domingo, 4 de junio de 2023

LITERATURA


Marco Amerighi. “Estamos acostumbrados a una literatura donde no se siembran dudas”
El escritor y traductor es uno de los nuevos nombres de la escena italiana; presentó en Buenos Aires Errantes, su segunda novela
Daniel Gigena

El escritor y traductor Marco Amerighi (1982), uno de los nuevos nombres de la escena literaria italiana, presentó en Buenos Aires Errantes (Letras de Plata), su segunda novela, que fue finalista del prestigioso Premio Strega en 2022. Por su primer libro, Le nostre ore contate, que se publicará en español en 2024, había obtenido el Premio Bagutta Opera Prima.
Amerighi nació en un pueblo pequeño, cercano a Pisa, de cuatrocientos habitantes, y vive en Milán, donde es dueño de una librería especializada en editoriales independientes, Verso, ubicada en pleno centro. Es licenciado en literatura italiana y española. En Errantes narra la historia de Pietro Benatti, hijo de una familia acomodada acosado por una “maldición familiar” y el miedo al fracaso (y a la sombra de un exitoso hermano mayor). Con humor y distancia clásica, la novela narra el pasaje de la angustia a la libertad. Por estos días, trabaja en una nueva novela, con un protagonista que nació cien años antes que él, en 1882. “Va a ser otra tipología de novela, aunque nunca he escrito lo mismo –dijo a la nacion–. Soy un escritor lento”.
Entre otros autores, tradujo del español al italiano a dos destacadas escritoras argentinas: Elsa Osorio y María Gainza. “La novela Doble fondo, de Osorio, fue superdifícil de traducir porque mezclaba personajes y tiempos. De Gainza encontré al azar un ejemplar de El nervio óptico en Madrid, la leí para una editorial italiana y recomendé su publicación antes de que ‘explotara’ en la Feria del Libro de Fráncfort. Me encantó”. Aprueba la versión al español de Errantes, que hizo Patricia Orts García. “Ella también traduce mi primera novela; aún no decidimos cuál será el título en español. En Francia quedó como Le temps qui reste”. Para el autor, esa novela funciona como antecedente. “Los personajes tienen catorce años; como muchas primeras novelas, se ubica en esa etapa de la adolescencia, un momento en el que todo parece fijo y definido. La adolescencia tiene el poder de ilusionarte, pero a la vez es la edad a la que todo cambia: el sexo, la amistad, los sueños”. Los protagonistas son chicos que arman una banda de rock en un pueblo pequeño, donde hay una central geotérmica. Si bien la historia se basa en hechos reales, el autor optó por escribir una ficción, “una manera más íntima y libre de trabajar”, para contarla. “Para trasladar el gas desde la tierra se usaba una fibra de amianto muy tóxica, que provocó decenas de casos de cáncer de laringe en los obreros y en las mujeres que limpiaban el lugar. Los chicos no entienden lo que pasa allí, aunque advierten que se trata de algo terrible”.
–El protagonista de Errantes es un joven con miedo a decidir.
–Con veintiocho años, él se encuentra en una situación más difícil. Es, para citar a Robert Musil, un hombre sin atributos, que no sabe hacer nada y de vez en cuando trata de aprender algo en sus viajes. Está en una encrucijada en la que debe optar por tomar el camino más fácil, que no lo llevaría a la felicidad pero al menos sería algo sólido, o el camino de lo desconocido. Pero tiene miedo y no sabe moverse. Mi ambición era construir un antihéroe que empieza su recorrido por debajo de la superficie del agua.
–¿Qué quiere decir eso?
–Contrariamente a cierta literatura que expone la vida como una evolución, con una retórica que me parece muy peligrosa al sostener que hay cruzar la vida como si fuera una escalera, esforzarte para superar las dificultades y alcanzar algo precioso o mejor que lo que tienes, tomé otro camino. La vida no es así. Son más los momentos en los que bajamos. Por eso quería encontrar una manera errante de contar una historia de errantes y dejarle al protagonista la libertad, que él no conoce, de fallar y fracasar. Eso me dio la posibilidad de alejarme de esas “escaleras” típicas de las novelas de formación.
–¿Volviste a los clásicos del género?
–Releí novelas de Charles Dickens y Gustave Flaubert, que tienen un enfoque tan humano sobre los personajes. No es casualidad que para Errantes haya elegido una tercera persona clásica que cuenta desde lejos lo que pasa y que luego llega a los pensamientos. Elegí una estructura clásica para contar una historia contemporánea. Tuve que trabajar con la lengua: inventé palabras y expresiones como hizo Andrea Camilleri con su mezcla de argot y vocablos inventados que producen una lengua nueva y también una forma de pensar el mundo.
–¿Qué tipo de escritor considerás que sos?
–No sé si obtuve la respuesta, pero sé que me había metido en un lío del que iba a salir escribiendo esta novela. Yo también anduve por ahí, errante. Los personajes y el lector se pierden, y como hacía Cervantes en el Quijote, hay digresiones y pausas. Estamos acostumbrados a un tipo de literatura donde no se siembran dudas ni preguntas. El escritor te da todo y el lector ya no tiene que hacer casi nada.

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