el controlado por Esteban Alvarado.

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La muerte del sicario que quería dejar atrás al clan narco que lo había reclutado en un barrio
Imputaron al joven que engañó y mató a un arrepentido asesino a sueldo; su madre aprovechaba el puesto en la policía para filtrar datos de allanamientos
Germán de los Santos
ROSARIO.– Nahuel Carlini quería dejar su oficio de sicario. Se lo había comunicado a sus jefes barriales de la banda de Los Monos. Pero antes de retirarse le encargaron una última misión: debía ir a disparar contra una casa y ellos, luego, irían a pedir dinero a sus dueños, en concepto de protección, una maniobra clásica de la mafia que extorsiona esta ciudad.
Pero era un engaño. En realidad, ese pedido fue parte de una emboscada para matar al joven, de 22 años, que fue acribillado por sus propios compañeros, que lo rodearon y lo asesinaron el 7 de febrero pasado en Solís y Navarro, en el barrio Ludueña, donde operaba esta franquicia de la organización encabezada por los Cantero.
El crimen de Carlini expone la dinámica de la violencia en el microtráfico de drogas en Rosario, con jóvenes que son “fungibles”, como señaló el fiscal Matías Edery, en un mercado donde la muerte se impone todo el tiempo. El mensaje mafioso que lanzó la banda criminal es claro: la entrada a ese mercado es accesible, pero la salida no es gratuita.
En una audiencia que se realizó el pasado lunes, la fiscal Marisol Fabbro le imputó el crimen de Carlini a Kevin Israel Fracchia, cuya madre es policía y filtraba información a la banda de Los Monos sobre allanamientos que se iban a hacer contra la banda en la zona oeste de Rosario, donde se centralizó gran parte de la violencia desde el año pasado. Allí se enfrentan dos terminales que tributan a Ariel Cantero, líder de Los Monos, y a Esteban Alvarado, ambos presos, en los penales federales de Marcos Paz y Ezeiza, respectivamente.
Seis meses antes de ser asesinado por sus propios jefes, era el mismísimo Carlini quien recibía la información de Analía Francia, suboficial de la policía y madre del sicario. El 18 de agosto del año pasado, Carlini escribió vía WhatsApp a su jefe, Jonatan Almada, para contarle que habría una serie de allanamientos para detenerlo. Le reenvió a Almada los datos que le habían llegado, que indicaban que iban a detenerlos a ambos.
Un sistema de alerta
“Quiero hablar urgente con vos. Está todo podrido. Amigo, me llamó la mamá de K [por Kevin]. Le dijeron que sos el último eslabón que agarran y caen todos. Cuidate, hermano. El gil de Fabio Giménez [un integrante de la banda preso en el penal de Piñero] se ve que batió la cana, algo así me dijo. Le preguntaron si te conocía y ella dijo que no. Por eso me llamó para que te avise que te iban a poner captura, hermano”, escribió para, de alguna manera, proteger a su jefe y evitar que lo atraparan.
El 21 de agosto, tres días después del llamado, se produjo un megaoperativo delineado por la Justicia Federal y la provincial contra la célula de Los Monos a la que Almada y Carlini pertenecían. El despliegue fue impactante, porque actuaron más de 600 efectivos, entre agentes santafesinos y nacionales, en un barrio de alta peligrosidad como es Empalme Graneros.
Almada y Carlini lograron sortear los allanamientos gracias a la información que les había pasado la policía. Pero dos días después el primero fue detenido en un departamento en Entre Ríos al 1400, en pleno centro de Rosario. Varios familiares de Jonatan fueron arrestados, algo que llevó al narco a imprimir carteles y afiches con amenazas contra los fiscales que lo investigaban. Los panfletos decían: “Fiscal Socca, dejá de vender humo con gente inocente y meter presos que Fran Riquelme y Jonita Riquelme te apuntan. Y el otro, Matías Edery, hacen meter presos y hacen causas a la gente que René Ungaro, Los Funes y Los Riquelme les apuntan para arreglar condenas, abreviados y estadía en pabellones comunes”.
Frente a la caída de varios de los cabecillas de la banda, Carlini –que había logrado zafar de los allanamientos– decidió abrirse de la banda. No quería ir preso, como la mayoría de sus compañeros en el barrio. Ni tampoco ser blanco de un sicario de Riquelme, el narco que los enfrentaba.
En ese momento, desde la cárcel de Piñero, donde estaban alojados los líderes de esta franquicia de Los Monos, a Kevin Fracchia le dieron la orden de que debían matar a Carlini porque pretendía abrirse de la banda. Consideraban que, vivo y suelto, era un riesgo por toda la información que tenía. Entonces, Julián Aguirre, uno de los jefes, le bajó el pulgar y decidieron matarlo.
A Carlini le ordenaron una última misión antes de que se alejara de la organización. Fue el 7 de febrero pasado, cuando le pidieron que condujera una moto para que un sicario que iría con él disparara contra una casa. Pero fue una maniobra distractiva, porque en realidad lo que querían era asesinarlo a él. Fueron interceptados en Solís y Navarro por varios sicarios en moto que lo acribillaron. Entre ellos, estaba el hijo de la suboficial de la policía.
Tres días antes de caer preso, Fracchia llamó a su madre policía para pedirle auxilio. Sabía que su vida corría peligro. “Mami, me corrió una Falcon [Honda]. Gatilló atrás mío como seis o siete tiros. Ahora estoy esperando en la parada de Junín y Liniers”, le contó a su madre policía, que estaba con licencia médica desde mediados del año pasado. Ella también terminó detenida e imputada. Pero su hijo sumó una imputación grave por el homicidio de su excompañero Carlini, el sicario que quería dejar todo, pero pagó esa decisión con su vida.

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