Un hogar necesita $537.400 para ser de clase media en la Capital
Lo informó el organismo estadístico porteño; una familia tipo debió tener en octubre ingresos por $199.129 para no ser indigente, y por $350.579 para no ser pobre
La aceleración inflacionaria de los últimos meses en la Argentina tuvo un efecto negativo en los bolsillos de las familias. Más allá de medidas paliativas impulsadas por el sector público, el encarecimiento del costo de vida genera cambios de hábitos y estrategias en los hogares. Según los datos oficiales, en octubre fueron necesarios $537.400 para que una familia de cuatro integrantes fuera considerada de “clase media” en la ciudad de Buenos Aires.
El dato surge del informe de líneas de pobreza y canastas de consumo que cada mes elabora la Dirección General de Estadística y Censos porteña, en el cual el organismo realiza el seguimiento de la evolución del costo de vida en la ciudad y los parámetros que definen los estratos de indigencia, pobreza y otros niveles socioeconómicos.
La cifra corresponde a una familia tipo de dos adultos y dos hijos (de 9 y 6 años) que son propietarios de su vivienda. En otras palabras, el ingreso piso de ese hogar de “clase media” no contempla el dinero necesario para cubrir el valor mensual de un alquiler.
Según las últimas estimaciones de la plataforma Zonaprop, el costo promedio de un departamento de tres ambientes y alrededor de 70 metros cuadrados en la Capital es de $343.227. Es decir que para una familia que alquila, el ingreso piso para ser considerado de “clase media” sería de $880.627.
El ente estadístico porteño define que pertenecen al estrato de “clase media” en la ciudad aquellos hogares que tienen un piso de ingresos de al menos 1,25 veces el valor de la canasta total, que estima, además de los bienes y servicios mínimos para la subsistencia, el conjunto de gastos vinculados con la adquisición o renovación de bienes durables para la vivienda, la salud y otros rubros, como la indumentaria.
En el caso de ese hogar de cuatro integrantes, el valor de la canasta total en octubre de 2023 se estimó en $429.920.
La evolución interanual de las cifras muestra los efectos de la aceleración inflacionaria (acumuló un 146,4% en octubre en la ciudad) sobre los hogares. Un año atrás, la canasta total tenía un valor de $170.044, y el piso de ingresos para ser de “clase media” era de $212.555. Es decir, que, en un año, una familia de cuatro integrantes necesitó incrementar sus ingresos en al menos $324.845 para mantener su nivel de vida y ser considerados formalmente de clase media. En términos nominales, se trata de un 153% más.
De acuerdo con el informe oficial, un hogar que no alcanzó en octubre ingresos por al menos $199.129 quedó dentro del segmento de indigentes, mientras que aquellos que no lograron ingresos por $350.579 en el mes fueron considerados pobres.
Si esa familia contó con ingresos por encima de los $350.579, pero inferior a los $429.920 en el mes, fueron considerados en el segmento de “no pobres vulnerables”, mientras que el “sector medio frágil” correspondió al estrato siguiente, con ingresos de hasta $537.400 en octubre.
El grupo de mayores ingresos, definido por la DGEyC como “sectores acomodados”, es el que alcanzó en junio un ingreso de al menos $1.719.680.
El dato de inflación de octubre de la ciudad de Buenos Aires arrojó un 9,4%, lo cual llevó al alza del costo de vida interanual al 146,4%. En lo que va de 2023, la suba de los precios promedio es de 120,2%.
Según el indicador porteño, la categoría alimentos y bebidas tuvo un alza del 9% en el mes, y acumula un 150% interanual (129,2%) en lo que va de 2023. “Los principales impulsos provinieron de pan y cereales (10,7%) y carnes y derivados (8,1%). Le siguieron en importancia, leche, productos lácteos y huevos (7,7%) y verduras, tubérculos y legumbres (7,0%)”, explicó el informe.
Vivienda, agua y luz
El rubro vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que combina centralmente a las tarifas de servicios públicos, tuvo en el mes un aumento del 12% y casi triplica sus precios de un año atrás (188% interanual). A su vez, entre enero y octubre de este año registra una suba del 141%. Según el informe oficial, impactaron “principalmente los incrementos en los precios de los alquileres y en los gastos comunes por la vivienda”, y, “en menor medida, el ajuste en la tarifa residencial del servicio de suministro de agua”.
El dato de inflación porteña se ubica en línea con las proyecciones que tiempo atrás recolectó el Banco Central (BCRA) en la última edición del Reporte de Expectativas de Mercado (REM), publicado el 12 de octubre. Según ese informe, elaborado a partir de encuestas hechas entre el 27 y el 29 de septiembre, el consenso de analistas consultados estimaba una inflación mensual de 9,5% para el mes pasado, con una evolución alcista en los meses siguientes (10,7% en noviembre; 14%, en diciembre y 15%, en enero). De esa forma, la proyección del IPC para todo 2023, según el último REM, se ubica ahora en el 180,7%
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Por la caída de ingresos, se frenó el consumo y bajó la producción textil
La tendencia se consolidó a partir de agosto; pese a las quejas por las trabas a la importación, el sector apoya a Massa
Melisa Reinhold
En el rubro textil se definen como un “semáforo” de la economía. Cuando las ventas empiezan a caer, las luces se encienden en rojo y advierten sobre una baja de los ingresos de la población. Una tendencia que, meses más tarde, se ve reflejada en el freno del resto de los sectores de la economía. En agosto, esas sirenas comenzaron a sonar, consecuencia de una inflación que alcanzó los dos dígitos mensuales (12,4%), trabas para importar y la devaluación de la moneda.
Ese mes, la industria textil tuvo una capacidad instalada ociosa del 40,7%, según los últimos datos relevados. Fueron valores mayores a los que se registraron en agosto del año pasado (35,5%) y solo comparables al mismo mes de 2019 (41,2%).
En parte, desde la Fundación Pro Tejer, apuntaron contra la baja del consumo. Otro tanto, por la paralización de las líneas de producción por falta de insumos o repuestos importados.
“Nos veníamos recuperando fuertemente, pero la restricción de divisas y la baja del poder adquisitivo de la población hizo que la industria se planchara. Desde agosto que la capacidad instalada empezó a caer y es un signo de alarma. Las empresas no podemos comprar repuestos para las máquinas, insumos que no se fabrican en la Argentina y hay que traerlos de afuera. Más allá de que tenemos problemas con la compra de bienes de capital, que se pactaron un año y medio atrás, cuando las expectativas eran distintas. No hay divisas para pagarlas”, dijo Luciano Galfione, presidente de la Fundación Pro Tejer.
En números, entre enero y septiembre se importaron US$14.027 millones en materia prima, un 48,8% menos que en el mismo período del año anterior. Hilados se llevó US$54.435 millones, una baja del 29,5% anual. Los tejidos planos representaron US$46.048 millones, un retroceso del 20,7%. Mientras que el de confecciones significó US$10.202 millones, una disminución del 27,1%.
Acá el dato que “preocupa” al sector, conocido por ser uno de los más protegidos: las prendas de vestir importadas aumentaron un 41,2% frente al año pasado, con un valor total de US$16.469 millones. “Eso sí que nos preocupa. En un momento donde estamos tan complicados con los dólares y acceso a las divisas, es algo que tenemos que tener el foco. Lo importan al oficial y lo venden al blue. ¿Cómo no va a aumentar la ropa?”, apuntó Galfione.
En los últimos años, el rubro de indumentaria y calzado fue cuestionado por el constante aumento de precios, ya que se trató de la primera categoría en alcanzar una inflación anual de tres dígitos. Los últimos 12 meses, mientras que el índice de precios al consumidor subió un 138,3% hasta septiembre, el sector aumentó un 118,6%.
No obstante, al observar la foto de los últimos cuatro años, la inflación fue del 712,9%. En cambio, la categoría de prendas de vestir y calzado lidera la tabla, con un avance del 994,4% durante la gestión Fernández-Kirchner. Esto derivó que en el último año el Gobierno llevara adelante acuerdos y controles de precios con el sector, incluso con amenazas “de abrir importaciones”.
“Es un error pensar que controlando los precios se va a parar la inflación. Y si se abren importaciones –que, de hecho, están abiertas desde siempre y es solo un mito– los productos van a generar más inflación porque hay una brecha cambiaria que hoy es del 200%. Los controles de precios no son la solución, los tuvimos durante ocho meses y nos lastimaron mucho. Porque los costos siguieron subiendo y porque cumplimos a rajatabla, a costas de perder rentabilidad y plata. Para hacer un acuerdo de precios, sentame en la mesa a todos: con los bancos, con quienes alquilan los locales, en losshopping,conG al perín [Marcos, fundador de Mercado Pago]”, sumó por su parte Jorge Sorabilla, secretario de la Fundación Pro Tejer.
A 10 días del balotaje, la política no quedó fuera de la conferencia de prensa que brindó la organización. Pese a las críticas al Gobierno, los empresarios mostraron su apoyo al candidato oficialista Sergio Massa. “Ni Donald Trump agarró la motosierra”, deslizaron, en referencia a Javier Milei, candidato por La Libertad Avanza.
“Esta no es Roma, que hay que incendiarla al estilo Nerón para que nazca una nueva ciudad perfecta. Hay que hacerlo con las cosas que tenemos, que tanto sacrificio nos demandó llegar donde estamos”, cerró Sorabilla.
En el rubro textil se definen como un “semáforo” de la economía. Cuando las ventas empiezan a caer, las luces se encienden en rojo y advierten sobre una baja de los ingresos de la población. Una tendencia que, meses más tarde, se ve reflejada en el freno del resto de los sectores de la economía. En agosto, esas sirenas comenzaron a sonar, consecuencia de una inflación que alcanzó los dos dígitos mensuales (12,4%), trabas para importar y la devaluación de la moneda.
Ese mes, la industria textil tuvo una capacidad instalada ociosa del 40,7%, según los últimos datos relevados. Fueron valores mayores a los que se registraron en agosto del año pasado (35,5%) y solo comparables al mismo mes de 2019 (41,2%).
En parte, desde la Fundación Pro Tejer, apuntaron contra la baja del consumo. Otro tanto, por la paralización de las líneas de producción por falta de insumos o repuestos importados.
“Nos veníamos recuperando fuertemente, pero la restricción de divisas y la baja del poder adquisitivo de la población hizo que la industria se planchara. Desde agosto que la capacidad instalada empezó a caer y es un signo de alarma. Las empresas no podemos comprar repuestos para las máquinas, insumos que no se fabrican en la Argentina y hay que traerlos de afuera. Más allá de que tenemos problemas con la compra de bienes de capital, que se pactaron un año y medio atrás, cuando las expectativas eran distintas. No hay divisas para pagarlas”, dijo Luciano Galfione, presidente de la Fundación Pro Tejer.
En números, entre enero y septiembre se importaron US$14.027 millones en materia prima, un 48,8% menos que en el mismo período del año anterior. Hilados se llevó US$54.435 millones, una baja del 29,5% anual. Los tejidos planos representaron US$46.048 millones, un retroceso del 20,7%. Mientras que el de confecciones significó US$10.202 millones, una disminución del 27,1%.
Acá el dato que “preocupa” al sector, conocido por ser uno de los más protegidos: las prendas de vestir importadas aumentaron un 41,2% frente al año pasado, con un valor total de US$16.469 millones. “Eso sí que nos preocupa. En un momento donde estamos tan complicados con los dólares y acceso a las divisas, es algo que tenemos que tener el foco. Lo importan al oficial y lo venden al blue. ¿Cómo no va a aumentar la ropa?”, apuntó Galfione.
En los últimos años, el rubro de indumentaria y calzado fue cuestionado por el constante aumento de precios, ya que se trató de la primera categoría en alcanzar una inflación anual de tres dígitos. Los últimos 12 meses, mientras que el índice de precios al consumidor subió un 138,3% hasta septiembre, el sector aumentó un 118,6%.
No obstante, al observar la foto de los últimos cuatro años, la inflación fue del 712,9%. En cambio, la categoría de prendas de vestir y calzado lidera la tabla, con un avance del 994,4% durante la gestión Fernández-Kirchner. Esto derivó que en el último año el Gobierno llevara adelante acuerdos y controles de precios con el sector, incluso con amenazas “de abrir importaciones”.
“Es un error pensar que controlando los precios se va a parar la inflación. Y si se abren importaciones –que, de hecho, están abiertas desde siempre y es solo un mito– los productos van a generar más inflación porque hay una brecha cambiaria que hoy es del 200%. Los controles de precios no son la solución, los tuvimos durante ocho meses y nos lastimaron mucho. Porque los costos siguieron subiendo y porque cumplimos a rajatabla, a costas de perder rentabilidad y plata. Para hacer un acuerdo de precios, sentame en la mesa a todos: con los bancos, con quienes alquilan los locales, en losshopping,conG al perín [Marcos, fundador de Mercado Pago]”, sumó por su parte Jorge Sorabilla, secretario de la Fundación Pro Tejer.
A 10 días del balotaje, la política no quedó fuera de la conferencia de prensa que brindó la organización. Pese a las críticas al Gobierno, los empresarios mostraron su apoyo al candidato oficialista Sergio Massa. “Ni Donald Trump agarró la motosierra”, deslizaron, en referencia a Javier Milei, candidato por La Libertad Avanza.
“Esta no es Roma, que hay que incendiarla al estilo Nerón para que nazca una nueva ciudad perfecta. Hay que hacerlo con las cosas que tenemos, que tanto sacrificio nos demandó llegar donde estamos”, cerró Sorabilla.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.