martes, 7 de noviembre de 2023

EL CREATIVO JUAN DICIERVO


JUAN DICIERVO
EL ARQUITECTO QUE DESCUBRIÓ SU PASIÓN POR EL DISEÑO DE LÁMPARAS FUNCIONALES Y CON FORMAS GEOMÉTRICAS 
Malú Pandolfo con fotos de Mariana Roveda —iluminado Las piezas, que llevan el sello de su autor, además de funcionales son consideradas objetos de arte. Como su fuerte no es la tecnología, prefiere bocetar a mano. La lámpara Ocho, la más elegida, fue expuesta en el Marq
En vidrio, tela, resina, aluminio, hierro, madera, con impresión 3D. Juan Diciervo recurre a todo aquello con lo que puede dar forma a sus lámparas. Arquitecto de profesión e inquieto por naturaleza, hace más de 25 años, en medio de la cursada de su carrera, pegó un salto: abandonó el estudio de diseño en el que trabajaba para dedicarse a idear lámparas. Y aún hoy es a lo que le dedica sus horas.
De formas sencillas, figurativas y, sobre todo geométricas, su obra lleva el sello de su autor. “No me lo propongo, simplemente el ojo se me va a esas formas. La geometría que me gusta. No tanto, en cambio, las cosas amorfas”, dice. Se declara fanático del diseño italiano de Achille Castiglioni y del americano Isamu Noguchi. Funcionales, sus piezas son también objetos de arte. “El mote de lámparas artísticas no lo he puesto yo, pero lo he terminado aceptando. Me ha costado, pero no reniego. Soy arquitecto”, declara.
Hijo del artista plástico surrealista Jorge Diciervo, Juan reconoce que, en sus inicios, le costó separarse de la influencia de su padre. Diciervo padre “supongo que es de la última generación que pinta y que usa caballete”, relata con indisimulado orgullo. ¿El legado de Jorge Diciervo en su hijo? “Hoy siento que de mi papá me quedó todo, no me propuse nada. En mi casa siempre estuve rodeado de objetos, de formas y de colores. Como él soy muy disciplinado”. Con el desarrollo de su carrera, fue recibiendo la devolución del público que definió a sus lámparas como artísticas. Aquellos que adquieren sus lámparas, afirma, son personas que pueden apreciarlas.
Antes de las lámparas diseñaba muebles “que nunca fueron muy tradicionales. Eso sí, eran esculturales. Tenían una impronta artística en sus formas, en sus tamaños, en la construcción”. Lo de las lámparas, asegura, llegó de casualidad. En sus días de estudiante, estaba fascinado con el movimiento Bauhaus, Le Corbusier, Gropius y Mies van der Rohe. Viajó a los Estados Unidos para ver una casa de Frank Lloyd Wright, en Chicago. A su vuelta, se volcó a las lámparas de menor escala y más fácil producción. “Decidí ponerle luz a algo muy sencillo. Había visto una silla de Wright, que estaba en la Robie House, en Chicago, que me inspiró. Ahí hice mi primera lámpara y no paré. Fui dejando de lado los muebles”, agrega
De pie, colgantes, de mesa, menos apliques –“nunca me gustaron”–. ¿Para iluminar o para ambientar un rincón? “Las lámparas son para dar climas. Sino, tenés que puntualizar en lámparas de lectura. Yo trato de ponerle un poco de poesía a algo tan puntual como una lámpara de lectura”, apunta. Admite que su fuerte no es la tecnología, pero sí la suma, aunque sigue dibujando a mano. Las producidas en 3D las deriva.
Entre sus más de cien diseños, Arlequín es uno de los preferidos del público. La lámpara Ocho está entre las primeras tres de su carrera; la Dúo, “a mí me encanta, pero no se ha vendido mucho. A mí me encantan algunas cosas, y no entiendo cómo se venden otras”. Asegura que no trabaja como un típico diseñador y qu nunca pudo trabajar por encargos. “En la Argentina no te llaman para desarrollar una lámpara para el verano, como en moda. En otros países, sí. Trabajo más como un artista. Me ha costado aceptarlo, pero me doy el lujo de hacer cinco, diez, catorce, veintiocho lámparas”.
Si se compara su producción con aquella de fabricación industrial, piensa que “en lo industrial se pierde el romanticismo y la poesía”. Sus lámparas, dice, envejecen bien. “Me da orgullo que en el tiempo se sostienen. Dentro de mi mundillo, algunas se convirtieron en clásicos”. Por ejemplo, la lámpara Ocho, que se expuso en la muestra 8x10, en el Museo de Arquitectura y Diseño (Marq). La pieza,quedevinoenediciónlimitada, en su formato de 40 cm de diámetro tuvo la intervención de diez artistas: Carolina Antoniadis, Fabián Burgos, Jorge Diciervo, Hernán Dompé, Jorge Gamarra, Graciela Hasper, Luciana Levinton, Pablo Siquier, Andrés Sobrino y Elisa Strada.
“Traté de imitar lo que veo en el diseño italiano, en grandes firmas como Fontana Arte o Artemide, que hacen una pieza y la repiten de distintas maneras”, cuenta. En el caso de la lámpara Ocho, el diseño es de mesa y se reversiona en un tamaño muy chico, de 10 cm de diámetro, y en otro grande, de 40. El cuerpo y la tulipa tienen las mismas dimensiones. Un éxito que le permitió perdurar en el tiempo. El tamaño de la grande “me permitía una gran superficie para que un artista pudiera intervenirla. Lo pensé muy rápido y enseguida me puse en contacto con Pablo Siquier, que fue el primer artista al que llamé. Cuando me dijo que sí, me animé y empecé a contactarme con otros artistas, entre ellos, mi papá”, cuenta.
A cada uno de los diez artistas convocados, Diciervo le entregó la esfera en blanco, como si fuese un lienzo. “Fue un proceso muy lindo. Quería mostrarlo en un lugar institucional, en un museo. El Marq me pareció acorde a mi profesión”. En sus planes a futuro está la idea de armar una retrospectiva. Para Diciervo, podría ser en alguna galería de arte porque “es un lugar donde encajarían bien”

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.