El misterio de Florero con margaritas y amapolas, el cuadro perdido de Van Gogh
Fue comprado por un chino en una memorable subasta en 2014 y aunque antes había sido exhibido muchas veces, hoy está fuera de la escena pública y su paradero es desconocido
Michael Forsythe, Isabelle Qian, Muxi Xiao y Vivian Wang
La puja por el lote 17 arrancó en 23 millones de dólares. La sede neoyorquina de la casa de subastas Sotheby’s estaba repleta y el precio trepó rápidamente: 32 millones, 42 millones, 48 millones… Entonces, entró el llamado de un posible comprador de China, y la puja quedó reducida a solo dos personas.
La venta de esa noche de noviembre de 2014 –la subasta más exitosa de la historia de Sotheby’s hasta el momento– incluía obras de pintores impresionistas y escultores modernistas. Pero una pintura atrajo especialmente la atención: Florero con margaritas y amapolas, que Vincent van Gogh terminó pocas semanas antes de morir.
El comprador chino empujó el precio hasta casi 62 millones de dólares, y se lo quedó. En el discretísimo mundo del arte de primera línea, los compradores suelen preferir el anonimato. Pero en este caso se trataba de un importante productor cinematográfico, que se cansó de proclamar en entrevista tras entrevista que el cuadro ahora era suyo.
Por entonces, el productor Wang Zhongjun estaba en alza: su empresa acababa de colaborar para que Corazones de hierro, la película de la Segunda Guerra Mundial protagonizada por Brad Pitt, llegara a los cines.
Según los medios chinos, la venta del cuadro se convirtió en una “sensación” a nivel nacional, una señal más –después de la adquisición de un Picasso por parte de un magnate inmobiliario, el año anterior– de que China también se estaba convirtiendo en una superpotencia del mercado mundial del arte.
Pero al final parece que Wang no era el verdadero dueño. Hay otros dos hombres ligados a la compra: un ignoto intermediario de Shanghái que pagó la cuenta de Sotheby’s a través de una empresa fantasma radicada en el Caribe, y otra persona que respondía a… un ermitaño megamillonario de Hong Kong.
El megamillonario en cuestión era Xiao Jianhua, uno de los magnates más influyentes de las décadas del boom chino, cuando creó un imperio financiero explotando sus vínculos con la élite del Partido Comunista y la nueva clase de empresarios superricos. Xiao también controlaba una red oculta de 130 empresas offshore que concentraban activos por más de 5000 millones de dólares, según los registros corporativos a los que tuvo acceso el diario The New York Times. Entre esos papeles también apareció la factura de Sotheby’s por el Van Gogh.
Hoy, Xiao es un hombre de 51 años caído en desgracia. Secuestrado de su departamento de lujo, hoy está preso en China continental, condenado por pago de sobornos y otros delitos que habrían puesto en riesgo la seguridad financiera del país, según los fiscales del caso. El productor Wang, por su lado, está en un mal momento y ha salido a vender lo que tiene para sostener su estudio, que da pérdidas año tras año.
Así que el Florero de Van Gogh ha sido ofrecido a compradores privados, según varias fuentes del mundo del arte. Aunque haya pasado más de un siglo desde que Van Gogh cortó esas flores y las puso en un florero, la procedencia de la obra es fácilmente rastreable y además fue exhibida muchas veces en museos. Pero ahora la pintura desapareció de la escena pública y su paradero es desconocido.
Un cuadro que tuvo varias vidas
En mayo de 1890, Van Gogh llegó a Auvers-sur-oise, un poblado rústico de las afueras de París. Un año y medio antes, en medio de una profunda depresión, se había rebanado gran parte de la oreja izquierda,y su posterior internación en un manicomio no había ayudado para nada.
Pero a pocas horas de haber llegado al pueblo conoció al doctor Paul-ferdinand Gachet, médico y amante del arte. “En el Dr. Gachet encontré un amigo ya hecho, algo así como un nuevo hermano”, le escribió Vincent a su hermana.
El médico alentó a Van Gogh a hacer caso omiso de su melancolía y a concentrarse en la pintura. En dos meses terminó casi 80 cuadros, incluido el Retrato del doctor Gachet, considerado una obra maestra. Van Gogh pintó su Florero con margaritas y amapolas en la casa del médico, y según los biógrafos es probable que se lo haya dado a cambio de un tratamiento.
Después de la muerte de Van Gogh, en julio de 1890, la pintura pasó a manos de un coleccionista parisino y más tarde, en 1911, cuando la fama del artista iba in crescendo, fue comprado por un marchand de Berlín. A continuación pasó por la mano de una serie de coleccionistas alemanes hasta 1928, cuando fue comprado por el industrial neoyorquino Anson C. Goodyear, cofundador del Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Su hijo George luego lo entregó en propiedad parcial al museo Albright-knox Art Gallery de la ciudad de Buffalo, Nueva York, que lo tuvo en exhibición durante casi tres décadas.
En mayo de 1990, y para coronar una década de precios récord para los Van Gogh, un empresario japonés pagó 82,5 millones de dólares por el Retrato del doctor Gachet en una subasta de Christie’s, hasta ese momento el mayor precio pagado en subasta por un obra de arte.
Por aquel entonces, Goodyear también puso en venta su pintura de 66x50 centímetros para recaudar fondos para otro museo. El cuadro no encontró comprador en la subasta de Christie’s de noviembre de 1990, donde se esperaba que alcanzara entre 12 y 16 millones de dólares, pero poco después se aceptó una oferta más baja de un comprador que prefirió el anonimato.
Después de la subasta de noviembre de 2014 donde lo compró, Wang tuvo el cuadro durante un año en su apartamento de 25 millones de dólares en Hong Kong.
En octubre de 2015, el productor fue el invitado de honor en una exhibición de cinco días en la ciudad: como era pintor amateur, en la muestra había colgadas más de una docena de sus propias pinturas al óleo.
Pero las principales atracciones eran su Van Gogh y un Picasso que había comprado recientemente, por el que Wang pagó casi 30 millones de dólares, según Sotheby’s.
A Wang le gustaba ser el centro de atención y concedía entrevistas en las que hablaba de su admiración por Van Gogh y de su influencia en su propio arte.
Si bien los movimientos financieros referidos al Van Gogh no muestran irregularidades, la transacción no fue una operación de rutina. Poco después de la subasta, Sotheby’s transfirió la propiedad de la pintura al hombre de Shanghái, que no era un agente de arte ni un coleccionista, sino simplemente alguien que pagó la cuenta. Pero en una ceremonia pública, Sotheby’s no le entregó la pintura ni al intermediario ni al millonario que lo había contratado, sino al productor Wang.
El “guante blanco” del caso
El hombre al que Sotheby’s considera propietario del Van Gogh vive en un complejo de departamentos de Shanghái de azulejos grises y fachada sucia que enmarcan una puerta roída por la intemperie. El felpudo frente a la puerta dice nueve veces “i am an artist”, en inglés.
El ocupante, Liu Hailong, figura como único propietario y único directivo de islandwide Holdings Limited, la empresa fantasma de las islas Vírgenes Británicas que pagó por la pintura. Poco se sabe de Liu, más allá de su lugar y fecha de nacimiento.
Hace poco, cuando un periodista lo confrontó con la factura de Sotheby’s y un documento de transferencia bancaria y le preguntó si la firma era suya, Liu lo despachó sin miramientos y le cerró la puerta en la cara. Pero la mujer que vive con él, Zhao Tingting, tiene una conexión propia con Xiao, el megamillonario encarcelado en China. Zhao fue alta ejecutiva de una empresa cofundada por Xiao y vinculada comercialmente con la familia del máximo líder chino, el presidente Xi Jinping.
Zhao tiene 43 años y ya no ocupa ese puesto. Cuando le preguntaron si Liu había comprado el Van Gogh, la mujer respondió: “¿A ustedes les parece que nuestra casa se acerca al precio de ese cuadro?”. Dijo que ella y Liu eran “empleados comunes” sin conexión con Tomorrow Group, el holding empresario controlado por el megamillonario.
La pareja parece haber sido “el guante blanco” de la operación, un término que en China se usa para describir a accionistas testaferros que sirven para esconder a los verdaderos propietarios de las empresas.
A todo esto, hace años que esa naturaleza muerta pintada por Van Gogh en sus últimos días no puede ser apreciada por el público
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
Traducción de Jaime Arrambide
Traducción de Jaime Arrambide
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