sábado, 26 de agosto de 2023

EL ESCENARIO 1 Y 2


Pekín y Moscú, en busca de un mayor contrapeso a Occidente
Christian Shepherd
El grupo Brics, formado por Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica, sumará seis naciones a sus filas el próximo año –entre ellas, la Argentina–, mientras Pekín y Moscú presionan para que el conjunto flexible de economías emergentes se convierta en un contrapeso sólido al dominio global occidental.
La Argentina, Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos se unirán como miembros en enero, informó ayer el anfitrión de la cumbre, el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, última jornada de la reunión de tres días en Johannesburgo. El anuncio marcó la primera expansión desde que, en 2010, Sudáfrica se unió por invitación de China.
Para Pekín y Moscú, agregar miembros es parte de un esfuerzo de larga data, y a menudo frustrado, para convertir una agrupación en gran parte simbólica en un vehículo para remodelar las estructuras comerciales y financieras internacionales para proteger sus intereses contra futuras sanciones de Estados Unidos y sus aliados.
Xi Jinping, el poderoso líder de China, elogió la expansión “histórica”, que según él sería un “nuevo punto de partida para la cooperación de los Brics”.
Este año se ha visto “el impulso más abierto y explícito de Xi para convertir a los Brics en una especie de vehículo ‘antihegemónico’”, dijo Andrew Small, investigador principal del Fondo Marshall Alemán.
Los discursos de Xi han sido “un argumento detallado contra el sistema de alianzas de Estados Unidos y los sistemas financieros dominados por Estados Unidos”, así como un discurso para construir “marcos alternativos no occidentales” para que los países en desarrollo puedan comerciar, agregó Small.
Las sanciones dirigidas a Rusia por la guerra en Ucrania han añadido urgencia a los esfuerzos de China por crear estructuras financieras globales alternativas y cadenas de suministro resistentes a las perturbaciones occidentales.
No todos los miembros están totalmente alineados con la postura geopolítica de China y Rusia, y algunas partes potenciales de la estrategia a largo plazo (como reducir la dependencia del dólar en el comercio) siguen siendo experimentales.
Pero la intención es clara, señaló Small. “Es parte de la apuesta a largo plazo que ha hecho China. Creen que las relaciones con Occidente se van a deteriorar y que el futuro de las relaciones con el mundo estará arraigado en el mundo en desarrollo, por lo que quieren encontrar formas de institucionalizar y afianzar sistemas resilientes”, afirmó.
Tras una ausencia inexplicable el martes, Xi reapareció anteayer con llamados a los Brics para que luchen contra el desacoplamiento, la interrupción de la cadena de suministro y la “coerción económica”.
Haciéndose eco del presidente ruso, Vladimir Putin, el líder chino lanzó ataques apenas disimulados a Estados Unidos por su comportamiento “hegemónico”.
“No puede ser que quien tenga el brazo más fuerte o la voz más fuerte tenga la última palabra”, afirmó Xi.
En señal de su aislamiento internacional, Putin apareció de manera remota. Si hubiera asistido en persona, Sudáfrica se habría visto legalmente obligada a arrestarlo porque enfrenta cargos de crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional.
Aunque la India y Brasil tienen reservas sobre la creciente actitud antiestadounidense. En la agenda, China y Rusia han encontrado que algunas naciones en desarrollo son más receptivas a sus preocupaciones sobre el dominio estadounidense, lo que es parte de la motivación para más miembros, dijeron analistas.
Si bien el mundo en desarrollo siempre ha sido central en los esfuerzos de Pekín por rehacer las organizaciones multilaterales para proteger sus intereses, el deterioro de las relaciones con Estados Unidos y Europa ha llevado a Xi a redoblar su estrategia de ganarse el favor de los mercados emergentes.
Además de una década de iniciativa de inversión de la Franja y la Ruta de la Seda, Xi anunció tres proyectos a nivel mundial desde 2021 para promover las opiniones chinas sobre el desarrollo, la seguridad y la “civilización”. A pesar de que los préstamos y la inversión chinos en la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda han caído drásticamente desde su punto máximo en 2016, el comercio general de China con sus miembros ha seguido creciendo y recientemente superó el comercio total con Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.
Algunos académicos chinos creen que Pekín tiene mayor margen de maniobra, en parte porque la invasión rusa de Ucrania ha distraído a Estados Unidos de su compromiso con las naciones en desarrollo.
La guerra y las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos significan que Washington ha cambiado su enfoque hacia el G-7 y está menos interesado en el G-20, creando una oportunidad para que los Brics se conviertan en una mejor plataforma para que los grandes países en desarrollo hablen, dijo Wu Xinbo, académico de Fudan. Universidad en China.
La cumbre envió un mensaje claro a Estados Unidos y sus aliados de que “no se puede contener ni reprimir a China porque tiene amigos en todo el mundo”, dijo Ming Jinwei, comentarista político independiente.
Ming, que anteriormente trabajó como editor en la agencia de noticias estatal Xinhua, comparó el enfoque de Pekín con las tácticas de guerra de guerrillas de Mao Tse-tung. Luego, los comunistas ganaron a los nacionalistas en parte al apoderarse de las aldeas que rodeaban las ciudades para aislar y cercar al enemigo. La misma táctica eventualmente funcionará contra Estados Unidos, escribió: “El conflicto China-Estados Unidos puede que todavía esté estancado,pero el resultado final es inevitable”.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&


Problemas nacionales, al desnudo
Claudio JacquelinVladimir Putin (rusia), narendra Modi (india), lula da silva (Brasil), cyril ramaphosa (sudáfrica), Xi Jinping (china) y, arriba, alberto Fernández
Las paradojas argentinas pueden ser infinitas. Mientras la agenda pública está tomada por la discusión sobre la dolarización, reinstalada por el triunfo de Javier Milei en las PASO, irrumpió con la fuerza de lo inesperado una noticia de impacto nacional e internacional, que no podría ir en sentido más contrario a esa corriente.
La aceptación del ingreso de la Argentina y otros cinco países al grupo de los Brics, que lidera China y que (hasta el 1º de enero de 2024) integran solo Rusia, la India y Sudáfrica, cayó acá en el momento más complicado, después de que el Gobierno había estado dos años intentándolo.
Una administración de salida, un presidente vaciado de poder y un país económica y financieramente vulnerable y dependiente al extremo del exterior (en particular, de Estados Unidos), en medio del rediseño del mapa global, no constituyen las condiciones ideales para procesar una novedad como esta. El orden mundial suele subrayar los errores y las fragilidades de algunos países.
Laincorporaciónquedaahoraatrapada por la puja electoral y refuerza las antinomias políticas internas, exhibe la falta de acuerdos básicos entre las fuerzas políticas principales sobre asuntos neurálgicos para el país y resalta la ausencia de políticas de Estado. Un verdadero dilema de compleja resolución para el presente y el futuro nacional. Otro más.
La dicotomía sobre los beneficios y perjuicios de ser parte de los Brics es absoluta. Para el oficialismo se trata de un logro histórico que mejora la posición de la Argentina en el mundo y ofrece ventajas sin consecuencias negativas. Para las dos principales fuerzas opositoras, una muy mala noticia, de efectos solo negativos.
“Es un error estratégico de política exterior”, sostiene el sector ganador de la interna de Juntos por el Cambio, como lo anunció de urgencia la candidata presidencial Patricia Bullrich. Pero no todos los cambiemitas son tan tajantes. Para Javier Milei y los suyos se trata casi de una aberración de índole moral, equivalente a una membresía en el eje del mal.
No hay matices. Aunque en este tema sobren, precisamente, los claroscuros. El peronismo se propone que este sea un primer paso. Sus oponentes prometen revertirlo si llegan al gobierno el 10 de diciembre próximo. Grietas sobre grietas. El péndulo argentino, en proceso de aceleración. Una vez más.
La complejidad del asunto puede entenderse mejor partiendo de la forma y el momento en que se adoptó la decisión de ampliar los Brics. Un bloque que, con el liderazgo de China, se propone discutir decididamente el poder de Estados Unidos y del G-7, que conforman Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido, además de los norteamericanos. Entre ambos conglomerados se reparten el 61% del producto bruto global. Un tablero demasiado grande en el que la Argentina es apenas un peón.
En primer lugar, fue tan sorpresiva la resolución, después de más de un año de fuertes discusiones entre los miembros del grupo, que el anuncio llegado de Sudáfrica descolocó al presidente Alberto Fernández y al canciller Santiago Cafiero. Habían decidido no viajar a la cumbre porque no esperaban que se resolviera en esta instancia. Y sus nuevos “socios” no se lo habían adelantado.
La temprana aparición autopromocional del Presidente para anunciar la decisión de los Brics no compensó la ausencia en el lugar donde pasaban las cosas, sino que reforzó el tropiezo, además de profundizar la percepción de vacío que transmite la Casa Rosada. La falta de información, sin embargo, no es totalmente atribuible a un error del Gobierno.
La aceleración del proceso de ampliación, y sobre todo el ingreso de la Argentina, dicen las fuentes, fue producto de una combinación de factores y de pujas de intereses entre los países miembros, que debían adoptar la decisión por consenso.
China pujaba por sumar integrantes, con la incorporación de los asiáticos Irán, Emiratos Árabes y Arabia Saudita, mientras la India buscaba compensar con la suma de los africanos Egipto y Etiopía.
En el armado de ese rompecabezas, dicen las fuentes, terció Brasil, que ante la descompensación hacia el este y muy antinorte global que adquiría el bloque, propició sumar a la Argentina, lo que hasta hace nada estaba fuera de sus objetivos. Todo demasiado ajeno a los tiempos y las complejas circunstancias nacionales.
Por eso, son varios los expertos argentinos en política internacional que consideran que si bien la decisión puede resultar beneficiosa en varios aspectos, llegó en un tiempo poco apropiado.
Algunos, como el vicerrector de la Universidad Torcuato Di Tella, Juan Gabriel Tokatlian, ya lo venían advirtiendo y hasta aconsejaban que la Argentina no insistiera en la incorporación en medio del proceso electoral hasta que este no se dilucidara. Aunque consideraba beneficioso participar de muchos tableros, señalaba el riesgo de hacerlo sin tener precisión y claridad sobre la forma de hacerlo. Como reza la máxima, “cuidado con lo que deseás porque puede hacerse realidad”. Y en el peor momento, cabría agregar.
El país pendular
El riesgo de que esta inserción termine por reforzar la imagen de la Argentina pendular es señalado tanto por Tokatlian como por el director de las carreras de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, Federico Merke. Al mismo tiempo, ambos señalan que la flamante situación entraña desafíos, tiene probables costos y ofrece también beneficios, que requieren de una muy fina evaluación y ejecución, pero advierten que se parte con la desventaja de que no haya sido parte de un diálogo y algunos acuerdos mínimos entre el oficialismo y la oposición.
Tokatlian destaca que el país atraviesa en política exterior un desfiladero por la crítica situación nacional y la compleja realidad internacional en pleno proceso de reconfiguración, con la pérdida de poder del polo occidental. Por eso mismo entiende que el país no está en condiciones de seguir con los vaivenes que, finalmente, tienen altos costos internos, que profundizan las fracturas, y exCon ternos, que afectan fuertemente la reputación y la confianza del país, lo cual no es, precisamente, un capital que haya acumulado la Argentina.
Merke subraya el dilema que implica para la Argentina la incorporación a los Brics (invitación, en términos formales) en el actual contexto: “Es tan complejo entrar como rechazar la invitación. Tiene costo sumarse a un club con países como Irán, Rusia o Etiopía, que está al borde de una guerra civil. Pero igual o más costoso sería salir; China y la India y, en particular, Brasil lo tomarían como un agravio”.
Al respecto, los especialistas coinciden con el oficialismo al subrayar que Brasil, China y la India son tres de los cuatro principales socios comerciales del país. Claro que el cuarto es nada menos que Estados Unidos. En ese punto es donde aparece otra fuente de discrepancia.
En el Gobierno, y particularmente en el equipo del candidato presidencial Sergio Massa, consideran que no afectará las relaciones con Estados Unidos, al mismo tiempo que admiten que puede ser usado como un factor de presión para seguir recibiendo ayuda. “Estando en los Brics tenemos más espalda y podemos demandar un mejor trato. Ya les dijo Sergio a los norteamericanos: no nos echen a los brazos de los chinos”, dicen en el entorno del ministro Massa, en estado puro.
El embajador en Suiza y candidato a canciller de Massa, Gustavo Martínez Pandiani, considera que “el ingreso en los Brics significa un avance en la decisión de diversificar la inserción internacional del país. Y no significa abandonar o debilitar otros vínculos, sino tener, principalmente, más alternativas de financiamiento, con bancos de desarrollo, como el de los Brics”.
Ambos puntos discrepa la oposición. Federico Pinedo, postulado a canciller de Patricia Bullrich, destaca que la incorporación implica sumarse a la estrategia de política exterior de China para avanzar sobre Estados Unidos, con los perjuicios que eso entrañaría. Al mismo, señala que para ser socio del banco de los Brics no hace falta sumarse al bloque. “Es como lo que pasa en el BID. No se necesita ser parte de la Celac o de la OEA para ser socio”, afirma. En este punto coinciden los expertos, aunque algunos advierten, con realismo, que difícilmente países como China o Rusia permitan ingresar y financiar programas a países que no son miembros.
Por otra parte, Pinedo considera “grave sumarse a una asociación con países claramente autocráticos, como China y Rusia, a los que se suma Irán, que ni siquiera facilita la investigación del atentado contra la AMIA”. Al respecto desde la Cancillería, responden: “La Argentina es parte del G-20, donde también están China y Arabia Saudita”. Más desacuerdos.
Por último, en JxC destacan que la declaración de Sudáfrica demanda un cambio en el estatuto de las Naciones Unidas para darle asientos en el Consejo de Seguridad a la India y Brasil. “Sería una claudicación en una tradición de la política exterior nacional. La Argentina siempre rechazó que Brasil tenga un lugar permanente ahí, porque desbalancearía el tablero regional”, explica Pinedo.
Desde el oficialismo oponen un extraordinario pragmatismo, nada nacionalista: “Es cierto que sería un cambio histórico, pero sería asumir la realidad. El predominio brasileño es indiscutible”, explican la Cancillería y el entorno de Massa.
Como si faltaran conflictos internos, las relaciones exteriores aportan ahora su grano para restablecer grietas. Y, aunque parezcan temas lejanos a la complicada cotidianeidad de la mayoría de los argentinos, tienen demasiadas consecuencias. Ni hablar para un país con una crisis económico-financiera crónica, dividido políticamente y fragmentado socialmente, en medio de un proceso electoral incierto como nunca.
El mundo suele exponer los errores y las fragilidades de las naciones. Y, sobre todo, las consecuencias que tiene la falta de acuerdos internos sobre los temas importantes.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.