martes, 2 de abril de 2024

Isser Harel: el implacable líder del Mossad,La captura de Eichmann y su extracción de la Argentina catapultó la reputación del espía




Isser Harel: el implacable líder del Mossad que consiguió su mayor logro en una histórica misión en Buenos Aires
La captura de Eichmann y su extracción de la Argentina catapultó la reputación del espía, pero también marcó el principio del fin de su carrera
María del Pilar Castillo
“Le traigo un regalo. Eichmann está aquí”. Así le anunció en 1960 el jefe del Mossad, Isser Harel, al primer ministro israelí, David Ben-Gurión, que la operación para localizar, capturar y extraer clandestinamente de la Argentina al responsable directo de “la solución final de la cuestión judía” había sido un éxito.
Todo comenzó tres años antes, cuando oficiales de Alemania Occidental informaron a Israel que Adolf Eichmann se escondía en Buenos Aires bajo el nombre de Ricardo Klement. Sin embargo, no fue hasta abril de 1960 que un grupo de agentes israelíes del Mossad viajó a la capital argentina y rastreó al funcionario nazi hasta su hogar en el partido de San Fernando. Unos días después llegó Harel, quien para ese entonces llevaba ocho años al frente de la agencia de inteligencia.
El 11 de mayo, a eso de las 20.20, secuestraron a Eichmann mientras caminaba desde la parada de colectivo a su casa en la calle Garibaldi. Fue interrogado durante varios días en un refugio y luego lo sedaron, lo disfrazaron de guardia de seguridad “borracho” y lo colocaron en un avión de la línea El-Al que viajaba a Tel Aviv, en donde fue juzgado, condenado y ejecutado por ahorcamiento.
Adolf Eichmann, poco antes de ser ejecutado en la horcaColección Nacional de Fotografías de Israel
El acierto de Harel en aquella misión de altísimo perfil catapultó su reputación a la cima. “Con el secuestro de Eichmann logró el mayor prestigio de su carrera y el Mossad se transformó en un ejemplo a emular en todo el mundo. A partir de entonces, muchos servicios secretos extranjeros comenzaron a mostrar interés en colaborar con la agencia”, dice el historiador israelí Raanan Rein.
Pero incluso antes de que la misión, conocida como “Operación finale” u “Operación Garibaldi”, elevara su perfil en la escena mundial del espionaje, el jefe de la inteligencia isarelí, conocido como “pequeño Isser”, ya era uno de los hombres más poderosos del país.
Primeros pasos
Isser Halperin —más tarde cambió su apellido a Harel, “montaña de Dios” en hebreo— nació en 1912 en la ciudad de Vitebsk en Rusia —hoy Bielorrusia— en el seno de una familia judía de clase alta. En 1922, los revolucionarios rusos confiscaron el negocio familiar de vinagre, por lo que tuvieron que huir a la vecina Lituania, lo que originó su profunda aversión por el marxismo.
Siete años más tarde, impulsado por la masacre de Hebrón de 1929, Harel, que aún era menor de edad, decidió emigrar con documentos falsos al Mandato de Palestina con la idea de reforzar el asentamiento judío en dicha administración territorial encomendada por la Sociedad de Naciones al Reino Unido tras la Primera Guerra Mundial.
Allí trabajó durante años en un kibutz junto a su esposa, Rivka, hasta que juntos decidieron fundar una pequeña empresa de empaquetado de naranjas. Fue en ese tiempo que Harel dio sus primeros pasos en el mundo del espionaje. Para 1944, ya se había convertido en el jefe de Shai, la rama de inteligencia de la principal organización clandestina sionista, Haganá.
Los siguientes cuatro años, hasta la fundación del Estado de Israel en 1948, Harel monitoreó de cerca las actividades del Irgún, una organización paramilitar sionista rival. Así se ganó la confianza de quien más tarde se convertiría en el primer premier israelí, Ben-Gurión, quien ni bien asumió el cargo lo apuntó como el primer jefe del servicio de inteligencia y seguridad general interior de Israel, el Shin Bet.
“Su importancia en los primeros años de la existencia del país tenía que ver con su rol de vigilar, supervisar y controlar la oposición política al gobierno de Ben-Gurión y asegurar la hegemonía de su partido político, el Mapai”, explica Rein, ex vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv.
En 1952, a un año de su creación, Harel también asumió el liderazgo del Mossad. “Concentró un impresionante poder por el doble rol que jugó como encargado de la inteligencia dentro de Israel y la contrainteligencia fuera de Israel. No hemos tenido muchos casos de una sola persona dirigiendo ambas agencias”, señala el experto.
Nikita Kruschev
Su primer gran logro internacional no llegó hasta 1956, cuando el Mossad se hizo con el “discurso secreto” del entonces líder de la Unión Soviética, Nikita Kruschev, durante el XX Congreso del Partido Comunista, en el que denunció los crímenes de Josep Stalin y lapidó el culto a su antecesor.
Harel entregó el discurso a sus amigos de la CIA.
Ese mismo año, durante la guerra del Sinaí, Harel estableció una relación secreta con el rey Hassan, quien permitió que alrededor de 80.000 judíos marroquíes abandonaran el país con destino a Israel a cambio de valiosos consejos de seguridad.
Un año más tarde, con el objetivo de crear una “alianza periférica” entre Israel y posibles aliados no árabes en Medio Oriente, entabló amistad con Taimur Bakhtiar, primer jefe de la temida agencia de inteligencia de Irán, Savak, y luego primer ministro.
Junto a Savak y los Servicios de Seguridad Nacional de Turquía formó la red “Tridente” como “una presa para detener la inundación nasserista-soviética”. También armó y entrenó a los kurdos iraquíes; y construyó bases y aeropuertos en Turquía y Etiopía, a través de la ficticia Compañía de Hormigón Reynolds financiada por la CIA. A cambio, el Mossad vigilaba los desarrollos en el Mar Rojo desde un vasto complejo clandestino en Addis Abeba.
La buena racha de Harel al frente del Mossad se prolongó hasta 1961 con la exposición de Israel Beer, un funcionario del Ministerio de Defensa de Israel que trabajaba como espía para la Unión Soviética. Pero pronto su suerte cambió.
El principio del fin
En retrospectiva, el principio del fin de Harel comenzó con su mayor logro, la captura de Eichmann. “Los primeros años, el jefe del Mossad no tenía el menor interés en perseguir a los prófugos del régimen nazi. Pero a raíz del éxito del secuestro de Eichmann y el prestigio que eso le aseguró a lo largo de su vida, se interesó más en el tema de los criminales de guerra y dedicó el esfuerzo, tiempo y dinero de la agencia en la búsqueda de otros, como Mengele (aunque en este caso no tuvo éxito)”, explica el historiador israelí.
Esa obsesión lo llevó al fracaso de la Operación Damocles, que marcó su fin como líder de la inteligencia israelí.
Isser Harel

En 1962, el Mossad fijó como objetivo a un grupo de científicos y técnicos alemanes, anteriormente empleados en el programa de cohetes de la Alemania nazi, que estaba desarrollando cohetes, programados para utilizar desechos radiactivos, para Egipto en un sitio militar conocido como Fábrica 333.
Las principales tácticas empleadas por Israel para amedrentar a los científicos fueron cartas bombas, secuestros y amenazas a sus familias. Varios errores de ejecución, como muertes colaterales o intentos fallidos de asesinato, provocaron el enojo de la entonces ministra de Relaciones Exteriores, Golda Meir, y otros diplomáticos israelíes que estaban trabajando para fortalecer los lazos con Alemania Occidental.
Harel tuvo que dimitir.
A pesar de que el hombre impulsó al Mossad a su cénit y posiblemente la agencia nunca fue tan poderosa como entonces, su “liderazgo muy autoritario provocó cierto resentimiento, por lo que los que lo sucedieron intentaron adoptar una política distinta en muchos sentidos, hasta intentaron hacer muchas cosas al revés”, concluye Rein.
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