miércoles, 3 de abril de 2024

Buenos Aires perdida: la pulpería de principios de siglo XIX que devino en pizzería y que Maradona inmortalizó en un relato

.La sede del Museo y Ateneo de Estudios Históricos de Nueva Pompeya, ubicado en Amancio Alcorta 3960, se puede visitar con cita previa llamando al 114947-2617, o escribiendo a museoyateneodenuevapompeya@gmail.com, o por Facebook: Museo y Ateneo de Nueva Pompeya.


Buenos Aires perdida: la pulpería de principios de siglo XIX que devino en pizzería y que Maradona inmortalizó en un relato
La Blanqueada, cuando aún era un almacén de ramos generales
Una construcción precaria en medio del barro y el arrabal dio identidad a una de las esquinas icónicas de Nueva Pompeya. Se dice que la frecuentaba Borges. Ya en el siglo XX se instaló allí una pizzería que tuvo entre sus comensales más famosos a Diego Armando Maradona.
Silvina Vitale
Se hizo famosa cuando Maradona contó en una entrevista que había comido allí la mejor pizza del mundo. “A mí me decían los napolitanos: nosotros tenemos la pizza más rica del mundo. Y yo les decía: ustedes no conocen La Blanqueada”, decía.
También porque se corrió la voz acerca de que era la pizzería donde Diego había gastado su primer sueldo como jugador de fútbol en Argentinos Juniors con su madre; sin embargo, se trataba de otra de las más populares del barrio, La Rumba. Esa confusión le dio aún más notoriedad a La Blanqueada que permanece cerrada y a la venta desde hace aproximadamente unos diez años.
La Blanqueada estaba ubicada en la intersección de la avenida Antonio Sáenz y la actual avenida Intendente Francisco Rabanal (ex avenida Coronel Roca) y era un lugar de paso y un punto de encuentro en el barrio. Según cuenta Analía Aprea, vicepresidenta del Museo y Ateneo de Estudios Históricos de Nueva Pompeya, entidad que forma parte de la Junta de Estudios Históricos de la ciudad de Buenos Aires, su historia más reciente está vinculada con Diego Maradona.
La vieja esquina de La Blanqueada, en la actualidad
“Cuando venía de Villa Fiorito, él cruzaba el Puente Alsina y sobre la avenida Roca se tomaba el 44 para ir a Argentinos Juniors, de vuelta tomaba el colectivo para irse a su casa justo donde estaba La Blanqueada. La famosa anécdota que él contó es que había comido allí la pizza más rica del mundo”, dice.
Sin embargo, aclara que existe una confusión: la historia que Maradona cuenta sobre la pizzería donde gastó su primer salario fue La Rumba, que era el punto de encuentro de la gente que venía de provincia a pasear a Pompeya y que incluso el jugador quiso comprar tiempo después. Esa pizzería (en avenida Sáenz entre Esquiú y Luppi), se ubica a media cuadra de la Iglesia de Nueva Pompeya, donde fue bautizado “el diez”, una magnífica edificación de estilo neogótico del arquitecto religioso Augusto Cesar Ferrari que comenzó a construirse en 1896.
Pero la historia de La Blanqueada data de más de dos siglos, nació en 1802 y se presume que en un primer momento fue una humilde construcción de chapa y barro y una de las primeras edificaciones establecidas en el lugar, incluso antes de naciera el barrio de Nueva Pompeya. Hay quienes la indican también como el local comercial más antiguo de Buenos Aires.
“Hay que tener en cuenta que esta era una zona que se inundaba muchísimo por la cercanía con el Riachuelo, que está a pocos metros. El lugar fue siempre un pasaje de Valentín Alsina a Pompeya, de provincia a Capital, de manera que lo primero que la gente encontraba cuando bajaba del bote o cruzaba el puente era con esta pulpería”, explica Aprea.
Si bien hoy el paso se da a través del popularmente llamado Puente Alsina –al que se le cambió el nombre a Puente Ezequiel Demonty en 2015– anteriormente existieron varios puentes de madera, algunos precarios y otros no tanto, a los que se los llevaba el río.
En el libro Buenos Aires tiene barrio (Planeta 2022), Leonel Contreras y Víctor Coviello, describen esta situación y cuentan que, hacia mediados del siglo XIX, la avenida Sáenz era conocida como el Camino al Paso de Burgos, un vado que permitía cruzar el Riachuelo con facilidad y que llevaba ese nombre, probablemente por Bartolomé Burgos, propietario de tierras en la zona o bien por el escribano Francisco Pérez de Burgos, dueño de una chacra cercana.
“Aunque no era fácil de cruzar, hay posibilidades de que por allí hayan pasado los ingleses cuando fue la Segunda Invasión en 1807. Su lecho era fangoso y había que arrojarle periódicamente cascotes de ladrillo para darle consistencia”, aseguran.
Mientras que detallan que el puente Valentín Alsina se inauguró en 1859, con el nombre del ex gobernador de la provincia de Buenos Aires que había realizado importantes gestiones para materializarlo. En tanto que, la estructura actual, en estilo neocolonial y el símbolo de Nueva Pompeya, data de 1938.
Cuna del tango
Los autores cuentan también que La Blanqueada fue en un primer momento un lugar de encuentro de los reseros y que luego se convirtió en el almacén de ramos generales y fonda. Por su parte, Aprea asegura que ya más entrado el siglo XIX, para 1880 aproximadamente, los mataderos de ganado estaban en Parque Patricios, barrio próximo, y que solían traerse los vacunos desde provincia y al cruzar el puente y el paso obligado era La Blanqueada.
“Era un lugar de paso, muy bien ubicado, tenía mucho movimiento, allí empezaron a juntarse reseros, que eran quienes llevaban los animales de un lugar a otro, de manera que se armaban guitarreadas, se cantaban canciones criollas. No era solamente un almacén de ramos generales, sino que funcionaba como pulpería o un lugar donde la gente se detenía a tomar algo y a descansar”, sostiene.
Y advierte que allí hasta pudo haber nacido el tango porque justamente lo que tiene Pompeya es esta mezcla de lugar de campo, de Pampa, con lo urbano, y en ese almacén se mezclaba todo ese ambiente de poesía. La Blanqueada fue un punto cultural muy importante, donde se juntaba el campo y la ciudad, que en esos tiempos se había poblado de inmigrantes, principalmente italianos y españoles.
Aprea considera que su época más importante se utilizaba a esta pulpería –que llevó el mismo nombre por más de dos siglos– como punto de encuentro entre los arrieros que traían y llevaban el ganado. E indica que, en ese tiempo, a la avenida Sáenz –que recibió su nombre en homenaje a quien fuera uno de los sacerdotes más comprometidos con la causa de la independencia nacional y organizador y primer rector de la Universidad de Buenos Aires– se la llamaba avenida de los Huesos porque iban quedando los restos de los vacunos que morían en el camino ahí tirados.
“Para ese entonces, Pompeya era un paisaje desolado, pobre, muy inundable, de tierras bajas, anegadizas, de mucho barro, por eso tardó en poblarse porque no era una zona que estuviese asentada”, cuenta.
La vieja esquina de La Blanqueada
La vicepresidenta del Museo y Ateneo de Estudios Históricos de Nueva Pompeya señala que Francisco Rabanal, quien fuera intendente de la ciudad de Buenos Aires entre 1963 y 1966 y vecino del barrio, asegura en uno de sus libros que Jorge Luis Borges venía hasta La Blanqueada con los amigos que traía Victoria Ocampo desde Europa para mostrarles dónde empezaba La Pampa. “Ya estamos hablando del siglo XX, Borges tuvo toda una primera época literaria sobre guapos, sobre tango, arrabal”, explica.
Aprea, autora de los libros Pompeya de La Pampa al barrio de tango (2003) y Pompeya, Sur y después (2007), explica que el edificio actual de La Blanqueada se construyó entre los años 70 y 80 ya más como pizzería, “de la edificación antigua no se conservó nada porque fue demolida por completo”, aclara.
“Siempre fue un punto de reunión, se cree que fue la construcción más antigua del barrio desde antes que se llamara Pompeya, que se incorporó a la ciudad de Buenos Aires como barrio en 1880, ya que antes formaba parte del bañado de Flores”, agrega.
“La Blanqueada era el paso obligado de los arrieros. Enrique Cadícamo (poeta y compositor) le dedicó estos versos: Salga el sol/ salga la luna/ salga la estrella mayor/ la cita es en La Blanqueada/ nadie falte a la reunión. Y en otra estrofa le canta: Boliche de La Blanqueada…/ testigo del pasado, mi recuerdo te evoca / Hoy eres la tapería que ha enclavado/ la esquina brava de Sáenz y Roca”, cita la autora en las páginas del libro publicado en 2003.
En 2018, algunos años después de que bajaran sus persianas, los vecinos juntaron firmas para que el edificio no se demoliera y se declarara como sitio histórico. “Pompeya es un barrio muy sencillo, de gente trabajadora y tiene una fuerte identidad. Y, si bien hace diez años que permanece cerrada, esa esquina no perdió su esencia”, agrega.
Hoy la esquina está cerrada y a la venta
Según cuenta Osvaldo Ledesma Ceriani, de la inmobiliaria homónima con más de 60 años en el barrio, que tiene a la venta la famosa esquina de aproximadamente 500 metros, en los últimos tiempos había sido alquilada y aún funcionaba como pizzería. Pero luego hubo un juicio y una orden de desalojo y los actuales dueños –que no están vinculados con quienes llevaban adelante el local que Maradona hizo famoso– lo pusieron a la venta. “Es uno de los íconos de Pompeya con la iglesia y el puente Alsina. Es más que una pizzería”, sostiene Ceriani.
Lo único que se conserva es uno de los palenques que los reseros usaban para atar a los caballos en La Blanqueada que permanece expuesto en la sede del Museo y Ateneo de Estudios Históricos de Nueva Pompeya, ubicado en Amancio Alcorta 3960.
“Nos gustaría que se declare como sitio histórico y que se establezca allí un centro cultural como recordatorio de la importancia que tiene esa esquina para Pompeya”, finaliza Aprea
.La sede del Museo y Ateneo de Estudios Históricos de Nueva Pompeya, ubicado en Amancio Alcorta 3960, se puede visitar con cita previa llamando al 114947-2617, o escribiendo a museoyateneodenuevapompeya@gmail.com, o por Facebook: Museo y Ateneo de Nueva Pompeya.

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