Llegan las fiestas y todos empezamos a hacer la lista de los regalos que tenemos que comprar para nuestros seres queridos. Y yo no puedo dejar de pensar en todos los niños de los rincones más olvidados del país que conocí durante este año gracias al proyecto Hambre de Futuro, que no tienen ningún juguete ni una mesa en la cual sentarse a pasar la Nochebuena.
"Mi sueño es tener un Transformer", me contaba Diego de 8 años en el patio de su casa en una zona rural de Tucumán. "Quiero tener una casa de verdad, que sea de ladrillos y tenga techo de chapa", me confesaba Jazmín, una nena de 10 años en un asentamiento de San Luis.
Justo se dio la casualidad de que muchos de ellos justo cumplían años el día que fuimos a sus casas. Y para ellos era casi un día más. En esos contextos de extrema vulnerabilidad, muchas veces no hay torta, no hay velitas para soplar ni regalos. La urgencia mata cualquier posibilidad de festejo.
A ellos, a los chicos que están privados de la mayoría de sus derechos, es a los que más les cuesta soñar. Por eso, además de visibilizar cómo es su día a día y sus necesidades, desde Hambre de Futuro le damos a ustedes (la audiencia) la posibilidad de potenciar su vida y cumplir sus deseos. Algunos sueñan chiquito y otros en grande. |
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