La rebeldía de “un caso perdido” ante los panfletos del miedo
Luciano Román
“Somos estudiantes y docentes universitarios, y estamos explicando a los vecinos lo que está en juego este domingo”. Así se presentaban ayer, en algunos barrios de La Plata, integrantes de la comunidad universitaria. “¿No suena un poco arrogante eso de venir a explicarnos lo que está en juego?”, los incomodó un vecino. “¿Usted sabe que si gana Milei va a privatizar la universidad?”, arremetió uno de los estudiantes.
“Yo lo que sé es que esa afirmación no tiene ningún asidero político, ni institucional ni jurídico, y me da tristeza que estudiantes y docentes universitarios hagan afirmaciones sin sustento”, les replicó el vecino. “Vamos… es un caso perdido…”, se resignó otro de los militantes del oficialismo, frente a la rebeldía solitaria del interlocutor.
La escena es apenas anecdótica, pero tal vez resulte ilustrativa: por un lado, muestra uno de los eslabones de la campaña del miedo, que en estas horas se ha intensificado tanto desde organismos e instituciones gubernamentales como desde universidades y hospitales públicos. Por otro, refleja lo que podría ser el riesgo de una estrategia basada en la subestimación del ciudadano. “¿A usted no le preocupa lo que vaya a pasar con la universidad?”, desafió otro militante en un último intento frente a ese “caso perdido”.
“Sí, sobre todo me preocupa que siga manejada con sectarismo y con mecanismos turbios, además de ser financiada por chicos que ni siquiera llegan al colegio secundario, sin que esa desigualdad genere al menos un debate”.
Diminuto y vecinal, el episodio tal vez sea representativo de una rebeldía espontánea y silenciosa contra la arrogancia, contra el fogoneo del miedo y contra la defensa del statu quo. Hace pocos días se viralizó en redes sociales el video de pasajeros de un tren que reaccionaron contra un dirigente oficialista que intentaba inculcar el temor a un aumento sideral en el costo del boleto. No es una reacción en favor de un candidato, sino en contra de las distorsiones, las simplificaciones y las tergiversaciones con las que se alimenta esa campaña sucia.
Por supuesto que el miedo puede dar resultado, sobre todo en un país empobrecido, donde 18,7 millones de personas reciben un cheque del Estado y donde esa dependencia ha recortado, inexorablemente, la autonomía ciudadana. En esta coyuntura, además, el temor se monta sobre declaraciones, imágenes y tonos verdaderamente desafortunados del adversario del oficialismo, que justifican muchos interrogantes y prevenciones. La amenaza de la motosierra, en lugar de la promesa del bisturí, ya era suficiente para provocar algo más que simples reparos. Pero el poder ha llegado demasiado lejos: “si gana Milei, no se van a pagar los sueldos ni los aguinaldos y van a cerrar la mitad de los comercios”, les dijo el intendente kirchnerista de Castelli, Francisco E charren, a los vecinos de ese municipio en un mensaje oficial. Todo resultatan grotesco que el ciudadanos e siente agraviado, como si el sueldo no se lo ganara con su propio esfuerzo, sino que se lo debiera al magnánimo e inefable señor Echarren.
No solo se subestima la capacidad de discernimiento y análisis del electorado, sino que se exhibe una confusión de fondo en la cultura del poder: los derechos son concebidos como una concesión gubernamental, y no como parte de una arquitectura jurídica e institucional que trasciende a los gobiernos y que es patrimonio de la sociedad. Se reivindica, además, el crecimiento de los subsidios, que en realidad son el reflejo de una Argentina empobrecida, de una economía enferma y de un Estado atravesado por la corrupción. “Te van a sacar el subsidio”, recita la campaña del miedo, mientras esconde el verdadero problema: una inmensa mayoría no puede pagar su propio boleto de colectivo o de tren y depende de un aporte estatal que –en un circuito perverso– paga el mismo ciudadano con inflación, deterioro salarial y mayor presión impositiva. A esto se agrega otra grave confusión: el uso de bienes y recursos del Estado en beneficio propio. Es paradójico, porque bajo la bandera de una supuesta defensa de “lo público”, una facción se apropia del Estado, hoy para hacer campaña, mañana para otra cosa.
La Argentina se encamina a votar en una atmósfera en la que, en lugar de la esperanza, se incentiva el miedo, y en lugar del debate se exacerba la indignación. En ese clima, tal vez el reaseguro esté en una ciudadanía que no se deje engañar por fantasmas ni espejismos. De las reservas de madurez ciudadana dependerá, en definitiva, el futuro. Sea cual sea el escenario del lunes.
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“La solución es de shock”, anticipó Milei frente a los principales empresarios
El candidato libertario se presentó ante el “círculo rojo”; no habló de dolarización; a la tarde hubo tensión en un acto en Ezeiza
Maia Jastreblansky
Milei, ayer, con empresarios en el Hotel Alvear
Javier Milei se dio cita con el círculo rojo en los últimos instantes de su campaña electoral a la presidencia y le transmitió al empresariado que “la solución” de los problemas macroeconómicos “es de shock”. El líder libertario participó ayer de un almuerzo en el Hotel Alvear con decenas de ejecutivos organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp), un foro compuesto por directivos de las principales cámaras empresarias, y anticipó que, si gana, “la estabilización implicará resolver el problema de las Leliq y el problema fiscal”.
“La Argentina está frente a la peor crisis de la historia porque combina elementos del Rodrigazo, de la hiperinflación de 1989 y de la crisis de 2001”, dijo el economista al abrir su exposición, en un marco de fuerte incertidumbre empresaria por el día después del balotaje del domingo. Milei no mencionó la dolarización de la economía ni la clausura del Banco Central, aunque aludió a la salida del cepo cambiario y al recorte del gasto.
“Si uno no arregla el cepo no se puede volver a crecer, la clave está ahí. ¿Cómo abro el cepo y no termino en una híper? Gran parte del problema radica en resolver el problema de las Leliq. Por otro lado, hay que ajustar cinco puntos. Pero el ajuste lo tiene que pagar la política, tienen que caer las partidas de donde muerden los políticos”, respondió consultado por el presidente del Cicyp, Marcos Pereda (SRA), sobre la estabilización de las variables macroeconómicas.
Pereda le transmitió al libertario cinco preguntas elaboradas por el Grupo de los Seis (G6), que aglutina a los principales empresarios del país. Hoy, el candidato oficialista Sergio Massa será sometido a las mismas preguntas frente al mismo auditorio.
Cuando dijo que la Argentina está “frente a la peor crisis de la historia”, Milei alertó sobre el crecimiento de la inflación y advirtió: “Podemos llegar a un 1800, un 2000 por ciento que generaría más pobres”. Consultado sobre su política exterior, les dijo a los empresarios: “Sigan haciendo todos los negocios que quieran con Brasil y China, pero yo nunca voy a ser un aliado de los comunistas”. Y enfatizó: “Voy a estar aliado a los Estados Unidos e Israel, no voy a estar aliado a los gobiernos comunistas y a los que no respetan la democracia liberal”. Otra de las preguntas se centró en la obra pública. Milei señaló que “no es necesario que el Estado se meta en el medio” y anunció: “Lo que planteamos es un modelo a la chilena, de iniciativa privada. Eso sí, no es apto para corruptos”. Milei estaba en la mesa principal, con los integrantes del consejo directivo del Cicyp. Antes de su alocución, se sentó entre los empresarios Daniel Funes de Rioja (UIA) y Pereda.
Tensión en Ezeiza
Por la tarde, la previa al último acto de campaña de Javier Milei en territorio bonaerense estuvo marcada por la tensión. Lo que de antemano parecía ser una recorrida más del candidato amagó con convertirse en el escenario de un enfrentamiento entre sus seguidores y un grupo de militantes de Unión por la Patria, encabezado por el intendente electo de Ezeiza, Gastón Granados. El acto debió reprogramarse y el libertario llegó al lugar pasadas las 18, cuando los grupos peronistas se habían dispersado tras arrojar piedras.
La irrupción no le saliód barata a Granados, ya que al retirarse fue atacado por dos mujeres que le tiraron gas pimienta. “Se armó algo de lío, pero por suerte no pasó a mayores”, le dijo a Laura, una comerciante.
Javier Milei se dio cita con el círculo rojo en los últimos instantes de su campaña electoral a la presidencia y le transmitió al empresariado que “la solución” de los problemas macroeconómicos “es de shock”. El líder libertario participó ayer de un almuerzo en el Hotel Alvear con decenas de ejecutivos organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp), un foro compuesto por directivos de las principales cámaras empresarias, y anticipó que, si gana, “la estabilización implicará resolver el problema de las Leliq y el problema fiscal”.
“La Argentina está frente a la peor crisis de la historia porque combina elementos del Rodrigazo, de la hiperinflación de 1989 y de la crisis de 2001”, dijo el economista al abrir su exposición, en un marco de fuerte incertidumbre empresaria por el día después del balotaje del domingo. Milei no mencionó la dolarización de la economía ni la clausura del Banco Central, aunque aludió a la salida del cepo cambiario y al recorte del gasto.
“Si uno no arregla el cepo no se puede volver a crecer, la clave está ahí. ¿Cómo abro el cepo y no termino en una híper? Gran parte del problema radica en resolver el problema de las Leliq. Por otro lado, hay que ajustar cinco puntos. Pero el ajuste lo tiene que pagar la política, tienen que caer las partidas de donde muerden los políticos”, respondió consultado por el presidente del Cicyp, Marcos Pereda (SRA), sobre la estabilización de las variables macroeconómicas.
Pereda le transmitió al libertario cinco preguntas elaboradas por el Grupo de los Seis (G6), que aglutina a los principales empresarios del país. Hoy, el candidato oficialista Sergio Massa será sometido a las mismas preguntas frente al mismo auditorio.
Cuando dijo que la Argentina está “frente a la peor crisis de la historia”, Milei alertó sobre el crecimiento de la inflación y advirtió: “Podemos llegar a un 1800, un 2000 por ciento que generaría más pobres”. Consultado sobre su política exterior, les dijo a los empresarios: “Sigan haciendo todos los negocios que quieran con Brasil y China, pero yo nunca voy a ser un aliado de los comunistas”. Y enfatizó: “Voy a estar aliado a los Estados Unidos e Israel, no voy a estar aliado a los gobiernos comunistas y a los que no respetan la democracia liberal”. Otra de las preguntas se centró en la obra pública. Milei señaló que “no es necesario que el Estado se meta en el medio” y anunció: “Lo que planteamos es un modelo a la chilena, de iniciativa privada. Eso sí, no es apto para corruptos”. Milei estaba en la mesa principal, con los integrantes del consejo directivo del Cicyp. Antes de su alocución, se sentó entre los empresarios Daniel Funes de Rioja (UIA) y Pereda.
Tensión en Ezeiza
Por la tarde, la previa al último acto de campaña de Javier Milei en territorio bonaerense estuvo marcada por la tensión. Lo que de antemano parecía ser una recorrida más del candidato amagó con convertirse en el escenario de un enfrentamiento entre sus seguidores y un grupo de militantes de Unión por la Patria, encabezado por el intendente electo de Ezeiza, Gastón Granados. El acto debió reprogramarse y el libertario llegó al lugar pasadas las 18, cuando los grupos peronistas se habían dispersado tras arrojar piedras.
La irrupción no le saliód barata a Granados, ya que al retirarse fue atacado por dos mujeres que le tiraron gas pimienta. “Se armó algo de lío, pero por suerte no pasó a mayores”, le dijo a Laura, una comerciante.
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