Cristina, Macri y la política de la felicidad
Luciana Vázquez
¿ Cómo hace la política para capturar la felicidad en un momento dado? ¿Cómo hace la política para crear felicidad? ¿Cuán capaz es de concebir la felicidad como un objetivo político? Y, en ese caso, ¿qué concepción de la felicidad maneja la política? El Mundial y el estado de felicidad colectiva que vive la Argentina disparan preguntas. También el modelo de celebración del triunfo de la selección nacional que eligieron los políticos. De Cristina Kirchner a Mauricio Macri, dos formas de concepción política de la felicidad que, en principio, se presentan como opuestas.
De un lado, el kirchnerismo y su insistencia en la adrenalina de la confrontación eterna, la politización de cualquier forma de felicidad apolítica, como la futbolera, y la colectivización de los logros individuales y ajenos. Del otro, el Macri futbolero, su exaltación del fútbol como juego sin política y su concepción de la conquista del campeonato como un triunfo de un grupo de individuos con efectos colectivos. Y, sin embargo, también en Macri, un momento inesperado, casi de kirchnerismo explícito, aunque de sentido contrario: el salto de la pasión del fanático del fútbol a la bajada de línea politizada con el “acá no hay gremios” y el elogio a la autocracia de Qatar como modelo de desarrollo y ejemplo educativo.
Una perspectiva cuestionable y de cortísimo alcance que deja de lado argumentos que la refutan y que los datos no refrendan.
El primer interrogante, cómo hace la política para cazar en el aire la felicidad de la gente en una coyuntura apolítica como el Mundial, es quizás el menos potente. Remite a una voluntad de manipulación trivial que suele dejar en ridículo a la política. El domingo, el presidente francés, Emmanuel Macron, se convirtió en el arquetipo de eso: su despliegue ampuloso de gestos de consternación y consuelo se vio forzado e impuesto a jugadores más tristes por perder un juego que por traicionar a la patria.
Por el momento, el presidente Alberto Fernández hace lo que mejor le sale: retirarse del terreno a esperar hasta que las fichas se acomoden solas. La indefinición como política. La decisión de no viajar a Qatar por la final va en el mismo sentido: la excusa de la cábala, quedarse en la Argentina viendo el partido como se dio a lo largo de los triunfos, le permitió ahorrarse la decisión. En la cábala, el Presidente encontró el argumento que le permitió conectar con el ciudadano común y evitar la política.
El escenario de la celebración quedó librado a la decisión de los jugadores. El feriado nacional es la forma política que encontró el oficialismo. El kirchnerismo, que todo lo estatiza, dejó la movilización popular más espontánea y festiva desde hace 36 años en manos privadas: la voluntad de Lionel Messi y su equipo. El Gobierno se limita a preparar la cancha con el feriado y el altar de la Casa Rosada, en caso de que el novio se digne a presentarse a la cita. A diferencia de Macron, el presidente Fernández prefiere no adentrarse en el coto de la felicidad ajena, la de los jugadores y la de la gente.
La personalidad del equipo de Lionel Scaloni, en medio de una Argentina polarizada, es otro factor que hace difícil la apropiación política. La relación entre estos jugadores y algunas políticas del kirchnerismo ha sido sutilmente tensa en ocasiones. Está el caso de los respiradores donados por Messi en medio de la pandemia, detenidos en la Aduana por meses, a la espera de la autorización del Gobierno. O los cuestionamientos del Kun Agüero al impuesto al patrimonio, en una sesión de streaming que terminó viralizada.
La cuestión de cómo concebir la felicidad en la esfera de la política y, yendo más lejos, la de cómo crearla van de la mano. Un punto es cuánto consenso demanda la felicidad o, por el contrario, cuánto de confrontación. Otro punto es el peso de lo individual o de lo colectivo: qué teoría sostiene cada matriz conceptual en torno a la felicidad: una teoría del individuo o una teoría del Estado. Para el kirchnerismo, la felicidad es, primero, el resultado de una puja y una confrontación. Y, segundo, toda felicidad es tributaria de un Estado que la garantiza. Un Estado dador de felicidad a un pueblo al que protege.
En el tuit celebratorio de Cristina Kirchner, la política de la felicidad insistió ayer en la lógica de la confrontación. Para la vicepresidenta, Messi alcanzó la cima del cariño de la gente cuando se convirtió en Maradona: “Un saludo especial después de su maradoniano ‘andá pa’allá bobo’, con el que se ganó definitivamente el corazón de los y las argentinas”, tuiteó Cristina Fernández. En una oración, redujo a Messi a un simple discípulo del Maradona confrontativo: para la vicepresidenta, desconociendo una pasión popular ganada por los propios méritos de Messi, recién en ese momento “maradoniano” Messi consiguió la comunión con la gente.
Eligió, además, una interpretación del “bobo” en sentido maradoniano, que pierde de vista la especificidad de Messi: un ídolo popular de tonos discretos que, aun en la pasión del enojo en medio de un partido, toma la decisión de transitar la ofuscación con lenguaje de chico, casi en desuso, de una infancia provinciana. En las antípodas de Maradona y su estilo.
Si no es esa lógica de la felicidad en la confrontación, el oficialismo optó por la ideologización del triunfo y la colectivización del derrotero individual de un equipo. El que fue más lejos en la politización de la felicidad apolítica fue el subsecretario de Obras Públicas de la Nación, Edgardo Depetri, quien tuiteó: “Vienen los campeones y traen la Copa. Viajan por nuestra línea de bandera, esa que Macri quiere entregar para que sus socios y amigos hagan negocios. Aerolíneas Argentinas, orgullo nacional que no se privatiza”.
Felicidad y simplificación
Lo de Macri despuntó distinto. Viajó a Qatar en un mix de modo hincha futbolero y dirigente de la FIFA por su cargo en la Fundación FIFA. Su celebración subrayó el carácter futbolístico del logro de la selección nacional, sin deslizamientos a interpretaciones políticas forzadas. “Una exhibición de fútbol. Nos infartamos, volvimos a vivir, volvimos a morir y finalmente lloramos como niños de emoción. ¡Gracias muchachos, gracias cuerpo técnico, esto es maravilloso! ¡Vamos Argentina, vamos Sudamérica!”, tuiteó Macri. El orgullo nacional o sudamericano, por la calidad de su fútbol, como máxima libertad interpretativa.
Desde los bailecitos y los globos de la etapa pre-presidencial, Pro apostó a una política que recuperara el derecho humano a la vida apolítica. La felicidad individual con una legitimidad en pie de igualdad con la legitimidad de la felicidad colectiva que, al contrario, ha sido central en el relato kirchnerista y en la visión moral de la felicidad construida en torno al binomio “pueblo y Estado peronista”.
El problema de Macri en el Mundial es que el ejercicio de la felicidad rozó la simplificación. Macri y Pro construyeron su identidad en torno a su visión de la política de la felicidad libre de las determinaciones de la política y del Estado como garante. Su felicidad futbolera, sin embargo, mostró límites a ese aporte. Una política de la felicidad que pierde de vista capas de sentido corre el riesgo de resultar una cáscara vacía.
Macri, como el kirchnerismo, también se alejó de la esfera de la felicidad futbolera para ideologizar el momento. Elogiar a Qatar como modelo de desarrollo, sin sindicatos, no es un puerto al que llegar.
En un país con esos desafíos, en un contexto geopolítico en el que un jugador de fútbol iraní ha sido sentenciado a muerte por defender los derechos de las mujeres iraníes, en medio de nuevas denuncias de corrupción que involucran a Qatar y con el antecedente que atraviesa la organización del Mundial, la política de la felicidad exige mayor profundidad y desarrollo a una figura política de la talla de Macri. Caso contrario, se corre el riesgo de contribuir al “sportswashing” que buscó Qatar en este Mundial.
Macri, Pro y Juntos por el Cambio enfrentan un desafío: reponer una cadena de sentido que devuelva centralidad política y social a nociones como libertad, individuo, mérito y felicidad individual, sin caer en simplificaciones que se parecen demasiado, en su lógica aunque no en su contenido, a las de su adversario político.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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