martes, 13 de junio de 2023

CRISTIANO RATTAZZI







CONVERSACIONES
Cristiano Rattazzi
“Nunca he visto una época peor que la de ahora”

Texto de Pablo Sirvén // Fotos: Ignacio Coló
Cristiano Santiago Argentino Rattazzi no tiene problemas en fotografiarse con todo tipo de maquetas –grandes, medianas y pequeñas– de distintos modelos de helicópteros que pululan en los distintos ambientes de su amplia oficina céntrica. Estigmatizado por ser la última imagen de los finales abruptos de los gobiernos de Isabel Perón y de Fernando De la Rúa, el helicóptero es una presencia ominosa y amenazante en la política argentina. Se recuerda un acto en la Plaza de Mayo, durante el gobierno de Mauricio Macri, en el que había manifestantes que posaban provocativos para las fotos con miniaturas de helicópteros a manera de admonición simbólica de que esa gestión no iba a poder completar su mandato, como sí finalmente lo hizo el 10 de diciembre de 2019. Es que Rattazzi sumó a su pasión por los autos, el fervor por estos vehículos alados que vende su empresa Gruppo Modena, que también ofrece otro tipo de prestaciones y trabaja clásicos terrestres de altísima gama, como los distintos modelos de Ferrari y Maserati. Tiene 74 años, pero no parece, tal vez porque tiene espíritu jovial y se mantiene en forma con el tenis y un personal trainer, sin olvidar a Gabriela Castellani, la mujer que lo acompaña desde hace quince años en la vida, los viajes y con su esmerada mano para la cocina gourmet. Lejos de cierto pesimismo que campea en buena parte de la sociedad argentina frente al presente y el futuro inmediato, Rattazzi se muestra entusiasmado y listo para opinar sin anestesia. “Creo que puede darse una situación tremendamente interesante en la Argentina para que la gente más postergada que vive de planes quiera empezar a decir que hay algo equivocado y busque más libertad en el sector privado, que es el único que da trabajo en serio”, dice desde su bunker, ubicado en un séptimo piso con vista panorámica a la avenida 9 de Julio. Los Rattazzi constituyen una familia noble y tradicional de Italia. El bisabuelo de Cristiano, Urbano Rattazzi, fue primer ministro en dos ocasiones. Los Agnelli –su rama materna– se caracterizaron por el emprendedurismo y fundaron Fiat, pero su madre (Susanna Agnelli), además, fue una destacada escritora y política. Se desempeñó como diputada, senadora y alcalde, pero también llegó a ser en Italia la única canciller mujer hasta el momento. Ambas vertientes sanguíneas fuertes corren por las venas de Cristiano.Rattazzi confiesa que llegó a manejar una Maserati a 300 kilómetros por hora en la ruta 2. Los autos, pero también los helicópteros, lo fascinan
–¿Cuándo los apellidos ilustres que lleva encima funcionan como escudo protector a favor y cuándo como una pesada mochila en contra? –Es una pregunta interesante. Siempre puse una tremenda atención en estar temprano en la oficina, hacer los estudios perfectos para alguien que aspira a manejar una empresa. Primero tiene que ser impecable el curriculum. Complejiza que siempre te pueden decir que sos un boludo, que estás donde estás por portación de apellido. Eso te va a pasar todo el tiempo y siempre te van a decir que sos un privilegiado. Ayuda, en cierto sentido, que vivís desde joven en un ambiente altamente cultural y eso después te sirve. –¿Por qué sus padres decidieron venir a vivir a la Argentina durante el primer gobierno peronista? –Yo nací acá en 1948. Era interesante ver un nuevo mundo. Mi madre había trabajado en la Cruz Roja atendiendo heridos en la Segunda Guerra Mundial. En la posguerra, la Argentina, riquísima y opulenta, competía con Estados Unidos y les pareció bueno venir por un cierto período. Era muy chico entonces, pero sí recuerdo que, en el tercer gobierno peronista, ya en los setenta, Perón había evolucionado mucho y entendió cosas importantes. Fue una lástima que se muriera porque podía avanzar en busca de una Argentina más moderna. –Para usted fue una suerte que le haya tocado ser presidente de Fiat dos décadas después de los sangrientos setenta porque si hubiese sido en aquellos años tal vez no contaba el cuento, como le pasó a Oberdan Sallustro, asesinado por el ERP, en 1972. –Fue un horror, también para otros directores de Fiat en aquel momento. Y del mismo modo en Italia, un poco más tarde, con las Brigadas Rojas. No era una época saludable para estar en la Argentina. –Usted nació en la Argentina, ¿pero cuánto tiempo vivió en Italia? –Nací en la clínica Bosch, pero nos fuimos en 1957. Yo tenía 8 o 9 años y viví en Italia 15 años. Volví a la Argentina en el 70, pero después me fui a Harvard, a Brasil y a Venezuela. Fui a París por cuatro años y ahí volví a Argentina. –¿Por qué tiene tonada italiana si nació acá y vivió tantos años en la Argentina? –Cualquier idioma que yo hablo tengo tonada rara. Tengo una hermana que habla distintos idiomas con una tonada perfecta. Se dio así, podría haberme esforzado en mejorarla, pero la verdad es que no me importa nada. Me dicen que parezco un mozo de Brooklyn cuando hablo en inglés. –A su entender, ¿cuál fue la peor época que le tocó vivir en la Argentina? –Nunca he visto una época peor que la de ahora. Han creado una inflación desbordada y yo odio la inflación, un fenómeno del que empecé a advertir a principios de 2005. Hoy tenemos un 40% de pobres, un déficit incontrolado, siempre a punto del default. Como ahora, nunca vi nada. En 2001, con un pequeño ajuste se podía arreglar. Ahora es mucho más complicado, con tanta pobreza y sin un peso en la caja. –¿Y cuál fue la mejor época? –Creo que Carlos Menem fue un gran presidente. Con todas sus cosas raras, tenía sentido de ir hacia un país moderno. Con Domingo Cavallo conformaban una combinación extraordinaria. –¿Y ahora lo va a votar a Javier Milei? –No sé, no creo. Depende, pero su irrupción disruptiva es totalmente fundamental porque habla de otra cosa: de un país moderno insertado en el mundo competitivo, eliminando la inflación. Veo a los otros muy tibios diciendo que en dos o tres años llevan la inflación al 10 o 15% ¡Pará! No se puede vivir más con esta inflación, que en el mundo no supera el 4%. Hay que hacer una política de shock. Milei entiende perfectamente la economía y me encanta, aunque menos su parte un poco histriónica. Quiere generar riqueza y, al poco tiempo, en un país normal todos empezarán a crecer. No se puede crecer con planes. Se crece con los trabajos. ¿Cómo puede ser que a alguien se le pague para que bloquee con un piquete a gente que quiere ir al trabajo? Es una situación enfermante. –Hablemos de sus nombres. –Me pusieron Cristiano porque les gustaba y es el nombre que uso siempre. Santiago, porque es Giacomo en italiano y mi abuelo paterno se llamaba así, y Argentino, porque nací acá. –¿Le pesa llamarse “Argentino” de nombre? –Me sirve a veces cuando alguien discute mi nacionalidad. La llevo hasta en el nombre, ¿qué más quieren? –Nació en la Argentina, habla con tonada italiana, pero vive en Uruguay. ¿Por qué? –Me encanta Uruguay y vivo allí, pero voy a Italia, a Estados Unidos y vengo mucho a la Argentina, donde tengo mis nietos y muchos intereses. –¿Por qué se fue usted y tantos otros empresarios de primera línea a vivir a Uruguay? –Es un país muy agradable, muy cercano a la Argentina donde tenemos muchos afectos y cosas que nos unen. Tengo un cariño por la manera de ser de América Latina que no siento en Italia. Me encanta Estados Unidos, pero para estar un período. América Latina te da algo diferente.“Hay una esperanza si hacemos algo diferente y no seguimos haciendo lo mismo”, dice
–¿De dónde viene la vena tuerca de su familia? –En 1899, el senador Giovanni Agnelli, junto a un grupo de turinenses, funda la Fabbrica Italiana Automobili Torino (Fiat). Trabajaba sábado y domingo y lentamente los demás no querían participar con esa intensidad y se quedó con la mayoría. Él fue el gran desarrollador. –¿Qué fue Fiat para Italia? –Fue algo extraordinario. Casi recién fundada, llegó a una Argentina rica. Fue el primer lugar en que empezó su producción fuera de Italia. Fabricaba los grandes motores diesel, camiones, ferrocarriles, el “Fitito”, hacía todo. Llegó a tener 22 mil empleados. Yo soy un enorme admirador de mi tío Gianni, que todos llamaban l’Avvocato. Él asumió en Fiat en 1966 porque en el interregno, entre la muerte de Giovanni y la llegada de Gianni, estuvo un gran manager que se llamaba Vittorio Valetta, que llevó a Fiat a lo que fue y a lo que es todavía, desde 2021, como Stellantis [fruto de la fusión entre Fiat Chrysler y el Groupe PSA, que tiene marcas como Peugeot, Citroën y Opel]. –Fue muy comentado en los últimos días en la prensa internacional una dura disputa por la herencia precisamente de su tío, Gianni Agnelli, que enfrenta a su hija Margherita contra tres de sus ocho hijos, incluido el mayor, John Elkann, presidente de Ferrari. ¿Lo roza de alguna manera estos litigios? ¿Cuál es su posición frente a ellos? –Es una historia muy triste que ya tiene casi veinte años y la verdad que mi tío Gianni, que era un tipo tan adorable en todo sentido, se tiene que estar dando vueltas en su tumba porque la hija había firmado, estaba todo acordado y volvió sobre su palabra y ella había recibido una cantidad de plata impresionante. Evidentemente nos toca a toda la familia porque también se autoacusó, creando un problema a todos, de que habíamos sacado plata afuera contra el bien de Italia. La verdad, una historia muy triste. –¿Qué tal le fue a Fiat cuando quedó en manos de Franco Macri? –Fue bien. Por 15 años se les cedió la licencia y la fábrica y la desarrolló bastante. Tenía Fiat y Peugeot también. Quince años después, en el momento en que parecía que la Argentina estaba decolando en el período de Menem decidieron volver a la Argentina con todo y le compró Iveco y Fiat, hizo una fábrica maravillosa en Córdoba que hoy, después de momentos muy difíciles en que hasta se cerró, produce allí el auto más vendido en la Argentina desde hace casi dos años y que es el Cronos. La segunda marca entre las más vendidas llega sólo a la mitad de Cronos. –¿Sabe usted arreglar autos, cambiar una rueda? –Algo, pero prefiero tener un mecánico. –Pero no se queda a pata… –Nooo..., pero cambiar un carburador me cuesta. –Leí que hace un tiempo usted declaró lo siguiente: “Niki Lauda me puso a punto un Fórmula 1, pero Ferrari no me dejó manejarlo”. No me diga que le gusta la velocidad. A ver: ¿cuál es el máximo que llegó a levantar un auto? –No más de 300, con una Maserati y otra vez con una Ferrari. –¡¡¡300!!! Me imagino que en pista cerrada, ¿no? –No. Fue bastantes años atrás en una recta maravillosa de la ruta 2. Era la zona mejor para levantar a 300 por hora. Se veía todo alrededor si había alguien que se movía. –¿Qué es más vertiginoso, manejar un auto, un avión o un helicóptero? –A mí me encantan los aviones y los helicópteros. Me gusta pilotearlos. Sentís la sensación de volar. En el avión tenés que saber dónde llegás y preparar el vuelo con alternativas por si se cierran aeropuertos. El helicóptero es casi como una bicicleta que vuela que puede bajar en cualquier lado. Es como un pájaro. –¿Y cuándo decidió hacer de esto un modo de vida? –Se fue dando, no es que lo decidí y la verdad que me fascina. Mi hermano, que vino el mes pasado a visitar la Argentina, se apasionó tanto [él es presidente de la compañía aérea italiana Neos] que quiere venir tres meses por año a seguir el tema. Creo que es la excusa para venir acá. –¿Es verdad que una vez chocó una vaca con un avión? –Había un tambo cerca del aeródromo de Luján adonde estaba llegando. El tambero puso a pastorear a las vacas y, de pronto, se cruza una. Mi reacción fue dar motor para levantar la trompa. Pero igual agarramos una, que murió. El avión quedó ahí en el piso bastante dañado, pero nosotros no nos hicimos nada. Éramos seis personas. –¿Qué piensa del auto que anda sin conductor y de otras novedades de la industria automotriz que se vienen? –Hay un mix entre dron y helicóptero que hace de taxi, que en Arabia ya lo están estudiando e implementando. Pero la posibilidad del auto sin conductor se ha frenado un poco últimamente porque tenés que tener sensores perfectos si de golpe de atrás te aparece una bicicleta y que es una reacción que el auto todavía no llega a advertir. El eléctrico está pasando a ser el auto de 2035 en adelante. Hay mucha inversión en ese campo. Es absurdo ver camiones manejados por humanos en la noche yendo en cadena en las autopistas horas y horas cuando en piloto automático mejoraría la seguridad en las rutas.Vive en Uruguay, viaja a Italia, Estados Unidos y mucho a la Argentina “donde tengo mis nietos y muchos intereses”
–¿Cómo definiría, si tiene alguna particularidad, al empresario automotriz respecto de sus colegas de otros rubros? –Los empresarios automotrices están acostumbrados a competir en todo el mundo. Están integrados a un mundo en el cual muchas decisiones se toman en una central afuera. Gran parte son profesionales, cambian cada cinco o seis años. Yo fui un caso particular porque no cambiaba. Estuve ahí 25 años. –Hay que tener mucha cintura política para mantenerse tanto tiempo al frente de una empresa automotriz de primer nivel, ¿verdad? –En cierto sentido sí, indirectamente. Se tienen interlocutores de primera línea de la política. Hablás con los presidentes y con los ministros. –Tiene tres hijos. ¿Cuál de ellos se parece más a usted? –Mi hija Alexia, experta en autismo, es la que más se parece a mí, porque tiene un tipo de carácter bastante similar, es callada y hace sus cosas con mucha dedicación y constancia. Urbano lleva adelante PIBA, una propuesta de cerveza artesanal y comida gourmet al paso, y Manuela es medalla de oro en comunicaciones de San Andrés. –¿Qué le aportó en su formación haber pasado por la escuela naval? –Mucho. Yo aprendí de los militares un sentido de la disciplina fuerte, que hay cosas que tenés que hacer porque te lo dicen. Y en una organización algo así tiene que haber. –¿O sea que le dio un rigor muy espartano que después lo utilizó en su actividad empresaria? –En mi vida trato de ser espartano en varias cosas. Soy bastante previsible: tantas horas de gimnasia o de hacer deporte. Ahora que tengo más tiempo juego al tenis y tengo personal trainer con una rutina fuerte de gimnasia prácticamente todos los días si estoy en Buenos Aires, pero menos en Uruguay, porque no lo tengo organizado. –Si tuviera que arrancar otra vez de cero, ¿por dónde arrancaría con las condiciones actuales de la Argentina? –¿Estoy de cero, pero ya estoy jubilado? –Sí, pero tiene que vivir. –Creo que me dedicaría a aviones y helicópteros porque me encantan. Mi pasión fueron los autos, pero aún más la aviación. Yo en diciembre del 70 saqué mi primer registro aeronáutico. Pasaron 53 años. Soy claramente el piloto comercial más viejo que todavía vuela y siempre me encantó volar. Me dedicaría a lo que estoy haciendo, la parte aeronáutica, que me divierte mucho. –¿Le preocupa la edad y el paso del tiempo? –Físicamente sabés que no sos el mismo, me preocupa. Me encantaría tener 30 años, pero no los tengo. Tengo 74 y lo acepto totalmente. A veces encuentro más viejos que yo a algunos de 70. –Una clave para no envejecer es seguir teniendo proyectos. ¿Cuáles son los suyos? –Hacer funcionar mi compañía es el proyecto más grande y ahora hay un helicóptero nuevo muy bueno que quiero volar. Pero todo lo complica la ANAC [Administración Nacional de Aviación Civil] y nos está por sacar a todos la licencia... ¡están haciendo un lío! Como bien entenderás, la maneja La Cámpora y es un caos total. Igual tengo que ir a hacer un curso porque son helicópteros muy complejos. –¿No me diga que el curso se lo va a dar Mariano Recalde, expresidente de Aerolíneas Argentinas? –[Lanza una sonora carcajada] Jaja, por favor, solo faltan pocos meses [se refiere al cambio de gobierno con cierto regocijo], pero tenés que ir a hacer cursos en Finlandia, Italia o Filadelfia. –¿Algún hobby, como cocinar, por ejemplo? –Tengo una mujer que le encanta cocinar, que me acompaña por todos lados, es una maravilla. Gabriela se ha apasionado por el tenis y en tres años ha aprendido a jugar bien. Tengo una buena combinación de trabajo y tiempo libre y cuando puedo viajo. La pasamos bastante bien. Pero también soy vicepresidente de la Bolsa de Comercio y quiero hacer bien ese trabajo porque la bolsa es el símbolo de una Argentina privada que cumple una función más que interesante y enormemente en línea con mi cabeza, que es tremendamente liberal. –Cuénteme algo, para terminar, de la relación tan especial con su mamá, que tenga más que ver con su intimidad. –Le hablaba todos los días de mi vida quince minutos. Por lo tanto, mi relación con mi mamá era tremendamente fuerte. Lo mismo mi hijo. Tenía una enorme relación con mi mamá, era una persona que sabía hacerse querer por la gente. Es alguien que nos falta un poco a todos –¿Qué es lo que aprendió de ella? –Su enorme generosidad. Era de un altruismo continuo y yo sé que no lo tengo tanto como ella. Fue una persona extraordinaria. Tenía que mediar con Arafat o entre Serbia y Croacia. Fue una canciller muy exitosa. Para todo lo que hacía tenía un especial don. –¿Cómo convencería a un extranjero para que se venga a vivir a la Argentina? ¿Hay todavía buenos argumentos? –Es un lugar donde se vive muy bien, como no sucede en muchos otros sitios del mundo y que son menos agradables para quienes tienen recursos. ¿Y por qué le diría que invierta en la Argentina? Porque puede haber un cambio. La Argentina tiene noventa años de decadencia, desde el presidente Agustín P. Justo, que creó la Junta Nacional de Carnes y la de Granos y fundó el Banco Central. De ahí en adelante fue una decadencia general. Con Perón empeoró, pero ya había empezado Justo doce años antes. Contribuyó a que la Argentina sea inviable 90 años después. Los que en economía trataron de hacer algo, como eliminar la inflación y los impuestos distorsivos fueron Menem y algo Macri. Espero que esta vez sea con votos. –¿Qué le hace pensar que ahora sí las cosas pueden cambiar? –Creo que se perdió la batalla cultural de explicar a la gente que son los sistemas de libertad, de iniciativa privada, de inversiones. Por eso agradezco a los libertarios que están empujando, también a los jóvenes. Hay una esperanza si hacemos algo diferente y no seguimos haciendo lo mismo. En realidad, radicales, peronistas, dictadores hicieron siempre lo mismo: déficit fiscal, no apertura, no competitividad y así el país no anda.

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