miércoles, 14 de junio de 2023

60 AÑOS DE "RAYUELA " ...JULIO CORTÁZAR


60 AÑOS DE RAYUELA: la SORPRESA y El PASO DEL tiempo
La novela de JULIO CORTÁZAR puso en juego una nueva forma de narrar. ¿Hoy mantiene su vigencia?
— texto de Fabiana Scherer —
Un día le pediré que lea lo que estoy haciendo ahora, y que es imposible de explicar por carta, aparte de que yo mismo no lo entiendo –narra Julio Cortázar en la misiva, con fecha 19 de agosto de 1960, que le envió a su amigo Paco Porrúa, el que tiempo más tarde se convertiría en la leyenda editorial de las letras latinoamericanas–. Ignoro cómo y cuándo lo terminaré; hay cerca de cuatrocientas páginas, que abarcan pedazos del fin, del principio y del medio del libro, pero que quizá desaparezcan (...) El resultado será una especie de almanaque, no encuentro mejor palabra (a menos que “baúl de turco...”). Una narración hecha desde múltiples ángulos, con un lenguaje a veces tan brutal que a mí mismo me rechaza la relectura y dudo que me atreva a mostrarlo a alguien, y otras veces tan puro, tan poco literario... Qué se yo lo que va a salir.
El 28 de junio de 1963, en un mundo convulso vio la luz Rayuela, la novela que sacudió el escenario literario. “Crónica de una locura”, “contranovela”, “una especie de bomba atómica”, “una llamada al desorden necesario”, “un balbuceo”, fueron solo algunos de los comentarios que despertó la obra, que hoy, a 60 años de aquella primera edición, genera miradas diversas.
Fue en el Teatro Real de Córdoba, en el marco del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, en 2019, que Mario Vargas Llosa preguntó: ¿Rayuela es el mejor libro de Julio Cortázar? Para el ganador del premio Nobel no lo es, al contrario: “el efecto novedoso, la gran sorpresa que fue Rayuela al aparecer, de alguna manera se va a ir, no despareciendo pero sí empequeñeciendo, aquello ya no es una sorpresa y en gran parte es por efecto explosivo y por la imitaciones y por la obras que no fueron imitaciones pero que quedaron profundamente impregnados en la experiencia revolucionaria que significó esa novela”.
Siguiendo esta misma línea, Federico Jeanmaire (1957), el autor argentino que recientemente publicó La banda de los polacos (Anagrama), sostiene: “la ruptura que propone Rayuela es una ruptura muy acotada a su época, muy cerradita y eso hace que su estructura no siga vigente. A mí no me interesa leer esa ruptura como escritor, sí claro me interesa leer a Cortázar que es un grande de verdad, y que uno disfruta cuando lo lee. Una novela que me sigue encantando y que cada tanto, sí releo es 62 Modelo para armar (1968).”
“Lo que mantiene vigente a Rayuela, creo, es que, desde su publicación, fue una novela que, queriendo hablar del presente, le habló al futuro. O, queriendo desarmar la realidad en un juego, terminó fijando rutas lectoras, iniciando a jóvenes en una mirada ampliada de la realidad. Una que incluye lo que es y lo que podría ser, lo que nos pasa y lo que imaginamos. Queriendo marear, Rayuela, dio una brújula –reflexiona Santiago Craig (1978), el autor de Animales, 27 maneras de enamorarse (Factotum) y Las tormentas (Entropía)–. En la novela de Cortázar hay destino y arbitrariedad; hay mil modos posibles de lectura dispuestos ahí para nuestro entusiasmo o nuestra pereza. Hoy, eso aparece de una forma más mecánica, más ansiógena. Las posibilidades son millones en las plataformas, las redes, los medios. ¿Qué elegir? ¿Cómo elegir? ¿Por dónde entrar? ¡Qué importa!”
Inevitablemente, hablar de Cortázar con Luciana De Luca (1978), la transporta a sus vacaciones de verano. “Empecé a leerlo cuando era muy chica. Yo vivía en Santa Fe y cada verano mis padres me mandaban un mes a Buenos Aires, a casa de mi abuela materna –recuerda la editora y autora de la novela Otras cosas por las que llorar (Tusquets)–. En su casa –un departamento en un piso 13 desde donde se veía la torre de Interama y una gran porción de la ciudad, todavía sin tanto brote de edificios– había una biblioteca pequeña, llena de libros de autores argentinos. Ahí toqué el lomo de un libro de Cortázar por primera vez (62 modelo para armar). Me acuerdo: era chica, aún no terminaba la primaria. No entendí nada. Casi nada, o nada del todo. Pero tuve una experiencia lectora sísmica: estaba frente a un autor serio, un hombre que sabía hacia donde quería que fuera la historia, pero, sobre todo, hacia dónde quería que fuera yo. Entonces fui por más, porque no había nada mejor para esa adolescente semidesterrada, provinciana y en ebullición, que el temblor que le provocaban esos libros. Y más fueron todos los libros que había en esa biblioteca, incluido Rayuela. Vivos están, pienso yo –vigente es lo que está vivo, de alguna forma, más allá de la carne y su rápida extinción– los libros que hacen temblar. Vivos los que vuelven siempre y arremeten con fuerza. Como Rayuela, aunque en aquel momento no haya entendido casi nada. Hace poco, en casa, con un hijo preadolescente, experimenté desde afuera ese cataclismo del que aún es capaz la obra de Cortázar. Vi la fruición, el encantamiento. La sorpresa. Busqué, de paso, qué otro libro se publicó en 1963. Se cumplen también 60 años de la publicación de Pantalones azules, de Sara Gallardo. Hablando de vigencia.”
Una puerta que se abre, para Camila Fabbri (1989), escritora, directora de teatro y actriz, Rayuela fue una de las novelas que la introdujo en la literatura. “No me refiero a la literatura argentina, sino a la literatura en sí, como género total –reconoce la autora de Estamos a salvo y El día que apagaron la luz (ambos títulos editados por Seix Barral)–.
Rayuela fue un antes y un después universal, lo fue para muchos artistas, no necesariamente escritores y escritoras. Me parece que tiene ese doble valor, el de ser una obra que se puede leer a toda edad, como una especie de ´apto para todo público´, pero dentro de ese ´apto para todo público´ hay algo muy complejo desde la construcción –reconoce la escritora que fue elegida por la prestigiosa revista inglesa Granta como una de las 25 mejores narradoras en español menores de 35 años–. Rayuela encuentra un tono que puede ser leído tanto a los 17 años como a los 50, y hay algo que la novela siempre te da, porque es una novela muy generosa, en ese sentido. Plantea muchas ideas respecto a la estructura de una novela, es una especie de libro objeto, es una idea en sí misma. Rayuela, no es solo una novela, es muchas cosas más y en ese sentido creo que una novela, una obra así no pierde la vigencia nunca jamás. Es la puerta de entrada a la literatura y también puede ser la puerta de salida, es una especie de constante.”
Suele pensarse en Julio Cortázar como un autor de “iniciación”, el anti Thomas Mann, un libro que Buscó destruir lo establecido
que se lee en la escuela, en la adolescencia, fue el propio César Aira (1949), uno de los escritores vivos más prolíficos del mundo, quien en una entrevista, en 2004, se animó a poner en jaque al autor que falleció en Paris, en 1984: “Cortázar es un caso especial para los argentinos, y no sólo para los argentinos, también para los latinoamericanos y quizás para los españoles, porque es el escritor de la iniciación, el de los adolescentes que se inician en la literatura y encuentran en él –y yo también lo encontré en su momento– el placer de la invención. Pero con el tiempo se me fue cayendo. El de los cuentos es el mejor Cortázar. O sea, un mal Borges. Luego, el resto de la carrera literaria de Cortázar es auténticamente deplorable.”
En otoño de 1980, el autor de Historias de cronopios y de famas aceptó dar un curso universitario, de dos meses, en Berkeley, Estados Unidos. En aquellas aulas se refirió a los “jóvenes lectores de su obra” (texto reunido en el volumen Clases de literatura, editado por Alfaguara): “Rayuela tuvo sobre todo lectores jóvenes por el simple hecho de que el lector joven desde la adolescencia y en su primera juventud es un hombre angustiado frente a la realidad, un hombre que se siente amenazado por estructuras que poco a poco se le van imponiendo y que los más débiles aceptarán tan fácilmente y discutirán (...). El hecho es que esos jóvenes encontraron en ese libro algo que los exasperaba muchas veces, que los hacía incluso odiar el libro y protestar contra él, pero al mismo tiempo se sentían parte de la cosa y en los casos más positivos buscaban encontrar lo que yo mismo no había podido encontrar.”
El primer impulso ante la palabra vigencia, Loyds dispara: “es como preguntar si los goles de Maradona siguen vigentes –arremete el autor de las novelas Merca y La mamá de Johnny (ambas editadas por Planeta)–. Si la vigencia es el estado de lo que tiene validez o está en uso, y tomamos el hoy polémico boom latinoamericano, los dos libros que han persistido en el gusto de la gente son Cien años de soledad [de Gabriel García Márquez] y Rayuela. De mi vida en España recuerdo la devoción con que se referían a ella, que en Argentina era considerada de iniciación, y la gran cantidad de alusiones a La Maga, Oliveira y El Club de la Serpiente. La “contranovela” fue abrazada por jóvenes de toda Hispanoamérica. ´Creo que es porque en Rayuela no hay ninguna lección. A los jóvenes no les gusta que les den lecciones y encontraron allí sus propias preguntas, sus angustias de adolescentes y de la primera juventud, el hecho de que no se sienten cómodos en el mundo en que están viviendo, el mundo de los padres´, dijo Cortázar. Rayuela fue así, rock y cultura hippie en los albores de ambos, incluyó a quienes leían mucho antes del mundo interactivo, fue revolucionaria e iconoclasta. Pero la pregunta es aquí y ahora. Entonces concluyo que Rayuela sigue siendo un libro contestatario, que aborda temas universales que nunca envejecen: la vida y la muerte, el amor y el desamor, la amistad y la traición, la maternidad y la no paternidad, la cultura y lo iletrado, la migración y el quedarse, las caminatas por París y la melancolía en Buenos Aires. Y que Cortázar sigue siendo un ícono, por más que lo tilden de lectura para adolescentes, de ´mal Borges´ o de Sui Géneris –enumera el autor y guionista que en julio publicará Pichón (Planeta)–.ser aún hoy el póster de entrada para miles de lectores en español, es un montón (se venden diez mil ejemplares al año de Rayuela, lo cual sería un éxito para una novela publicada, ¡mañana!). Es cierto que escritores como Roberto Bolaño con Los detectives salvajes, ha contribuido a su vigencia. Si buscamos #Rayuela en Instagram, hay más de 150 mil publicaciones, todas referidas a la novela. No más preguntas”.
“John Ruskin escribió, en ese ensayo indispensable que fue Sésamo y Lirios –con más precisión en Sésamo–, que hay libros buenos del momento y libros buenos para siempre –observa la escritora y psicoanalista Natalia Zito (1977)–. Los del momento amplían, sencillamente, la conversación del autor a un público más vasto. En los libros buenos para siempre el autor no busca multiplicar su voz, sino que tiene algo para decir, algo que considera indispensable aportar, algo ´bellamente útil´–sugiere la autora de la recién aparecida Vos (Planeta)–. Rayuela es, sin duda, bello, útil, un libro bueno para siempre porque aun cuando las rupturas que significó para su género ya no sean novedosas, sigue siendo la prueba de que lo verdaderamente vivo en una novela está dado por la forma, por esas nuevas dimensiones que el lenguaje es capaz de crear.” ß “¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, el arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua”, así comienza el primer capítulo de Rayuela, la novela que abre sus páginas con un tablero de dirección en el que lector está invitado a elegir las posibilidades de lectura del libro, que “es muchos libros”. En la edición conmemorativa que Alfaguara editó en 2019, se recupera, como complemento a la novela, textos de Gabriel García Márquez, Adolfo Bioy Casares y Carlos Fuentes, autores contemporáneos de Cortázar, que dan cuenta de la dimensión del autor y de la recepción que tuvo la novela en su tiempo. Incluye, además, la reproducción facsimilar del Cuaderno de bitácora, la libreta en la que Cortázar fue anotando ideas, escenas y personajes de la novela durante el proceso de escritura. “Rayuela fue escrito como una especie de anti-thomas Mann. Con todo el respeto que me merece Thomas Mann”, dijo con sentido del humor, en una de sus clases en Estados Unidos.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.