En educación, la diversidad estudiantil agrega valor
Juan Carlos de Pablo
Es fácil armar un modelo donde los alumnos solo aprenden de los profesores y la cantidad que aprenden es proporcional al coeficiente intelectual que tenían al comienzo de las clases. En dicho modelo la “discriminación positiva”, elegante denominación del hecho de que, si determinada proporción de los alumnos tiene que ser pelada, bizca o hincha de Vélez, muy probablemente un melenudo no podrá ingresar en la universidad, porque la vacante será ocupada por el mejor pelado, cuyo coeficiente intelectual es inferior al referido melenudo. Esto es lo que los economistas denominamos regla distorsiva, que atenta contra la eficiencia.
La realidad es bien diferente. Me consta, como profesor, que los alumnos aprenden más de sus compañeros que de nosotros. Y agrego que cuánto y qué se aprende de los compañeros depende de la diversidad del alumnado. Porque aprender no solo quiere decir saber lo que dijeron Adam Smith, David Ricardo y Thomas Robert Malthus, sino integrar conocimientos y vivencias, en pos del desarrollo personal de los alumnos. Por consiguiente, la diversidad geográfica, de estamento económico y social, religión, etcétera, constituye una externalidad positiva, de manera que la uniformidad resultante de eliminar la “discriminación positiva” en modo alguno contribuye a la eficiencia.
¿Qué diferencia existe entre la discriminación política aplicada a la educación y la denominada “ley de góndolas”, en base a la cual los supermercados, junto a la marca de gaseosa preferida por la población, tienen que destinar espacio a otras marcas producidas por oferentes normales, las economías regionales, la economía popular, etcétera? En otros términos, ¿se puede estar a favor de cierta discriminación positiva en educación y en contra de la ley de góndolas?
No solo se puede, sino que se debe. Lo cual tiene que ver con el hecho de que, mientras en el plano educativo cada alumno se
Aprender es integrar saberes y vivencias en pos del desarrollo de los alumnos
enriquece con las características de sus compañeros, no se ve en qué sentido la marca de gaseosa preferida por la población se enriquece por la proximidad, en las góndolas, de las otras marcas de gaseosas.
Todo el análisis precedente es cualitativo. ¿Cuál es el nivel óptimo de discriminación positiva que debe existir en educación? Se trata de una cuestión empírica, donde seguramente los excesos, para un lado y para el otro, difícilmente constituyan lo mejor de lo posible.
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