martes, 20 de diciembre de 2022

ECONOMÍA....MARTÍN RAPETTI


Martín Rapetti_ “No veo al Gobierno con capacidad de bajar la inflación en serio”
POR Esteban Lafuente | foto Mauro Alfieri
Estudió Economía en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y completó su doctorado en la Universidad de Massachusetts; es investigador del Conicet y el Cedes y docente de Macroeconomía en la UBA; fue director de Desarrollo Económico en el Cippec y en 2021 fundó con Diego Bossio Equilibra, centro de investigación y consultoría
Estancamiento, inflación alta y riesgos de disrupciones nominales. Así describe Martín Rapetti, fundador y director de la consultora Equilibra, el escenario económico para 2023. El economista descarta cambios de rumbo en el corto plazo y advierte que la agenda de 2024 será “estabilizar”. “Antes de pensar en cualquier programa de mediano plazo, el próximo gobierno va a tener que ordenar la macro. Es imposible crecer de forma sostenida con estos niveles de inflación”, afirma el economista.
–¿Cómo describe la foto de la economía hoy?
– A principios de año ya veíamos una economía que se movía en un proceso de estanflación, con dos causas. Una es el acuerdo con el FMI, que pedía una corrección del tipo de cambio y las tarifas, y eso iba a acelerar un poco la inflación, porque había que acomodar precios que se habían atrasado en 2020 y 2021, sobre todo. Y después vino el shock de la guerra en Ucrania. Siempre veíamos que la Argentina se iba a chocar con un techo de disponibilidad de dólares, dado que la economía no tiene financiamiento y, entonces los dólares disponibles del comercio le iban a poner techo a la posibilidad de crecer. Eso pasó finalmente, pero más tarde de lo que pensábamos. Lo imaginábamos a mediados de año y se empezó a sentir ahí, pero el Gobierno logró estirarlo, pidiendo a las empresas que financiaran sus importaciones, y se generó un crédito comercial de US$9000 millones. Eso le permitió a la economía seguir expandiéndose en el tercer trimestre, y ahora se empiezan a ver más los signos de entrar en una dinámica de estancamiento y contracción. Así, cierra el año cumpliendo con las metas del FMI, algo que nosotros, en términos de reservas, pensábamos que no iban a poder cumplir.
–¿Y cómo se logró?
–Con conejos de la galera, como el dólar soja. Éramos pesimistas, porque había pocos dólares para crecer y al mismo tiempo acumular reservas. Es una manta corta. En el segundo trimestre, el Banco Central no lograba acumular reservas y era el momento de hacerlo. A mitad de año se veía acumulable por lejos, y esta innovación del dólar soja 1 y 2 le permitió al Banco Central sumar divisas que no estaban en los manuales. Es una innovación, digámoslo todo, muy táctica, pero poco estratégica.
–¿Por qué?
–Porque estás comprando dólares caros para venderlos baratos, y ese quebranto se lo pasa al Banco Central. Es una medida que te permite cumplir las metas de corto, pero te compromete más a mediano plazo.
–¿Cómo observa el escenario de 2023?
–La variable clave es qué va a pasar con la demanda privada de los instrumentos en pesos. Es el tema que todos estamos mirando, sobre todo concentrado en el financiamiento en pesos del Tesoro. Hay más de $15 billones de letras que vencen en 2023, un déficit primario que se va a tener que cubrir con nuevo financiamiento, y hoy el sector privado no está dispuesto a seguir financiando al Tesoro ni a tener en su cartera esos instrumentos. Se empieza a ver una tendencia a repelerlos y los están sacando de su cartera. El tema es ver si esa tendencia es moderada o brusca y genera un episodio el año que viene. El punto central son las expectativas.
–¿En qué sentido?
–Porque se piensa en 2024 y en qué va a hacer el próximo gobierno con los instrumentos en pesos. Entonces, ahí hay una preocupación que requiere de alguna coordinación desde la política, entre el gobierno actual y la oposición, para ver qué se va a hacer. Y hoy no estamos viendo ningún tipo de señal conjunta de cómo se va a resolver el manejo de la deuda. Eso genera mucha tensión sobre la demanda privada de instrumentos en pesos, y si se reduce de forma gradual y ordenada o no, cambia el escenario. En el primer caso, tenés un escenario de una economía que sigue teniendo una inflación alta, del promedio del 6% o un poco más al mes, y seguramente una actividad más lánguida que la de este año.
–¿Y si no ocurre? ¿El riesgo es un episodio como el de junio?
–Sí, o incluso más fuerte que ese.
Nuestro escenario base es el primero, una economía que va con inflación alta, una actividad más alicaída que la de 2022, con tensiones en el mercado, pero nada grave. Va a haber un ensanchamiento de la brecha por esta decisión de portafolio del sector privado de tener menos instrumentos en pesos en cartera y dolarizarse, y eso genera que la brecha suba con respecto a la actual. Pero hay un escenario que no se puede descartar, que no veo como el más probable, que es que haya un desarme brusco, y si eso pasa, puede haber un cimbronazo nominal en la economía.
–¿Qué significa?
–Que la brecha salte fuertemente, que tal vez el dólar oficial en vez del crawling peg tenga que dar un salto, que la tasa de inflación se acelere. Es un escenario bastante menos probable, pero que no se puede descartar y que todo el mundo está teniendo en su radar como una posibilidad. Y ese escenario tiene dos elementos, uno exógeno y otro bajo el control del Gobierno, y tiene que ver con el flujo de pesos y el flujo de dólares en la economía. Si el Gobierno logra mantenerse en línea con el acuerdo con el FMI, mantiene acotado el déficit primario y el financiamiento monetario del déficit o la necesidad de financiarlo, y si al mismo tiempo el flujo de dólares se mantiene, mejora la cosecha respecto de lo que vemos ahora porque llueve y el mundo no se convulsiona, eso ayuda a que la situación sea más parecida al escenario base. Si, en cambio, el Gobierno se lanza en una carrera para intentar ganar las elecciones y empieza a gastar a lo loco, tiene déficit y lo financia con emisión, ahí está corriendo ese riesgo. También, si la sequía se profundiza o si el contexto internacional se complica y, entonces, el flujo de dólares cae.
–¿Cuánto tiene que ver la política en el escenario económico actual y futuro?
–Nosotros miramos datos bien duros de la economía, y cuando mirás la historia, lo que hoy tiene el sector privado en instrumentos en pesos no es de una magnitud históricamente alta, más bien es históricamente baja. Ahora, como cualquier actor racional, si crees que por más poca cantidad que sea su valor se va a depreciar, se lo van a querer sacar de encima antes de que se deprecie. ¿Y cuál es el tema? Qué medidas va a tomar el próximo gobierno. Si quiere unificar el tipo de cambio de golpe, hay una cantidad de pesos por los cuales la gente podría decir ‘Me paso al dólar antes’, y puede haber un salto cambiario fuerte. Tal vez el próximo gobierno no quiera entrar haciendo eso, entonces gasta sus primeras balas de credibilidad y hace algún tipo de reperfilamiento de deuda en pesos. Todo esto no es revelar ningún secreto, se habló y se discutió en junio, cuando cayó fuertemente la demanda de títulos en pesos y se generó esa crisis. Cuando hay temor o ‘run run’ que genera duda, si tengo un instrumento que vence en abril de 2024 y me dicen que se podría patear el pago para abril de 2025, me desprendo antes. Ahí es donde aparece el rol de la política y la expectativa de qué van a hacer si les toca gobernar. Y hay varios problemas.
–¿Por qué?
–A diferencia de lo que pasaba en 2014/2015, hoy no se ve con nitidez una oposición que diga que este es el líder. Hay una gran disputa y diversidad de opiniones, y obviamente hay competencia entre oposición y gobierno. Mientras, los opositores no tienen tanta preocupación porque se desplome la demanda de pesos, porque es un problema para el gobierno actual; entonces no hay tanto incentivo para cooperar y más cuando está dispersa la oposición. Ese es un problema de la política.

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