miércoles, 20 de noviembre de 2024

Donde durante cuatro décadas funcionó la fábrica de chicles y dulces Adams






La fábrica que impregnaba el barrio de olor a menta y tutti frutti y hoy es sede de una universidad
Se trata de la sede conocida como “Drago” del CBC, ubicada en el barrio de Villa Urquiza, donde durante cuatro décadas funcionó la fábrica de chicles y dulces Adams
Silvina Vitale
Muchas generaciones recordarán aquellos pequeños chicles blancos rectangulares de intenso sabor a menta o fruta con cubierta de caramelo. Aquella caja amarilla, con banda blanca, detalles en rojo y logo en tipografía negra, que guardaba a los famosos Chiclet’s Adams.
El ruido al sacudir la caja de 12 unidades aún trae a los mayores de 40 recuerdos de la infancia y la adolescencia. Se deslizaba perfecto en el bolsillo del guardapolvo o del uniforme y estaban hechos para compartir, pero su tamaño reducido hacía que fuera preciso poner de dos o tres en la boca siempre que uno quisiera armar globos. Otros eran fanáticos de la pequeña cajita que traía dos chicles y que también fue furor, así como de los simpáticos mini chicles multicolor.

Una ilustración de los años en que todavía funcionaba la fábrica
La fábrica de esta goma de mascar, que era considerada “cool” en nuestro país en los 80, estaba ubicada en Holmberg al 2600, en el barrio de Villa Urquiza. Se elaboraban en un gran edificio que albergó a la planta de golosinas por más de 40 años y todavía es recordado por los vecinos de siempre. Muchos de ellos añoran el aroma a menta y tutti frutti en los alrededores y el rito que tenía lugar los días de semana por las tardes cuando, una vez finalizada la jornada laboral, un empleado de la fábrica salía con un canasto a regalarle a los chicos aquellos chicles y caramelos que resultaban defectuosos y no podían vender.
Lo cierto es que la fábrica se había instalado allí en la década del 40 y era una de las numerosas plantas de la marca fuera de los Estados Unidos. El fundador de la compañía, Thomas Adams, había creado esta goma de mascar en 1871 luego de varios experimentos. Se dice que la idea se la había dado Antonio López de Santa Anna, militar y dictador mexicano, que se encontró con Adams mientras permanecía exiliado en los Estados Unidos. Este le había sugerido al científico que utilizara la resina que los mexicanos obtenían de la corteza un árbol tropical y que solían mascar para reemplazar al caucho en distintos productos. Sin embargo, esto no funcionó.
Una vieja publicidad y Thomas Adams, creador de la marca
Pero a Adams se le ocurrió incorporar el hábito de mascar esta goma en su país y su proyecto incluyó cortar la resina utilizada por los mexicanos en pequeñas porciones a las que les dio sabor y que primero vendió en farmacias. La textura y el gusto que les dio le aseguraron su rápida difusión. Tanto es así que pocos años después y debido a la alta demanda diseñó una máquina especial para producir estos chicles en grandes cantidades. Adams y sus chicles alcanzaron fama internacional y en la Argentina comenzaron a comercializarse durante las primeras décadas del siglo XX.
Un cuadro que todavía se exhibe en el edificio
Por estas tierras, la fábrica abriría sus puertas en la década siguiente, en el mencionado edificio de la calle Holmberg. Según Fernando Luis Martínez Nespral, director del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas Mario Buschiazzo, perteneciente a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA), esta construcción data de la década de 1940 y se trata de un edificio de marcadas líneas racionalistas lo que puede verse en la deliberada simetría de las fachadas, el juego de volúmenes prismáticos simples con diferentes alturas y relieves para generar movimiento y el uso de formas rectilíneas y grandes ventanales.
“El racionalismo es un estilo arquitectónico surgido en el período entreguerras, entre 1918 y 1939, que apelaba a la estética de la máquina y la industria como modelos para una nueva arquitectura”, dice.
Un nuevo destino
Sin embargo, luego de varias décadas de funcionamiento, en los 70, a raíz del proyecto de construcción de la autopista AU3, que uniría al barrio de Saavedra con Nueva Pompeya, y que tuvo lugar durante la intendencia de Osvaldo Cacciatore, la fábrica Adams tuvo que dejar el edificio y trasladar su planta a Escobar. Sin embargo, el proyecto de la autopista no prosperó y, en los 80, el gobierno porteño cedió el edificio a la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Un pasillo de la actual sede de la UBA
En ese contexto, Martínez Nespral señala: “Los edificios industriales que en la Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX estaban aún muchas veces localizados dentro de la ciudad, se adaptaron en varias ocasiones de manera exitosa para usos educativos”.
Y explica que esto era posible porque las plantas libres de las fábricas permiten desarrollar con bastante libertad aulas, auditorios, bibliotecas y otros salones de gran tamaño en virtud de los espacios de grandes dimensiones que requerían los equipamientos industriales.
Una de las aulas con las ventanas que eran de la fábrica
“Algunos ejemplos son la Facultad de Ciencias Sociales y la de Filosofía y Letras de la UBA, en el caso del edificio de Adams, este comenzó a funcionar como sede del Ciclo Básico Común en 1985″, dice el director del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas Mario Buschiazzo. Esta sede del CBC llevó el nombre Leónidas Anastasi, reconocido abogado jurista y laboralista y docente argentino, pero se la conoce como “la sede Drago” por su proximidad con la estación Luis M. Drago del ferrocarril Mitre.
Uno de los patios, visto desde el primer pisoo de enseñanza fue una de las medidas más importantes de Francisco Delich como rector de la UBA y tuvo el desafío de brindar a los estudiantes una formación común con el objetivo de lograr un mayor grado de equidad y fortalecer la formación básica. De la misma manera, el CBC se representó una forma de dar respuesta al altísimo número de aspirantes a ingresar a la universidad como consecuencia de la eliminación de los exámenes de ingreso y de los aranceles que habían regido durante la dictadura. Tanto es así que cuando se inauguró el CBC se inscribieron cerca de 80.000 nuevos estudiantes.
En cuanto al destino de Adams en el país, hacia fines de los 2000, la empresa norteamericana dejó de producir en la fábrica de Escobar y, de esta manera, abandonó su producción local. En dicho momento, fuentes cercanas a Adams aseguraron que el cierre se debía “al desarrollo de plantas de mayor complejidad tecnológica en otras naciones”.
Las escaleras de la hoy sede Drago
Si bien la empresa siguió importando productos a la Argentina, la producción de sus icónicos chicles había finalizado cuatro años antes. A finales de 2002, Cadbury la empresa británica líder en el rubro de chocolates y refrescos, adquirió a Adams que para entonces tenía entre sus productos estrella a los clásicos caramelos refrescantes Halls.
A pesar de que pasaron casi 40 años de su cierre en Villa Urquiza, la planta Adams se mantiene en el recuerdo de los vecinos que no olvidan en el ajetreo diario del ir y venir de sus empleados, hoy reemplazado por el de los numerosos estudiantes que comienzan sus estudios universitarios en este edificio que supo ser una inolvidable fábrica de golosinas.

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