Una persecución histórica que se canaliza según los conflictos
La guerra en Medio Oriente volvió a servir de excusa para alimentar antiguos resentimientos; situación crítica
Alejandro Horvat
Las teorías judeofóbicas existen desde hace más de 2000 años. En el Holocausto fueron exterminados 6.000.000 de judíos. Desde 1948, cuando se fundó el Estado de Israel, en Medio Oriente, el conflicto territorial con el pueblo palestino, según indicaron fuentes consultadas por la nacion, ha funcionado para algunos sectores como un gran vehículo para canalizar y disfrazar su antisemitismo de “causa justa”. No emiten una postura sobre la situación en la Franja de Gaza, sino que promueven ideas y agresiones contra los judíos del mundo.
En las últimas semanas, tras el ataque salvaje de terroristas de Hamas y la contraofensiva israelí, en la Argentina y en muchos países hubo un rebrote de manifestaciones de odio hacia la comunidad judía. Mientras tanto, referentes de la comunidad islámica local también denuncian que padecen la islamofobia que generan los grupos fundamentalistas.
El actual enfrentamiento entre Hamas e Israel ha vuelto a servir de excusa para alimentar viejas ideas antisemitas. Algunos de los últimos ejemplos locales de agresiones a los judíos fueron el piedrazo a la escuela Martín Buber, en Palermo, la estrella de David pintada en la puerta de un edificio en Caballito para señalar que allí viven judíos –algo que sucedía en la Alemania nazi y por estos días volvió a ocurrir en algunos lugares de Europa– y un hombre fue detenido en Villa Urquiza por publicar amenazas antisemitas.
¿Por qué se supone que en este conflicto entre Hamas e Israel sí hay una manera “proporcionada” de responder frente a una masacre contra los civiles? ¿Por qué sectores de la sociedad ni siquiera realizaron una publicación en redes sociales cuando Hamas atacó a Israel, pero sí se muestran en contra del avance del ejército israelí? ¿Es ese estado de estupefacción selectiva una de las formas del antisemitismo?
“Desde 2010 analizamos lo que ocurre en redes sociales respecto del antisemitismo; es constante durante todo el año, pero aumenta cada vez que algún tema de la comunidad judía o de Israel cobra relevancia. Particularmente en los conflictos de Medio Oriente observamos que muchas críticas al gobierno de Israel tienen un fuerte sesgo discriminatorio y confunden la política de un gobierno con la comunidad judía de los países. Acompañar la causa palestina no tiene por qué implicar discriminar a los judíos, como tampoco condenar el terrorismo de Hamas o EI quiere decir promover la islamofobia”, describió Ariel Seidler, director de programas del Congreso Judío Latinoamericano.
“El 7 de octubre vimos atrocidades que en su nivel de crueldad fueron comparables al Holocausto. Siempre hay una doble vara con Israel; en la cercana Siria murieron 500.000 personas y el mundo no dijo mucho al respecto. Pero cuando Israel intenta luchar contra el fundamentalismo hay voces que se alzan en contra. Sin lugar a dudas están canalizando su antisemitismo. Son odios antiguos con palabras nuevas”, aseguró Marcos Cohen, vicepresidente de la DAIA.
Jonathan Karszenbaum, director del Museo del Holocausto de Buenos Aires, recordó: “Durante el primer milenio europeo, los judíos empezaron a cumplir un rol económico y administrativo importante y muchas veces esto generó rispideces y odios que derivaban en acusaciones de usura. Luego de las Cruzadas hubo hasta acusaciones de ser causantes de pestes, hasta llegar a las acusaciones modernas vinculadas con que los judíos no eran leales a las patrias donde vivían. Luego se instaló la idea de una cofradía judía que pretendía dominar el mundo a través de los banqueros. Estos prejuicios fueron llevados al extremo por el nazismo, que exterminó a 6.000.000 de judíos”.
Resaltó que con la creación del Estado de Israel, sus enemigos fueron reviviendo estos viejos prejuicios: “Por eso hay que distinguir las críticas a los políticos del Estado de Israel de la negación de la existencia del Estado de Israel. Esto último es una evolución del antisemitismo”.
Santiago Kovadloff, filósofo y ensayista, opinó que el núcleo del pensamiento antisionista puede ser leído como una reconfiguración del sentimiento antisemita porque no se trata de una embestida contra los judíos israelíes y la destrucción del Estado de Israel, sino contra los judíos del mundo. “Por eso, creo que un judío puede no ser israelí, pero ningún judío puede vivir de espaldas a Israel. De hecho, pienso que lo irremediable de la diáspora se terminó cuando se crea el Estado de Israel porque les permitió a los judíos ganar una identidad nacional”.
Adalberto Assad, presidente de la Asociación Árabe Argentina Islámica, lamentó que su comunidad también viva una situación crítica: “Estamos acostumbrados a convivir con todos los credos. Me eduqué con judíos y tengo grandes amigos judíos. Se está mezclando todo lo que pasa en Medio Oriente con nuestra comunidad y con el islam. Hoy también nos pasa que a algunos los insultan en la calle, es muy triste”.
Assad aseguró que se fomenta el odio y que los grupos violentos nada tienen que ver con el espíritu de su comunidad: “En el islam se dice que si salvás una sola vida, salvás a toda la humanidad. Grupos como EI o Al-Qaeda dicen que matan en nombre del islam, pero son todo menos islámicos. Nos preguntamos de dónde salen estos grupos y quién los fomenta. Los musulmanes los han combatido porque es un desprestigio para nuestra comunidad”
Las teorías judeofóbicas existen desde hace más de 2000 años. En el Holocausto fueron exterminados 6.000.000 de judíos. Desde 1948, cuando se fundó el Estado de Israel, en Medio Oriente, el conflicto territorial con el pueblo palestino, según indicaron fuentes consultadas por la nacion, ha funcionado para algunos sectores como un gran vehículo para canalizar y disfrazar su antisemitismo de “causa justa”. No emiten una postura sobre la situación en la Franja de Gaza, sino que promueven ideas y agresiones contra los judíos del mundo.
En las últimas semanas, tras el ataque salvaje de terroristas de Hamas y la contraofensiva israelí, en la Argentina y en muchos países hubo un rebrote de manifestaciones de odio hacia la comunidad judía. Mientras tanto, referentes de la comunidad islámica local también denuncian que padecen la islamofobia que generan los grupos fundamentalistas.
El actual enfrentamiento entre Hamas e Israel ha vuelto a servir de excusa para alimentar viejas ideas antisemitas. Algunos de los últimos ejemplos locales de agresiones a los judíos fueron el piedrazo a la escuela Martín Buber, en Palermo, la estrella de David pintada en la puerta de un edificio en Caballito para señalar que allí viven judíos –algo que sucedía en la Alemania nazi y por estos días volvió a ocurrir en algunos lugares de Europa– y un hombre fue detenido en Villa Urquiza por publicar amenazas antisemitas.
¿Por qué se supone que en este conflicto entre Hamas e Israel sí hay una manera “proporcionada” de responder frente a una masacre contra los civiles? ¿Por qué sectores de la sociedad ni siquiera realizaron una publicación en redes sociales cuando Hamas atacó a Israel, pero sí se muestran en contra del avance del ejército israelí? ¿Es ese estado de estupefacción selectiva una de las formas del antisemitismo?
“Desde 2010 analizamos lo que ocurre en redes sociales respecto del antisemitismo; es constante durante todo el año, pero aumenta cada vez que algún tema de la comunidad judía o de Israel cobra relevancia. Particularmente en los conflictos de Medio Oriente observamos que muchas críticas al gobierno de Israel tienen un fuerte sesgo discriminatorio y confunden la política de un gobierno con la comunidad judía de los países. Acompañar la causa palestina no tiene por qué implicar discriminar a los judíos, como tampoco condenar el terrorismo de Hamas o EI quiere decir promover la islamofobia”, describió Ariel Seidler, director de programas del Congreso Judío Latinoamericano.
“El 7 de octubre vimos atrocidades que en su nivel de crueldad fueron comparables al Holocausto. Siempre hay una doble vara con Israel; en la cercana Siria murieron 500.000 personas y el mundo no dijo mucho al respecto. Pero cuando Israel intenta luchar contra el fundamentalismo hay voces que se alzan en contra. Sin lugar a dudas están canalizando su antisemitismo. Son odios antiguos con palabras nuevas”, aseguró Marcos Cohen, vicepresidente de la DAIA.
Jonathan Karszenbaum, director del Museo del Holocausto de Buenos Aires, recordó: “Durante el primer milenio europeo, los judíos empezaron a cumplir un rol económico y administrativo importante y muchas veces esto generó rispideces y odios que derivaban en acusaciones de usura. Luego de las Cruzadas hubo hasta acusaciones de ser causantes de pestes, hasta llegar a las acusaciones modernas vinculadas con que los judíos no eran leales a las patrias donde vivían. Luego se instaló la idea de una cofradía judía que pretendía dominar el mundo a través de los banqueros. Estos prejuicios fueron llevados al extremo por el nazismo, que exterminó a 6.000.000 de judíos”.
Resaltó que con la creación del Estado de Israel, sus enemigos fueron reviviendo estos viejos prejuicios: “Por eso hay que distinguir las críticas a los políticos del Estado de Israel de la negación de la existencia del Estado de Israel. Esto último es una evolución del antisemitismo”.
Santiago Kovadloff, filósofo y ensayista, opinó que el núcleo del pensamiento antisionista puede ser leído como una reconfiguración del sentimiento antisemita porque no se trata de una embestida contra los judíos israelíes y la destrucción del Estado de Israel, sino contra los judíos del mundo. “Por eso, creo que un judío puede no ser israelí, pero ningún judío puede vivir de espaldas a Israel. De hecho, pienso que lo irremediable de la diáspora se terminó cuando se crea el Estado de Israel porque les permitió a los judíos ganar una identidad nacional”.
Adalberto Assad, presidente de la Asociación Árabe Argentina Islámica, lamentó que su comunidad también viva una situación crítica: “Estamos acostumbrados a convivir con todos los credos. Me eduqué con judíos y tengo grandes amigos judíos. Se está mezclando todo lo que pasa en Medio Oriente con nuestra comunidad y con el islam. Hoy también nos pasa que a algunos los insultan en la calle, es muy triste”.
Assad aseguró que se fomenta el odio y que los grupos violentos nada tienen que ver con el espíritu de su comunidad: “En el islam se dice que si salvás una sola vida, salvás a toda la humanidad. Grupos como EI o Al-Qaeda dicen que matan en nombre del islam, pero son todo menos islámicos. Nos preguntamos de dónde salen estos grupos y quién los fomenta. Los musulmanes los han combatido porque es un desprestigio para nuestra comunidad”
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